Angus Deaton y el gran escape

Gabriela Calderón de Burgos asevera que "El trabajo de Deaton, trasladando el enfoque hacia el individuo desde los agregados macroeconómicos, ha enriquecido nuestra capacidad de medir la pobreza y de compararla a través de distintos países".

Por Gabriela Calderón de Burgos

El Premio Nobel de Economía 2015 será otorgado al economista Angus Deaton. El Comité del Nobel le concede este premio a Deaton por “tres logros relacionados: el sistema para estimar la demanda de distintos productos...; los estudios acerca de la relación entre el consumo y el ingreso...; y el trabajo que ha realizado...para medir la calidad de vida y la pobreza en países en vías de desarrollo con la ayuda de encuestas en hogares”. El trabajo de Deaton, trasladando el enfoque hacia el individuo desde los agregados macroeconómicos, ha enriquecido nuestra capacidad de medir la pobreza y de compararla a través de distintos países.

Muchos consideran que en gran medida gracias a Deaton es que hoy poseemos mediciones internacionales más confiables de la pobreza. Su Premio Nobel fue anunciado justo días después de que el Banco Mundial, donde Deaton trabajó y fue muy influyente, publicara nuevas cifras de la pobreza a nivel mundial. El Banco estima que la pobreza extrema caerá a 9,6% de la población mundial en 2015. Esto vale la pena celebrarlo, considerando que solo en 1980 esta cifra era de 43%.

Este es “El gran escape” al que Deaton se refería en su último libro. Escuché una intervención de Deaton cuando lo presentó en el Instituto Cato en 2013 y allí dijo algunas cosas relevantes para el debate en América Latina acerca de la desigualdad y del crecimiento económico.

Deaton, exhibiendo un refrescante optimismo, explicaba que “Hoy, por ejemplo, hay más personas viviendo bajo una democracia que nunca antes. Hay enormes reducciones a gran escala en la violencia alrededor del mundo y a lo largo de los siglos, las cuales contribuyen considerablemente al bienestar humano. Hemos visto aumentos gigantescos en la educación”. Estas son tan solo algunas de las mediciones del “gran escape”, datos que por cierto puede obtener fácilmente visitando HumanProgress.org.

Pero Deaton acotaba que “El progreso no se da por igual. En este sentido, es uno de los grandes generadores de desigualdad. Pero es muy difícil reprochar este tipo de desigualdad. ¿Por qué si unos escapan y otros no, sería el mundo un peor lugar? En realidad no lo es”.

Dicho esto, Deaton expresó preocupación por aquellos que no han logrado escapar de la pobreza y porque la desigualdad de ingresos en EE.UU. y en otras partes, pueda derivar en desigualdad política. Le preocupa que la mayoría de la población mundial vive en lugares donde persiste la desigualdad política, donde las autoridades abusan del poder de tal forma que “el contrato entre el Estado y los gobernados –imperfecto en los países ricos— muchas veces está totalmente ausente en los países pobres”.

En ausencia de ese contrato, Deaton explica que “la regulación y las instituciones para hacer cumplir la ley no funcionan de manera adecuada y los negocios se encuentran en una situación donde se les vuelve difícil funcionar. Sin cortes civiles que funcionen de manera adecuada, no hay garantía de que los empresarios innovadores podrán tener derecho a las recompensas por sus ideas”.

Lamentablemente, frecuentemente en la búsqueda de una mayor igualdad de ingresos se implementan políticas estatales redistributivas, creándose así una profunda desigualdad de poder político entre los ciudadanos. Esa desigualdad de poder suele bloquear la movilidad social y la reducción de la pobreza.  

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 16 de octubre de 2015.