12 de junio de 2012

Una solución a la congestión en las calles de Lima

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por Alfredo Bullard

Alfredo Bullard es un reconocido arbitrador latinoamericano y autor de Derecho y economía: El análisis económico de las instituciones legales. Bullard es socio del estudio Bullard Falla y Ezcurra Abogados.

Usted tiene una vaca frente a un pastizal sin dueño que ofrece alimento para su animal. Tiene que decidir si la lleva a pastar. Si lo hace, su vaca come gratis y se engorda. Resultado: lleva a la vaca a pastar.

Todos hacen lo mismo. El pastizal se congestionará de vacas que comerán y comerán hasta que con el pasto acabarán. Como el pastizal no es de nadie (o es del Estado, que es lo mismo), nadie invertirá en regarlo y resembrarlo. El resultado será el desastre.

¿Qué pasaría si el pastizal tuviese dueño? Este solo dejaría entrar a quienes le pagasen por llevar su ganado a pastar. No pondría un precio demasiado bajo porque no querría demasiadas vacas, pero tampoco pondría un precio muy alto porque perdería negocio. El propietario invertiría en regar y resembrar porque desearía que su negocio fuese sostenible.

La avenida Abancay, a las 5:45 de la tarde, es como el pastizal sin dueño. Los propietarios de combis y carros somos los dueños de las vacas. Usar la calle es gratis. Nadie tiene interés en arreglarla y administrar el tránsito. La avenida Abancay es depredada.

Si las calles tuviesen dueño, tendríamos que pagar por usarlas. Ello racionaría su uso. Los precios subirían en las horas punta, motivando a la gente a conducir a otras horas o a compartir autos o a usar más transporte público masivo que ocupe menos espacio y reparta el mismo costo entre varios. Los precios racionarían el tránsito.

¿Voy a tener que pagar por circular? Le cuento que ya lo hace, y mucho. Gasta tiempo, dinero y gasolina atracado en el tráfico. Respira un saludable anhídrido carbónico y asume el riesgo de más accidentes. La pregunta no es si cuesta o no, sino cuánto y cómo se paga.

Claro que ustedes se preguntan cómo puede funcionar algo así. Si llenamos Lima de peajes habrá más congestión que antes. Pero hay sistemas satelitales o mecanismos electrónicos que nos permiten, a bajo costo, registrar exactamente por dónde circula un auto. A fin de mes te puede llegar la factura por las calles que has usado. El uso razonable de la calle reduce congestión, accidentes y contaminación.

¿Le suena a ciencia ficción? No lo es. En Londres, Singapur y Chile se han implementado versiones limitadas con singular éxito. La propiedad o concesión sobre las calles hace que aparezca un mercado que ordene el tránsito.

¿Difícil de aprobar un sistema así en el Congreso? Pues se equivocan. Les cito unos textos legales: “Con el fin de inducir racionalidad en las decisiones de uso de la infraestructura vial, el Estado procura que los costos asociados a la escasez de espacio vial se transfieran mediante el cobro de tasas a quienes generan la congestión vehicular”.

Con esa norma se puede cobrar a los conductores por el uso de la calle y así racionalizar su conducta.

¿Y qué le parece esta otra norma?: “El Estado procura que las personas naturales o jurídicas, públicas o privadas, que con motivo de obras o trabajos en las vías interfieran el normal funcionamiento del tránsito asuman un costo equivalente al que generan sobre el conjunto de la comunidad afectada, durante la realización de tales trabajos, a través del pago de tasas calculadas en función de las áreas y tiempos comprometidos”.

¿Se imaginan cuántos dolores de cabeza nos aliviamos si a quienes hacen obras en la vía pública les costara demorarse en acabarlas? Todo se haría mucho más rápido.

A que no adivina qué país del mundo tiene una legislación tan moderna. ¿Será Suiza o Japón? Se equivoca. Es el Perú. Acabo de citar la Ley de Transporte y Tránsito Terrestre aprobada por el Congreso en 1999 (hace más de 10 años). La solución está frente a nuestras narices. A veces no nos falta imaginación, sino ganas de ponerla en práctica.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 9 de junio de 2012.