31 de diciembre de 1969

ambientalismo

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La pobreza, no la productividad, es la insostenible

por Jerry Taylor

Jerry Taylor es Académico Titular del Cato Institute.

La Cumbre de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible empezó esta semana en Johannesburgo, Sudáfrica, y el presidente Thabo Mbeki le dio la bienvenida a los 12600 asistentes advirtiendo que "los patrones insostenibles de producción y consumo están creando un desastre ambiental que amenaza la vida en general, especialmente la humana." Según Mbeki, la raíz del problema radica en que el orden económico internacional está "construido en las bases de un principio salvaje de supervivencia del más fuerte." Así, la conferencia de la ONU comenzó, tal y como lo previsto, con el pie izquierdo.

Primero que todo, el culpar a los países industrializados de Occidente por producir y consumir demasiado es erróneo. Si Occidente no produjera tanto como lo hace, los estándares de vida en países como Sudáfrica serían mucho menores de lo que son hoy en día. Si Occidente no consumiera tanto como ahora, las naciones industrializadas se unirían al Tercer Mundo en el charco de la miseria. Nadie en los Estados Unidos tiene que disculparse por vivir en casas agradables, por gastar dinero en salud, o por vivir una buena vida en general. A pesar de lo que la ONU quiera hacernos creer, dichas comodidades no vinieron a expensas de los países menos desarrollados, o del ambiente.

Por ejemplo, la deforestación del bosque lluvioso tiene poco que ver con el consumo de Occidente. Menos del 10% de la madera recolectada se importa y la mayoría es utilizada como combustible. Además, la mayor parte de la deforestación tiene lugar en áreas que son aclaradas por los agricultores de los países menos desarrollados, quienes carecen del capital para incrementar sus cosechas de otra forma que no sea la de poner más tierra a cultivar. La pobreza de los países menos desarrollados, no la afluencia de Occidente, es el problema.

Además, la contaminación es igualmente un problema en el mundo en desarrollo, no en el desarrollado. Cualquiera que ha viajado puede atestiguar que el agua y el aire en Occidente es de mucho mejor calidad que en países como Sudáfrica, y continúa mejorando dramáticamente. Los países industrializados no son los que están exportando "Nubes Cafés" a los países menos desarrollados; es el Tercer Mundo el que está exportándolas a Occidente.

El presidente Mbeki ignora el hecho de que los países desarrollados no solo consumen recursos naturales sino que también los crean. Los mismos son simplemente una parte de las "cosas" de la Tierra que podemos aprovechar lucrativamente para beneficio humano. Conforme el conocimiento y la tecnología se expanden, nuestra habilidad para utilizar nuevas y diferentes formas de materia inerte para uso humano se expande con ellos. Es la única manera de conciliar el hecho de que, no importa como Usted calcule la disponibilidad de combustibles fósiles, minerales o comestibles, éstos son cada día más abundantes, no más escasos, inclusive tomando en cuenta que el consumo también crece.

Segundo, la afrenta de Mbeki de que el capitalismo es algo "primitivo" y "autodestructivo", con un espíritu de "supervivencia del más fuerte" es sumamente equivocada. Primero, la lección del siglo XX es que no existe otro sistema económico capaz de producir riqueza y de mejorar la vida de la humanidad más que el capitalismo, un hecho que el presidente Mbeki debería tener bien claro.

Segundo, virtualmente todos los analistas serios reconocen hoy en día el ligamen entre crecimiento económico y calidad ambiental. Una vez que los ingresos per capita alcanzan cierto nivel (entre $2500 y $9000 dependiendo del contaminante), las concentraciones de contaminantes en el aire y agua comienzan a caer en términos reales. Los analistas también han encontrado una conexión entre la pobreza y la deforestación, la degradación de tierras y los problemas de salud provocados por amenazas ambientales.

Este último punto merece mayor atención. Aproximadamente 2 millones de personas alrededor del mundo subdesarrollado mueren cada año debido a la utilización de excrementos y queroseno como combustibles para calentar sus casas y cocinar sus alimentos, una práctica que concentra niveles mortales de contaminantes aéreos interiores. Otros 3 millones de personas mueren al año en África debido al consumo de agua de los lagos y ríos que han sido contaminados por aguas negras y otros desperdicios. Sin embargo, electrificación y plantas de tratamiento para el agua requieren de inversión de capital que los países menos desarrollados no pueden costear, ya que se encuentran más interesados en redistribuir la riqueza para combatir al "capitalismo salvaje" y en seguir cualquier moda ambientalista que se les cruce en el camino, que en promover la libertad económica y los derechos de propiedad necesarios para facilitar el crecimiento económico.

Desdichadamente, el presidente Mbeki y la mayoría de los asistentes a la Cumbre están primordialmente interesados en obtener alguna política distributiva de Occidente, y creen que haciendo sentir culpables a europeos y norteamericanos es la manera de obtenerla. Otros participantes ven a esta conferencia como otro frente de batalla en su guerra contra el liberalismo económico. En el tanto cualquiera de los dos grupos tenga éxito, el desarrollo sostenible será maniatado por la cumbre de Johannesburgo.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.

La cumbre de los tierrófogos

por Lorenzo Bernaldo de Quirós

Lorenzo Bernaldo de Quirós es presidente de Freemarket International Consulting en Madrid, España y académico asociado del Cato Institute.

Con el pretencioso título de "La Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible", se han reunido en Johannesburgo representantes de la mayoría de las naciones del planeta acompañados de las ONGs, dispuestas a velar porque los gobiernos no traicionen el sacrosanto deber de salvar al mundo de un Apocalipsis económico, social y ambiental. Lo curioso de la convocatoria es la irrealidad de su mensaje.

Nunca antes en la historia de la Humanidad los niveles de riqueza y bienestar han sido tan grandes para todos aún cuando la pobreza y la opresión afecten todavía a muchas personas. La inmensa mayoría de los habitantes del globo viven más y mejor de lo que lo hacían hace un siglo y los recursos naturales se explotan con mayor racionalidad. Esta es la realidad aunque esté de moda negarla. Por ello, las proclamas de los ecologistas radicales y de sus compañeros de viaje son falsas y recrean el mito del "paraíso perdido" que nunca existió y cuya aproximación a la realidad impediría dar de comer a dos tercios de la población mundial.

Existe un concepto de desarrollo sostenible real y otro irreal. El real se refiere a los países en los cuales existen derechos de propiedad reconocidos y protegidos, rige el imperio de la ley y existen mercados eficientes. Este marco promueve el crecimiento económico que es el mejor aliado del medio ambiente. Por ejemplo, la evidencia empírica muestra la existencia de una estrecha correlación entre PIB per cápita y preocupación por el medio ambiente. Por eso, las economías de mercado tienen menores niveles de pobreza, PIB per capitas más altos y conservan mejor el ambiente que sus alternativas colectivistas o estatistas. Este es un hecho avalado por la teoría y por una abrumadora evidencia empírica. De hecho, la mayor depredación del hábitat natural se produjo en las antiguas economías de planificación central.

El irreal se aplica a quienes defienden políticas cuya aplicación sólo serviría para acentuar la pobreza y destruir el hábitat humano. Entre estas se encuentran políticas tales como obligar a los países pobres a introducir fuentes energéticas no contaminantes -eólica o solar- cuyo costo resulta prohibitivo para los propios países ricos y que además no constituyen una alternativa real para cubrir la demanda de energía o la limitación de la emisión de dióxido de carbono, cuya correlación con el recalentamiento de la Tierra es discutible y discutida por la mayoría de los científicos. Cuando la gente se muere de hambre, esas estéticas preocupaciones de la gente de las economías ricas resulta una burla. Al amparo del concepto de desarrollo sostenible se formulan políticas que frenan o hacen imposible el propio desarrollo.

La vulgata ecologista se basa en supuestos fácticos erróneos. Por ejemplo, la polución no ha dejado de descender en los países desarrollados desde los años setenta, la relación entre las emanaciones de dióxido de carbono y el denominado efecto invernadero, que como se ha comentado no está científicamente demostrada, la pobreza (la gente que vive con menos de un dólar diario) ha caído de manera drástica en los últimos veinte años y los recursos naturales sólo están en peligro de extinción en aquellos lugares en los cuales no existen derechos de propiedad sobre ellos. Como reza el viejo axioma de la Tragedia de los Comunes, formulado por Hardin, "lo que es de nadie, nadie tiene interés en conservar". En realidad, las propuestas de los ambientalistas radicales y los globalófobos son antihumanas en el sentido de que, llevadas a sus últimas consecuencias, devolverían al ser humano a las cavernas. Su aceptación por el mundo desarrollado es una invitación a reducir el nivel de vida de la población y para los países en vías de desarrollo un suicidio, una perpetuación de la miseria.

Tampoco existe un riesgo de superpoblación que ponga al borde de la muerte a amplios sectores de la Tierra debido al agotamiento de los recursos naturales. Este es una vieja falacia maltusiana desmentida una y otra vez por los hechos. En una economía libre y abierta, el crecimiento demográfico es un estímulo al crecimiento por la sencilla razón de que el mercado aumenta, y las posibilidades de obtener beneficios también lo hacen. Por otra parte existe una fuente inagotable de recursos, siendo la mente humana la esencial como diría Julian Simon, que es, la capacidad de encontrar nuevos medios y métodos para satisfacer las necesidades humanas. El capitalismo ha mostrado la capacidad de alimentar y elevar el nivel de vida de una población cada vez mayor. En la práctica, los paladines del Apocalipsis tienen una enorme desconfianza en la capacidad creativa del hombre y una visión estática y primitiva de la realidad. Su utopía es la de un mundo sin hombres o un planeta que sólo sería capaz de alimentar a un porcentaje mínimo de habitantes porque a eso conduciría la aceptación de sus iniciativas.

Sin duda millones de personas son pobres, carecen de acceso a las cosas más elementales y llevan una vida brutal y corta. Sin embargo, la manera de afrontar esa situación no consiste en sucumbir a los cantos de sirena del binomio ecologistas radicales-globalófobos, sino seguir la dirección opuesta a la que éstos aconsejan. La apertura externa de las economías; la creación de un marco institucional que garantice los derechos de propiedad y el imperio de la ley; la puesta en marcha de estrategias macroeconómicas rigurosas; la creación de mercados libres y competitivos son los mejores antídotos contra la miseria y la protección del entorno natural. Esa es una tarea que no se resuelve en cumbres, sino con políticas domésticas, con la asunción por parte de los países en desarrollo de la responsabilidad de crear las condiciones necesarias para que la prosperidad sea posible.

En suma, la adopción en Johannesburgo de medidas regulatorias o impositivas para "mejorar el ambiente" o los intentos de imponer a los países en vías de desarrollo las ideas de los excéntricos occidentales sobre el paraíso perdido, sólo contribuirán a reducir el crecimiento y, en consecuencia, a perjudicar a todos los ciudadanos en especial a los más desfavorecidos. Resulta lamentable que, como en el caso de la globalización, los gobiernos occidentales y muchas empresas estén dispuestas a abrazar conceptos y medidas lesivas para el bienestar de la gente en nombre de la corrección política. El capitalismo con sus mercados libres, su reconocimiento de los derechos de propiedad y el imperio de la ley es la mejor garantía para reducir la pobreza y preservar el ambiente.

Presidente Bush hace lo correcto en desairar Johannesburgo

por Jerry Taylor

Jerry Taylor es Académico Titular del Cato Institute.

Los cotorreros del mundo se encuentran furiosos con la decisión del Presidente Bush de permanecer en Texas en lugar de viajar a Johannesburgo para asistir a la Conferencia sobre Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Los grupos ambientalistas norteamericanos lamentan que el presidente esté desestimando al tema más importante de la actualidad sin mayores consideraciones. Los europeos reclaman de que el presidente está evadiendo sus responsabilidades como líder de la nación más poderosa del planeta. Sin embargo, esto se asimila a los leones que se lamentan porque el cordero rechazó su invitación a cenar.

La verdadera razón por la cual los europeos están molestos es porque esperaban golpear al presidente como a una piñata mexicana por su rechazo al Protocolo de Kioto y al resto de su agenda ambiental internacional. No hay nada mejor que darle una buena paliza a los Estados Unidos, y el mejor escenario para tal obra es cuando el malo de la película se encuentra ahí para recibir su bofetada. También a los verdes les gustaría poder mostrarle a la audiencia norteamericana cómo su país se ha convertido en un "Estado bribón" en materia ambiental bajo el mando de Bush. Por lo tanto, no es un misterio que George Jr. esté renuente a recrear la desastrosa aparición de su padre en la Cumbre de Río hace 10 años.

Y no es que en Johannesburgo haya sobre la mesa algún asunto de importancia. Ningún tratado, protocolo, ni compromiso va a ser tratado. Solo habrá mucha discusión sobre cómo la pobreza en el Tercer Mundo es una conspiración de Occidente y además de suficientes tonterías emocionales sobre el pronto colapso del medio ambiente debido a nuestra testaruda insistencia en mantener un estándar de vida por arriba del de Pakistán.

Usted se podría preguntar si no estoy siendo un tanto duro. ¿Al final de cuentas quién podría estar en contra del "desarrollo sostenible"? Bueno, nadie. Pero la civilización humana se ha "sostenido" de buena manera desde la Revolución Industrial sin ninguna ayuda de Greenpeace, la Unión Europea o de las Naciones Unidas. Tomando la propia definición de la ONU-satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades-podemos decir que el desarrollo sostenible es una realidad aquí y ahora.

Veamos los números. La expectativa de vida alrededor del planeta se ha disparado en los últimos dos siglos. La gente está mejor alimentada, mejor vestida y con mejor techo que nunca antes. Los precios ajustados a la inflación de virtualmente todos los recursos, renovables y no renovables, continúan cayendo, lo que señala una creciente abundancia, no escasez. En el balance general, los bosques en el mundo se han expandido en los últimos 50 años. La contaminación del agua y aire en los países industrializados es una sombra de lo que era décadas atrás. Inclusive los países del Tercer Mundo han descubierto que, una vez que los ingresos per capita alcanzan cierto punto, el crecimiento económico coincide con un ambiente más limpio. Además, si las tendencias actuales en productividad, crecimiento poblacional y consumo continúan, estaremos en capacidad de devolverle a la naturaleza un pedazo de tierra del tamaño de la cuenca del Amazonas para el año 2070. De hecho, la marca humana en el ambiente se está haciendo más ligera y menos pronunciada.

Problemas tales como recursos marinos agotados, deforestación del bosque lluvioso, escasez de agua fresca y la pérdida de ecosistemas biológicos importantes, los encontramos en donde no existen derechos de propiedad establecidos, hay un mal manejo del problema de los comunes por parte del gobierno y en donde prima la pobreza, no la sociedad industrial.

El impacto de la pobreza en la degradación ambiental es mucho mayor que el de cualquier industria o el de consumidores norteamericanos gordos y contentos. Por ejemplo, 2 millones de personas mueren cada año debido a la contaminación causada por la combustión de estiércol, kerosén, y carbón para la calefacción de casas y para cocinar. La electrificación salvaría más vidas que cualquier arreglo que pueda salir de Johannesburgo. Sin embargo, la electrificación requiere de dinero que los países pobres carecen; y sería aún más difícil de costear si fuera aprobada la campaña de los verdes a favor de energía renovable para los países del Tercer Mundo. Tal mandato haría más cara la electricidad y, por lo tanto, alargaría el tiempo que se tarda en remediar el mencionado problema.

Similarmente, 3 millones de personas mueren anualmente en África debido a la pobre calidad del agua, otro problema que podría ser resuelto mediante mayor inversión en instalaciones para el tratamiento del líquido. No obstante, dichas inversiones no podrán ser construidas sin crecimiento económico, el cual no tendría lugar si las masas de Johannesburgo tienen éxito en hacer más caros los productos agrícolas, la energía, la madera y todo otro tipo de cosas, bajo el pretexto de proteger al ambiente.

Estos son problemas ambientales serios que necesitan ser resueltos. Sin embargo, casi todos los indicadores mundiales señalan mejoras, no deterioros, en el horizonte ambiental. El presidente Bush hace lo correcto en ignorar una conferencia dedicada a voltear al planeta en la dirección equivocada.

Una cumbre mal concebida

por Ronald Bailey

Ronald Bailey s académico asociado del Cato Institute y editor de Earth Report 2000: Revisiting the True State of the Planet (New York:McGraw Hill, 1999).

Johannesburgo, Sudáfrica - Pese a que el objetivo de La Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible (CMDS) en Johannesburgo, Sudáfrica, es el de erradicar la pobreza mundial, muchas de las medidas apoyadas por los negociadores y activistas allí reunidos incrementarían claramente la pobreza, lejos de aliviarla.

Los problemas analizados son graves: alrededor de 1100 millones de personas en el mundo no tienen acceso a agua potable, otros 2200 millones de personas carecen de condiciones adecuadas de higiene, cerca de 2500 millones de personas no tienen acceso a formas modernas de energía, unos 11 millones de niños menores de cinco años fallecen cada año en países en desarrollo a causa de enfermedades que podrían ser prevenidas, y pese a la abundancia de comida en el mundo, aproximadamente 800 millones de personas permanecen desnutridas. La erradicación de la pobreza es entonces un objetivo fundamental para prevenir la degradación del ambiente. Pocas cosas son más destructivas para los recursos naturales que un ser humano hambriento.

El problema radica en que muchos de estos debates concluirán en un plan de implementación que contribuirá poco en aliviar la pobreza. Por ejemplo, el grupo alemán de activistas ambientales de la Heinrich Boell Foundation, un prominente grupo de la "sociedad civil" que participa en la CMDS, se opone al libre comercio de productos agrícolas y a la privatización del suministro de agua. La fundación sostiene que "a los países pobres debemos aconsejarlos para que preserven la soberanía sobre sus alimentos". Pero en la práctica, estas medidas impedirán a los ciudadanos de dichos países acceder a comida de bajo precio en los mercados mundiales. La referida autarquía de los alimentos también implicaría que los productores agrícolas de países pobres se verían forzados a sembrar mayores superficies de tierra hasta el momento no explotada para procurarse alimentos, medida cuyas consecuencias no parecen ser en absoluto compatibles con el objetivo de preservar el ambiente. Tampoco debemos olvidar que una de las áreas en las que los países en desarrollo podrían superar a los países ricos es en la producción agrícola. La historia ha demostrado que aumentar la productividad agrícola de un país es el primer paso hacia el desarrollo económico. Sin embargo, los absurdos subsidios recibidos por los agricultores en los países desarrollados, que totalizan unos 300 mil millones de dólares anuales, mantienen a los países en vías de desarrollo lejos de ese primer paso.

Un eslogan que se escucha frecuentemente es: "El agua es un derecho humano" y muchos reclaman que "el agua es demasiado importante para dejarla en manos de companías privadas". Comentarios como estos carecen de racionalidad. Richard Tren, analista de la Free Market Foundation de Sudáfrica dijo al respecto: "Tenemos una gran cantidad de agua, el problema es que estamos utilizándola estúpidamente". La escasez de agua es muchas veces el resultado de la mala asignación de la misma que con fines políticos hacen algunas burocracias gubernamentales. Dejando el precio del agua al mercado, la gente tendría un fuerte incentivo para utilizarla con mayor racionalidad. Es un hecho que muchos lugares del mundo tendrían un abundante suministro de agua potable para sus hogares y el sector industrial si el agua disponible se sacara de la esfera de los ineficientes programas gubernamentales de riego de cultivos subsidiados.

Otro reclamo muy escuchado es que aquellos 2500 millones de personas sin acceso a formas modernas de energía, tales como energía eléctrica y combustible para medios de transporte, deberían ser provistos con "fuentes energéticas no contaminantes", como por ejemplo generadores de electricidad que aprovechan la energía eólica o solar. Como era de suponer, esos 2500 millones de personas ya están usando elementos "no agotables" tales como la madera y el excremento animal. En suma, esta quijotesca propuesta consiste en proveer a la gente más pobre del mundo de las fuentes de energía más caras y complejas-desde el punto de vista tecnológico-del mundo entero; aquellas cuya utilización no ha logrado convertirse en ventajosa frente al uso de fuentes convencionales de energía, ni siquiera por los países más ricos y tecnológicamente desarrollados. Cuando le pregunté a Nitin Desai, secretario general de la CMDS, que tenía mayor importancia, darle acceso a los pobres a formas modernas de energía o asegurarnos que las fuentes de energía que utilizaran fueran "no agotables", este me respondió: "lo más importante es darle acceso a los pobres a formas modernas de energía".

Es tiempo de preguntarnos cuáles son las causas de la pobreza global. Recuerdo que un economista argentino me dijo alguna vez, "Todos los que habitan al sur del Río Grande consideran que son pobres porque Estados Unidos es rico". Esta persona proclamaba entonces que los latinoamericanos están convencidos que Estados Unidos es un país rico porque ha saqueado los recursos de Latinoamérica. Muchos activistas y negociadores que participan de la CMDS en Johannesburgo parecen compartir esa opinión. El presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, en su discurso de apertura a los delegados de la CMDS hizo hincapié en la enorme brecha que existe entre países ricos y países pobres, describiendo al fenómeno como un "sistema de apartheid global". Antón Boonzaier, un ambientalista sudafricano, explicó en una entrevista televisiva, "Hace cientos de años que el comercio esta beneficiando al mundo desarrollado a expensas del mundo en desarrollo".

Sin embargo, los datos recolectados por las Naciones Unidas contradicen todas esas afirmaciones. En una publicación que las Naciones Unidas publicó con motivo de la CMDS se afirma claramente: "Durante la década de los noventa, las economías de los países en desarrollo que se abrieron al comercio mundial crecieron al doble de la velocidad que las economías de los países ricos. Los países que no apoyaron la globalización de sus economías crecieron a la mitad de la velocidad, y continúan hoy en día frenando su crecimiento".

Pese a todo, una robusta banda de activistas anti-globalización denunció que la CMDS es parte de la "agenda corporativa global". El sábado, las fuerzas policiales sudafricanas, usando gas lacrimógeno y granadas de aturdimiento, lograron disipar una marcha de protesta ilegal a cargo de varios grupos de extremistas. La ministra de asuntos exteriores de Sudáfrica, Nkosazana Diamini-Zuma aclaró en una conferencia de prensa que no se tolerarán protestas que violenten la ley y afirmó, "En Sudáfrica no hay anarquía, aquí existe la ley". Y en esta frase se evidencia lo patético y quizás risible de la situación: un puñado de anarquistas pidiendo un gobierno global más fuerte, centralizado e intervensionista. Si Kropotkin hubiese escuchado esta afirmación estaría sin dudas revolcándose en su tumba.

Nitin Desai dijo: "Esta es una cumbre de implementación". El borrador del plan de implementación de la CMDS parece no brindar soluciones a la mitad de la gente sin acceso a agua potable, no propone nada para aquellos que no viven en condiciones adecuadas de higiene, no soluciona el problema de aquellos que no tienen acceso a formas modernas de energía y olvida dar respuestas para la mitad de las personas del mundo que viven con menos de un dólar por día; todo esto antes del año 2015. Lamentablemente, muchas de las propuestas de este borrador lograrán resultados opuestos a los buscados.

Traducido por Eneas Biglione para Cato Institute.

Las Naciones Unidas nubla la discusión

por Patrick J. Michaels

Patrick Michaels es Académico Titular de Estudios Ambientales para Cato Institute.

Las Naciones Unidas celebrará a finales de este mes en Johannesburgo su fiesta ambientalista más grande en 10 años. En preparación, la ONU se ha apresurado a publicar un estudio preliminar sobre una nueva peste ambiental, la llamada "Nube Café Asiática".

La ONU afirma que la Nube Café matará a millones, destruyendo también el monzón asiático, el cual es responsable, de una manera u otra, de alimentar a aproximadamente 2.000 millones de personas. Sin embargo, como muchos reportes ambientales de la ONU, éste omite mencionar ciertos puntos claves.

Reportes espeluznantes, como el de la Nube Café, siempre aparecen justo antes de alguna gran conferencia ambiental de la ONU, para luego ser desacreditados. En 1995, una reunión en Ginebra, que posteriormente daría nacimiento al infame Protocolo de Kyoto sobre calentamiento global, comenzó con un pronunciamiento que dejó sin aliento a los asistentes, al anunciarse que ya se poseían modelos climáticos que simulaban de manera exacta a la verdadera atmósfera, prestando así credibilidad a los pronósticos apocalípticos sobre cambio climático. Meses después, la revista Nature se vio obligada a publicar un documento mostrando que la información citada por la ONU estaba incompleta y que, cuando todos los números se tomaban en cuenta, la correlación desaparecía.

La más reciente confabulación ambiental de la ONU ocurrió el año pasado en Marrakech. Días antes de esta reunión, nos enteramos de que los pobres habitantes de las islas Tuvalú estaban condenados a ahogarse debido al alza en los niveles de la superficie oceánica provocada por el calentamiento global. En cuestión de días, un artículo publicado en la revista Science señaló que el nivel del océano en las cercanías de Tuvalú ha estado descendiendo, no incrementándose, en los últimos 50 años.

Si alguien cree que la ONU ha aprendido algo de sus tergiversaciones, examinemos la historia de la Nube Café.

Resumiendo el reporte de la ONU, CNN afirmó que la Nube Café es tan maligna que "los científicos advierten que podría matar a millones de personas en el área, y que representa una amenaza global". Además, la nube "podría disminuir la precipitación en un 40% en el norte de Pakistán, Afganistán y el occidente de China y Asia Central."

Aire sórdido saliendo de Asia no es nada nuevo para los climatólogos. Reid Bryson, eminente científico a quien muchos le atribuyen la actual noción de que el cambio climático es provocado por el hombre, escribió sobre el tema en los años cincuenta. Desde entonces, los climatólogos han investigado en repetidas ocasiones datos sobre el monzón indio con el fin de encontrar algún cambio sistemático, sin que haya habido alguno.

Y no me crea únicamente a mí. Eche un vistazo a la página 144 del Compendio 2001 sobre Cambio Climático publicado por la misma ONU y Usted no encontrará ningún cambio sistemático en las precipitaciones en el sudeste asiático.  

La propaganda pre-Johannesburgo de la ONU llevó a CNN a escribir que la Nube Café Asiática "ha provocado condiciones climáticas irregulares, incluyendo inundaciones en Bangladesh, Nepal y el noreste de India, (así como) sequías en Pakistán y el noroeste de India." La realidad es que no existe ni un solo indicio de evidencia científica para respaldar estas afirmaciones.

Lo que verdaderamente está matando a la gente en Bangladesh, y causando la Nube Café, es la pobreza. Este país es tan pobre que una tormenta tropical que no causaría ningún daño en Estados Unidos, mata a 10.000 personas en el delta del Ganges.

Hablando de tormentas tropicales, éstas se alimentan del calor de la superficie oceánica. Entre más se calienta ésta, más energía se destina a hacer girar los temidos vientos. Sin embargo, la Nube Café bloquea los rayos solares, reduciendo así el nivel de calentamiento de la superficie del océano. Si las demás condiciones permanecen iguales, la Nube Café reduciría la frecuencia o magnitud de las tormentas tropicales en Bangladesh.

Cuando nos acercamos a uno de estos encuentros mundiales, no hay ni un solo artículo de la ONU que no sea político. Esto debido a que este tipo de reuniones consiste en sacarle dinero a Occidente y culparlo por la degradación ambiental.

La pobreza, no Occidente, es la causa de la Nube Café Asiática. La pobreza hace necesario el uso de combustibles baratos, tales como el estiércol, y de métodos de combustión ineficientes y fatales, como las cocinas de leña. Y, quizá más que ninguno de mis amigos ambientalistas, la pobreza recicla: las familias crecen, lo cual conlleva a más y más fuegos de estiércol y a un aire más apestoso.

En lugar de chantajear a Occidente, la ONU debería promover el desarrollo del libre mercado-el cual todos reconocen está altamente correlacionado con la limpieza-y desalentar su forma favorita de política económica: el socialismo. La historia de la Unión Soviética, Europa del Este y la China de hoy en día, muestra una clara correlación entre el estatismo socialista, la contaminación y la pobreza. En sociedades más libres hay menos Estado, menos pobreza y menor contaminación.

Es hora de que la ONU deje de exagerar su pseudo-ciencia en favor de gobiernos sucios e ineficientes y avance con el futuro, donde los mercados libres producen eficiencia y protección ambiental.  

Este artículo fue publicado originalmente en el National Post, el 16 de agosto de 2002.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.

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