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¡No más venas abiertas en América Latina!

En la cumbre de las Américas del 2009, Hugo Chávez regaló al presidente Obama el libro de Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina. En la oportunidad, y a raíz del reciente fallecimiento del escritor Uruguayo (QEPD), me pareció oportuno reproducir la columna que por entonces publiqué. Especialmente teniendo a la vista que hace poco, el propio Galeano se "autocuestionó su trabajo.

¡No más venas abiertas en América Latina!

(Publicado en 2009)

En la reciente Cumbre de las Américas el presidente venezolano, Hugo Chávez, entregó al mandatario norteamericano, Barack Obama, un ejemplar del libro Las venas abiertas de América Latina, escrito por Eduardo Galeano en 1971.

Obama, como es su costumbre, lo recibió con una amplia sonrisa, que más bien habla de su educación, cordialidad y espíritu de recomponer las relaciones con el subcontinente, pero también de su desconocimiento de lo que estaba recibiendo, un producto altamente tóxico.

El libro de Galeano es uno de los que más daño han hecho a nuestro continente. Su argumentación elemental sostiene que somos pobres porque los otros son ricos. El clásico discurso del imperio que succiona la sangre de las venas de su víctima hasta acabar con ella. Un decálogo revolucionario antiimperialista que culpa de nuestro atraso primero a los españoles, luego a los ingleses y, desde el siglo pasado, a Estados Unidos. De haber sido escrito en el siglo XXI, seguramente culparía a Coca-Cola, Google, Amazon, Starbucks, McDonald's y alguna otra transnacional de las que nos roban.

Galeano resume los agravios sufridos por los latinoamericanos y los victimiza; además, transmite su odio visceral a cualquier cosa que huela a democracia y mercado: en definitiva, a la libertad, para retorcerse en el igualitarismo estrecho de mente que impide el desarrollo.

En lo sucesivo, Obama tendrá que andar con más cuidado a la hora de recibir panfletos de esta guisa. Hay muchísimos: desde La historia me absolverá, de Fidel Castro, y La guerra de guerrillas, de Ernesto Che Guevara, a ¿Revolución dentro de la revolución?, de Regis Debray, pasando por Dependencia y desarrollo en América Latina, de Fernando Cardoso y Enzo Faletto; Hacia una teología de la liberación, de Gustavo Gutiérrez, o Para leer al Pato Donald, de Ariel Dorfman y Armand Mattelart, incubado en universidades norteamericanas.

Por el bien de nuestro continente, y del efectivo espíritu de relanzamiento de las relaciones entre nuestros países, es de esperar que el librito de Galeano se lo dejara Obama olvidado en el hotel.

Ojalá que el presidente norteamericano devuelva en una próxima oportunidad la mano a Chávez regalándole Camino de servidumbre, de Friedrich Hayek, o La acción humana, de Ludwig von Mises. Mientras tanto, si alguien me dice cómo puedo enviarle un libro al inquilino de la Casa Blanca, feliz le mando Del buen salvaje al buen revolucionario, de Carlos Rangel, que, como escribió el célebre Jean-François Revel, es el primer ensayo sobre la civilización latinoamericana que disipa las interpretaciones falsas, las descripciones mentirosas y las excusas complacientes.

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