31 de diciembre de 1969

George Orwell

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¿El "Gran Hermano" cubano-venezolano?

Hana Fischer recuerda que al final de la novela 1984 se revela que "en realidad desde hacía mucho tiempo que el 'Gran Hermano' había pasado a ser una entidad colectiva. No era una persona sino un grupo que gobernaba en su nombre. De ese modo, se vencía a la biología y a la muerte" y se pregunta si algo similar se estará intentando implementar en Venezuela.

Uruguay: Injusticia social

Hana Fischer afirma que "hasta a los políticos de la oposición les parece bien, que las autoridades utilicen a su arbitrio el dinero que otros han ganado con gran esfuerzo —el de los contribuyentes— para saldar deudas ajenas, incluso los recursos de aquellos que no tienen casa propia o están en riesgo de perderlas".

La izquierda y el lucro

Axel Kaiser señala que, como en La rebelión en la granja, la izquierda cuando habla de igualdad "lo que en realidad pretende no es eliminar los privilegios en general, sino transferírselos a sí misma".

El "doblepensar" en El Salvador

Manuel Hinds considera que la famosa novela de George Orwell, 1984, en realidad es un "tratado en el arte de la tiranía" y de cómo "para gobernar y seguir gobernando en contra de los intereses de la gente el tirano debe tener la habilidad de dislocar el sentido de la realidad".

Las víctimas olvidadas del terror en Argentina

Mary Anastasia O'Grady se pregunta por qué en Argentina no se habla de las víctimas de la guerrilla izquierdista de los años 70 a pesar de que se calculan más de 13.000 víctimas.

Reformular lo obvio

por Alberto Benegas Lynch

Alberto Benegas Lynch (h) es académico asociado del Cato Institute y Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Argentina.

George Orwell escribió que “uno de los deberes mas urgentes del hombre inteligente de hoy es reformular lo obvio”. Es cierto, pero cuesta admitir que a esta altura de los tiempos se tengan que destinar espacios para insistir en que el hombre debe ser respetado y que las invasiones estatales de espacios privados contradicen su misión original de salvaguardar derechos en lugar de conculcarlos.

No solo esto, sino que, en el plano filosófico, hay quienes tratan al ser humano como si no fuera humano en base a lo que se ha dado en llamar el reduccionismo o el behavorismo, elaborado por autores tales como Burrhus F. Skinner (especialmente en su Beyond Freedom and Dignity). En ese supuesto, el hombre no tendría libre albedrío y, por ende, la libertad sería una mera ilusión. En ese supuesto, no habría posibilidad de revisar los propios juicios, no habría tal cosa como proposiciones verdaderas y falsas, ideas autogeneradas, razonamiento ni argumentación propiamente dicha ya que todos harían y dirían según las programaciones determinadas por sus herencias genéticas y los ámbitos en los que se desarrollaron. En ese supuesto, todos “harían las del loro”. En ese supuesto, como señala Joseph Fabry, la antropología no sería mas que una rama de la zoología.

Con la pluma y el humor característico de Chesterton, escribe en su autobiografía que el mencionado determinismo ni siquiera permitiría decirle gracias al vecino en la mesa cuando nos pasa la mostaza puesto que si lo hace es porque estaría compelido y programado por sus genes y circunstancias a proceder en esa dirección, lo cual no significaría mérito alguno y, por ende, no tendría sentido el agradecimiento.

Víctor E. Frankl señala un punto crucial para la vida específicamente humana: la necesidad de sentido. Las personas para vivir plenamente deben cultivar en libertad lo que constituye otra dimensión que trasciende lo físico y que consiste en actualizar sus potencialidades en busca del bien. En cultivar la tensión entre lo que es y lo que debe ser en su persona, en otros términos, el descubrir su vocación, realizarla y renovarla. En tener siempre proyectos que vayan por delante de lo que se hace en el presente. En tener sueños y tener plena conciencia que nunca es tarde. Por esto es que André Maurois definía la vejez y decrepitud —independientemente de la edad que se tenga— como “la sensación de que es demasiado tarde”.

Frankl ilustra el punto de la antedicha dimensión al decir que un avión no deja de mantener su naturaleza cuando está en tierra pero su verdadera potencialidad la exhibe cuando vuela. Lo mismo ocurre con el hombre. Un amigo me recordaba que lo importante en la vida no es lo que a uno le sucede sino como administramos lo que nos sucede: como se saca partida de los acontecimientos que no dependen de uno. A veces, las vorágines diarias no dan tregua para hacer un necesario alto en el camino y preguntarse acerca del fin de nuestras vidas, propósito que no es un hecho exógeno o exterior sino que solo nosotros podemos descubrir dentro nuestro y que ilumina el camino a transitar.

De todas las especies conocidas, solo el hombre puede tener proyectos y en esta proyección reside la vida propiamente humana, el desafío y la verdadera emoción de la aventura humana. Como se ha dicho, no se trata de preguntarle a la vida que puede hacer por nosotros sino que somos nosotros los que debemos cuestionarnos que podemos hacer por la vida, nuestra vida.

Orwell nos invita a reformular lo obvio, a insistir en las bendiciones de la libertad frente a los avances asfixiantes del “gran hermano”, pero estaremos mejor preparados para la tarea en la medida en que cultivemos nuestra condición humana y sepamos valorizar la importancia del individualismo como condiciones únicas e irrepetibles de cada uno, siempre en el contexto de la sociedad abierta al efecto de maximizar la liberación de las respectivas potencialidades.

Lo contrario, el abandonarse y dejarse estar, conduce a la preocupación central de Aldous Huxley en cuanto a la cretinización moral de la especie al solicitar y reclamar el avance del “gran hermano”, con lo que se arruina la vida de aquellos que conservan un sentido de dignidad y autorespeto.

Este artículo fue publicado originalmente en el Diario de América el 10 de abril de 2008.

La nueva Europa se empieza a parecer a 1984

por Richard Pollock

Richard Pollock es vicepresidente de Comunicaciones del Cato Institute.

Europa le rindió homenaje a George Orwell este año en conmemoración de su cumpleaños número 100. Orwell, por supuesto, es famoso por sus escritos sobre el levantamiento de un Estado totalitario en el nombre de un ideal utópico. Bueno, los europeos probaron un poco de esa medicina cuando el Financial Times reveló una directriz secreta elaborada por la Comisionada europea de Asuntos Sociales, Anna Diamantopolou.

Con el pretexto de acabar con los estereotipos sexuales de hombres y mujeres, Diamantopolou opinó que cierta cobertura de prensa y publicidad debería ser prohibida. En su gran proyecto, la autoridad que define cuál es una representación estereotipada de los hombres y mujeres debería ser los burócratas de la Comisión Europea en Bruselas, o, de ser necesario, las cortes.

El borrador secreto fue inmediatamente denunciado por un amplio grupo de medios de comunicación que, de acuerdo al Financial Times, "reaccionaron con incredulidad" de que la Comisión Europea estuviera considerando la censura de programas de televisión, medios de comunicación masivos y de publicidad.

También llega en un momento en que Europa está considerando su nueva constitución y trata de visionar el tipo de sociedad en que se convertirá bajo una nueva y poderosa organización política transnacional. ¿Continuará siendo Europa una sociedad libre? ¿O se inclinará por las directrices políticamente correctas de la elite burocrática de la Eurozona que "saber mejor" lo que le conviene a sus ciudadanos?

Este es el contexto más inquietante de la iniciativa de Diamantopolou. A través de uno de sus comisionados más poderosos, tenemos una visión fugaz de las actitudes de los nuevos y ambiciosos líderes de Europa. Mientras que este incidente puede ser considerado un "asunto europeo", sí impacta a aquellas personas que creen en la libertad de expresión y se oponen a la censura gubernamental. También sirve de guía para aquellos que quieran entender a Europa y ver hacia dónde se dirige.

A través de una fuente, obtuve el borrador secreto de 26 páginas de Diamantopolou. El documento está bien planificado, lo cual indica que una importante cantidad de trabajo ha sido invertida dentro de la Comisión Europea para que el documento esté en un nivel tan avanzado. No fue el trabajo de un comisionado anormal y sin nada que hacer. Aparentemente, ningún miembro de los medios de comunicación europeos sabía de su existencia mientras éste pasaba por el laberinto burocrático de la Comisión.

El artículo 4 de la propuesta de Diamantopolou es simple pero aplastante. Pretende censurar todos los medios de comunicación masivos y publicidad del Continente. La comisionado socialista griega dijo que su oficina busca "evitar en todas las formas de comunicación masiva todas las caracterizaciones estereotipadas de mujeres y hombres así como cualquier proyección en anuncios de imágenes inaceptables de hombres y mujeres que afecten la dignidad humana y la decencia".

No es una sugerencia. Es una orden. En el diccionario de Orwell, "evitar" es censurar o prohibir, y los párrafos subsecuentes significan que va a hacerse cumplir por la burocracia de la Comisión Europea y las cortes. Específicamente, considera que cabe dentro de la jurisdicción de la Comisión eliminar lo que se considere "imágenes negativas de mujeres y hombres representados en comerciales y medios de comunicación".

Lo más impresionante sobre este plan es que ninguno de los términos es definido. ¿Qué significa "caracterizaciones estereotipadas?" ¿En los ojos de quién está un programa de televisión o una película mostrando "imágenes inaceptables?"

Este es el mundo que Orwell creó para nosotros hace medio siglo. En el Súper Estado de Oceanía, las elites del partido decidían qué era verdad. En el nuevo orden de Orwell, el totalitarismo era invocado en nombre de la utopía. Y el lenguaje era la primera víctima, donde el "nuevo idioma" mandaba que, "guerra es paz", "libertad es esclavitud" e "ignorancia es fortaleza".

Y qué tipo de comunicación masiva podría caer bajo la acusación de Diamantopolou de estereotipar: "Los Ángeles de Charlie", o "Sex in the City" y "Los Sopranos", repeticiones de "Taxi", o incluso "La Ley y el Orden", el cual caracteriza a matones, violadores, abusadores de niños y a criminales dementes.

¿Cuál es la virtud social en todo esto? Se convertirá en una versión europea de "limpieza étnica" de los medios de comunicación, justificado en el nombre de "implementar el principio de igualdad entre mujeres y hombres". Incluso los programas nocturnos de comedia que ridiculizan a casi todo el mundo serían vulnerables. La sociedad sería correcta pero atrofiada, sin sentido del humor, y carente de cualquier chispa de expresión creativa.

Desdichadamente, Diamantopolou tiene muchos co-conspiradores europeos, cuyo trabajo puede ser visto en la nueva "constitución" de la Unión Europea. En la Constitución estadounidense, la Carta de Derechos estipula que los derechos individuales prevalecen sobre los derechos colectivos y el poder del Estado. En la constitución de Europa, los estatistas de ese continente lo hicieron al revés, y los "derechos" colectivos o grupales le pasan por encima a los individuos y sus derechos.

Esta es la "Nueva Europa". Es el mundo del que Orwell, un socialista, advirtió hace 50 años. En el nombre de algún objetivo utópico vago, el alma de una sociedad es extinta. La sociedad se convierte en un cascarón vacío, obediente únicamente a las órdenes del Estado.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.

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