por Ronald Bailey
Ronald Bailey s académico asociado del Cato Institute y editor de Earth Report 2000: Revisiting the True State of the Planet (New York:McGraw Hill, 1999).
Johannesburgo, Sudáfrica - Pese
a que el objetivo de La Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible
(CMDS) en Johannesburgo, Sudáfrica, es el de erradicar la pobreza
mundial, muchas de las medidas apoyadas por los negociadores y activistas
allí reunidos incrementarían claramente la pobreza, lejos de aliviarla.
Los problemas analizados son graves: alrededor de 1100 millones de
personas en el mundo no tienen acceso a agua potable, otros 2200 millones
de personas carecen de condiciones adecuadas de higiene, cerca de 2500
millones de personas no tienen acceso a formas modernas de energía,
unos 11 millones de niños menores de cinco años fallecen cada año en
países en desarrollo a causa de enfermedades que podrían ser prevenidas,
y pese a la abundancia de comida en el mundo, aproximadamente 800 millones
de personas permanecen desnutridas. La erradicación de la pobreza es
entonces un objetivo fundamental para prevenir la degradación del ambiente.
Pocas cosas son más destructivas para los recursos naturales que un
ser humano hambriento.
El problema radica en que muchos de estos debates concluirán en un
plan de implementación que contribuirá poco en aliviar la pobreza. Por
ejemplo, el grupo alemán de activistas ambientales de la Heinrich Boell
Foundation, un prominente grupo de la "sociedad civil" que participa
en la CMDS, se opone al libre comercio de productos agrícolas y a la
privatización del suministro de agua. La fundación sostiene que "a los
países pobres debemos aconsejarlos para que preserven la soberanía sobre
sus alimentos". Pero en la práctica, estas medidas impedirán a los ciudadanos
de dichos países acceder a comida de bajo precio en los mercados mundiales.
La referida autarquía de los alimentos también implicaría que los productores
agrícolas de países pobres se verían forzados a sembrar mayores superficies
de tierra hasta el momento no explotada para procurarse alimentos, medida
cuyas consecuencias no parecen ser en absoluto compatibles con el objetivo
de preservar el ambiente. Tampoco debemos olvidar que una de las áreas
en las que los países en desarrollo podrían superar a los países ricos
es en la producción agrícola. La historia ha demostrado que aumentar
la productividad agrícola de un país es el primer paso hacia el desarrollo
económico. Sin embargo, los absurdos subsidios recibidos por los agricultores
en los países desarrollados, que totalizan unos 300 mil millones de
dólares anuales, mantienen a los países en vías de desarrollo lejos
de ese primer paso.
Un eslogan que se escucha frecuentemente es: "El agua es un derecho
humano" y muchos reclaman que "el agua es demasiado importante para
dejarla en manos de companías privadas". Comentarios como estos carecen
de racionalidad. Richard Tren, analista de la Free Market Foundation
de Sudáfrica dijo al respecto: "Tenemos una gran cantidad de agua, el
problema es que estamos utilizándola estúpidamente". La escasez de agua
es muchas veces el resultado de la mala asignación de la misma que con
fines políticos hacen algunas burocracias gubernamentales. Dejando el
precio del agua al mercado, la gente tendría un fuerte incentivo para
utilizarla con mayor racionalidad. Es un hecho que muchos lugares del
mundo tendrían un abundante suministro de agua potable para sus hogares
y el sector industrial si el agua disponible se sacara de la esfera
de los ineficientes programas gubernamentales de riego de cultivos subsidiados.
Otro reclamo muy escuchado es que aquellos 2500 millones de personas
sin acceso a formas modernas de energía, tales como energía eléctrica
y combustible para medios de transporte, deberían ser provistos con
"fuentes energéticas no contaminantes", como por ejemplo generadores
de electricidad que aprovechan la energía eólica o solar. Como era de
suponer, esos 2500 millones de personas ya están usando elementos "no
agotables" tales como la madera y el excremento animal. En suma, esta
quijotesca propuesta consiste en proveer a la gente más pobre del mundo
de las fuentes de energía más caras y complejas-desde el punto de vista tecnológico-del mundo entero; aquellas cuya
utilización no ha logrado convertirse en ventajosa frente al uso de
fuentes convencionales de energía, ni siquiera por los países más ricos
y tecnológicamente desarrollados. Cuando le pregunté a Nitin Desai,
secretario general de la CMDS, que tenía mayor importancia, darle acceso
a los pobres a formas modernas de energía o asegurarnos que las fuentes
de energía que utilizaran fueran "no agotables", este me respondió:
"lo más importante es darle acceso a los pobres a formas modernas de
energía".
Es tiempo de preguntarnos cuáles son las causas de la pobreza global.
Recuerdo que un economista argentino me dijo alguna vez, "Todos los
que habitan al sur del Río Grande consideran que son pobres porque Estados
Unidos es rico". Esta persona proclamaba entonces que los latinoamericanos
están convencidos que Estados Unidos es un país rico porque ha saqueado
los recursos de Latinoamérica. Muchos activistas y negociadores que
participan de la CMDS en Johannesburgo parecen compartir esa opinión.
El presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, en su discurso de apertura
a los delegados de la CMDS hizo hincapié en la enorme brecha que existe
entre países ricos y países pobres, describiendo al fenómeno como un
"sistema de apartheid global". Antón Boonzaier, un ambientalista sudafricano,
explicó en una entrevista televisiva, "Hace cientos de años que el comercio
esta beneficiando al mundo desarrollado a expensas del mundo en desarrollo".
Sin embargo, los datos recolectados por las Naciones Unidas contradicen
todas esas afirmaciones. En una publicación que las Naciones Unidas
publicó con motivo de la CMDS se afirma claramente: "Durante la década
de los noventa, las economías de los países en desarrollo que se abrieron
al comercio mundial crecieron al doble de la velocidad que las economías
de los países ricos. Los países que no apoyaron la globalización de
sus economías crecieron a la mitad de la velocidad, y continúan hoy
en día frenando su crecimiento".
Pese a todo, una robusta banda de activistas anti-globalización denunció
que la CMDS es parte de la "agenda corporativa global". El sábado, las
fuerzas policiales sudafricanas, usando gas lacrimógeno y granadas de
aturdimiento, lograron disipar una marcha de protesta ilegal a cargo
de varios grupos de extremistas. La ministra de asuntos exteriores de
Sudáfrica, Nkosazana Diamini-Zuma aclaró en una conferencia de prensa
que no se tolerarán protestas que violenten la ley y afirmó,
"En Sudáfrica no hay anarquía, aquí existe la ley". Y en esta frase
se evidencia lo patético y quizás risible de la situación: un puñado
de anarquistas pidiendo un gobierno global más fuerte, centralizado
e intervensionista. Si Kropotkin hubiese escuchado esta afirmación estaría
sin dudas revolcándose en su tumba.
Nitin Desai dijo: "Esta es una cumbre de implementación". El borrador
del plan de implementación de la CMDS parece no brindar soluciones a
la mitad de la gente sin acceso a agua potable, no propone nada para
aquellos que no viven en condiciones adecuadas de higiene, no soluciona
el problema de aquellos que no tienen acceso a formas modernas de energía
y olvida dar respuestas para la mitad de las personas del mundo que
viven con menos de un dólar por día; todo esto antes del año 2015. Lamentablemente,
muchas de las propuestas de este borrador lograrán resultados
opuestos a los buscados.
Traducido por Eneas Biglione para Cato Institute.