Dejados en la Edad de Piedra

Por Manuel Hinds

Hubo una época en la que se creía que la posibilidad de devaluar una moneda daba una ventaja en la promoción de las exportaciones. La idea era que al devaluar la moneda se le bajan los salarios reales a los trabajadores (no dejando que los salarios subieran tanto como los precios), lo cual bajaría los costos y aumentaría las ganancias de las empresas exportadoras. Esta manera de aumentar las exportaciones, a base de mantener bajos los salarios de los trabajadores, nunca hizo sentido desde el punto de vista del desarrollo económico. ¿Qué sentido tiene aumentar las exportaciones a base de mantener pobres a los trabajadores? Pero los problemas de esta manera de ver el desarrollo no sólo se limitan a esta contradicción básica. Además de injusta y contraproducente en términos del ingreso de los trabajadores, los datos demuestran que no es cierto que las devaluaciones aumenten las exportaciones. Al contrario, la teoría moderna del comercio internacional demuestra cada vez con más claridad que compartir una moneda—por creación de un área monetaria como el euro o por dolarización como en el caso de El Salvador—aumenta muy significativamente las exportaciones de los países con la moneda común, tanto entre sí como con terceros países.

Este tema fue inaugurado en 2000 por un artículo de Andrew K. Rose, profesor de la Universidad de California en Berkeley, que demostraba estadísticamente el punto más allá de toda duda, estimando que el comercio internacional entre dos países con la misma moneda tiende a ser 200-300% el de dos países que no comparten la misma moneda. El análisis estaba basado en una comparación entre prácticamente todos los países del mundo en un momento dado. Un artículo posterior de Rose mostró los mismos resultados al analizar países individuales a través del tiempo. En este caso, Rose encontró que países que abandonaron el uso de una moneda internacional de 1948 a 1997 sufrieron una reducción de un 50% en sus exportaciones mientras que los que hicieron lo contrario duplicaron sus exportaciones. Es decir, en el largo plazo la dolarización tiende a aumentar sustancialmente las exportaciones del país dolarizado.

Rose no sólo desafió un prejuicio bien asentado—que la dolarización penaliza a las exportaciones porque el país dolarizado no puede devaluar su moneda—sino también demostró que la realidad es al revés. Muchísimos investigadores han dedicado los últimos años a chequear sus resultados y extender sus conclusiones, cambiando totalmente el panorama de la teoría del comercio internacional. Otros investigadores, principalmente franceses, han encontrado que la dolarización también aumenta la inversión extranjera. Ahora es ya bien aceptado que la promoción de exportaciones y de la inversión extranjera son dos de las muchísimas razones para dolarizar.

Dentro de los muchos artículos que se han escrito sobre el tema, en febrero de 2005 el Banco Central de Europa publicó uno llamado "Los efectos de comercio exterior del Euro: Evidencia de datos sectoriales" escrito por Richard Baldwin y Daria Taglioni de la Universidad de Ginebra y Fraude Skudelny del Banco Central Europeo. Este artículo demuestra que el uso de una moneda internacional común no sólo ha resultado en que las empresas que ya exportaban exportan más, sino también en que hay más firmas exportadoras. Crucialmente, el documento demuestra que el aumento en el número de los exportadores se da entre las empresas pequeñas, que son las más beneficiados por la dolarización.

Hay gente que se ha quedado hablando con el viejo prejuicio de que hay que devaluar para exportar más—algunos porque quisieran bajarle los salarios a los trabajadores pero muchos otros por ignorancia o porque no se ponen al día en la profesión.

Este artículo fue publicado originalmente en el Diario de Hoy (El Salavador) el 17 de marzo de 2006.