por Mary Anastasia O'Grady
Mary Anastasia O’Grady es editora de la columna de las Américas del Wall Street Journal.
“La característica del precio del mercado es que
suele equilibrar la oferta y la demanda”.
—Ludwig von Mises. “Acción
humana”, 1949.
El gobierno venezolano tomará control de Radio Caracas Televisión
el domingo, finalmente cumpliendo su amenaza de silenciar a una de las
fuentes de noticias independientes más importantes del país.
No es casualidad que esto esté sucediendo justo cuando los venezolanos
están experimentando una escasez de alimentos básicos.
Las protecciones a la libertad de expresión en Venezuela han
sido persistentemente erosionadas durante los últimos ocho años
y muchas de las otras estaciones de televisión ya están
practicando la auto-censura. Con la expropiación de RCTV, solo
permanece una voz independiente —Globovisión. Este asalto
a la libertad de expresión ha logrado provocar críticas
de hasta la Organización de Estados Americanos, la cual ha guardado
silencio acerca de las muchas otras ofensas en contra de la democracia
por parte del Presidente Hugo Chávez.
Habiendo construido su legitimidad en la falsa aseveración
de que el preside una democracia, puede estar seguro de que el Sr. Chávez
no hubiese perseguido a RCTV a menos que él considerase al control
de las noticias de televisión algo vital para su supervivencia.
Puede que así sea. La razón es que la economía
ha sido tan mal administrada que una crisis ahora parece inevitable.
Cómo terminará, en racionamiento y hambre o una locura
hiperinflacionaria, es difícil saberlo. Pero cuando esto suceda,
lo último que el presidente querrá es que aparezcan imágenes
de protestas populares en la televisión que podrían ser
contagiosas.
Desde los primeros días de su presidencia, el Sr. Chávez
aclaró que pretendía expandir considerablemente el poder
económico del estado. En el 2000 comenzó politizando la
empresa estatal PdVSA y vaciando su personal de ingenieros y comercializadores
profesionales. Poco después prosiguió a nacionalizar tierras,
fábricas y departamentos. Cuando el dinero venezolano comenzó a
escaparse, impuso un control de capitales. Más recientemente,
ha forzado a las empresas petroleras internacionales a entregar sus
operaciones en Venezuela y su control mayoritario. Él ha nacionalizado
la empresa telefónica más grande y la empresa eléctrica
más importante. Ahora amenaza con nacionalizar los bancos.
Como las nacionalizaciones siempre suelen hacerlo, estos asaltos a
la propiedad privada han perjudicado gravemente a la producción
y a la inversión. Pero el daño ha sido intensificado por
otras tres políticas perjudiciales: los controles de precios,
el gasto gubernamental sin control y la inflación de la moneda,
el bolívar.
La economía de Chávez “funciona” de la siguiente
manera: mientras que los petrodólares ingresan a las arcas estatales,
el gobierno se los entrega al banco central para conseguir que se impriman
nuevos bolívares, los cuales luego son inyectados a la economía
mediante el gasto público. El Sr. Chávez también
ha estado aumentando regularmente los salarios. El resultado es un alza
en el consumo. Si hubiese una fijación libre de precios, el hecho
de que muchos bolívares estén persiguiendo a muy pocos
bienes produciría una inflación que sería evidente
en la cuenta del supermercado. Pero los controles de precios no permiten
que eso suceda. En cambio, está surgiendo una seria escasez.
Los precios fijados libremente son para una economía lo que
los microchips son para una computadora. Estos cargan consigo información.
El economista austriaco Ludwig von Mises explicó en su legendario
tratado hace 60 años que son los precios fijados libremente los
que aseguran que la oferta vaya a satisfacer a la demanda. Cuando el
Sr. Chávez impuso controles de precios, destruyó el mecanismo
de precios.
Y así sucede que ahora el huevo venezolano es un manjar, el
pollo es una especie en extinción, el papel higiénico
es un lujo y la carne es una extravagancia. El queso blanco, la leche,
el atún, las sardinas, el azúcar, el aceite de maíz,
el aceite de girasol, las bebidas carbonatadas, los fréjoles,
la harina y el arroz también son escasos.
La razón es simple: los productores no tienen el incentivo
de ofrecer bienes en el mercado si se ven forzados a venderlos a precios
que no les permiten obtener ganancias. Los granjeros mantienen fuera
de los mataderos a sus animales, los pescadores no echan sus redes al
agua, los procesadores de comida no invierten en equipos y los agricultores
no siembran. Aquellos que si producen se dan cuenta de que tiene más
sentido llevar sus productos al otro lado de la frontera con Colombia
o buscar mercados (negros) no regulados.
Los importadores también tienen pocos incentivos para trabajar
estos días a pesar de que el país necesita comida del
extranjero. Algunas cosas como el trigo no se producen en Venezuela.
Otros productos como la leche, el azúcar y las papas son importados
para suplementar la oferta local. Pero el gobierno de Chávez
ha obstaculizado la compra de dólares con una taza oficial de
tipo de cambio de 2.150 bolívares y si un importador tiene que
comprar dólares a la taza del mercado de 4.000 bolívares
es simplemente imposible obtener ganancias con los controles de precios.
Aún las importaciones que no están sujetas a los controles
de precios pueden ser difíciles de encontrar puesto que los permisos
de importación y las licencias, como también los dólares,
brillan por su ausencia.
Esto está perjudicando a otros aspectos además de la
oferta alimenticia. De acuerdo a los reportes de la prensa local, un
40% de las aeronaves del país han sido afectadas por demoras
en obtener repuestos y la cadena de oferta de la industria automotriz
ha sufrido por falta de acceso a dólares. A principios de este
año los hospitales comenzaron a quejarse de que el mantenimiento
de los equipos médicos ha sido pospuesto porque los repuestos
no están disponibles. Los hospitales también están
reportando escasez de medicinas para los diabéticos, de antibióticos
y medicinas para la hipertensión. Los controles de precios por
sobre los materiales de construcción también han perjudicado
la confiabilidad de la oferta.
Para mantener surtidas los supermercados estatales llamados Mercal,
el gobierno de Chávez usa reservas en dólares para comprar
en el extranjero. Por supuesto, los anaqueles de Mercal muchas veces
suelen estar vacíos también. Además, algunos empleados
públicos con iniciativa empresarial parecen haber aprendido algo
acerca de la economía de mercado: La prensa venezolana está reportando
que la oferta de Mercal aparece a la venta justo en el otro lado de
la frontera con Colombia, donde los precios de mercado prevalecen.
Los políticos venezolanos no pueden ser así de tontos.
No se trata de alimentar al país sino de destruir al sector privado
y a cualquier poder político que este pueda tener todavía.
En este ambiente, la supervivencia independiente de una buena relación
con el Sr. Chávez se torna imposible. En el libro de guía
revolucionario, los productores e importadores capitalistas que compran
cosas de los imperialistas serán reemplazados por los socialistas
que viven en cooperativas que alimentarán al país. El único
problema es que a este esfuerzo no le está yendo bien, como José de
Cordoba reportó en la portada del Wall Street Journal el
17 de mayo. La falta de conocimiento, equipos, incentivos y organización
han hecho de las cooperativas “hasta ahora, prácticamente un fracaso”.
Para acabar con la escasez todo lo que el Sr. Chávez tendría
que hacer es eliminar los controles de precios. Pero con la inflación
que ya está por encima del 20%, seguramente le teme al alza de
precios que resultaría. Es mucho menos arriesgado tomar el control
de RCTV y acelerar la consolidación de una dictadura militar.
Cuando la crisis llega, los chavistas estarán listos.
Este artículo fue publicado originalmente en el Wall
Street Journal el 21 de mayo de 2007.
Traducido por Gabriela Calderón para Cato Institute.
Artículo del Wall Street Journal
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