Ecuador: Papá Estado

Gabriela Calderón de Burgos dice que actualmente en Ecuador casi un cuarto de la población económicamente activa con empleo formal trabaja para el Estado y que para 2011 el gasto en subsidios llegará a 7,8% del PIB.

Por Gabriela Calderón de Burgos

Guayaquil, Ecuador— Hay personas que insisten en ver al Estado como un papá muy generoso y responsable. Asumen que siempre estará ahí para darles educación gratuita, atención médica gratis, una pensión que le permita llevar una vejez digna, combustible barato, créditos subsidiados, entre otras cosas.

No obstante, no es una rareza que el Estado sea administrado por personas que muchas veces manejan de manera irresponsable el dinero de otros, despilfarrándolo en lo que le produzca el mayor rédito electoral posible. En esos casos, el Papá Estado no es ni responsable ni generoso y sufrimos una terrible decepción: llegamos a la vejez sin una pensión digna, no obtenemos las medicinas gratuitas prometidas, ni el cupo en la escuela gratuita. En fin, cosas que vemos en las noticias todos los días.

Vivimos en un país donde casi un cuarto (24,6%) de la población económicamente activa con empleo formal trabajaba para el Estado en agosto de 2010.1 Y para junio de este año solo dos de cada cinco trabajadores ecuatorianos formaban parte de ese club que se ha hecho tan exclusivo: el sector formal.2 Este es un país donde el número de empleados formales es casi igual al número de personas que califican para recibir el Bono de Desarrollo Humano.3 Además, es un país donde los subsidios llegarán a 7,8% del PIB en 2011.4

Estos números reflejan la realidad de una sociedad donde cada vez más personas pretenden vivir a expensas del resto. A medida que más personas vivan de lo que otros producen, habrá más conflicto social. Y en los últimos años nada se ha hecho para revertir esa preocupante tendencia, se la ha profundizado.

En cualquier país donde no hay un Estado de Derecho sólido y donde los ciudadanos dependen de un grado cada vez mayor del Papá Estado para recibir su ingreso (ya sea a través de un empleo público o de subsidios), los administradores del Estado suelen abusar de ese poder sobre los individuos.

Algunas personas están dispuestas a sacrificar libertades en muchas áreas, como por ejemplo la libertad de administrar sus ahorros para su jubilación, porque piensan que de esa manera “los pobres estarán mejor”. Esto es cuestionable ya que en el caso de la seguridad social, los más pobres generalmente no están cubiertos por el seguro social ya que no forman parte del sector formal. Cuando están cubiertos, el sistema muchas veces no cumple con lo prometido y resulta ser una carga en vez de una ayuda.

También hay muchos empresarios buscadores de renta, esto es, aquellos que compiten por obtener favores y privilegios del Estado. Mientras más favores esté concediendo Papá Estado a los empresarios, un mayor número de ellos estarán ocupados tratando de satisfacer a funcionarios públicos en lugar de consumidores.

El filósofo francés Frédéric Bastiat decía que “el Estado no es manco, ni puede serlo. Tiene dos manos, una para recibir y otra para dar, dicho de otro modo, la mano ruda y la mano dulce”. Además, decía que a “Los buscadores de popularidad” les conviene conocer “el arte de mostrar la mano dulce ocultando la mano ruda”.5

Dejar de depender del Papá Estado es difícil, implica que cada persona o familia asuma la responsabilidad de sus éxitos o fracasos.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 1 de diciembre de 2010.

Referencias:

1. Análisis Semanal No. 43. 15 de noviembre de 2010.

2. Carta Económica de CORDES, Año 16, No. 8, Agosto 2010.

3. Pachano, Abelardo. “Las cifras no cuadran”. El Comercio. 23 de septiembre de 2010.

4. Análisis de Proforma 2011. Observatorio de la Política Fiscal. Disponible en: http://www.observatoriofiscal.org/

5. Bastiat, Frédéric. “El Estado”. ElCato.org. 16 de mayo de 2005.