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Archivo por Abril 2015

Tras doce años de gobierno, la administración Kirchnerista en Argentina tiene pocos logros que mostrar. Estos doce años de gobierno también se han caracterizado por altos precios internacionales de bienes que Argentina exporta. Desde que asume Néstor Kirchner en Mayo del 2004 hasta fines del 2014, se liquidaron divisas por exportación de oleaginosas y cereales por el equivalente al valor actual de dos Plan Marshall. ¿A dónde fueron a parar tantos recursos?

En esta nota comparo el Plan Marshall con la administración Kirchnerista:

"Ese es el resultado de comparar el total de divisas liquidadas por exportación de oleaginosas y cereales durante el kirchnerismo contra el monto en dólares del Plan Marshall en valores actuales. Los resultados que el kirchnerismo tiene para mostrar, sin embargo, dejan mucho que desear cuando se compara su gestión con el de los países que participaron del Plan Marshall.

Cuando termina la Segunda Guerra Mundial los países beligerantes se encontraban en una situación crítica: infraestructura diezmada, economías deprimidas, y sin reservas para comerciar con el resto del mundo. El Secretario de Estado americano George Marshall ideó un plan de asistencia financiera para la reconstrucción económica de los países beligerantes. En términos sencillos, el plan se valía de dos herramientas. Por un lado EE.UU. daría dólares a países beligerantes, principalmente europeos, para que los mismos puedan reconstruir su infraestructura y economías y al mismo tiempo importar bienes de Estados Unidos. Por otro lado, los países participantes del plan debían desregular sus economías y abrirse al comercio internacional. La motivación no era sólo económica ni para beneficiar a los exportadores americanos; parte del plan consistía en contener el avance de la URSS, que explícitamente rechazó participar de él por considerarlo una política de imperialismo norteamericano. El plan duró cuatro años, de 1948 a 1951".

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Eduardo Hughes Galeano, quizás el escritor más influyente de América Latina en la segunda parte del siglo XX, fue enterrado hoy en Montevideo con honores de Estado. La etiqueta por lo general dicta que tras la muerte de una persona solo cosas buenas se pueden decir de ella. En este caso, la contribución de Galeano al debate político latinoamericano es de tal magnitud que es imposible no comentarla, aún cuando sea para criticarla. Sin embargo, es importante aclarar que la crítica es a las ideas de Galeano, y no a su persona.

Si bien su obra se extendió a otros campos como la poesía, el dibujo, el periodismo y el fútbol, Eduardo Galeano debe su reputación a su magnus opus, Las venas abiertas de América Latina, traducido a 18 idiomas y que cuenta con docenas de ediciones. Este libro, escrito cuando Sudamérica empezaba a cubrirse por el manto de cruentas dictaduras militares, sirvió de parteaguas ideológico a la izquierda latinoamericana. Incluso hoy, cuarenta años después, sigue siendo el texto de cabecera en las escuelas de Estudios Generales de toda la región, así como de los departamentos de Estudios Latinoamericanos en universidades de EE.UU. y Europa.

La tesis de Galeano fue una versión conspiratoria de la teoría de la dependencia desarrollada en los años cincuenta. Esta última sostenía que el estancamiento económico de América Latina se debía a una arquitectura económica mundial donde nuestros países (la periferia) exportaban materias primas de poco valor agregado, mientras que las naciones desarrolladas (el centro) nos vendían a cambio productos industriales elaborados. La manera de romper este ciclo era mediante políticas industriales y de sustitución de importaciones dirigidas por el Estado.

Galeano fue más allá: la pobreza latinoamericana se explica por el saqueo sistemático de las potencias europeas (y posteriormente EE.UU.). Somos pobres porque ellos son ricos. Ellos son ricos porque nos han esquilmado: "Es América Latina la región de las venas abiertas". La solución consiste entonces en la violencia revolucionaria y la expropiación de los medios de producción. Cuba ya había iniciado el camino.

La izquierda latinoamericana había encontrado su biblia. Desde entonces, Las venas abiertas de América Latina ha influenciado a varias generaciones de académicos, políticos y revolucionarios. Para miles de universitarios en toda la región, ha sido un catequismo que inspiró su animadversión por la economía de mercado, la globalización, las transnacionales y todo lo que huela a EE.UU. La izquierda carnívora sigue tomando al pie de la letra la tesis de Galeano. En el 2009 Hugo Chávez le regaló una copia del libro a Barack Obama. Pero incluso la izquierda vegetariana, aquella que no abraza la revolución ni la expropiación de los medios de producción, aún suspira con dichas líneas.

Sin embargo, el uruguayo sorprendió a propios y extraños cuando, el año pasado, renegó de su obra. "No sería capaz de leer el libro de nuevo (...) esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima". E incluso admitió que fue escrito "sin conocer debidamente de economía y política". La columna Bello de The Economist lo puso de mejor manera cuando señaló que "fue casi como si los discípulos de Jesús hubieran admitido que el Nuevo Testamento fue un gran malentendido". El acto de Galeano, añadió Michael Reid, autor de Bello, resaltaba "el fracaso intelectual de la izquierda latinoamericana".

Galeano mostró gran valor al revocar su principal trabajo. Lamentablemente esa honestidad intelectual no le alcanzó para quitarle el apoyo a la dictadura cubana, la cual defendió a lo largo de las décadas, a pesar de los calabozos, fusilamientos y campos de concentración. Lamentablemente, su admiración al régimen estalinista de los Castro le duró hasta sus últimos días. Para la izquierda, abrazar a la dictadura cubana es un pecadillo perdonable, y quienes lo condenamos somos reaccionarios que vivimos atrapados en la Guerra Fría. Pero para quienes han sufrido sus horrores, no es peccata minuta.

Por eso recojo lo escrito por una amiga cubana que vive en Costa Rica a raíz del fallecimiento de Galeano: "que descansen los muertos y que sean libres los vivos".

Publicado originalmente en El Financiero (Costa Rica) el 15 de abril de 2015.

Presidentas en problemasLas comparaciones, en general, resultan odiosas; y, con frecuencia, el pasto del vecino es más verde. Estas simples afirmaciones, válidas para la vida diaria, las podemos aplicar a la coyuntura política regional que esta viviendo Argentina, Brasil y Chile. ¿Qué tienen en común y qué diferencia las crisis que están sufriendo las tres presidentas en ejercicio de estos países?

Descartado de antemano que es un tema de género, y mucho menos un “femicidio político” como sugirió una destacada periodista chilena, lo concreto es que Cristina Fernández, Dilma Rousseff y Michelle Bachelet están unidas por una fuerte caída en su popularidad. La presidenta brasileña se acerca al 70% de rechazo, en tanto que las mandatarias chilena y argentina bordean el 60% producto de una crisis de credibilidad y confianza originada en  los escándalos de corrupción, nepotismo, uso de información privilegiada y financiamientos reñidos con las “buenas costumbres”, que han dado origen a los denominados casos Boudou en Argentina, Petrobras en Brasil y Caval, SQM y Penta en Chile.

¿Son lo mismo en todos ellos? Claramente, no. En Chile, la solidez de la respuesta la han dado las instituciones en el sentido de hacer cumplir la ley con transparencia, como así también la reacción de la opinión pública que ha marcado una clara diferencia. Afortunadamente, dirá más de alguien, pues al contrario de Argentina con una presidenta casi ausente y encerrada en su casa; en Brasil, Dilma sigue ejerciendo su liderazgo y mantiene la conducción política; mientras que en Chile, la presidenta Bachelet ha dado señales equívocas que incluso han llegado a difundir el rumor que “debe o ha pensado en renunciar”, si es que pasa por ahí la solución, lo que evidentemente es un error pues provocaría una grave crisis institucional.

El “caiga quien caiga” es mayoritario en el sentir chileno, como así también el rechazo a aceptar acuerdos de cúpulas, y mucho menos consignas que --lamentablemente-- son una realidad tanto en Argentina y Brasil como en otros países. Me refiero a cerrar los ojos, mirar para el lado y afirmar: “roban… pero hacen”.

La cuestión no tiene que ver con los montos involucrados como erróneamente se consigna en parte de la opinión pública extranjera. Nos dicen: “lo de ustedes es ridículo”, son “montos mínimos”, como si con eso aminorara la falta. Por ningún motivo. Ahí esta, quizás, la fortaleza, la oportunidad y la diferencia que aún podemos marcar en Chile: la no complicidad con la corrupción.

Somos tan latinoamericanos como nuestros vecinos y amigos a quienes apreciamos, pero no por ello hemos de adoptar sus malas prácticas. Ya nos hemos acercado lo suficiente al populismo y al “macondo" regional, en tanto que las tres comparten la ambición de reelegirse, el gusto por el poder y no saber retirarse a tiempo.

Por ahora, nuestro pasto sigue siendo más verde que el de los vecinos y amigos. Es tiempo de abono y mejorar el riego, no vaya a ser que también termine por secarse.

Publicado originalmente en t13 (Chile) el 10 de abril de 2015.

Los ricos y la innovación

Publicado por Javier Paz

Muchos consideran la desigualdad económica como algo inherentemente malo e injusto. Tal valoración no toma en cuenta que la desigualdad es parcialmente una consecuencia de las diferentes aptitudes, vocaciones y grados de esfuerzo de las personas: personas como Bill Gates, Steve Jobs o Warren Buffet eran personas de clase media que hicieron sus fortunas gracias a su creatividad y su sagacidad empresarial.

La valoración negativa de la desigualdad tampoco considera que los ricos cumplen un rol fundamental en el proceso de innovación tecnológica, tanto en el lado creativo, como en el aspecto comercial. Por el lado creativo, son los países más ricos, las personas más ricas y las empresas más ricas quienes más invierten en la investigación y el desarrollo de nuevos y mejores productos. Y son los más ricos los que a menudo generan la demanda inicial para que un producto pueda producirse en masa y llegar a la mayoría de la población. Por ejemplo el teléfono celular inicialmente era exclusivamente para personas con mucho dinero, tanto por el costo del aparato, como del servicio. Hoy la tecnología celular es accesible a todo el mundo, desde África hasta Sudamérica, pero si los primeros modelos no hubieran tenido la demanda suficiente, solventada por los más ricos, posiblemente hoy no pudiéramos beneficiarnos todos de esa tecnología.

Henry Ford en el siglo pasado creo el modelo T, para que hasta sus obreros pudieran comprar un vehículo. Su visión revolucionó el mundo, pero inicialmente necesitó hacer vehículos destinados a los más pudientes, antes de tener los recursos necesarios para montar su fábrica de producción en gran escala. Las empresas farmacéuticas invierten miles de millones de dólares en investigación y desarrollo de nuevos medicamentos; cuando una nueva droga sale al mercado, son los ricos consumidores de Europa y EE.UU. los que pagan la cuenta con precios altos, mientras que los consumidores de países pobres como Brasil o Bolivia se benefician de drogas genéricas o del vencimiento de patentes con precios que son una fracción de los originales.

Si miramos a nuestro alrededor y vemos las tecnologías que hacen nuestra vida más fácil y placentera, desde el televisor, los viajes en avión, la computadora personal o la medicina vemos un proceso similar donde el rol de los ricos es fundamental para que esas innovaciones tengan el empuje inicial para poder llegar hasta los pobres.

Santa Cruz de la Sierra, 04/04/15

http://javierpaz01.blogspot.com/

Ayer falleció Eduardo Galeano. La prensa nos remite a uno de sus libros más leídos, Las venas abiertas de América Latina. Lo que parecen omitir los medios es que hace casi un año, el propio Galeano explicó abiertamente que "la realidad cambió, no leería más Las venas abiertas".

Personalmente, preferiría recomendar otros de sus libros, como sus cuentos de fútbol. Debemos reconocer que Galeano gozaba de un pluma extraordinaria, aunque muchos liberales estemos en las antípodas de nuestro pensamiento.

Cierro con una referencia a mi propia crítica de las Venas, la que se puede leer en este documento.

Resumiendo, estos son los cinco puntos que intento aclarar en el trabajo:

  1. Ha existido una continua política de saqueo desde la época de la Colonia hasta nuestros días.
  2. Fue precisamente ese saqueo el que impulsó el mayor desarrollo relativo europeo respecto de Latinoamérica.
  3. El orden económico vigente no es la consecuencia de un orden espontáneo, sino un orden generado a través de la planificación central americana, primero con el cuerpo de políticas gubernamentales, y luego con los tentáculos de las empresas multinacionales que saquean a todos los países en los que se introducen.
  4. La culpa de nuestros males (pobreza, indigencia, desocupación extendida) es del mundo desarrollado. Nuestra pobreza es la contrapartida de la riqueza de los países centrales.
  5. La única forma de interrumpir este proceso y darle esperanza a los pueblos latinoamericanos, es a través de la violencia, expropiando la propiedad privada de los medios de producción a quienes han abusado de él.

En un reciente artículo publicado por diario El Telégrafo de Ecuador y titulado “Ecuador tiene menos restricciones al comercio”, se cita al país como uno de los de menores restricciones al comercio en Latinoamérica. Dicha afirmación la realiza en relación a un informe elaborado por Global Trade Alert (GTA), una organización dedicada a monitorear las principales políticas comerciales a nivel mundial.

Como primer punto quisiera destacar que la información publicada por GTA se refiere a nuevas reformas y no a las existentes. Pues si bien GTA monitorea y divulga las medidas comerciales adoptadas por los países y las clasifica en restrictivas o liberalizadoras, no publica información sobre el total de normas vigentes. Es decir, lleva un inventario de las medidas marginales (adicionales) y no del total del stock (vigentes más adicionales). Además, la iniciativa GTA inició en el 2009 tras la reunión del grupo G-20 en su afán de “no cometer los errores del pasado del proteccionismo”, por lo que tampoco presenta regulaciones anteriores a esa fecha.

En segundo lugar, es preciso remarcar que a nivel mundial sí existen otros índices que evalúan la libertad de los mercados. Por ejemplo, de acuerdo al Índice de Libertad Económica 2015 elaborado por The Heritage Foundation y Wall Street Journal, Ecuador ocupa el puesto 127 entre 184 países en el ranking de libertad comercial que contiene este índice. En el 2006 se ubicó en el puesto 94, es decir más de 30 puestos más arriba que en la actualidad. Esto lo coloca a Ecuador en la actualidad por debajo de Colombia (65°), Chile (60°) y Perú (40°) que se apuntalan como las economías con mayor apertura comercial en Latinoamérica.

Asimismo, Ecuador aparece como uno de los países con menos libertad comercial en otro ranking elaborado por el Fraser Institute. Con una tarifa arancelaria de 7,98% en promedio (2,58% en 1990), Ecuador es uno de los países con menor libertad para comerciar de acuerdo al reporte de Libertad Económica en el Mundo: Informe Anual 2014 elaborado por este instituto. En este informe, Ecuador ocupa el lugar 76 mientras que Perú aparece como el 6° país de mayor libertad comercial después de Hong Kong, Singapur, Irlanda, Reino Unido y Nueva Zelanda.

Por último, es importante destacar que la tasa arancelaria de Ecuador sigue siendo elevada comparada con vecinos de la región. El Banco Mundial reportó que la tasa arancelaria (promedio ponderado de todos los productos) aplicada por Ecuador se redujo de 8,7% en 2005 a 4,3% en 2012. Sin embargo, Perú, líder en liberalización comercial en la región, la redujo de 8,3% a menos de 1,5% en el mismo periodo.

En definitiva, los aranceles, al igual que los requisitos técnicos, constituyen la principal traba al comercio internacional. Y en los últimos años el Ecuador ha emprendido una política comercial más restrictiva que liberalizadora. Su modelo de crecimiento hacia adentro estableciendo cuotas, tarifas, normas técnicas, y demás, sin duda alguna ha mermado la soberanía de los consumidores ecuatorianos. El resultado ha sido menos oportunidades y ser uno de los países con más restricciones al comercio de la región. Para muestra un botón: aún esperamos aprobación de un acuerdo comercial con la Unión Europea y no poseemos ninguno con EE.UU., destino del 55% de las exportaciones.

En PanamPost se publicaron dos notas para debatir si la dolarización puede ser una medida beneficiosa para Venezuela (uno de los países con más inflación del mundo y, por tanto, con peor moneda).

El economista venezolano Luis Oliveros responde que “Venezuela no puede dolarizar” y ofrece las desventajas que implica tal sistema:

  • 1.- Pérdida de flexibilidad en la política monetaria, ante la no coincidencia de los ciclos económicos entre el país emisor y el país dolarizado, situación que podría generar shocks a la economía dolarizada.
  • 2.- Cuando un país adopta una moneda extranjera como su moneda de curso legal sacrifica los ingresos por concepto de señoreaje que provienen de la emisión primaria.
  • 3.- Al no tener un banco central, sufre la pérdida de la función de prestamista de última instancia, aspecto que no le permite atender problemas de liquidez del sistema bancario (requiere líneas de crédito con bancos extranjeros).
  • 4.- Los sistemas financieros se vuelven más vulnerables ante choques externos.
  • 5.- Se elimina la posibilidad de utilizar el tipo de cambio como una variable de ajuste ante choques externos.

Abstrayéndonos por un momento del caso puntual de Venezuela, podemos tomar estos argumentos como motivos generales por los que los países deberían tener una moneda propia. Así, el argumento no solo es crítico de la dolarización, sino también del euro, el patrón oro, o sistemas como el de Panamá, que carecen de Banco Central.

Pero analicemos detenidamente cada uno de ellos:

1. Se dice que “pierde flexibilidad” la política monetaria. Esto es cierto. De hecho, si un país abandona su moneda para adoptar la de una nación distinta, no solo pierde flexibilidad, sino que pierde por completo la política monetaria. Y aquí la pregunta se vuelve empírica más que teórica: ¿cuáles han sido los resultados de la flexibilidad de la política monetaria en Venezuela (o, por caso, en Argentina, Ecuador y otros países latinoamericanos)? Lo relevante, entonces, no es si se pierde flexibilidad (que se pierde), sino si eso es peor que no perderla y convivir con el riesgo de que la flexibilidad se transforme en discrecionalidad (que ocurre a menudo).

2. Este punto no debería ser un argumento en favor de la moneda propia, ya que la recaudación de impuestos y, en su defecto, la deuda contraída voluntariamente en el mercado, deberían alcanzar para financiar el gasto público.

3. No tener un prestamista de última instancia no es un problema para Panamá. De hecho, se le atribuye precisamente a la ausencia de ese organismo, la mayor prudencia en la conducta de los bancos del país.

4. Es erróneo asumir que la ausencia de un prestamista de última instancia vuelve al sistema financiero más vulnerable. ¿Por qué no asumir, por el contrario, que lo vuelve más prudente y, por tanto, más sostenible en el largo plazo?

5. ¿Y por qué hay que temerle a los choques externos en primer lugar? Si, dentro de un mismo país, un estado/provincia entra en default (recuérdese el caso de Detroit), claro que eso va a ser un “choque externo” para la economía del estado/provincia vecina. Sin embargo, nadie propone que el estado vecino cree una moneda para contrarrestarlo. Buenas instituciones y mercados flexibles son suficientes para adaptarse a los cambios.

Volviendo al caso de Venezuela, es evidente que sus problemas no se solucionan con un simple cambio de régimen monetario. Pero también es cierto que los miedos a la dolarización y al abandono de la moneda propia están exagerados. Así, de enmarcarse en un plan de cambio institucional profundo, esta medida no tiene por qué descartarse a priori.

Dólar paralelo en Venezuela

Publicado originalmente en www.ivancarrino.com.

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