Amenaza del nacionalismo económico

Por James A. Dorn

Recientemente, los senadores Charles Schumer —demócrata de Nueva York— y Lyndsey Graham —republicano de Carolina del Sur— afirmaron: “se nos acabó la paciencia”, reclamando que China debe aumentar el valor de su moneda (el yuan) con respecto al dólar o confrontar un arancel de 27,5% en todas sus exportaciones a Estados Unidos.

Por recomendación del nuevo secretario del Tesoro, Henry Paulson, los dos senadores aceptaron retirar tal propuesta. Es una buena noticia, pero la amenaza de nacionalismo económico en Estados Unidos no ha desaparecido. Ambos senadores planean renovar su propuesta el próximo año. El nuevo proyecto de ley seguramente no será tan exagerado, pero la retórica seguirá siendo proteccionista, amenazando con aranceles a China si Beijing no permite una apreciación más rápida del yuang.

Es sorprendente que ambos senadores insistan en instrumentar medidas proteccionistas, sabiendo que con ello se impone un alto impuesto a los consumidores (a través de precios más altos en todo lo importado de China), se daña a las empresas norteamericanas que operan en China, enemistan a los chinos que adelantan reformas en su país, les da ánimos a los norteamericanos de línea dura que están en contra de toda apertura y le abren las puertas a retaliaciones de parte de China.

En lugar de escuchar a estos dos senadores proteccionistas, sería inteligente de parte del Congreso establecer más bien una estrategia de acercamiento económico a largo plazo, como sugiere el secretario Paulson. A lo contrario de los dos senadores, quienes han visitado China apenas una vez, Paulson fue presidente de Goldman Sachs, ha estado en China en muchas ocasiones y conoce bien sus mercados financieros.

Durante un importante discurso antes de su viaje a China del mes pasado, el secretario Paulson explicó que “las medidas proteccionistas no funcionan y el daño colateral que hacen es grande”. Considera también que la creciente libertad económica en China conducirá eventualmente a reformas políticas, como ha sucedido en otros países. Pero no debemos esperar que esto ocurra de la noche a la mañana; la paciencia es una virtud.

Lo importante es lograr que China siga avanzando en la dirección del liberalismo económico, por una sencilla razón, cree Paulson: “la liberación económica, con la interdependencia y el crecimiento que logra, puede jugar un papel importante en la promoción de la paz y la estabilidad”.

Aunque sí debemos criticar a China por sus violaciones a los derechos humanos y a los derechos de propiedad intelectual, como también por la falta de transparencia de su sistema legal, no debieramos ignorar su considerable progreso desde que tomó en 1978 el camino de la liberalización económica.

La seguridad tanto de EE.UU. como de China depende de la promoción del liberalismo económico y no del proteccionismo. Cualquier equivocación debilitaría el orden económico global, fomentando el nacionalismo económico y perjudicando las relaciones internacionales.

No debiéramos repetir los errores de los años 30, cuando los aranceles de la ley Smoot-Hawley y equivocaciones en políticas monetarias acabaron con el orden liberal internacional. El libre comercio y la integración financiera son esenciales para la paz y la prosperidad. Como bien lo dijo Cordell Hull , secretario de Estado desde 1934 hasta1944: “El comercio sin barreras encaja bien con la paz; altos aranceles, barreras a las importaciones e injusta competencia económica van bien con la guerra”.

Beijing puede ayudar a resolver la falta de equilibrio global adoptando un tipo de cambio más flexible y liberalizando los flujos de capital al exterior para que haya menos presión sobre la acumulación de reservas del Banco de China. Retrasar tales ajustes significaría una más rápida acumulación de reservas, mayor riesgo de pérdidas de capital por sus tenencias en dólares y mayor incentivo para diversificar tales reservas. También significan una mayor inflación en China, en la medida que se emiten yuanes para comprar dólares. Por lo tanto, favorece también a China avanzar en estos asuntos.

Mientras tanto en Washington, el Congreso debe poner orden en casa, limitando el crecimiento del gasto gubernamental y reduciendo los impuestos al capital. Y lo más importante, Estados Unidos debe practicar lo que predica sobre el libre comercio.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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