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¿Debe el nuevo presidente de Guatemala seguir la estrategia de México?

Publicado por Juan Carlos Hidalgo

La semana pasada visité Guatemala, donde el nuevo presidente electo, Otto Pérez Molina, ha prometido involucrar al ejército en la lucha contra el crimen organizado. Pérez Molina —un ex general de las fuerzas armadas— incluso dijo que seguirá el ejemplo de Felipe Calderón declarándole una guerra sin cuartel a los carteles de drogas. Pérez Molina debería pensarlo dos veces.

Veamos lo que pasó con la tasa de homicidio de México desde que Felipe Calderón llegó a la presidencia en diciembre del 2006 y lanzó una ofensiva militar en contra de los carteles de drogas. La tasa de homicidio en ese país, medida como el número de homicidios por cada 100.000 habitantes, había venido experimentando un declive sostenido desde mediados de los noventa. Sin embargo, esta se disparó después de que el ejército saliera a las calles, desatando una violencia sin precedentes conforme los carteles tomaron represalias contra las fuerzas del orden y escalaron sus luchas internas.

Tendencia de tasa de homicidios en México

Un fenómeno claro en México es que, en lugar de aplacar la violencia, la participación del ejército ayudó a aumentarla. La razón es que, incluso cuando las fuerzas armadas ganan una batalla al matar o arrestar a un capo de la droga o desarticular alguna red de narcotráfico, generan un vacío que otros carteles intentan ocupar —de manera violenta. El altamente fraccionado panorama criminal de México, con al menos siete importantes carteles de drogas peleándose por el control de territorio, es en cierta medida el resultado de la guerra del gobierno en contra del crimen organizado.

Aún así, la tasa de homicidio de México en el 2010 (21,5 asesinatos por cada 100.000 habitantes) es alrededor de la mitad de la de Guatemala (41,4 asesinatos por cada 100.000 habitantes). Hay dos razones por las cuales las cosas podrían empeorar considerablemente en Guatemala: Primero, las fuerzas armadas no están preparadas para luchar contra los poderosos carteles mexicanos que ya están presentes en dicho país. Tras del acuerdo de paz en 1996, el ejército guatemalteco fue reducido de 50.000 a 16.000 soldados. Si los carteles han respondido efectivamente en contra de las mejores equipadas fuerzas armadas mexicanas, uno solamente se puede imaginar lo que sucedería con el más pobre y pequeño ejército de Guatemala. Hasta ahora, los dos carteles más poderosos de México, el de Sinaloa y los Zetas, controlan diferentes partes del territorio guatemalteco, pero todavía no se han enfrentado entre ellos en ese país. Eso podría cambiar si las fuerzas armadas atestan algún golpe importante a uno de los dos carteles, dándole una oportunidad al rival.

Los guatemaltecos eligieron a Otto Pérez Molina por su promesa de luchar contra el crimen con mano dura. Sin embargo, su estrategia podría resultar ser contraproducente, dejando a los guatemaltecos en una situación todavía peor que la actual.

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