31 de diciembre de 1969

El Salvador

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El Salvador: Lo absurdo de tener dólares y colones al mismo tiempo

por Manuel Hinds

Manuel Hinds es ex Ministro de Finanzas de El Salvador y co-autor de Money, Markets and Sovereignty (Yale University Press, 2009).

Hace años hubo una discusión en Suecia sobre el lado de la calle en el que deberían circular los carros. Tradicionalmente los carros habían circulado por el lado izquierdo y ahora se proponía cambiar a circular por el lado derecho. La discusión, por supuesto, se llevó a cabo entre los que favorecían un lado o el otro. A nadie se le ocurrió proponer que se permitiera circular tanto a la izquierda como a la derecha, porque para todo ser humano normal es obvio que dejar que los carros circulen al lado de la calle que quieran es la fórmula más segura para crear terribles accidentes de tráfico.

A cualquiera, sin embargo, se le ocurre proponer que en el país circulen igualmente los colones y los dólares, sin darse cuenta de que esto también es una receta para desastres económicos. La falta de conciencia del riesgo proviene directamente de ignorar lo que es una moneda y las complejas interacciones que tiene con los riesgos del sistema bancario y de la economía en general. Hay dos problemas con esa cándida ignorancia:

Primero, el pensar que el permitir que circulen billetes de dólares y de colones simultáneamente bajará los precios o disminuirá la inflación, denota total inocencia aritmética. Obviamente si la tasa de cambio entre las dos monedas es 8,75, lo que vale un dólar valdría 8,75 colones. Más aún, si asumimos que el colón no se devalúa, un aumento de precios en dólares se traduciría inmediatamente en un aumento proporcional del precio en colones. Así, si la gasolina cuesta 3 dólares y su precio se duplica a 6 dólares, el precio en colones se duplicaría también de 26,25 colones a 52,50 colones. En otras palabras, la introducción del colón no haría ninguna diferencia si la tasa de cambio entre las dos monedas se mantuviera constante.

El problema sería que en la realidad el colón tendería a devaluarse. Los precios en colones aumentarían aun si los en dólares se mantuvieran. En el ejemplo de arriba, si el colón se devaluara un 14,2%, lo que vale un dólar pasaría de valer 8,75 colones a valer 10 colones. Si su salario estuviera en colones, usted sufriría una reducción en su poder de compra.

Aquí es donde entra el segundo problema. A pesar de que mucha gente así lo cree, los billetes y las monedas son la parte menos importante del dinero que circula en una economía. Los depósitos en el sistema bancario y los sistemas de pago que se realizan a través de ellos son infinitamente más importantes. En una economía moderna se paga muchísimo más con cheques, tarjetas de crédito, transferencias electrónicas y otros movimientos bancarios, que con todos los billetes y monedas en circulación. El sistema bancario es el corazón del sistema de pagos y de las transacciones monetarias y financieras. Y es allí donde el permitir que los carros circulen en ambos sentidos es la receta del desastre.

Para entender este punto imagine que usted es un banco, es decir, usted toma dinero prestado de Pedro (Pedro hace depósitos en su banco) y lo presta a Juan. Ahora asuma que opera en dos monedas, pesos y dólares. Pedro prefiere depositar en dólares porque así no perdería poder adquisitivo si el colón se devalúa. En contraste, Juan prefiere tomar el préstamo en colones para no tener que pagar más si el colón se devalúa.

Supongamos que al principio de la historia un peso es igual a un dólar. Supongamos además que usted le debe 1.000 dólares a Pedro, que usted piensa pagar con el dinero que Juan le debe, igual a 1.000 pesos. Ahora asuma que hay una devaluación del 100 por ciento, de tal forma que un dólar sería igual ya no a uno sino a dos pesos. Usted seguiría debiéndole 1.000 dólares a Pedro. Sin embargo, como ahora los colones valdrían la mitad que antes, Juan le debería sólo 500 dólares. Su banco tendría pérdidas iguales al 50% de los depósitos, no podría pagar su deuda y quebraría en un choque sólo comparable al de dos carros colisionando de frente por ir uno a la izquierda y el otro a la derecha.

Esta historia no es imaginación. Esta fue la razón por la que los sistemas bancarios de muchos países (Uruguay, Argentina, México, Venezuela, República Dominicana, Tailandia, etc.) han quebrado en las últimas décadas. El riesgo es tan grave que el Fondo Monetario Internacional ha puesto como una de sus prioridades el convencer a los países en desarrollo de que no tengan dos monedas circulando en el sistema bancario.

Ya sabe usted, entonces, que cuando alguien propone que circulen a la vez el colón y el dólar es como si estuviera proponiendo que los carros circulen del lado que les dé la gana.

Este artículo fue publicado originalmente El Diario de Hoy (El Salvador) el 1 de noviembre de 2007.

El tigrito centroamericano

por Juan Carlos Hidalgo

Juan Carlos Hidalgo es Analista de Políticas Públicas para América Latina del Cato Institute.

El gran avance experimentado por El Salvador en el último informe sobre la Libertad Económica del Mundo, ha sorprendido a todos menos a aquellos que han estudiado las reformas implementadas en este país, desde los Acuerdos de Paz de 1992. La economía salvadoreña es hoy la segunda más libre de América Latina —luego de Chile— y se ubica entre los 20 primeros lugares en la posición 18 entre 141 países.

Este Índice, publicado anualmente desde hace 11 años por el Fraser Institute de Canadá, utiliza 42 indicadores divididos en cinco grandes áreas, para determinar la libertad económica de un país. Estas áreas son: el tamaño del gobierno, la estructura legal y la protección a los derechos de propiedad privada, el acceso a una moneda sólida, la facilidad para comerciar internacionalmente y el grado de regulaciones en los ámbitos laboral, crediticio y de negocios que tiene el país.

A lo largo de más de una década, esta publicación ha demostrado empíricamente el fuerte ligamen que existe entre libertad económica y el desarrollo de los países. El Salvador es un caso de estudio en este sentido.

En 1990 El Salvador ocupaba el lugar 84 en este ranking de naciones, con una nota de 4,8 de un máximo de 10. Para ese entonces el país se encontraba en los últimos años de la guerra civil y la economía había sido fuertemente intervenida por los gobiernos militares de los ochenta. Según datos de la Dirección General de Estadísticas y Censo, para 1991 casi el 60% de las familias salvadoreñas eran pobres.

Sin embargo, a partir de la firma de los Acuerdos de Paz, El Salvador inició un agresivo proceso de liberalización económica, que incluyó la privatización y liberalización de los sectores financiero, telecomunicaciones, hidrocarburos y de pensiones, la apertura comercial, tanto unilateral como mediante la firma de acuerdos bilaterales, y la adopción del dólar como moneda oficial. Los resultados están a la vista de todos: la inflación es una de las más bajas de América Latina, al igual que las tasas de interés. La densidad telefónica general ha aumentado un 936% desde la apertura en 1996. Los precios de los combustibles están entre los más bajos de Centroamérica. Las exportaciones y la inversión extranjera continúan aumentando. Las finanzas gubernamentales se encuentran bajo control, al punto que el sector público no financiero registra un superávit del 0,7 por ciento este año. Se espera que la economía crezca en 5 puntos en el 2007.

Como consecuencia, en el campo social se han registrado grandes avances. Según el Banco Mundial, en la última década "la matrícula en educación primaria aumentó en casi 10 puntos porcentuales, la mortalidad infantil se redujo un 40 por ciento, la población sin acceso a agua potable disminuyó en la mitad, al igual que la pobreza extrema". De hecho para el 2005 la cifra de familias pobres había caído al 35,2 por ciento.

No obstante, El Salvador cuenta con grandes retos que se reflejan en esta publicación: la independencia del Poder Judicial sigue siendo deficiente, al igual que las regulaciones en los campos comercial y laboral. En este último punto se encuentra uno de los principales retos de El Salvador, si desea que los beneficios de una economía libre lleguen a todos los sectores de la población. El país se ubica en la posición 75 en el último informe Haciendo Negocios publicado por el Banco Mundial, el cual mide la calidad de las regulaciones en 175 países. En particular, El Salvador recibe muy bajas calificaciones en la facilidad de abrir un negocio, el cumplimiento de contratos y la protección a los inversionistas.

Altos costos de entrada en la economía se reflejan en un sector informal que sobrepasa el 40 por ciento de la población. Si bien los avances en estos 15 años han sido muy importantes —especialmente si se les compara con otras naciones en la región— resulta imperativo que las autoridades salvadoreñas le presten la atención debida a este problema y reduzcan los costos de hacer negocios en su país.

Este artículo apareció en el Diario de Hoy (El Salvador) el 30 de septiembre de 2007.

El Salvador muestra el camino a Centroamérica

por Juan Carlos Hidalgo

Juan Carlos Hidalgo es Analista de Políticas Públicas para América Latina del Cato Institute.

La implementación de políticas públicas basadas en la libertad económica perfila a El Salvador como un ejemplo de desarrollo económico en Centroamérica. A pesar de su turbulento pasado, de una cruenta guerra civil y de recientes desastres naturales, esta pequeña nación ha dado pasos importantes en la lucha contra la pobreza sobre los cuales otros países de la región pueden derivar lecciones importantes.

A partir de la década de los noventa El Salvador adoptó un modelo de desarrollo caracterizado por la privatización de empresas estatales, desregulación, liberalización comercial y financiera, reforma al sistema de pensiones y la adopción del dólar como moneda oficial. No es casualidad que en el Informe Anual sobre Libertad Económica en el Mundo que publica el Fraser Institute, El Salvador haya saltado de la posición 84 en 1990 a la 27 en el 2002.

Los resultados de dichas políticas liberales llevadas a cabo en las últimas administraciones están a la vista de todos: En tan solo 11 años la pobreza en El Salvador cayó de un 63% al 38%. En ese mismo periodo, la tasa de mortalidad infantil se redujo en un 40%, y el analfabetismo bajó del 23% al 14%.

El apoyo del pueblo salvadoreño a la implementación de una agenda de libre mercado se manifestó en las urnas durante las elecciones de marzo pasado con el triunfo del oficialista Tony Saca con un 57% del voto, mientras que Shafik Handal, el candidato del izquierdista FMLN, obtuvo apenas un 35%. Handal prometió durante su campaña “acabar con el modelo neoliberal”, pero el rechazo del electorado a su promesa fue contundente.

En los últimos meses podemos constatar en los medios de comunicación los beneficios que las políticas de apertura han tenido para los salvadoreños. Por ejemplo, hace unas semanas se reportó que en ese país, “por segunda semana, y como resultados de los cambios ocurridos en el mercado internacional, los precios de la gasolina y el diesel registrarán… una reducción en los precios”. Esto sucede mientras en el resto de los países centroamericanos los precios de los combustibles continúan aumentando. La diferencia radica en que El Salvador liberalizó el mercado de los hidrocarburos y cuenta con varias empresas que se dedican a importar la gasolina refinada al país. Además, el precio al consumidor está liberado. El gobierno se limita a realizar un monitoreo semanal de los precios al consumidor a efecto de informar a la población para que compare y compre en la estación de servicio que le ofrezca el menor precio. ¿El resultado? Los salvadoreños disfrutan los precios del combustible más baratos de toda la región.

La misma situación se repite en telefonía. Recientemente se informó que El Salvador necesitará aumentar un dígito a sus números telefónicos por la gran demanda de teléfonos celulares. Actualmente existen 1.5 millones de líneas celulares. Con la ampliación de los dígitos, la cifra subirá a 10 millones de líneas disponibles, tres millones y medio más que la población del país. En 1996 El Salvador abrió el mercado de las telecomunicaciones, y a partir de entonces cinco empresas de telefonía fija, otras cinco de telefonía móvil, 20 proveedores de servicios de telefonía internacional y cinco proveedores de servicios de Internet ofrecen sus servicios.

En materia monetaria los salvadoreños también han hecho las cosas bien. Desde que dolarizaron su economía en el 2001, la inflación anual promedia menos del 3% y la tasa de interés cayó del 18% a un 6% nominal para hipotecas.

Estas reformas prometen ser fortalecidas con la aprobación del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos (CAFTA), ya que éste aseguraría la permanencia de los beneficios comerciales que El Salvador actualmente goza bajo la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, además de aumentar los flujos comerciales y de inversión extranjera directa hacia ese país. De hecho, El Salvador es el primer país de la región en ratificar CAFTA, el cual, según algunos estimados, podría impulsar el crecimiento económico del país a un 8% anual.

Aún queda mucho trecho por recorrer antes de que El Salvador pueda ser catalogado una nación desarrollada, sin embargo, lo hecho hasta ahora merece ser imitado por los otros países centroamericanos. El Salvador le está mostrando al resto de la región que el camino hacia el desarrollo se basa en la libertad económica y el aprovechamiento de las oportunidades que brinda la globalización a los países dispuestos a asumir el reto.

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