EE.UU. está gastando demasiado en defensa

John Mueller asevera que "Abordar las amenazas actuales principalmente requiere de trabajo de vigilancia y de inteligencia, con ataques ocasionales y enfocados por parte de unidades especiales y conforme sean necesarios. No hay necesidad de mantener unas fuerzas armadas numerosas. Además, EE.UU. no debería asumir los costos del terrorismo que están basados menos en la probabilidad de un ataque y más en el miedo a que dicho evento suceda".

Por John Mueller

EE.UU. actualmente gasta aproximadamente $1 billón al año en defensa y seguridad doméstica. Conforme el país empieza a salir de —o apartarse de— las guerras provocadas por el 11 de septiembre en Irak y Afganistán, es hora de evaluar los problemas que podrían existir dadas las condiciones actuales. Especialmente con respecto al gasto, EE.UU. necesita determinar qué programas mejoran la seguridad lo suficiente como para justificar sus costos. Hacerlo, es fundamentalmente importante para realizar una evaluación correcta de las amenazas potenciales a la seguridad y a la prosperidad.

Primero, es hora de considerar el hecho de que es poco probable que un conflicto catastrófico como la Segunda Guerra Mundial vuelva a suceder. Dicho esto, el gasto continuo para un evento de cada vez menor probabilidad debería ser seriamente evaluado. Es importante al considerar esto tener en cuenta el surgimiento de China. Aunque debería vigilarse el muchas veces expresado deseo de China de incorporar (o re-incorporar) Taiwán a su territorio, el conflicto armado sería extremadamente costoso para ambos países. Esto es así sobre todo porque los líderes chinos, desde ya nerviosos por dificultades internas, parecen darse cuenta de tal situación. De igual forma, podría tener sentido mantener una capacidad de contención y disuasión en contra de estados particulares como Irán y Corea del Norte, en una coalición formal o informal con otros países interesados. No obstante, ninguno de estos países impresiona en el aspecto militar y los requisitos militares para la tarea son limitados. De manera que la preocupación acerca de la proliferación de las armas nucleares es justificada, pero la experiencia sugiere que cuando los países obtienen las armas, las “utilizan” únicamente para avivar su ego nacional y para disuadir amenazas reales o imaginarias.

EE.UU. probablemente seguirá estando involucrado en la preservación de la seguridad de sus aliados. Pero Europa parece no enfrentarse a alguna amenaza militar de importancia, el asunto de Taiwán/China sigue siendo una preocupación remota, y los principales problemas de Israel se derivan de acciones de grupos no estatales. Así que es adecuado considerar hasta qué grado EE.UU. debería continuar pagando por estas “amenazas”.

Abordar las amenazas actuales principalmente requiere de trabajo de vigilancia y de inteligencia, con ataques ocasionales y enfocados por parte de unidades especiales y conforme sean necesarios. No hay necesidad de mantener unas fuerzas armadas numerosas. Además, EE.UU. no debería asumir los costos del terrorismo que están basados menos en la probabilidad de un ataque y más en el miedo a que dicho evento suceda. De igual forma, la intervención humanitaria con la fuerza militar es poco probable que se vuelva algo común debido a la poca tolerancia que hay de víctimas en dichas misiones, la creciente aversión a los costos y dificultades de la construcción de naciones, y la ausencia de réditos políticos como resultado de misiones exitosas.

Incluso mientras el gasto en seguridad podría ser prudentemente reducido, uno todavía podría mantener algunas fuerzas de respuesta rápida, un pequeño número de armas nucleares, y la capacidad de responder reconstruir rápidamente si es que una amenaza importante eventualmente se presentara. Cualquier riesgo percibido de reducir sustancialmente las fuerzas armadas y los gastos en seguridad deberían ser sopesados teniendo en mente la involucración continua. Como sugieren las experiencias de Vietnam e Irak, hay un riesgo implícito (y un costo enorme) en mantener fuerzas que puedan ser llamadas a la acción con poco aviso y consideración. Para 2040, el gobierno de EE.UU. debería haber aprovechado la oportunidad de ahorrar una cantidad sustancial mediante inversiones estratégicas en seguridad y dejar atrás las amenazas irracionales.

Este artículo fue publicado originalmente en Slate (EE.UU.) el 3 de octubre de 2013.