7 de enero de 2013

Venezuela después de Chávez

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por Mary Anastasia O'Grady

Mary Anastasia O’Grady es editora de la columna de las Américas del Wall Street Journal.

¿Hugo Chávez está vivo o muerto? Y si está muerto, ¿no complicaría eso su toma de juramento este jueves, cuando se supone que asuma otro mandato de seis años como presidente de Venezuela?

Los venezolanos quieren saber. Ya han pasado cuatro semanas desde que Chávez dejó el país para someterse a otra cirugía contra el cáncer en La Habana y hasta ahora el mandatario no se ha presentado en público tras la operación. Los detalles de su enfermedad y su prognosis han permanecido como secretos de Estado desde junio de 2011, cuando anunció que padecía la enfermedad.

El gobierno únicamente ha revelado que el presidente sufre una severa infección respiratoria, que le dificulta la respiración. Pero conforme pasa el tiempo crecen los rumores de que tal vez no se llegue a recuperar.

Incluso a Cuba, que ejerce una considerable influencia sobre el ejército venezolano y el aparato de inteligencia del país, le sería difícil llevar a cabo una toma de posesión al estilo de la película "Fin de semana de locura" ["Weekend at Bernie's", en la que dos empleados cuyo jefe es asesinado intentan fingir que sigue vivo]. Esto explica el anuncio del presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Diosdado Cabello, quien dijo el sábado que Chávez seguirá siendo presidente después del jueves, independientemente de si se presenta o no a su inauguración.

Esto es una violación de la constitución, que estipula que debe tomar juramento el 10 de enero ante la Asamblea Nacional o el Tribunal Supremo de Justicia. Pero no es ninguna sorpresa. Para el gobierno es de gran prioridad arrastrar a Chávez hasta la línea de meta y por tanto comenzó a allanar el camino para este plan B la semana pasada, cuando se hizo evidente que no podrá llegar por sus propias fuerzas.

Una pista se pudo apreciar en la televisión estatal, en la que los reporteros intentaron avivar la pasión de los partidarios del presidente al decirles que la oposición estaba hinchando por su muerte. La odiosa retórica hacia los detractores del gobierno —quienes desde hace mucho tiempo mantienen la esperanza de que sin Chávez no haya chavismo— está diseñada para disuadirlos de insistir en el argumento constitucional. Según la poco sutil advertencia, si los opositores arremeten contra la orden del gobierno, se arriesgan a desatar la ira del pueblo.

La muerte de un jefe de Estado genera riesgos para cualquier país. Debido a que la gestión de 14 años de Chávez se ha forjado en torno al culto a su personalidad y ha dividido tanto al país, su fallecimiento probablemente ocasionará más que simples trastornos. El problema sobre cómo lidiar con la fecha límite de su asunción presenta un dilema para sus seguidores. Pero también existe la amenaza de dificultades económicas.

El tipo de cambio oficial del bolívar fuerte es ahora de 4,3 por dólar, pero en el mercado negro un dólar cuesta más de 17 bolívares. Esto sugiere que la persona que herede la presidencia probablemente tendrá que hacer frente a una fuerte y dolorosa devaluación.

El populista Chávez utilizaría hábilmente la demagogia para salir de una crisis de ese calibre. Pero no está claro si el vicepresidente Nicolás Maduro o Cabello —los dos lugartenientes que asumirán los papeles más importantes tras la muerte de Chávez— logrará hacer lo mismo. Esto significa que las cosas deben estar bastante bajo control para cuando llegue el día de la devaluación.

Si Venezuela se atuviera a la constitución y se produjera una "falta absoluta" de Chávez, Cabello sería nombrado presidente interino. Tendría que convocar elecciones en 30 días. Maduro probablemente sería el candidato.

Sería conveniente para el gobierno convocar elecciones lo antes posible. Mientras más espere, más descendería el bolívar. Los partidarios de Chávez se beneficiarían del voto de consuelo justo después de su muerte, mientras que la oposición se arriesgaría a ser percibida como insensible. Además, no habría mucho tiempo para organizarse bajo un solo candidato de oposición, un elemento crucial para la victoria.

Pero los chavistas han tenido bastantes vulnerabilidades propias, empezando por las riñas internas entre rivales: más de un miembro del círculo interno de Chávez quiere su puesto. Maduro, un antiguo líder sindical, es el primero en la lista y los rumores indican que Cuba considera que sería el más fácil de controlar. Pero Cabello, quien es cercano a las fuerzas armadas y tiene una fuerte vena nacionalista, ha estado haciendo su propia jugada para obtener el mando.

Cuba se percató de este peligro y la semana pasada se movió para resolver el problema. Cuando los principales líderes se dirigieron a La Habana, fue aparentemente para estar cerca del delicado Chávez. El verdadero motivo podría tener poco que ver con rezar al lado de la cama del comandante. El sábado, El Nuevo Herald reportó que fuentes indicaron que Cuba ha estado intentando crear una junta venezolana que reuniría a las distintas facciones y así preservar el chavismo.

Aparentemente Cuba ha decidido que para conseguir eso, Chávez —vivo o muerto— debe permanecer como "el presidente".

Este artículo fue publicado originalmente en The Wall Street Journal (EE.UU.) el 6 de enero de 2013.

Este artículo ha sido reproducido con el permiso del Wall Street Journal © 2011
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