31 de diciembre de 1969

Ian Vásquez

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Las acciones de Chávez están erosionando la credibilidad de Venezuela

WASHINGTON — Este fin de semana, Hugo Chávez reprimió a la prensa venezolana, provocando protestas en Caracas que fueron rápidamente enfrentadas co

El disfuncional Banco Mundial

por Ian Vásquez

Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

Washington, DC— La renuncia de Paul Wolfowitz como Presidente del Banco Mundial ha provocado la pregunta que todo el mundo hace cada que un líder del Banco está saliendo: ¿Quién será el próximo presidente y será capaz de reformar la institución de tal modo que esta sea efectiva en su lucha contra la pobreza? La pregunta revela mucho debido a que nadie —dentro o fuera del banco— parece alguna vez haber estado satisfecho con el desempeño del Banco a pesar de las numerosas reformas a lo largo de los años.

Es fácil entender por qué el descontento es tan común. El Banco es prácticamente imposible de administrar. Es una burocracia estatal internacional —con alrededor de 10.000 empleados y miles de más empleados contratados de afuera— que responden a docenas de gobiernos donantes, los cuales tienen prioridades políticas y económicas que muchas veces están en conflicto.

Es una institución plagada por misiones tan dispersas que incluyen desde la lucha contra la corrupción a la promoción de la igualdad entre los géneros, la reducción de las enfermedades, el respaldo a la agricultura, la privatización de empresas estatales, la construcción de represas y el financiamiento de microcréditos. Por lo tanto, ha perdido su enfoque.

Y en contra de las lecciones de la historia económica, su modelo de desarrollo está basado en transferir riqueza de los gobiernos de los países ricos hacia los gobiernos de los países pobres, los cuales suelen carecer de transparencia o de la capacidad de llevar a cabo toda una gama de programas estatales.

Con tantas “prioridades”, jefes, y actores soberanos, no debería sorprender que un problema central en el Banco Mundial sea la falta de rendición de cuentas. De hecho, la misma forma en que Wolfowitz salió del banco debido a su autorización de un considerable aumento salarial para su novia, careció de transparencia o de una rendición de cuentas. Su salida fue negociada detrás de puertas cerradas en lugar de a través de un voto registrado por parte de la junta directiva, esto cuando se trataba de un episodio que ocurrió debajo de sus narices y con la participación de la junta. Al final, la junta directiva —en un mero gesto de auto-crítica— reconoció que “se cometieron errores”. Cosa típica del Banco Mundial.

Pero mucho más significante para los pobres del mundo es la falta de rendición de cuentas con respecto a los préstamos del Banco Mundial. La agencia de ayuda externa no permite que se realicen auditorias externas independientes de los proyectos que financia, pero sabemos que un sorprendente número de proyectos del Banco —entre un 20 a un 50 por ciento desde los años noventa— no han sido sostenibles de acuerdo a los criterios del mismo Banco.

La comisión bipartidista Meltzer descubrió en el 2000 que el Banco evaluaba solo cinco por ciento de sus programas entre tres a diez años luego de que los fondos han sido distribuidos. El problema no ha sido resuelto, derivando en un consenso a lo largo de un amplio espectro de observadores a favor de auditorias verdaderamente independientes. Como Nancy Birdsall, presidenta del Center for Global Development recientemente dijo, “Sin evaluaciones de impacto que sean rigurosas, independientes, y por lo tanto creíbles, no podemos saber cuáles son los programas que funcionan. No podemos ni siquiera discutir de manera convincente que la ayuda externa en sí funciona”.

El Banco mide el éxito de acuerdo a la cantidad de fondos que emite en lugar de fijarse en los resultados. La presión institucional para prestar es muy conocida por sus prestamistas. Los países aceptan la ayuda externa prometiendo realizar proyectos, pero siempre y cuando paguen sus préstamos, el Banco puede continuar prestando y puede jactarse de una baja taza de morosidad, a pesar de la calidad de los proyectos financiados. El propósito del prestador y el prestamista es mantener el dinero de ayuda externa fluyendo, por lo tanto el Banco suele proveer nuevos préstamos poco antes de que los viejos van a ser cancelados. (En los raros casos en que los países se atrasan en sus pagos, EE.UU. y otras naciones donantes en ocasiones han provisto a las naciones ofensoras con préstamos “puente”, los cuales son utilizados después para pagarle al Banco Mundial, el cual luego vuelve a seguir prestando).

La presión para prestar también socava la ayuda externa condicionada a las reformas de políticas públicas. Debido a que el Banco rara vez para de prestarle a los países, aquellos no interesados en reformar se enfrentan a poca presión por parte del Banco para cambiar. En un estudio de la ayuda externa hacia África, Paul Collier de la Universidad de Oxford explicó que “Algunos gobiernos han decidido reformar, otros retroceder, pero aquellas decisiones parecen ser en gran parte independientes de la relación con la ayuda externa. La microevidencia de este resultado ha estado acumulándose por varios años. Ha sido suprimida por una alianza perversa entre los donantes y sus críticos. Obviamente, los donantes no deseaban admitir que su condicionalidad era una farsa”.

De hecho, los problemas con los préstamos del Banco Mundial reflejan los problemas que plagan a la ayuda externa en general. No hay relación entre la ayuda externa y el crecimiento ni entre la ayuda externa y las reformas. Los países de crecimiento alto como China e India han recibido relativamente poca ayuda externa per cápita. Por otro lado, cuando la ayuda externa va a países que sostienen políticas económicas malas, el resultado es endeudamiento, no desarrollo. Eso es con certeza el caso de África Sub-Sahariana, en donde décadas de ayuda externa generosa han ayudado a que los gobiernos de la región la empobrezcan y la hayan conducido a tener una carga de deuda masiva ahora considerada impagable por el Banco Mundial. La respuesta del Banco ha sido el esquema de “la condonación de deuda” con el cual recauda fondos nuevos para los países altamente endeudados y luego vuelve a prestarles dinero.

Sin duda hay formas de ayudar a los países pobres, inclusive abriendo nuestros mercados a sus bienes y a través del intercambio de ideas y tecnología. Pero la estrategia del Banco Mundial de promover el desarrollo no es adecuada para la tarea, un hecho que nos será recordado cuando el próximo presidente salga de su puesto.

Este artículo fue publicado originalmente en el El Economista (México) el 23 de mayo de 2007.

Las acciones de Chávez ponen en peligro el futuro de Venezuela

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El nuevo enfoque con respecto a la ayuda externa: ¿Se justifica el entusiasmo?

por Ian Vásquez

Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global.

Washington y la transición cubana

por Ian Vásquez

Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

Ante la posibilidad que Fidel Castro esté muriendo, Estados Unidos ha reiterado su apoyo a una transición democrática. La entrega de poder de Fidel Castro a su hermano, Raúl, no garantiza el fin de la dictadura en Cuba, pero si puede ser el principio del fin, y asegura la incertidumbre política. Nadie sabe, inclusive dentro de Cuba, si una transición en la isla signifique solo una transición a un nuevo liderazgo o más bien una transición, aunque sea desigual, a otro tipo de régimen.

Si Castro no sobrevive o se encuentra demasiado incapacitado para gobernar, tal vez el escenario más probable bajo Raúl Castro es un régimen dispuesto a ceder en cuanto a algunos principios socialistas para aplacar distintos sectores de la sociedad cubana. Como pude comprobar durante un viaje a La Habana hace cuatro años, esos sectores incluyen a los militares, los cuales tienen amplios intereses en el mundo de los negocios, y a la población en general, donde hay un descontento extenso con el status quo.

De hecho, individuos de alta confianza, como por ejemplo ex-oficiales del ejército cubano, están encargados de las empresas públicas más importantes del país. Rinden cierto nivel de ingreso para el estado, por encima del cual mantienen actividades económicas quasi privadas en lo que viene a ser una mezcla rara de estatismo socialista y actividad empresarial. Esto ha ayudado a crear una economía informal enorme en el que buena parte de la población se ha “escapado” de la planificación central.

Si Raúl Castro agranda tales fallas en el sistema, será difícil mantener al socialismo cubano unido. Pero podemos estar seguros que las personas en los cargos más altos del régimen han estudiado en mucho detalle las experiencias de transición desde la caída del Muro de Berlín y harán todo lo que puedan para evitar perder el poder o ponerse a sí mismos en peligro.

El régimen cubano puede depender de un factor del cual los países de Europa oriental y central no podían depender en 1989: Cuba tiene un benefactor financiero interesado en mantener el socialismo—Venezuela. Washington reconoce que el papel de Venezuela podría ser clave en una Cuba post-Fidel. Sin nombrar a Venezuela, por ejemplo, ayer en el Cato Institute el Secretario de Comercio estadounidense, Carlos Gutiérrez declaró que “nos comprometemos desalentar a terceros de obstruir la voluntad del pueblo cubano”.

Gutiérrez es co-autor de un informe oficial reciente en el que se enfatiza la línea dura frente al régimen cubano y se aboga por un papel activista en la transición democrática. Pero Washington debería evitar una reacción exagerada y permitir que los sucesos políticos se desarrollen por su propia cuenta, incluyendo las tensiones que podrían desarrollarse entre Caracas y una Habana que desde hace mucho se ha enorgullecido—aunque sea de manera imprecisa—de su independencia feroz.

Así como debía haber sido bajo el régimen de Fidel, la política estadounidense de hoy debe basarse sobre los principios tradicionales americanos. Es decir, Washington debe permitir a sus ciudadanos la libertad de visitar y comerciar con Cuba. Estados Unidos nunca ha sido bueno en la exportación del capitalismo democrático que es el polo opuesto de la barbarie que existe en Cuba. A Estados Unidos le corresponde servir de buen ejemplo.

Publicado el 2 de agosto de 2006 en La Tercera (Chile).

Ian Vásquez: La transferencia temporal de poder en Cuba

¿Qué significa para el futuro de Cuba?

Los resultados de las elecciones mexicanas

por Ian Vásquez

Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

Felipe Calderón ha ganado oficialmente las elecciones presidenciales en México, un resultado que será impugnado en las cortes por Andrés Manuel López Obrador y en las calles por sus partidarios.

La elección ha sido un triunfo para la modernidad y la democracia. La visión de Calderón del futuro de México es moderna: apertura, más competencia, y mayor crecimiento basado en la creación de riqueza. La visión de López Obrador está basada en el pasado: más gasto público, protección de las industrias nacionales, y un reinado arbitrario basado en su propia noción de “la voluntad del pueblo”.

La elección hasta ahora ha sido una victoria para la democracia, o tal vez dicho de mejor manera, para el estado de derecho. El Instituto Federal Electoral (IFE), de acuerdo a todas las fuentes independientes, condujo las elecciones con el más alto profesionalismo, transparencia, y estricto respeto de las leyes electorales, haciendo de esta manera a las acusaciones de fraude poco creíbles. Luis Carlos Ugalde, el director del IFE, es un académico y funcionario público sofisticado y un estudiante de la teoría de elección pública quien entiende bien la dinámica de la toma de decisiones colectivas y la importancia del estado de derecho.

En gran parte debido al desempeño del IFE, es de esperarse que el tribunal electoral que considere las impugnaciones legales de López Obrador lo haga de manera justa y respetando el resultado oficial. El desempeño del IFE y las mismas payasadas de López Obrador también influenciaron la opinión pública de una manera que no beneficiará al candidato de la izquierda. A pesar de todos sus problemas, México realmente es más moderno hoy que hace 10 o hasta 6 años antes. Como Mary O’Grady indicó en su columna del Wall Street Journal el viernes, muchos mexicanos “han dejado atrás” la forma en que se hacían las cosas en el pasado. Para añadir a las dificultades de López Obrador, los principales miembros de su propio partido, incluyendo unos líderes rivales y aquellos electos como gobernadores y al congreso, tienen poco interés de que se anulen los resultados de las elecciones.

El otro titular que ha surgido de las elecciones es la marginalización a nivel nacional del PRI que había gobernado a manera de monopolio por 71 años al país hasta que Vicente Fox ganó las elecciones del 2000. El PRI recibió solo alrededor de un 22 por ciento de los votos—un resultado que fue impensable hasta hace seis años antes. El nuevo entorno político—un congreso dividido reflejando a un país dividido—significa que Calderón no será capaz de emprender fácilmente las reformas que el favorece. Pero el parece ser más astuto para la política que el Presidente Fox, así que la esperanza de una agenda de crecimiento como la que Fox prometió pero no hizo realidad es muy palpable.

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