por Veronique de Rugy y Tad DeHaven
Veronique De Rugy es Académica Asociada de Cato Institute y Tad DeHaven es ex-analista asistente de Cato Institute. Este artículo fue publicado en abril del 2003.
Las proyecciones presupuestarias recientemente
publicadas por la administración Bush revelan un déficit
presupuestario anticipado de $450.000 millones para el actual año
fiscal, un aumento de $151.000 millones desde febrero. Los seguidores
y críticos de la administración se equivocan al culpar
a los recortes de impuestos, la guerra, o la recesión económica
por el déficit. El hecho es que Estados Unidos tiene un creciente
déficit porque George W. Bush es el derrochador más grande
que ha ocupado la Casa Blanca desde Jimmy Carter. Uno podría
decir que se ha convertido en la "Madre de Todos los Grandes Derrochadores".
Las nuevas estimaciones muestran que, bajo Bush, los desembolsos totales
habrán aumentado $408.000 millones en tan solo tres años
a $2.272 billones: un enorme incremento en el gasto federal del 22%.
Las autoridades de la administración admiten privadamente que
el gasto es demasiado alto. Pero aún así sostienen que
los déficit son apropiados en tiempos de guerra y recesión.
Así que, ¿es cierto que la guerra contra el terrorismo
ha resultado en un aumento en el gasto de defensa? Sí. Y, ¿también
es cierto que una recesión económica ha significado una
caída en el flujo de ingresos fiscales utilizados para pagar
por el gobierno? Sí también.
Pero la verdad es que la defensa nacional está lejos de ser
la responsable por los incrementos en el gasto. De acuerdo con los nuevos
números, el gasto en defensa habrá aumentado en aproximadamente
un 34% desde que Bush fue juramentado. Pero, al mismo tiempo, el gasto
discrecional que no es de defensa se habrá disparado en casi
28%. Las agencias gubernamentales que los republicanos pedían
cerrar hace menos de 10 años, tales como educación y trabajo,
han disfrutado increíbles aumentos en el gasto del 70% y 65%,
respectivamente.
La gente más racional recortaría sus gastos si supieran
que sus ingresos van a verse reducidos en el futuro cercano. Cualquier
compañía inteligente buscaría reducir los costos
si el clima empresarial empeorara. Pero desde el primer día la
administración Bush ha estado gastando libremente en tiempos
de una economía recesiva sin intentar seriamente reducir los
costos.
Los genios de la Casa Blanca insisten en que mantengamos "en perspectiva"
el tamaño del déficit. De seguro que es apropiado que
el déficit presupuestario deba ser medido en contraposición
al tamaño relativo de la economía. Hoy, el déficit
presupuestario proyectado representa un 4.2% del PIB de Estados Unidos.
Por lo tanto, los miembros de la administración Bush se dan una
palmada en la espalda y nos recuerdan que en los ochenta la economía
manejó déficit del 6%. ¿Y qué? Aparentemente
este gobierno parece pensar que lograr estándares bajos en lugar
del más bajo es reconfortante.
El que la situación presupuestaria de Estados Unidos continúe
deteriorándose es porque la política fiscal de la administración
Bush ha tenido mucho más que ver con la política partidista
que con la política pública. Incluso los recortes de impuestos,
los que resultaron ser una buena política pública, fueron
partidistas por naturaleza considerando el apoyo que tuvieron en la
base conservadora del partido Republicano. Al mismo tiempo, los políticos
que manejan la maquinaria para la reelección de Bush han intentado
consistentemente aplacar o silenciar a socialdemócratas y grupos
de presión al tirar dinero a cada antojo y deseo. En términos
matemáticos, la administración Bush calcula que conservadores
saciados más socialdemócratas silenciados resulta en reelección.
¿De qué otra forma se puede explicar que el gobierno
publique un reporte criticando los programas agrícolas y luego
proceda a firmar una ley que expande esos mismos programas? ¿De
qué otra forma se puede explicar que la administración
Bush reconozca que los beneficios sociales van a llevar a Estados Unidos
a la bancarrota si no son reformados y aún así promueva
la expansión en Medicare más grande en la historia a un
año de las elecciones? Tales maniobras políticas descaradas
solo pueden ser descritas como "Clintonescas".
Pero quizás estamos siendo injustos con el ex presidente Clinton.
Después de todo, en términos ajustados a la inflación,
Clinton había supervisado un aumento en el gasto de tan solo
3.5% al mismo punto en su administración. Aún más
importante, luego de sus primeros tres años en el cargo, el gasto
discrecional que no es de defensa de hecho disminuyó en un 0.7%.
Esto contrastado con un aumento en el gasto del 15.6% y uno del 20.8%
en el gasto discrecional que no es de defensa durante los primeros tres
años de Bush.
Desdichadamente, la administración Bush ha sacrificado consistentemente
a las buenas políticas en nombre del dios de la conveniencia
electorera. Desde subsidios agrícolas hasta la expansión
de Medicare, la compra de votos para la reelección ha triunfado
consistentemente sobre los principios. De hecho, lo que Estados Unidos
tiene ahora es un presidente que gasta como Jimmy Carter y complace
como Bill Clinton. Nuestra única esperanza es que el explosivo
déficit finalmente provoque que la administración Bush
se ponga seria en cuanto controlar el gasto.
Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.