31 de diciembre de 1969

pobreza

Printer-friendly version

Argentina: Terminada la ficción, resurge la pobreza

Roberto Cachanosky explica por qué luego de un aparente crecimiento a tasas chinas por años ha resurgido la pobreza en Argentina.

Las dimensiones de la pobreza

Manuel Hinds comenta las conclusiones acerca de los factores que hay que contemplar para eliminar la pobreza del reporte del grupo británico del Partido Conservador, Justicia Social, y las relaciona a la realidad salvadoreña.

El Salvador: La política de la pobreza latinoamericana

por Mary Anastasia O'Grady

Mary Anastasia O’Grady es editora de la columna de las Américas del Wall Street Journal.

Latinoamérica ha tenido su buena dosis de inestabilidad política y trastornos económicos en los últimos años y tanto Barack Obama como John McCain prometen soluciones. Los planes del senador McCain no vienen con un precio, pero el programa de Obama incluye el "duplicar la ayuda extranjera a US$50.000 millones para 2012".

Algunos podrían preguntarse por qué deberían destinarse fondos de los contribuyentes estadounidenses a un balde con tantas filtraciones como Latinoamérica si la meta es curar el subdesarrollo. La región necesita proveer seguridad para los derechos contractuales y de propiedad. Si los líderes locales no defienden tales derechos, programas como el "fondo de educación global" de US$2.000 millones de Obama no valdrán ni una montañita de frejoles.

Una lección sobre esta realidad se está dando en El Salvador, donde una inversión de US$77 millones de la estadounidense Pacific Rim Mining Corp., en una de las partes más pobres del país, ha sido demorada por el gobierno del presidente Tony Saca.

Pacific Rim dice que su mina de oro El Dorado creará 500 empleos directos y más de 2.500 empleos indirectos. Sin embargo, por ahora ha tenido que despedir trabajadores. Pacific Rim no es el único inversionista en quejarse del gobierno de Saca. Una serie de proyectos, incluyendo varias inversiones en energía muy necesarias, también están en una espera indefinida.

Los inversionistas se han acostumbrado a esperar prácticas anti-empresariales del presidente venezolano Hugo Chávez. Saca, no obstante, no es ningún Chávez, al menos en papel. Es el cuarto presidente consecutivo proveniente del partido Arena, de centro-derecha. Ese partido, que ha estado en el poder desde 1989, puso a El Salvador en el mapa de los inversionistas a finales de los 90 y a principios de esta década al implementar las reformas de libre mercado más agresivas en la región desde el Chile de los años 70 y 80.

Inversionistas de todo el mundo se dieron cuenta y Pacific Rim estaba entre ellos. La empresa dice que fue alentada por el gobierno en 2002 para que comprara la vieja mina El Dorado en Cabañas (cerca de la frontera con Honduras) con la meta de reanudar la producción.

En 2004, después de trabajar con la comunidad para asegurarse que sus preocupaciones fueran atendidas, la minera presentó el estudio de impacto ambiental requerido para obtener un permiso de explotación. Pacific Rim dice que para finales de 2006 "había respondido a cada problema técnico presentado por el ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales". La compañía afirma que el proyecto excede todos los estándares de seguridad y ambientales.

Sin embargo, cuando llegó la hora de emitir el permiso, el gobierno de Saca se rehusó y, según la compañía, la decisión no tiene nada que ver con el hecho de no cumplir con las regulaciones. En cambio, dice que a Saca le preocupa que la minería sea un problema político para Arena en las elecciones presidenciales de marzo.

De ser así, es absurdo. Es cierto que las organizaciones no gubernamentales y la Iglesia Católica se han opuesto a la reapertura de El Dorado y es cierto que una organización no gubernamental llamada Ades, la cual recibe financiación de Oxfam, está particularmente en contra del proyecto. Esto es consistente con el sesgo anti-desarrollo de Oxfam alrededor del mundo.

Sin embargo, no hay evidencia de que la mina perjudicaría a Arena. De hecho, es más probable que ocurra lo opuesto. Al dañar el perfil de inversión del país y frenar la actividad económica, Saca se está autoinfligiendo una herida potencialmente fatal. El gobierno no devolvió mis llamadas solicitando comentarios al respecto.

El presidente ejecutivo de Pacific Rim, Tom Shrake, dice que El Salvador tiene abundantes depósitos de oro y que explotarlos podría ser un motor de desarrollo similar a la explotación de cobre en Chile. Los salvadoreños tienden a estar de acuerdo. En una encuesta reciente de Data Research, la misma compañía que lleva a cabo las encuestas para el gobierno de Saca, casi un 34% de los entrevistados creen que El Salvador debería permitir la minería sin restricciones. Un 29% opina que debería permitirse algún grado de explotación minera. Incluso el partido de izquierda y pro Chávez —FMLN— que solía oponerse a la mina ya no lo hace. Sabe que los salvadoreños quieren trabajos y luchar en contra de las oportunidades que presenta Pacific Rim sería políticamente riesgoso.

Estadísticamente, hay una relación inversa entre los ingresos per cápita y el porcentaje de personas que viven de la agricultura en los municipios que están en territorio minero, en donde la calidad del suelo es pobre. Mientras más se diversifica la economía, alejándose de la agricultura, más próspera se vuelve.
No se necesita hacer las cuentas para comprobarlo. El apoyo a la mina es fuerte cerca de El Dorado, a donde viajé en febrero. Un alcalde local, cuyo padre trabajó en la vieja mina me dijo que el pueblo quiere el proyecto. "Las condiciones son diferentes en donde hay minería", dijo. "La gente tiene casas bonitas y sus hijos van a la escuela".

Los recortes de empleos de Pacific Rim y el enlodamiento de la reputación de El Salvador como un destino para el capital son buenas noticias para el FMLN, el cual lidera en las encuestas y puede presentar a Saca, y al partido Arena, como alguien que no ha cumplido sus promesas económicas. Si el FMLN gana las elecciones el próximo año, nadie debería confundir la victoria como un rechazo a la economía de libre mercado o a los intereses estadounidenses.

Este artículo fue publicado originamente en The Wall Street Journal (EE.UU.) el 25 de agosto de 2008.

Pobreza y dinero

por Manuel Hinds

Manuel Hinds es ex Ministro de Finanzas de El Salvador y co-autor de Money, Markets and Sovereignty (Yale University Press, 2009).

Muy frecuentemente tendemos a hablar como si la característica que define la pobreza fuese la falta de poder adquisitivo. De esta forma, no sólo pensamos que los pobres siempre carecen de dicho poder sino también consideramos pobres a las personas que no lo tienen. Es decir, frecuentemente pensamos que la falta de dinero y la pobreza son una misma cosa.

Un examen más detenido del problema, sin embargo, sugiere que la falta de poder adquisitivo y la pobreza no son exactamente la misma cosa, y que en realidad las privaciones económicas son una manifestación de la pobreza, no su característica esencial. Una comparación entre la Europa de fines de 1945 y cualquier país subdesarrollado es muy útil para apreciar la diferencia. Las privaciones que sufrieron los países europeos que estuvieron involucrados de una manera u otra en el conflicto, y más aun las que sufrieron los países vencidos, fueron terribles. Tomemos el caso de Alemania en el invierno de 1945-1946. La población vivía entre los escombros de ciudades demolidas por bombardeos aéreos y batallas terrestres; tenían una carencia total de servicios básicos, incluyendo calefacción, de tal manera que debían buscar pedazos de madera para calentarse en las gélidas temperaturas; conseguir comida en lugares en los que los sistemas de distribución de bienes básicos habían colapsado era un problema de cada día; a falta de dinero, la gente usaba cigarrillos para realizar transacciones; las escuelas no funcionaban; los hospitales carecían de medicinas y estaban terriblemente congestionados; las operaciones de una gran parte de las empresas estaban trastornadas de tal forma que una gran parte de la población no podía hallar trabajo…En resumen, en esos meses y en los primeros años después de la guerra, la población alemana sufrió privaciones comparables a, si no peores que, las que sufren algunos de los países más pobres del mundo.

Sin embargo, a pesar de todas las privaciones que su población estaba pasando, es claro que ni Alemania ni sus ciudadanos eran pobres en el sentido de la palabra que podemos aplicar a los pobladores de los países del tercer mundo. No lo eran porque tenían los tres capitales que son la fuente de toda riqueza: el capital de autoestima encarnado en el respeto a sí mismos y la fe en sus propias capacidades; el capital humano (los conocimientos y habilidades incorporados en los ciudadanos) y el capital social (la habilidad de organizarse voluntariamente para lograr un objetivo común). El primero de estos capitales les dio la motivación para levantarse; los otros dos les permitieron hacerlo.

Para los alemanes de la segunda parte de los años cuarenta, como para prácticamente todos los europeos de esa época, las privaciones económicas fueron un problema agudo pero temporal—y lo fueron así no porque hubiera algo escrito en su destino sino porque ellos decidieron que en vez de lamentarse tenían que levantarse, tuvieron fe en que lo podían hacer, y, en vez de gastar tiempo y esfuerzos en pleitos intestinos, se organizaron para hacerlo. Al fin y al cabo, como hemos discutido ya varias veces, una sociedad desarrollada se distingue de una subdesarrollada precisamente en esa capacidad de organizarse en libertad para el logro de un bien común.

La mayor parte de los europeos que vivieron las privaciones de los años cuarenta vivieron luego la bonanza de los sesenta y décadas posteriores. Aunque habían tenido privaciones, no habían sido nunca pobres. Ellos no esperaron a que sus gobiernos los levantaran; ellos levantaron a Europa. Esta es una lección que debemos nosotros aprender cuando consideramos cómo combatir nuestra pobreza. La pobreza la definen las carencias que los europeos no tenían: la desesperanza; la inhabilidad y la falta de deseo de salir adelante por los propios medios; la falta de la autoestima necesaria para creer que es posible salir de la pobreza; la falta de capital humano en educación, sanidad y salud; la incapacidad de cooperar con otros para mejorarse todos. Como decía Oscar Lewis en la década de los sesenta, hay una cultura de la pobreza, que es una cultura de dependencia y negativismo. La falta de capacidad adquisitiva es una consecuencia de estos problemas. Los países pobres sólo saldremos de nuestra pobreza cuando entendamos esta lección.

Este artículo fue publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 9 de diciembre de 2005.

La revolución y los pobres en Venezuela

por Gabriela Calderón

Gabriela Calderón es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador).

Guayaquil, Ecuador— ¿Por qué se metió Chávez con tanto empeño en nuestro problema con Colombia? Yo creo que esa pregunta la contestó Mary Anastasia O’Grady del Wall Street Journal a principios de febrero: “El gobierno militar del presidente Hugo Chávez se está involucrando en provocaciones contra un potencia extranjera que no parecen tener otro propósito que el de sacar de las primeras planas las noticias sobre las dificultades de la economía y estimular el nacionalismo”.

¿Dificultades económicas? ¿Acaso no ha presenciado el gobierno chavista crecimiento a tasas de dos dígitos y acaso no ha sido este el gobierno que, aún de acuerdo a muchos de sus críticos, por fin ha atendido a los pobres de Venezuela?

Pues de acuerdo a un estudio de Francisco Rodríguez—jefe de la Oficina de Asesoría Económica y Financiera de la Asamblea Nacional de Venezuela entre 2000 y 2004—publicado en la edición actual de la prestigiosa revista Foreign Affairs :

“Ni las estadísticas oficiales ni los cálculos independientes muestran evidencia alguna de que Chávez ha redirigido las prioridades del estado para beneficiar a los pobres. Gran parte de los indicadores de salud y desarrollo humano no han mostrado una mejora considerable más allá de aquella que es normal estando en medio de una bonanza petrolera. De hecho, algunos han deteriorado de manera preocupante, y los cálculos oficiales indican que la desigualdad de ingresos ha aumentado. La hipótesis de que ‘Chávez es bueno para los pobres’ es inconsistente con los hechos”.

Entre 1999 y 2008 el gasto público pasó de constituir 18,8% del PIB a 29,4% del PIB. Sin embargo, Rodríguez asevera que durante la “revolución bonita”:
- Según el Banco Central de Venezuela, la desigualdad de ingresos de hecho aumentó de 0,44 en el 2000 a 0,48 en 2005.

  • El porcentaje de niños con bajo peso al nacer aumentó de 8,4% a 9,1% entre 1999 y 2006.
  • Durante el mismo periodo, el porcentaje de familias sin acceso a agua potable aumentó de 7,2% a 9,4% y el porcentaje de familias viviendo en tugurios casi se triplicó (de 2,5% a 6,8%).
  • El porcentaje promedio del presupuesto orientado a la salud, la educación y la vivienda durante los primeros 8 años del gobierno de Chávez de 25,12%, es virtualmente idéntico al porcentaje promedio en los anteriores ocho años (25.08%). Y es más bajo hoy de lo que era en 1992, el último año del gobierno “neoliberal” de Carlos Andrés Pérez.
  • Desde 1999, la mortalidad infantil ha caído a una tasa anual de 3,4%, prácticamente la misma tasa de reducción que hubo en los 9 años anteriores (3,3%) y más baja que la tasa de reducción en países como Argentina (5,5%), Chile (5,3%) y México (5,2%).
  • A pesar de que el gobierno dice haber eliminado el analfabetismo con su famosa Misión Robinson, las encuestas familiares del Instituto Nacional de Estadística de Venezuela revelan que todavía hay un millón de analfabetos, entonces lo que ha habido es una pequeña reducción desde el 1.100.000 de analfabetos que había en 2003.

No debería sorprender que los venezolanos ya se estén cansando de esta revolución que Rodríguez califica de “vacía”. Según una encuesta de septiembre de 2007 realizada por Alfredo Keller y Asociados, solo 22% de los venezolanos consideran que la pobreza se ha reducido bajo el gobierno de Chávez mientras que 50% y 27% piensan que esta ha empeorado o mantenido igual, respectivamente.

Ya sabemos a qué se debe la belicosidad del líder venezolano…

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 11 de marzo de 2008.

Referencias:

1. O’Grady, Mary Anastasia. “Desesperado”. Wall Street Journal, 4 de febrero de 2008. Disponible en: http://online.wsj.com/public/article/SB120208354497239273.html?mod=j20-spanish.htm_3.

2. El resto de la información del artículo fue obtenida de este estudio: Rodríguez, Francisco. “An Empty Revolution: The Unfulfilled Promises of Hugo Chávez”. Foreign Affairs, Marzo/Abril, 2008. Disponible en: http://www.foreignaffairs.org/20080301faessay87205-p0/francisco-rodriguez/an-empty-revolution.html.

Agro y pobreza

por Porfirio Cristaldo Ayala

Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal de AIPE y presidente del Foro Libertario.

Luego del fracaso de la reforma agraria como propuesta política en América Latina, la izquierda dirigió sus críticas más duras contra la agricultura empresarial, conocida también como el “agribussines”, olvidando el sorprendente éxito de este sistema. La agricultura empresarial tiene una productividad inmensamente mayor a la agricultura de subsistencia, tradicional en el continente. Pero si bien el sector agrícola disfruta de un éxito remarcable, la izquierda asegura que este éxito ha tenido un mínimo impacto sobre la pobreza. Esta es una vieja falacia del socialismo. La realidad es distinta.

La misma falsa propaganda anticapitalista surgió hace unos años, cuando se puso en evidencia que en las primeras dos décadas de la globalización (1980-2000) el libre comercio originó un crecimiento y un bienestar nunca antes visto en la historia de la humanidad. La izquierda inventó entonces una nueva propaganda: “si bien la globalización dio origen al crecimiento económico y la riqueza de los países, como contrapartida, la globalización (por arte de magia) dio origen al aumento de las desigualdades entre los pueblos”. Esta propaganda resultó ser totalmente falsa.

Un estudio del Banco Mundial de más de 90 países demostró que en todos los países que crecieron y progresaron, el mejoramiento del nivel de vida de sus pueblos se dio tanto para los ricos como para los sectores más pobres. Todos progresaron y lo hicieron en aproximadamente igual proporción. En realidad, tanto los más ricos como los más pobres se hicieron más ricos.

La desatinada propaganda del socialismo en el agro latinoamericano se sustenta en que, a pesar de que los empresarios agrícolas se vuelven cada día más prósperos, los campesinos en gran parte continúan sumidos en la pobreza. Por tanto, pese a su menor productividad, los gobiernos tienden a aplicar políticas agrarias en contra de la agricultura empresarial y a favor de la agricultura tradicional de subsistencia. Esto último, sostienen los neosocialistas del grupo de Hugo Chávez y Evo Morales, debe ser promovido mediante la obsoleta y fracasada reforma agraria.

La agricultura de subsistencia, que ya practicaban los mayas y los incas mucho antes del arribo de los españoles, sigue siendo tan pobre en tecnología, que si bien emplea a un 30 % o 40 % de la mano de obra de los países, contribuye con solo el 7 % del crecimiento del producto interno bruto (PIB). Esta agricultura se basa en la sobreexplotación de tierras que fueron expropiadas a sus propietarios y distribuidas a los campesinos. Las pequeñas fincas tienen suelos empobrecidos por siglos de cultivos, suelos hoy incapaces de producir casi nada.

Las parcelas de la reforma agraria no sirven para mantener a una familia, lo que obliga a sus miembros a hacer “changas” parte del tiempo, o a quemar los bosques para extender áreas de cultivo en el milenario sistema del rozado. Los gobiernos populistas pretenden ahora promover en estas tierras la agroindustria y los biocombustibles. La agricultura empresarial, en cambio, asigna toneladas de fertilizantes para recuperar la fertilidad, introduce riego artificial y sofisticadas maquinarias y tecnología de cultivo que multiplican la productividad de la mano de obra y el ingreso de los campesinos.

Es absurdo pretender que indígenas que utilizan arados de madera y palos con puntas para sembrar, como lo hacían sus ancestros miles de años antes, tengan resultados similares a modernas explotaciones empresariales que utilizan tractores, regadío artificial, maquinarias y sistemas satelitales que multiplican por 60 o más la producción de cada trabajador indígena. Lo mismo se aplica a las distintas poblaciones.

Muy distinto es el caso de los trabajadores rurales que consiguen un empleo en las empresas agrícolas, aprenden la disciplina laboral y reciben sofisticada transferencia tecnológica. Estos trabajadores y sus familias no solo se integran a sus empresas al igual que los trabajadores en las distintas industrias, sino que amplían considerablemente su libertad de trabajar y disponer del fruto de sus esfuerzos, así como el respeto a sus derechos de propiedad.

Este artículo fue publicado originalmente en el ABC (Paraguay) el 18 de noviembre de 2007.

Redistribución y pobreza

por Manuel F. Ayau

Manuel F. Ayau Cordón es Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

Según investigaciones del Banco de Desarrollo Asiático (ADB), la pobreza ha disminuido mucho más en aquellos países del Asia donde las desigualdades de riqueza han aumentado, más que en aquellos países donde las desigualdades de ingresos son menores. Y la pregunta al respecto de la revista The Economist es “¿acaso importan las desigualdades mientras la pobreza disminuye? Y, agrega, “medidas populistas para quitarle al rico no son la respuesta porque restringen el desarrollo”.

En mi columna he sostenido por años que la meta de disminuir las diferencias de riqueza y la meta de disminuir la pobreza son mutuamente excluyentes. También he abogado por la eliminación de los impuestos al rendimiento de las inversiones, como medio para disminuir la pobreza y, a la vez, aumentar los ingresos fiscales, recomendando como impuesto único el IVA, sin excepciones. La razón no es favorecer a los ricos sino a los pobres, cuyos ingresos dependen de la demanda por trabajadores de parte de inversiones productivas.

Las inversiones se van adonde mayor será la utilidad y eso es así hoy más que nunca porque se pueden realizar pequeñas inversiones en cualquier parte del mundo vía la Internet, a través de corredores y la banca de inversión. La rentabilidad del capital invertido es la medida de la productividad, sobre la que tanto se habla.

La izquierda ataca esto, aduciendo que así se protegen los intereses de los ricos. Como no son tontos, tales críticas son meramente ideológicas. Lástima, porque así perjudican a los pobres mucho más que a los ricos. La pregunta de siempre es: ¿acaso importan las diferencias mientras la pobreza disminuye? La postura de la izquierda parece ser que no importa la pobreza, con tal que los ricos no se hagan más ricos.

Decir que los ricos son ricos porque los pobres son pobres es una falacia, ya que la riqueza no es una cantidad fija. La falla es que los economistas no han sabido explicar el fenómeno de la ganancia para ambas partes en todo intercambio voluntario entre dos personas.

Es muy importante comprender cómo la división del trabajo (fenómeno espontáneo en una economía de mercado) y el subsiguiente intercambio resultan en el aumento real del pastel a dividirse, por lo que entonces a todos les toca más. Reconozco que se trata de algo contra intuitivo y hasta algunos economistas ganadores del Premio Nóbel no lo entienden.

Y si no se entiende el fenómeno de costos comparados tampoco se comprende el hecho que, en ausencia de privilegios legales, sólo se logrará hacer fortuna enriqueciendo a los demás. Los pobres no son pobres porque los ricos son ricos y todos nos beneficiamos cuando otros se hacen más ricos.

Por ejemplo, la xenofobia en Estados Unidos contra China no existiría si comprendieran que mientras más rica es China más rico será Estados Unidos y el resto del mundo también. Y tampoco debiera existir la hostilidad contra ricos que tanto empobrece a los pobres.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet

Syndicate content