31 de diciembre de 1969

pobreza

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Petróleo y pobreza

por Carlos Sabino

Carlos Sabino es profesor de la Universidad Francisco Marroquín en Guatemala y autor de El amanecer de la libertad, Todos nos equivocamos, Guatemala: La historia silenciada (1944-1989).

Venezuela es uno de los pocos países del mundo que tiene el triste record de haber retrocedido económicamente durante el último medio siglo. Su ingreso por habitante, que una vez fue el más alto de América Latina, ha venido desplomándose de modo sistemático. Por ejemplo, en 1960, el trabajador venezolano ganaba, en promedio, un 83% de lo que obtenía un obrero norteamericano; hoy, en cambio, y según cómo se realice el cálculo, su ingreso es entre 10% y 20% del ingreso del trabajador en Estados Unidos.

La Venezuela de los años cincuenta atrajo aproximadamente a un millón de inmigrantes europeos, quienes encontraron en el país mejores condiciones de vida que en sus tierras natales. Hoy, en contraste, los venezolanos salen al exterior —enfrentando a veces privaciones y dificultades— para tratar de encontrar el futuro que no pueden construir en su país. Hoy los males del desempleo, la inseguridad y la pobreza nos golpean a todos con inclemencia. La mayoría de los jóvenes, ante este desolador panorama, anhelan emigrar para intentar construir su futuro en otros horizontes.

¿Qué ha sucedido para que Venezuela, país rico en ingresos por obra del petróleo, haya retrocedido de este modo, desempeñándose mucho peor que otras naciones menos dotadas de recursos que, sin embargo, han logrado escapar de la pobreza y superar el atraso? La respuesta es compleja, desde luego, y para ser exacta obligaría a repasar toda la historia reciente del país. Pero creo que —en pocas líneas— se puede encontrar una de las claves que permite entender lo ocurrido.

La riqueza venezolana, los ingresos provenientes del petróleo, han ido en definitiva a parar a manos del estado. La opinión pública prevaleciente en el país ha insistido en señalar con insistencia, a lo largo de los años, que la riqueza petrolera era de la nación, que pertenecía a todos. Pero, en la práctica, esta altruista forma de encarar el problema ha terminado dando resultados nefastos: el dinero proveniente del petróleo ha terminado en manos de los gobiernos de turno que lo han gastado del modo más discrecional imaginable. El estado se ha enriquecido, sin duda alguna, pero la población ha ido empobreciéndose en el curso de los años.

Con el dinero del petróleo se ha tratado de hacer de todo: se ha gastado, inicialmente, en crear la infraestructura física que el país necesitaba y en ampliar los servicios de salud y de educación. Luego, cuando los ingresos crecieron, los gobernantes se comprometieron en la creación de gigantescas empresas públicas que resultaron siempre deficitarias y muy poco eficientes, provocando el endeudamiento de la nación. Ahora, bajo el largo gobierno de Hugo Chávez, se gastan miles de millones de dólares en armamentos que sólo sirven para alentar espejismos expansionistas, en comprar empresas privadas que funcionan perfectamente bien o en ayudar a los amigos políticos del presidente venezolano en toda la América Latina.

Venezuela, desde hace muchos años, recorre el camino de un intervencionismo estatal que no ha permitido crecer a la empresa privada y que hoy incluso intenta ahogarla por completo. Ha gastado mal sus ingresos, no ha dejado libertad a los particulares para que ellos inviertan de un modo más razonable y, entretanto, ha creado una inmensa burocracia que vive a costa del estado, cuyos sueldos y prebendas pagamos todos, pero que no cumple función útil alguna.

Sin inversión privada y sin libertad económica el camino del crecimiento queda siempre bloqueado. La experiencia internacional señala claramente que los países más ricos del mundo son los que más libertades económicas poseen y que la pobreza sólo se combate con inversión productiva, no con costosos pero ineficaces programas sociales que son, en realidad, formas de clientelismo político destinadas a controlar voluntades.

Hasta tanto no comprendamos estas simples verdades y mientras sigamos insistiendo en crear un socialismo que ha fracasado en todas partes, seguiremos viviendo en el más trágico atraso, rezagándonos cada vez más en el concierto mundial. Venezuela necesita cambiar, abrir su economía y reducir el opresivo peso del estado porque ese es el único modo en que, por fin, la riqueza del petróleo podrá llegar a los más necesitados.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet

Criminalidad y desarrollo económico

por Gary Becker

Gary S. Becker es Premio Nobel de Economía (1992), profesor de economía de la Universidad de Chicago, académico de Hoover Institution y miembro del consejo asesor del Proyecto de Privatización del Seguro Social del Cato Institute.

Aunque las estadísticas oficiales sobre crimen a menudo no son confiables, no hay duda que las tasas de criminalidad varían mucho entre diferentes países. Lo que más interesa es que los países pobres y aquellos que crecen más lentamente sufren de mayor criminalidad. Hay varias razones para ello, pero sí creo que la criminalidad contribuye a la pobreza y a un lento desarrollo.

Las estadísticas claramente muestran que hay una relación negativa del crimen con los ingresos y el desarrollo. Por ejemplo, en el período 1998-2000, los países con las más altas tasas de asesinatos y secuestros incluían a Colombia, Jamaica, México, Sudáfrica, Rusia, Zimbabwe y otras naciones con poco crecimiento económico. Hay más criminalidad en una economía que le va mal porque los delitos aumentan cuando los salarios son bajos y el desempleo alto. La rentabilidad de la educación y demás capital humano suele ser baja en las economías estancadas, por lo que los jóvenes no terminan sus estudios y, por lo tanto, tienen más tiempo para dedicarse a robar o a vender drogas.

Aquí me concentraré en por qué las altas tasas de criminalidad también frenan el crecimiento económico y el progreso. Capté una de las razones hablando recientemente con un empresario en Ciudad de México, donde hay tasas muy altas de secuestros y robos. Me dijo que las esposas a menudo no quieren vivir en la capital mexicana por temor de lo que le puede suceder a los hijos. Por esa misma razón, muchos extranjeros con familia no aceptan ir a trabajar a países con alta criminalidad.

El crimen aumenta los costos de operación de las empresas. Para empezar, son altos los gastos en seguridad no solamente para los ejecutivos y empleados, sino también con respecto a las instalaciones, maquinarias e inventarios. Por ejemplo, los mexicanos, brasileños y sudafricanos ricos emplean a cientos de guardias de seguridad para proteger a sus familiares y ejecutivos. En parte, más gente va en su propio automóvil al trabajo y a las tiendas por temor a caminar y a usar el transporte público. Esto aumenta la congestión de las calles y autopistas, lo mismo que el costo y el tiempo del transporte diario de la casa al trabajo. Quienes caminan en ciudades como Caracas, Ciudad de México y Río de Janeiro dejan sus relojes y joyas en casa, como también se aseguran de tener poco dinero consigo.

Las altas tasas de criminalidad suelen ser el resultado de la corrupción de policías y jueces. Mucha gente deshonesta está dispuesta a ganar sueldos bajos como policías porque complementan sus ingresos con sobornos.

La corrupción entre quienes están supuestos a hacer cumplir las leyes promueve la corrupción en el cumplimiento de contratos y regulaciones, por lo que el soborno y las altas tasas de criminalidad tienden a crecer de manera paralela. Es cierto que la corrupción ayuda en los países con malas leyes, pero en general retarda el desarrollo porque desalienta las inversiones, ya que la rentabilidad suele decaer. Esto a menudo afecta especialmente a la inversión extranjera porque en esos países se suelen interpretar los contratos y las regulaciones a favor de los inversionistas nacionales y en contra de los extranjeros.

La producción y distribución de drogas también se dispara donde la policía y los jueces son corruptos. Y lo que es peor, los narcotraficantes entonces suelen dedicarse a comprar jueces y policías, por lo que el ambiente se deteriora progresivamente.

Por todas estas razones, a los países con altas tasas de criminalidad se les dificulta mucho el desarrollo económico.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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Evo Morales y el impuesto contra los pobres bolivianos

El nuevo presidente boliviano, Evo Morales, anunció que su gobierno impulsará un nuevo impuesto contra los ricos. “Un equipo de expertos estudia si el nuevo gravamen cargará la riqueza o el patrimonio, y si se aplica a la gente que tenga un patrimonio de $300,000 ó $400,000 en términos de propiedad", explicó el vicepresidente Alvaro García. Tanto Morales como García descartaron que el impuesto afecte a los pobres, pero se equivocan. Es imposible gravar a los ricos sin afectar a los pobres.

Venezuela pierde su riqueza

El 5 de enero, Caracas perdió su conexión con su aeropuerto, su puerto, sus playas y con una importante ciudad dormitorio, al colapsar un puente de 300 metros cuya vulnerabilidad se conocía desde hace años. La vía alterna es una antigua y peligrosa carretera de montaña, con solo dos canales de circulación, construida en 1910 y sustituida en 1953 por la autopista que acaba de colapsar. Un nuevo viaducto tomará unos 15 meses construirlo, si es que no colapsan también otras de las pocas autopistas que sirven a Caracas.

La fracasada guerra contra la pobreza

Lo único que acaba con la pobreza es la riqueza y para alcanzar la riqueza hay un solo camino: el trabajo. Es cierto que algunos alcanzan la riqueza por suerte o por accidente, pero ese no es un camino confiable. Por lo tanto, la petición del columnista Nicholas Kristoff, del New York Times, al presidente Bush de lanzar una guerra mundial contra la pobreza es una mala idea.

Stiglitz y Charlton no comprenden cómo ayudar a los pobres

En su artículo “La Ronda de Doha no comprende cómo ayudar a los pobres” (Financial Times, 13 de diciembre de 2005), el premio Nóbel de Economía y anterior economista jefe del Banco Mundial, Joseph Stiglitz junto con Andrew Charlton, argumentan que si la Ronda de Doha logra un acuerdo sobre liberalización comercial, los países pobres tienen poco o nada que ganar. Sin embargo, el intercambio voluntario genera riquezas y la reducción de pobreza sin precedentes del último cuarto de siglo es sin lugar a dudas la mejor prueba de ello.

Reduciendo la pobreza

Bill Gates es el hombre más rico del mundo; enriqueció más a la humanidad que cualquier otra persona viva hoy. Me imagino que no fue eso lo que lo motivó a innovar la informática que tanto ha ayudado a elevar el nivel de vida en todo el globo. Pero nadie, sin hacer el ridículo, mantendría que se hizo rico porque otros se empobrecieron. Sucedió al revés: Gates se hizo rico porque enriqueció a los demás.
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