31 de diciembre de 1969

Ian Vásquez

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Ian Vásquez: Los mexicanos están eligiendo "entre la modernidad y el populismo anticuado"

Ian Vásquez, director del Proyecto para la Libertad Económica Global del Cato Institute comenta: “Las opciones que México tiene para su próx

Buenas noticias (y algo de incertidumbre) debido a las elecciones en el Perú y en la República Checa

por Ian Vásquez

Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

Washington, DC—Los ciudadanos de Perú y de la República Checa han rechazado en las elecciones de este fin de semana la izquierda radical.

Los peruanos le dieron 54 por ciento de sus votos al ex presidente Alan García frente al 46 por ciento de votos que recibió el candidato nacionalista Ollanta Humala. García no es ningún liberal de mercado pero por lo menos promete respetar la democracia, las políticas macroeconómicas ortodoxas y promete no reversar el progreso de la economía peruana desde que comenzó a liberalizarse a principio de los 1990s. Por lo tanto los peruanos rechazaron al populismo al estilo Chávez y contribuyeron al rechazo regional en contra del deseo del presidente venezolano de unir a Latinoamérica bajo su liderazgo. Una Latinoamérica más moderada y moderna está formándose entre los países a lo largo de la costa del Pacífico (con la posible excepción de Ecuador) que están optando por el libre comercio con EE.UU.

El hecho de que los peruanos votaron por un candidato que es recordado como uno de los peores presidentes en la historia del Perú (1985-1990) en lugar de votar por Humala revela qué tan profundo es el sentimiento anti-populista—por lo menos entre aquellos que votaron por García. El problema para García y para la gobernabilidad en Perú es que Humala ganó en la mayoría de los departamentos del Perú, principalmente en el interior andino y selvático, revelando así a un país dividido. El partido populista-izquierdista también tiene la mayor representación en el congreso peruano. Desde ya, Humala ha declarado la formación de un frente nacionalista, buscando unir a todas las organizaciones de izquierda. Esto puede mostrar a una democracia en acción pero es una señal de que Humala permanecerá como el principal agitador del próximo gobierno y posiblemente de la estabilidad social y política si es que él sigue el ejemplo del presidente boliviano Evo Morales de forjarse el paso hacia el poder mediante la creación de inestabilidad al instigar huelgas y violencia para lograr sus objetivos políticos. El populismo y la influencia de Chávez no han sido derrotados definitivamente en el Perú.

En la República Checa, los comunistas perdieron puestos en el parlamento y los Demócratas Cívicos a favor del libre mercado ganaron una pluralidad con 34 por ciento del voto. Normalmente, el dirigente del partido ganador, en este caso Mirek Topolanek, formaría un gobierno. Pero las elecciones resultaron en un empate en el parlamento—con los Demócratas Cívicos y sus aliados llevándose 100 puestos y los comunistas y Social Demócratas llevándose los restantes 100 puestos. Es difícil ver como Topolanek formará una mayoría, pero en los próximos días y semanas seguramente habrán muchas negociaciones políticas y las dos partes probablemente decidirán un término medio. Si aquello no funciona, la República Checa tendrá que presenciar otras elecciones en los próximos meses y esperar a que los votantes sean más decisivos en escoger entre las reformas de libre mercado y las políticas euro-socialistas.

Traducido por Gabriela Calderón para Cato Institute.

Elecciones peruanas y el futuro del populismo latinoamericano

por Ian Vásquez

Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

Moyobamba, Perú—La próxima segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Perú puede ser otra señal de que la ola de populismo al estilo Hugo Chávez en Latinoamérica ya llegó a su cresta. La disputa es entre Alan García—un ex presidente populista que arruinó al país durante su administración (1985-1990) con sus políticas económicas heterodoxas (Perú retrocedió 30 años en términos de su ingreso per cápita; tuvo una inflación de un 7.000% en 1990; y gran parte del país estaba bajo el control de las guerrillas del Sendero Luminoso)—y Ollanta Humala—un nacionalista y populista radical quien, siguiendo el ejemplo de Chávez, lideró una breve pero fracasada rebelión en contra del régimen de salida del Presidente Alberto Fujimori en el 2000. La popularidad de Humala entre los más pobres de los peruanos, especialmente en el interior del país, prácticamente pasó desapercibida entre la elite y la prensa peruana hasta fines del año pasado. (Nuestro académico asociado peruano Enrique Ghersi fue el único en predecir este fenómeno en una opinión editorial publicada en el Christian Science Monitor en el 2003).

García promete conducir un gobierno responsable que respete la constitución y la separación de los poderes incluyendo la autonomía del banco central. Humala promete nacionalizaciones, un rechazo del tratado de libre comercio con EE.UU. que todavía no ha sido aprobado por el congreso, una asamblea constituyente para redactar una nueva constitución, y el arresto de ex presidentes corruptos incluyendo al mismo García.

Las encuestas le dan a García una ventaja en las elecciones del 4 de junio, especialmente entre los votadores en las áreas urbanas y a lo largo de la costa. Los peruanos no aman a García; muchos que planean votar por él hasta lo odian pero lo consideran el mal menor frente a Humala y creen que respetará la democracia y será limitado por una economía peruana que es mucho más abierta que en los 1980s. El autoritarismo de Humala promete cambiar las reglas del juego de una manera que asusta a gran parte de los peruanos.

En las áreas rurales rodeando esta ciudad selvática, en donde los Andes se convierten en el bosque tropical, muchas de las aldeas no tienen alcantarillado o el agua corriente y la electricidad son algo nuevo para algunas áreas. Los peruanos rurales aquí votarán por Humala. Pero esos votos no son necesariamente ideológicos. Muchos votarán por Humala porque ellos sienten que no tienen nada que perder al rechazar el sistema político tradicional que no les ha servido bien. De hecho, si se le permitiese volver a candidatizarse al supuestamente neoliberal ex presidente Fujimori (1990-2000), una aplastante mayoría le daría su voto. Los dos presidentes más populares en esta región del país son Fujimori—por pacificar el país al deshacerse de las guerrillas que aterrorizaron las áreas rurales—y Fernando Belaunde, quien en los 1960s construyó las principales carreteras conectando la región al resto del país.

El probable triunfo de García será un golpe para Hugo Chávez. Chávez ha apoyado explícitamente a Humala, derivando en continuos intercambios de tono subido entre Chávez y García, quien acusa al presidente venezolano de interferir en los asuntos internos del Perú y de planear usar a Humala como su títere. Chávez puede que tenga un aliado y un cliente en el presidente boliviano Evo Morales, pero su sueño bolivariano de unir a Latinoamérica bajo su liderazgo está siendo socavado por la realidad latinoamericana: Los gobiernos usualmente irresponsables de Latinoamérica, afortunadamente, no se llevan bien la mayor parte del tiempo.

Por lo tanto Brasil y Bolivia están en una disputa respecto de la nacionalización boliviana de las compañías de gas que pertenecen a Brasil y que proveen a aquel país con mucha energía; el presidente mexicano Vicente Fox ha tenido roces públicos con Chávez sobre las relaciones de México con EE.UU.; y los gobiernos izquierdistas de Argentina y Uruguay están en una acalorada disputa sobre un asunto fronterizo.

El triunfo de García no será una victoria para los liberales o una derrota definitiva del populismo. Como un economista peruano recientemente me lo describió, Perú, con su larga costa y con su interior andino y tropical, es parecido en parte a Chile (moderno y abierto) y en parte a Bolivia (más subdesarrollado y aislado). Una presidencia García es más probable que sea mediocre con una posibilidad de reformas de mercado en algunas áreas (la agricultura y tal vez la titulación de propiedades, por ejemplo) y con Humala como un restante pero considerable irritante.

Tal es el paso ondulado del progreso en Latinoamérica estos días. No obstante, es progreso. La próxima noticia buena puede que venga de México, donde las elecciones presidenciales en julio podrían resultar en la subida al poder de Felipe Calderón, un liberal que ha subido en las encuestas para empatar al populista Andrés Manuel López Obrador, el candidato favorecido por Chávez.

Este artículo fue publicado en El Universo de Guayaquil, Ecuador el 3 de junio de 2006 y en El Economista de México el 5 de junio de 2006.

Traducido por Gabriela Calderón para Cato Institute.

Libertad económica en el mundo árabe

Muscat, Ománâ€"La idea de que la libertad económica es esencial para el progreso humano está generando seguidores en el mundo árabe. En una cena de gala aquí atendida por cientos de diplomáticos árabes y otros distinguidos invitados, una organización omaní nueva, la International Research Foundation, publicó el reporte “La Libertad Económica en el Mundo Árabe” el cual muestra como las grandes diferencias en políticas públicas dentro de la región pueden producir grandes diferencias en los resultados económicos.

La falsa promesa de la ayuda externa para África

por Ian Vásquez

Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

La delusión de que los países ricos pueden rescatar a los países pobres de su pobreza si así lo quisieran hacer está expuesta al público a principios del mes de julio. Bob Geldof organizó conciertos de rock en ciudades alrededor del mundo para promocionar la idea, mientras que la reunión de los G8 en Escocia se enfocará mayormente en la cancelación de deudas y aumentos masivos en la ayuda externa para salvar a los pobres del mundo.

Desde ya, EE.UU. y Gran Bretaña han acordado cancelar la deuda de 18 países altamente endeudados, y el Presidente Bush ha prometido duplicar la ayuda externa estadounidense hacia África. Los ingleses están pidiendo un nuevo Plan Marshall para África.

Si la historia nos sirve de guía, las iniciativas de los G8 harán poco para reducir la pobreza en África, la región más pobre del mundo y en la cual se focalizan tanto los esfuerzos de los países ricos. La cancelación de deudas en sí no ha demostrado ser efectiva en el pasado. Desde los 1980s, los países altamente endeudados, muchos de los cuales están en África, han recibido más de $30 mil millones en cancelación de deuda, y aún así el problema de la deuda se ha empeorado. De hecho, los países han sido recompensados por tener políticas económicas malas y la ayuda externa ha asegurado la permanencia de estas.

La iniciativa para la cancelación de deudas de los G8 se trata en realidad del fracaso de la ayuda externa. De acuerdo al economista Adam Lerrick de la Universidad Carnegie-Mellon, 94 por ciento de la ayuda externa de los países altamente endeudados es debido a préstamos oficiales de acreedores tales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. Desde los 1960s, África del Sur del Sahara ha recibido cerca de $500 mil millones en ayuda externa, aún así la región se ha empobrecido en las últimas décadas.

Es difícil concluir de este nefasto record que la solución es más cancelación de deuda y más ayuda externa. Propuestas para un nuevo Plan Marshall están fuera de lugar. En los dólares actuales, esa iniciativa de ayuda externa desembolsó alrededor de $100 mil millones a lo largo de 4 años luego de la Segunda Guerra Mundial. África, por lo tanto, ya ha recibido el equivalente de aproximadamente cinco Planes Marshall. Además, la ayuda a África ha estado aumentando y se encuentra a un nivel históricamente alto. La ayuda neta para el desarrollo hacia África era de alrededor de $24 mil millones en el 2003; por ende, la región está actualmente recibiendo ayuda externa a nivel de un Plan Marshall.

¿Por qué la ayuda externa se ha desempeñado tan mal y por qué no deberíamos esperar mejores resultados en el futuro? Para los 1990s, un muy atrasado consenso emergió entre los expertos en desarrollo de que la ayuda externa otorgada dentro de un ambiente de políticas económicas pobres no funciona. En general, no hay una correlación entre la ayuda externa y el crecimiento, pero en África la ayuda externa ha perjudicado el desarrollo al respaldar gobiernos con políticas públicas que en realidad han empobrecido a las personas.

Aún cuando la ayuda externa se supone que promueve cambios de políticas, falla en lograrlo. Los países prometen reformarse, reciben dádivas de los donadores, luego introducen reformas a medias o fallan en introducirlas del todo. Un estudio reciente del Banco Mundial observó el record de la ayuda externa entre 1980 y el 2000 y descubrió que “la ayuda externa en balance atrasa considerablemente en lugar de fomentar la reforma de políticas públicas de orientación de mercado”. Ese descubrimiento es consistente con un estudio anterior del Banco que observó que “la reforma es más probable que sea precedida por un declive en la ayuda externa que por un aumento de esta”.

Una razón por la cual la ayuda externa no promueve buenas políticas es porque las agencias de ayuda externa tienen un incentivo institucional para prestar. Cuando los prestamistas saben que los donadores prestarán sin importar su comportamiento, las condiciones atadas a la ayuda externa pierden credibilidad.

A pesar de la probabilidad de que aumentos masivos en la ayuda externa solo empeorarían la credibilidad de las condiciones de los donadores, los proponentes de más ayuda externa para África dicen que las cosas serán diferentes en el futuro. Los préstamos y sus condiciones de alguna forma tendrán credibilidad. La ayuda externa será dirigida sobre criterios “selectivos” hacia países que tienen buena gobernación y que hayan demostrado una disposición de reformar por si solos. La ayuda externa respaldará la salud y la educación, sin las cuales el crecimiento es socavado.

De hecho, no hay razón alguna para creer que la efectividad de la ayuda externa mejorará de manera notable. Las agencias prestadoras todavía carecerán de un mecanismo para asegurar el cumplimiento y los países ricos todavía dependerán de tales agencias, la cuales tiene un record comprobado de mal juicio, para determinar qué países merecen ayuda externa y cuándo.

El Banco Mundial ahora dice que está redirigiendo sus préstamos hacia gobiernos con mejores políticas e instituciones, pero una auto-evaluación reciente del Banco concluyó, “Hasta ahora, hay poca evidencia de que la gobernación está mejorando o que la corrupción está disminuyendo”.

Un nuevo estudio del FMI provee aún menos razones para ser optimistas. El Fondo descubrió que la ayuda externa no solo falla en aumentar el crecimiento, pero que “no hay evidencia de que la ayuda externa funciona mejor en mejores ambientes de política o geográficos”. Además, el FMI descubrió que “ninguna sub-categoría [de ayuda externa] tiene algún impacto significante…en el crecimiento”. El efecto en el desarrollo de la ayuda social, económica, o alimenticia, en otras palabras, es igual.

Las naciones africanas pueden ser prósperas, pero nos estamos engañando si pretendemos que los países ricos puedan obtener aquel resultado mediante transferencias de riqueza de gobierno a gobierno. La modestia está ausente en el debate. El difícil trabajo del desarrollo económico siempre le ha correspondido a África. Es hora de que los gobiernos africanos apoyen la libertad económica y de que los países ricos paren de incentivarlos a no hacerlo.

Traducido por Gabriela Calderón para Cato Institute.

Aprovechándose del desastre en Asia para incrementar la ayuda externa

por Ian Vásquez

Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

¿Es tacaño los Estados Unidos? Cuando el jefe de operaciones de ayuda humanitaria de la ONU, Jan Egeland, así lo sugirió a raíz del catastrófico tsunami en Asia, él era el más reciente de los defensores de la ayuda externa de juzgar la efectividad de la ayuda por sus intenciones, más que por su impacto real.

Pero la ayuda para desastres del tipo requerida en Asia es muy diferente a la ayuda para el desarrollo. Lastimosamente la afirmación de “tacaño” hecha por Egeland fue la primera de una serie de llamados a incrementar los fondos globales para el desarrollo usando la crisis de Asia como excusa. Reportando sobre el desastre, el New York Times describió la ayuda total no militar de Washington como un “monto lamentable”.

Es un error confundir la ayuda de emergencia con ayuda externa de largo plazo destinada a promover el desarrollo. Los objetivos de cada una son diferentes y la ayuda de emergencia representa una pequeña parte del total. Por ejemplo, según la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo, de los $69 mil millones que los países ricos dieron a los países pobres en el 2003, solo un 8.5 por ciento fue para emergencias. La mayor parte de la ayuda todavía se destina a promover objetivos tradicionales de ayuda tales como crecimiento y reducción de la pobreza.

Desgraciadamente, la asistencia extranjera tiene un pobre expediente en promover el desarrollo. De hecho, no hay correlación entre ayuda y crecimiento y pocos expertos adentro o afuera de las agencias prestamistas están satisfechos con el desempeño de la ayuda externa. En la práctica, mucha de la ayuda ha sido hostil al crecimiento porque ha apoyado a gobiernos cuyas políticas mantienen en la pobreza a la gente. El resultado ha sido endeudamiento, no desarrollo.

La lista del Banco Mundial de los 42 países pobres fuertemente endeudados y que no pueden pagar sus préstamos—la mayoría de ellos en África—es una seria acusación al proceso de ayuda extranjera. El noventa y siete por ciento de la deuda a largo plazo es gubernamental o garantizada por gobiernos. A pesar que el Banco Mundial reconoce que la ayuda ha sido frecuentemente un “fracaso absoluto” y que la ayuda destinada a un pobre entorno de malas políticas no funciona, los préstamos blandos del Banco destinados a países con políticas deficientes se han incrementado en años recientes sus préstamos.

La ayuda externa tampoco es eficiente en promover reformas en las naciones receptoras. La Rusia post-soviética y una docena de países alrededor del mundo—incluyendo países fuertemente endeudados—son evidencia que los países prometen hacer las reformas pero ignoran las condiciones de la ayuda externa una vez que el dinero es recibido. Para finales de los noventa, el Banco Mundial reconoció lo que se ha vuelto un consenso entre los expertos en desarrollo: “no hay efecto sistemático alguno de la ayuda en las políticas”.

De acuerdo con William Easterly, un destacado economista de desarrollo y ex-economista del Banco Mundial, una de las razones para el decepcionante desempeño de la ayuda es que “los países ricos no piden rendición de cuentas a los administradores de las instituciones de ayuda por su largo expediente de fracasos”. Ciertamente, las agencias de ayuda rara vez cortan los fondos a los receptores que hacen un mal uso de los mismos, algo de lo cual los receptores están plenamente al tanto. Easterly se opone al incremento a la ayuda extranjera, en gran parte debido a que la falta de rendición de cuentas no ha variado.

No obstante, para el establishment de la ayuda externa el monto de dinero otorgado es todavía una medida prominente de éxito. Así, Washington no es generoso porque transfiere 0.15 por ciento de su PIB a los países pobres—menos que los otros países ricos. Así también, el Banco Mundial esta haciendo un llamado a duplicar el flujo de ayuda mundial. La ONU regularmente menciona su propio nivel arbitrario de ayuda, establecido en los setentas en 0.7 por ciento del PIB de los países ricos. En términos prácticos, eso significaría que los flujos globales de ayuda prácticamente se triplicarían a mas de $190 mil millones. Para los Estados Unidos, eso significaría más que cuadruplicar el nivel de ayuda del 2003 de $16.2 mil millones.

Sin embargo, La verdadera medida de generosidad es cuanto dan voluntariamente los individuos y organizaciones privadas. La ex-funcionaria de la USAID Carol Adelman encontró que la ayuda privada estadounidense al extranjero excede de largo a la asistencia oficial de Washington para el desarrollo. Hace unos años atrás, su “conservadora estimación” puso la ayuda extranjera privada en 3 y media veces la ayuda de EE.UU. para el desarrollo.

El incremento en la ayuda de entidades privadas estadounidenses incluye fundaciones, iglesias, corporaciones y organizaciones privadas voluntarias como la Cruz Roja y el YMCA. Se puede estimar que la ayuda privada estadounidense todavía representa de tres a cuatro veces la ayuda oficial. Solo las remesas desde EE.UU. representaron un monto de $30 mil millones en el 2003, casi el doble de la ayuda oficial.

Y debido a que la ayuda privada tiende a ser menos burocrática y llega a la gente que intenta ayudar, también tiende a ser mucho más efectiva que la asistencia oficial. Además, según Adelman, Estados Unidos contrasta agudamente con “los europeos y los japoneses [quienes] continúan dando principalmente a través de sus gobiernos”.

En este sentido, los Estados Unidos es, si no el país mas generoso en el mundo, muy cerca al tope de la lista. Y su ayuda es, seguro, más útil para los pobres del mundo que aquella de otros países. Es una lástima que el desastre del tsunami en Asia es explotado cínicamente para apoyar incrementos masivos en ayuda externa que no sirve.

Traducido por Nicolás López para Cato Institute.

A Bush sí le importan los latinos

Entrevista a Ian Vásquez

Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

A la hora de hablar sobre las prioridades del segundo mandato del Presidente George W. Bush, Ian Vásquez hace tres afirmaciones. El experto en temas interamericanos del Cato Institute dice que Bush "dejará de concentrarse sólo en política exterior" y que la prueba está en que impulsará grandes reformas domésticas, como a la seguridad social. Que Irak y Medio Oriente seguirán ocupando sus pensamientos en política externa. Pero que, contrario a lo que se piensa, América Latina será importante para EE.UU.

-¿Por qué lo dice, si la agenda doméstica y externa parece estar copada?

"Porque en los últimos años, EE.UU. ha retomado la iniciativa de promover el comercio. A pesar de que el Presidente es poco popular, es el que está más dispuesto a hacer en la región, en términos de abrir el mercado de EE.UU. y promover tratados de libre comercio con Latinoamérica. Hemos visto el acuerdo con Chile. Se ha negociado uno con Centroamérica y ahora con los países andinos".

-¿Significa que tras el "abandono" de 2001, Bush está dando un giro hacia la región?

"Si se puede lograr promover el libre comercio en América Latina será un gran avance. Para EE.UU., esto es menos importante que para la región, porque el mercado estadounidense es enorme y el comercio con Latinoamérica, fuera de México, es muy pequeño. Irónicamente, la gran batalla para promover estos TLC se va a dar en el Congreso de EE.UU. No necesariamente en los países latinoamericanos".

-¿Cree que la batalla no será fuerte en una región donde la popularidad de Bush es baja?

"Ya lo hemos visto en Centroamérica. No va a ser un conflicto político como en EE.UU.".

-¿De qué manera la designación del ex representante de Comercio de EE.UU, Robert Zoellick, y de Carlos Gutiérrez como secretario de Comercio pueden beneficiar a Latinoamérica?

"Es una buena señal. Zoellick es una persona pragmática y no ideológica en el sentido neoconservador. Gutiérrez también es un signo de que, para esta Administración, los latinos importan".

-¿Qué temas podrían poner en el radar del Presidente Bush?

"El gran tema seguirá siendo el comercio. Además, otro aspecto positivo de esta administración es que ha propuesto de manera muy seria liberalizar la inmigración de los latinoamericanos en EE.UU., sobre todo de los mexicanos".

-¿En qué lugar queda Chile, tras el TLC?

"Sigue siendo la estrella de Latinoamérica. Hoy hay que buscar maneras de mejorar el comercio con EE.UU. El ejemplo de Chile es tan bueno que el Presidente Bush está proponiendo una reforma al sistema de pensiones, basado en el modelo chileno. Es la primera vez que una iniciativa de política pública latinoamericana es exportada hacia un país rico. Es un gran logro".

-Usted ha dicho que "más para bien que para mal, América Latina no ha sido una prioridad para EE.UU". ¿Por qué?

"Porque es una verdad que cuando EE.UU. interviene en Latinoamérica generalmente no ha dado buenos resultados y los latinoamericanos se quejan de ello. Como las intervenciones militares en el Caribe, por ejemplo. La región está mejor cuando EE.UU. juega un papel mínimo, es decir, cuando abre sus mercados, hace declaraciones a favor de la democracia y la libertad y no se involucra más allá de eso. Eso es una relación óptima".

-¿Entonces es positivo que el enfoque actual de la relación sea el comercio?

"Sí".

-¿Cree que Bush logrará reducir el abultado déficit fiscal?

"Ha sido su punto débil y se debe al incremento descontrolado del gasto. Creo que es posible. Pero se trata de una pregunta política, de cómo trabajará con el Congreso para lograrlo. Veremos qué tan dispuestos están los republicanos en el segundo período. No hay simplemente que aceptar su palabra".

"La región está mejor cuando Estados Unidos juega un papel mínimo y no se involucra más allá".

Esta entrevista fue publicada en diario El Mercurio de Chile el día 20 de Enero de 2005.

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