Chávez en el Mercosur: Principios y maletines

Víctor Pavón señala que "El Senado de Paraguay es el último bastión que enfrenta el presidente venezolano Hugo Chávez para ingresar en el Mercosur" debido a que el presidente Lugo ya ha permitido el ingreso de Venezuela.

Por Víctor Pavón

El Senado de Paraguay es el último bastión que enfrenta el presidente venezolano Hugo Chávez para ingresar en el Mercosur. El Poder Ejecutivo de este país encabezado por el presidente Fernando Lugo, quien no oculta sus simpatías hacia Fidel Castro, se ha decidido a permitir el ingreso de Venezuela en el Mercosur y para ello necesita del acuerdo del Senado.

¿Cómo votarán los senadores? Es difícil decirlo. En un primer intento fue rechazado el pedido del Ejecutivo; pero, apenas días atrás el directorio del Partido Liberal votó a favor del ingreso de Venezuela diciendo que el presidente Chávez no es el pueblo venezolano, un argumento inconsistente y que delata la flagrante claudicación de los principios por parte de los que se dicen liberales, pero que más bien se los debería llamar serviles, una expresión que precisamente dio origen a la palabra liberal en 1812 para diferenciarse de aquellos que bajaban la cerviz ante el gobierno de turno.

Esta es una cuestión de fondo, sin duda, en la que se debatirán dos enemigos antagónicos. Por un lado, los principios y, por el otro, los maletines; acepción esta de carácter sarcástico que en la política criolla se denomina a la dádiva del poder asociada con el gobierno bolivariano de Chávez.

Si los principios son las reglas de conducta que orientan la acción de cada uno evitando dañar a otros; los maletines tienen el sentido de buscar el beneficio personal sin importar la suerte del prójimo. El senador que desapruebe el ingreso de Venezuela al Mercosur no está en contra del pueblo venezolano ni en contra de ampliar el comercio internacional en la región. Este senador sabe que el comercio y la industria es obra de los emprendedores privados que bajo su riesgo e ingenio promueven el bienestar general que solo puede darse garantizando la propiedad privada y la predecibilidad de los actos del gobierno.

Pero a Chávez en nada le interesa el Estado de Derecho ni la economía de mercado. Chávez en realidad en un imitador de Fidel Castro, el otro dictador que desde hace cincuenta años le promete prosperidad a su pueblo; prosperidad que, por supuesto, nunca ha llegado. Chávez confisca la propiedad privada con el pretexto de hacerla más "social", considera delincuentes a aquellos que visten una camiseta con el logo de "No a Chávez" y con la soberbia que lo caracteriza asciende a los militares que le juran lealtad personal, siendo esto un poderoso antecedente para que otros imiten la misma conducta, en su país y en toda la región. ¿Acaso esto no puede ocurrir en el Paraguay? Cuando el poder ya no está controlado, se vuelve caprichoso y hasta tentador.

El senador que se oponga al ingreso de Chávez será coherente con el marco institucional de la República, el sistema político que se fundamenta en la Constitución, la separación de los poderes y la igualdad ante la ley. El senador que defiende al régimen republicano de gobierno es un convencido que fuera de la República sobreviene el abuso del poder y la desaparición de las libertades civiles y económicas, exactamente como está sucediendo en Venezuela.

El senador que se reconoce en la tradición liberal de Locke, Montesquieu Tockeville y Eusebio Ayala, sabe que el buen gobierno es aquel que mejor protege la vida, la libertad y la propiedad de la gente y que cualquier otro podrá llevar el nombre de democrático por su formalismo —como sucede en la Venezuela de Chávez, pero no será Democracia Republicana en su esencia.

Con la puesta en marcha del plan de Chávez de ingresar al Mercosur utilizando a su país como una mera excusa para expandir su proyecto neo socialista en la región, a los senadores se los reconocerá tal como son: defensores de la libertad por sus principios o encubridores sumisos de la arbitrariedad por sus maletines.