31 de diciembre de 1969

corrupción

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VIDEO: Corrupción en la Venezuela de Hugo Chávez, expuesta en Honduras

Entrevista a Gustavo Coronel

Gustavo Coronel fue director de Petróleos de Venezuela (1976-79) y representante en Venezuela de Transparencia Internacional (1996-2000) y autor del estudio "Corrupción, administración deficiente y abuso de poder en la Venezuela de Hugo Chávez" publicado por el Cato Institute (Noviembre 2006).

Gira de ElCato.org por Centroamérica y Colombia

11-22 de febrero de 2008

Gustavo Coronel hablará en San Salvador, San Pedro Sula, Managua, San José y Bogotá

Luego del éxito de la primera gira por Sudamérica en octubre pasado, ElCato.org está coorganizando una segunda serie de conferencias en cuatro países centroamericanos y Colombia sobre el estado del neopopulismo en América Latina después de la derrota de Hugo Chávez en el referéndum de reforma constitucional de diciembre pasado.

No robe, al Estado no le gusta la competencia

por Roberto Cachanosky

Roberto Cachanosky es Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE, y Columnista de temas económicos en el diario La Nación (Argentina).

La vorágine impositiva, la corrupción, el clientelismo y el despilfarro de los fondos públicos caracterizan a una Argentina en donde la trampa y el saqueo han reemplazado al trabajo y el esfuerzo.

Los escándalos de corrupción que surgieron en los últimos tiempos en la Argentina hubiesen hecho caer al gobierno de cualquier país medianamente organizado. Y si el gobierno no hubiese caído, seguramente se habría visto en serios problemas, con renuncias de funcionarios relevantes y magros resultados electorales. Sin embargo, pareciera ser que, si bien la gente repudia casos como los de Skanska, la bolsa de plata de Micelli, las valijas de Antonini Wilson o tantos otros que podríamos nombrar, decía, si bien la gente parece repudiarlos, es como si los aceptara como un dato de la realidad. No los aprueba, pero tampoco sale a hacer marchas por la calle para repudiar semejantes cosas. Evidentemente, el argentino se ha acostumbrado a ciertas reglas de juego perversas y solo se produce alguna reacción social de envergadura cuando a la gente le meten la mano en el bolsillo —como fue el caso del corralito— o cuando se produce algún estallido inflacionario.

Los argentinos nos hemos acostumbrado a vivir bajo reglas tramposas donde todo es cínico y mentira.

Los gobiernos nos expolian con impuestos hasta niveles insospechados. Esas delirantes cargas tributarias siempre son presentadas como impuestos que tienen que cobrarse en nombre de la justicia social, sin embargo, todos saben que ni el dinero va a parar a los destinos sociales que dicen asignarse, ni la gente paga todos los impuestos que tiene que pagar. Salvo en contados casos el contribuyente paga todo y es cuando éste tiene una alta exposición pública o por la envergadura de la empresa se hace imposible evadir.

Desde el punto de vista fiscal todo es una mentira. Los impuestos son confiscatorios y distorsivos, la plata que se recauda se pierde en los pliegues de una burocracia que tiene que sobrevivir a cualquier costo, cuando no se destina a financiar actos de corrupción o clientelismo político. La información que acaba de dar el nuevo jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sobre los ñoquis que descubrieron, es solo un pequeño botón de muestra de lo que son la administración pública nacional, provinciales y municipales en Argentina.

La creencia popular es que la economía de mercado es igual a la ley de selva, según la cual unos se matan a otros para sobrevivir. La realidad es que las reglas que imperan en la Argentina, que lejos están de ser las de una economía de mercado, son justamente equiparables a la ley de la selva en el que el más fuerte se devora al más débil o, si se prefiere, donde impera el salvajismo más atroz fruto de la omnipresencia estatal.

Proteccionismo, subsidios de todo tipo, dirigentes sindicales que usan la amenaza como forma de “conquistas” sociales, piqueteros con fuerzas de choque, dirigentes políticos que pueden formular las declaraciones más descaradas sin que se les mueva un pelo mientras usan el dinero de los contribuyentes para establecer sus esquemas de poder, gente que se siente con derecho a que otro le pague la vivienda sin explicar porqué el otro tiene esa obligación, pedidos para que se creen bancos que le den créditos baratos a determinadas empresas. En definitiva, los argentinos nos acostumbramos a vivir bajo un sistema que en vez de crear riqueza la destruye. Vivimos, como dije en otra nota, en un saqueo generalizado y, lo peor, es que un gobierno atrás de otro ha estimulado ese sistema de vida, siendo el Estado, obviamente, parte del saqueo, cuando no el que lidera el saqueo.

En la selva, unos animales matan a otros por hambre. En la Argentina, unos matan a otros, económicamente hablando, por codicia y poder.

Causa indignación escuchar a algunos recaudadores de impuestos formulando discursos sobre la inmoralidad de no pagar los impuestos, mientras la corrupción y el despilfarro de los fondos públicos es cosa de todos los días. ¿Con qué autoridad moral se exige tanto cumplimiento impositivo si el Estado despilfarra descaradamente los impuestos y, encima, se da el gusto de no informar sobre cómo los gasta? No hay comportamiento más inmoral que el de quitarle el fruto del trabajo a la gente para despilfarrarlo en subsidios, prebendas, corrupción y burocracia, gracias al monopolio de la fuerza que detenta el Estado. A la nuestro país le cae como anillo al dedo aquella vieja frase que dice: No robe. Al Estado no le gusta la competencia.

La Argentina debe ser uno de los pocos países que, de la noche a la mañana, mediante fabulosas transferencias patrimoniales, transforma a pobres en ricos y a ricos en pobres. Pocos son los que esperan construir su futuro en base al fruto de su trabajo. Más bien, cada uno aprovecha los bruscos cambios de precios relativos para acaparar una fortuna, la cual, si no es precavido, puede perderla en la próxima crisis. Todos aprovechan el momento y mañana verán.

Como el objetivo básico no es crear riqueza, sino apoderarse del trabajo de los otros, y todos sabemos que ésa es la regla, no podemos esperar otra cosa más que continúe esta larga decadencia que venimos padeciendo. Y esto seguirá así hasta que se produzca la próxima crisis económica. Puede ser que en ese momento recuperemos la cordura y, de una vez por todas, dejemos la trampa y el saqueo de lado y adoptemos la cultura del trabajo y el esfuerzo como forma de vida. Claro que, el primer ejemplo mostrando el nuevo camino deberá venir desde los gobernantes.

Artículo de Economíaparatodos.com.ar
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Ecuador: Abriendo las puertas a la corrupción

por Gabriela Calderón

Gabriela Calderón es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador).

Guayaquil, Ecuador— Hay varios tipos de corrupción, pero considero que la más dañina es aquella que sucede cuando se utiliza una oficina pública para el lucro personal. Es decir, cuando el dinero “de todos” se utiliza para engordar los bolsillos de algún funcionario.

Ecuador sigue siendo uno de los países más corruptos de la región y del mundo ubicándose en la posición 150 de 179 países en el Índice de Percepción de Corrupción (IPC) de Transparencia Internacional.1 ¿Por qué, a pesar de estar todos preocupados por la corrupción y de existir múltiples programas para combatirla, nunca hemos podido reducirla eficazmente?

Enrique Ghersi, co-autor del El otro sendero, explica que la corrupción es un efecto y no una causa. Es decir, se piensa que como somos demasiado corruptos no funciona el sistema, la democracia, y la ley, cuando es exactamente al revés. Según Ghersi, “Como no funciona el Estado de Derecho, como no funciona el sistema institucional, se produce la corrupción como una alternativa para que la gente pueda desarrollar sus diferentes actividades económicas”.2

Gustavo Coronel, ex-funcionario de Transparencia Internacional cree que hay tres factores que fomentan la corrupción: los motivos para ser corruptos (como los salarios bajos), las oportunidades para cometer actos de corrupción (no hay rendición de cuentas, ni división de poderes), y la impunidad al hacerlo (no se castiga a los responsables de la corrupción).3 Mientras que no lo entendamos como los señores Ghersi y Coronel, podríamos crear todas las secretarías, comisiones y ministerios que queramos para combatirla pero la corrupción seguirá ahí.

Si antes había amplias oportunidades para cometer actos de corrupción en el Ecuador ahora se han aumentado con los Estados de Emergencia los cuales permiten al Presidente, entre otras cosas, obviar los procesos de licitación.4 Aún bajo un Estado de Emergencia la Contraloría General del Estado tiene que realizar un control previo a la ejecución de los proyectos para evitar el desperdicio de recursos. Al Presidente Correa le parece que este control debería ser posterior a la ejecución de obras porque “crea un nido más de corrupción y se da lugar a coimas”.5 Es difícil creer que concentrando el poder todavía más se va a reducir la corrupción.

En Venezuela también se declararon muchos estados de emergencia durante el gobierno de Chávez. De acuerdo con el capítulo venezolano de Transparencia Internacional, 95% de los contratos se celebran sin licitación previa, abriéndose la puerta de esta manera a una corrupción sin precedentes.6 Durante más de ocho años de gobierno chavista—que ha recibido alrededor de $300.000 millones en ingresos petroleros7 —la corrupción ha florecido con la “revolución bonita” dado que del puesto 71 (de 90) en el año 2000 Venezuela ha caído al puesto 162 (de 179) en el IPC.8

No es mera coincidencia que Venezuela a su vez haya pasado de ser el país más económicamente libre de la región en 1980 a ser el menos libre en el 2006 según el índice de Libertad Económica del Fraser Institute.9 Ha sido demostrado que los países con economías más libres—entendidas como aquellas con una sólida protección de los derechos de propiedad y de la libertad individual de intercambiar servicios y bienes—suelen tener menos corrupción.10 Mientras más poder y discrecionalidad tengan los funcionarios públicos, suele haber más corrupción.

El Ecuador Socialista del Siglo XXI le está abriendo las puertas a la corrupción.

Este artículo fue originalmente publicado en El Universo (Ecuador) el 1 de enero de 2008.

Referencias:

1. Índice de Percepción de Corrupción. Transparencia Internacional. Disponible en: http://www.transparency.org

2. Ghersi, Enrique. “La corrupción es efecto, no causa”. ElCato.org. 28 de septiembre de 1999. Disponible en: http://www.elcato.org/node/1297

3. Coronel, Gustavo. “Corrupción, administración deficiente y abuso de poder en la Venezuela de Hugo Chávez”. ElCato.org. 26 de noviembre de 2006. Disponible en: http://www.elcato.org/node/2080

4. Constitución de la República del Ecuador de 1998, Capítulo 4: Del estado de Emergencia. Disponible en: http://pdba.georgetown.edu/Constitutions/Ecuador/ecuador98.html

5. “El Presidente Correa plantea que Contraloría cambie de procedimientos en la contratación”. Presidencia del Ecuador. 8 de diciembre de 2007. Disponible en: http://www.presidencia.gov.ec/noticias.asp?noid=11951

6. Ibid., Coronel.

7. Ocando, Casto. “Chavistas denuncian corrupción oficial rampante”. El Nuevo Herald. 16 de diciembre de 2007. Disponible en: http://www.elnuevoherald.com/213/story/131516.html

8. Ibid., Índice de Percepción de Corrupción.

9. “Chile y El Salvador son las economías más libres de América Latina, Venezuela la más reprimida”. ElCato.org. 4 de septiembre de 2007. Disponible en: http://www.elcato.org/node/2735

10. Ver correlación entre libertad económica y corrupción en los reportes anuales de libertad económica (Gwartney, James y Lawson, Robert. Economic Freedom of the World Index. Fraser Institute. Disponible en: http://www.freetheworld.com

Chávez y la corrupción del siglo XXI

por Carlos Ball

Carlos Ball es Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE (www.aipenet.com) y académico asociado del Cato Institute.

Desde que el rey de España lo mandó a callar, todo le sale mal a Hugo Chávez. A los pocos días, Chávez no pudo ocultar su sorpresa de perder el referéndum del 2 de diciembre, con el que intentaba cambiar su constitución de 1999 por otra claramente comunista, y esa misma noche se llevó la segunda sorpresa al no conseguir apoyo militar para imponer un resultado fraudulento.

En Miami surgieron nuevas pruebas de que los chavistas están abandonando el barco. Al hombre del maletín, Guido Alejandro Antonini Wilson —quien viajó a Argentina el 4 de agosto en un avión fletado por el gobierno argentino, en compañía de ejecutivos de las petroleras estatales de Argentina y Venezuela—, al aterrizar en Buenos Aires un despistado agente de aduanas le decomisó 800 mil dólares en efectivo que no había declarado. Se trataba de una “ayudita” de Chávez a la campaña presidencial de Cristina Fernández de Kirchner.

Antonini, quien tiene doble nacionalidad, venezolana y estadounidense, no fue detenido en Argentina y de inmediato regresó a su casa en Key Biscayne, cerca de Miami. Todo parecía estar bajo control, pero el 12 de diciembre fueron detenidos en Miami Carlos Kauffman, Franklin Durán, Moisés Román Majonica y Rodolfo Wanseele, acusados de ser agentes no registrados del gobierno venezolano.

Antonini estuvo asociado con los ahora multimillonarios Kauffman y Durán en la venta de armamentos al gobierno venezolano. Ellos viajaron en esta ocasión a Miami para solucionar problemas con un banco local donde tienen depositados 25 millones de dólares. Y aprovecharon el viaje para almorzar con Antonini y amenazarlo del peligro que corren sus hijos si revela el secreto del maletín.

Según declaraciones del fiscal federal Thomas Mulvihill, Durán y Kauffman ofrecieron 2 millones de dólares a Antonini por quedarse callado, prometiéndole además que cualquier multa y todos sus gastos legales serían pagados por la petrolera estatal PDVSA. En cuanto al regalito que trató de llevarle a Cristina, le confirmaron que había sido aprobado por "el máximo nivel del gobierno venezolano", incluyendo al vicepresidente Jorge Rodríguez. Rodríguez es el psiquiatra que presidió el Consejo Nacional Electoral durante la reelección de Hugo Chávez en 2006 y Chávez quizás lo nombró vicepresidente pensando que los venezolanos le agradecerían tener a un psiquiatra siempre a su lado.

El problema de los chavistas que vinieron a asustar a Antonini es que las autoridades estadounidenses grabaron todas sus conversaciones y amenazas, por lo que ahora confrontan un juicio por ser agentes no registrados de un gobierno extranjero, mientras que Antonini está protegido como testigo clave y no podrá ser deportado a Argentina.

La explosión de mentiras y corrupción en el gobierno de Chávez asoma la cabeza por todas partes. Mientras esto sucedía en Miami, en Caracas una valiente reportera interrumpía al ministro del Poder Popular para las Relaciones Interiores y Justicia, Pedro Carreño, quien declaraba sobre el desarrollo endógeno, la justicia socialista y el canibalismo capitalista, para preguntarle si no era contradictorio decir todo eso y llevar puestos unos zapatos de Gucci y una corbata de Louis Vuitton.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet

VIDEO: Corrupción en la Venezuela de Hugo Chávez

Gustavo Coronel fue director de Petróleos de Venezuela (1976-79) y representante en Venezuela de Transparencia Internacional (1996-2000) y autor del estudio "Corrupción, administración deficiente y abuso de poder en la Venezuela de Hugo Chávez" publicado por el Cato Institute (Noviembre 2006).

Venezuela, el gobierno de los peores

por Carlos Ball

Carlos Ball es Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE (www.aipenet.com) y académico asociado del Cato Institute.

El periodista H. L. Mencken (1880-1956) decía que cuando los fanáticos alcanzan el poder, la opresión no tiene límite. Eso es lo que se vive hoy en Venezuela, país que ha sido gobernado durante más de tres décadas por políticos empeñados en manipular la vida, los bienes y el futuro de los venezolanos, creyendo equivocadamente que desde el palacio presidencial se puede determinar e instrumentar —con lujo de detalles— lo que más conviene al pueblo y a la nación entera. Eso condujo a la expansión geométrica del poder político, en un país donde ahora nada se lleva a cabo sin planificación oficial y el visto bueno de algún funcionario. El trágico e inevitable resultado es que el único negocio floreciente en el país es la corrupción.

La producción petrolera venezolana sigue en picada y solamente su alto precio actual, unos 70 dólares el barril, pospone el caos. Internamente, los controles de precios hacen desparecer del mercado los alimentos y demás productos básicos, los cuales son entonces sustituidos por importaciones directas realizadas por el gobierno, donde los costos no se toman en cuenta, pero dan lugar a ganancias y comisiones a lo largo de una extensa cadena de amigos del chavismo.

Los otros beneficiados pertenecen al hampa común que roba y mata sin temer a la policía ni a la justicia.

Así vemos cómo la corrupción chavista ha logrado concentrar mayor riqueza en manos de los amigos del palacio presidencial que todos aquellos complicados y dañinos programas anteriores de substitución de importaciones, subsidios, concesión de oligopolios, altos aranceles, licencias, financiamiento barato, reforma agraria, asignación de dólares preferenciales y demás privilegios que solían repartir los ministros y líderes de Acción Democrática y Copei.

Presidentes como Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, en medio de delirios de grandeza y rodeados de círculos concéntricos de aduladores que jamás cuestionaban sus infames decisiones, mantenían sin embargo cierto recato democrático que Hugo Chávez no ha dudado en destruir.

La gran pregunta es por qué Venezuela, país cuya prosperidad atrajo a cientos de miles de inmigrantes después de la Segunda Guerra y que hace medio siglo recibía más inversión privada proveniente de Estados Unidos que todo el resto combinado de América Latina, hoy se convierte rápidamente en otra Cuba miserable del hemisferio occidental.

La respuesta tiene que ver directamente con el hecho que los políticos nos robaron. Si el lector no me cree, basta contarle que luego de terminar mis estudios universitarios, en 1962, conseguí empleo con un sueldo de 3.000 bolívares mensuales (entonces 798 dólares). Tres años más tarde obtuve financiamiento para construir una estupenda casa de tres habitaciones, cuatro baños, dos garajes y una gran biblioteca de dos niveles, en un núcleo residencial con un precioso club de golf, en las afueras de Caracas y cuya construcción me costó 200.000 bolívares ($46.500).

Hoy, al cambio libre, 5.000 bolívares son 60 centavos de dólar y con 200.000 bolívares no se fabrica una casa sino que apenas se puede dormir una noche en algún hotel barato de Caracas. Esa es la magnitud del robo efectuado por los gobernantes a los ciudadanos venezolanos.

Según la ley, el Banco Central de Venezuela tiene la obligación y el objetivo fundamental de mantener “la estabilidad de precios y preservar el valor interno de la unidad monetaria”. Cuando el Banco Central de Venezuela fue fundado en 1940, su directiva estaba integrada por ciudadanos ilustres, competentes y honorables, destacándose su primer presidente, don Jesús Herrera Mendoza, a quien recuerdo con admiración y respeto.

Fue a mediados de los años 70 cuando comenzó la politización del Banco Central, perdiendo este gradualmente su autonomía y el resultado lo sufre hoy Venezuela entera, cuando los peores ejercen el poder.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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