31 de diciembre de 1969

déficit comercial

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China y la apreciación de su moneda

Daniel J. Ikenson indica que una apreaciación de la moneda china no redujo el déficit comercial de EE.UU. con China entre 2005 y 2008.

Ecuador: Es el gasto público, no Colombia

Gabriela Calderón explica que es el gasto público lo que ha fomentado las importaciones en Ecuador, no la devaluación de la moneda en Colombia.

China-EE.UU.: El caso a favor del liberalismo económico

por James Dorn

James A. Dorn es Vice-presidente para Asuntos Académicos de Cato Institute y especialista en China y coautor de China's Future: Constructive Partner or Emerging Threat? (El Futuro de China: ¿Socios Constructivos o Amenaza Emergente?).

Los excedentes en la balanza comercial de China con EE.UU. no son agradables para el congreso estadounidense o para muchos de los que están nerviosos a causa de China en el Capitolio. Con poco movimiento en el tipo de cambio yuan/dólar desde que este fue revaluado por un 2,1 por ciento en julio del 2005, la presión está aumentando para que se sostenga un voto en el congreso sobre la ley Schumer-Graham este otoño. Colocar aranceles prohibitivos en las importaciones chinas, sin embargo, no corregirá el desequilibrio comercial.

En vez de seguir el camino del proteccionismo destructor, EE.UU. debería ordenar su propia casa reduciendo el tamaño y envergadura del gobierno y reafirmando su adherencia al liberalismo económico. De hecho, si la República Popular de China no se convertirá en el enemigo inevitable que muchos en el capitolio se imaginan, EE.UU. debe continuar su política de interacción.

La liberalización financiera tomará tiempo y China se moverá a su propia velocidad. EE.UU. debería ser paciente y realista. Muchos de los costos de la moneda subvaluada de China están siendo costeados por el pueblo chino. Colocar aranceles prohibitivamente altos sobre los productos chinos hasta que al tipo de cambio yuan/dólar se le permita apreciarse considerablemente no es una opción realista. Resultaría en un impuesto injusto cobrado a los consumidores estadounidenses, no corregiría el desequilibrio general de la cuenta corriente estadounidense (o siquiera nuestro déficit comercial bilateral con China), y retardaría la liberalización.

El ajuste requiere que China no solamente permita mayor flexibilidad en el tipo de cambio pero que también permita a la gente china convertir libremente el yuan a cualquier moneda o bienes que ellos deseen. La libertad de capitales es un derecho humano importante y ayudaría a socavar el monopolio de poder del Partido Comunista Chino al fortalecer los derechos de propiedad privada.

Un orden liberal económico internacional es uno más flexible basado en precios determinados por el mercado, dinero confiable, y en un Estado de Derecho. Deberíamos ayudar a que China se mueva en esa dirección—no mediante amenazas pero con el ejemplo. El gobierno estadounidense debería comenzar por reducir su gasto excesivo y por remover los impuestos onerosos sobre el ahorro y la inversión.

Un ajuste ordenado basado en los principios liberales de mercado ayudaría a reducir los costos para la economía global y para EE.UU. en particular. El mantener nuestros mercados abiertos emite una señal importante al resto del mundo y mantener nuestra casa fiscal en orden—reduciendo el tamaño del gobierno y mediante una verdadera reforma tributaria—demostraría que estamos hablando en serio. Regresar al proteccionismo, en cambio, tendría un impacto negativo en el sistema financiero global y el ajuste sería más lento y más costoso.

Por su parte, China puede ayudar a restaurar los desequilibrios globales moviéndose hacia un tipo de cambio más flexible y liberalizando los flujos salientes de capitales para que haya menos presión por sobre el Banco Popular de China para acumular reservas extranjeras, las cuales ahora constatan más de $941 mil millones. Retardar el ajuste significa una acumulación más rápida de reservas, un mayor riesgo de perdidas de capital al sostener activos en dólares, y un mayor incentivo para diversificarse.

El fracaso de lidiar con los desequilibrios globales significa el fracaso de adoptar el liberalismo económico. China necesita moverse hacia un orden liberal de mercado, lo cual significa un Estado de Derecho que proteja a las personas y a la propiedad. Como Wy Jinglian, uno de los reformadores más importantes de China dijo recientemente: “Si nosotros no establecemos un Estado de Derecho justo y no tenemos una protección clara de los derechos de propiedad, entonces esta economía de mercado se volverá caótica y corrupta e ineficiente.”

El congreso estadounidense puede fomentar de mejor manera las relaciones sanas entre EE.UU. y China dejando de tratar a China como un enemigo inevitable y aprovechando la oportunidad que representa la emergencia de China como una economía de mercado, mejor dicho una “economía socialista de mercado”. En particular, los políticos estadounidenses deberían:

  • tratar a China como un poder normal que va de subida, no como un probable adversario;
  • continuar liberalizando las relación estadounidense-china y asegurarse de que China cumpla con sus compromisos ante la OMC;
  • reconocer que el progreso de la libertad económica en China ha tenido efectos positivos por sobre la sociedad civil y la libertad individual del pueblo chino.

La adherencia a los principios de un orden liberal internacional—en lugar de forzar esa percepción política amenazando con adoptar medidas proteccionistas con la intensión de imponer acuerdos internacionales que podrían distorsionar el sistema internacional de precios—debería ser el principal objetivo de la política estadounidense.

Este artículo fue publicado originalmente en el South China Morning Post el 23 de agosto de 2006.

Traducido por Gabriela Calderón para Cato Institute.

Demagogia y déficit comercial

por Walter E. Williams

Walter Williams es profesor de economía en la Universidad George Mason y académico asociado del Cato Institute.

Yo compro mucho más en el supermercado de lo que le vendo y apuesto que lo mismo le pasa a usted. Eso quiere decir que tanto usted como yo mantenemos un déficit comercial con el supermercado. ¿Acaso es ese perpetuo déficit una tragedia? Si le creemos a los analistas del déficit comercial de EEUU, pensaríamos que sí. Pero, ¿por qué existe ese déficit?

En el ejemplo del supermercado existen dos cuentas: una es mi cuenta de bienes que consiste en alimentos y la otra es mi cuenta de capital que consiste en dinero. Cuando compro 100 dólares en alimentos, el valor de mi cuenta de bienes aumenta en 100 dólares y mi cuenta de capital se reduce en la misma cantidad. Para el supermercado, lo opuesto sucede: sus bienes se reducen en 100 dólares y su cuenta de capital aumenta en la misma cantidad.

Este principio no cambia en absoluto si el supermercado estuviese situado en el extranjero, en lugar de a pocas cuadras de mi casa. Los desequilibrios suceden todo el tiempo cuando el supermercado le compra más al mayorista de lo que el mayorista me compra a mí. Pero cuando incluimos la cuenta de capital, se obtiene el equilibrio.

El comercio internacional funciona de la misma manera. Cuando un consumidor compra productos chinos y los chinos no adquieren productos por el mismo valor ocurre el déficit en la balanza comercial. Pero en lugar de comprar productos de nuestro país, los chinos compran acciones o bonos y así se logra el equilibrio. Lo que sucede es que el déficit comercial en bienes y servicios de EEUU es compensado con un excedente o superávit de igual tamaño en la cuenta de capital. Para junio de 2004, China poseía casi 200.000 millones de dólares en bonos del Tesoro de EEUU, Japón 1 billón (trillón en inglés) y los europeos 2 billones.

Algunos políticos critican que extranjeros posean tanta cantidad de la deuda de Washington. Pero son ellos mismos quienes han endeudado al gobierno y si los extranjeros no compraran esos bonos tendríamos mayor inflación e intereses mucho más altos.

El hecho que extranjeros estén dispuestos a invertir masivamente en dólares, bonos y acciones de este país significa que la riqueza de EEUU, nuestro estado de derecho y respeto por los contratos les inspira confianza. También significa que el comercio fomenta la competencia y, a fin de cuentas, es la libre competencia entre muchos productores lo que en realidad protege al consumidor. Por el contrario, lo que protege a los productores, a costa del consumidor, son las restricciones impuestas por el gobierno al libre intercambio, tales como aranceles, cuotas y licencias de importación. Y el deseo de algunos interesados en restringir la competencia es lo que está detrás de toda la demagogia respecto al déficit comercial. ¿Cuándo oyó usted a un consumidor quejarse que tiene que comprarle más productos de China o a México o a Japón de los que los chinos, mexicanos y japoneses le compran a él?

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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