por Steven Milloy
Steven Milloy es investigador asociado del Cato Institute y es autor de Junk Science Judo: Self-defense Against Health Scares and Scams (Cato Institute 2001).
"Nuestros bosques
están detonándose como bombas de napalm. Necesitamos remover
los árboles muertos y aquellos que están siendo atacados
por los insectos", dijo el congresista estatal de California Wally
Herger.
¿Habrá dicho tal cosa influido por los incendios forestales
que arden actualmente en California? Difícilmente.
El congresista del norte de California pronunció esas palabras
en agosto de 1994 como parte de su demanda al Congreso para que declarara
un estado de emergencia en los bosques federales para permitir la rápida
remoción de árboles muertos, ramas caídas y otros
restos que sirven de carburante para los incendios forestalescomo
aquellos que arrasaron 3 millones de acres y mataron a 14 bomberos en
el Oeste estadounidense ese año.
Un portavoz del Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales respondió
entonces llamando a la petición del congresista Herger "un
pretexto para acelerar la deforestación en la Sierra Nevada".
Sin embargo, nueve años después, el congresista Herger
parece haberlo presagiado.
Hasta el momento, este año se han quemado más de 700.000
acres únicamente en California; 20 personas han muerto y más
de 2.600 casas han sido destruidas. El año pasado los incendios
forestales quemaron aproximadamente 7 millones de acres, mataron 23
bomberos, destruyeron más de 800 casas y le costaron a los contribuyentes
poco más de $1.500 millones.
¿Qué tienen que decir ahora los ambientalistas?
Un vocero del Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales llamó
a la propuesta del presidente George Bush para prevenir incendios forestales
mediante la corta del crecimiento excesivo de los bosques "un caballo
de Troya" por llevar a cabo de manera furtiva proyectos de deforestación.
Mientras los bosques del Oeste estadounidense ardeny la gente
muere y las casas son destruidaslos ambientalistas y sus aliados
en el Congreso parecen estar preocupados únicamente en que los
árboles "viejos" podrían ser cortados en el
proceso de poda de las trampas incendiarias. Su oposición sin
sentido a la poda de los bosques sólo facilita que los incendios
forestales se salgan de control.
"Necesitamos hacer una administración activa con el fin
de evitar incendios innaturales" que ocurren como resultado de
la maleza densa y la acumulación de árboles a lo largo
de las décadas, dijo el jefe del Servicio Forestal estadounidense,
Dale Bosworth. "Si eso significa cortar una secoya de 4 metros
(de diámetro), eso es razonable".
Podar los bosques funcionay es de hecho más efectivo en
el largo plazo que simplemente combatir incendios forestales todos los
años.
En 1910, un incendio forestal en Idaho, Montana, y Washington quemó
3 millones de acres y llevó al gobierno federal a gastar dinero
agresivamente en la lucha contra los incendios forestales. Esta política
ha tenido una consecuencia no deseada: Los bosques han crecido de sobremanera
con árboles y vegetación que puede servir como combustible
para incendios más catastróficos.
En bosques que tienen únicamente unas cuantas docenas de árboles
por acre, las llamas tienden a permanecer cerca de la superficie.
Pero en los bosques sobrecrecidos con cientos y miles de árboles
por acre, como los que hay hoy en día, las llamas pueden moverse
fácilmente a través de las copas de los árboles.
Las llamas tienen 30 metros de altura en lugar de uno,
de acuerdo con el experto forestal de la Universidad de Idaho, Leon
Neuenschwander.
Un proyecto de ley que se encuentra actualmente en consideración
del Congreso norteamericano propone una poda agresiva de hasta 20
millones de acres de tierras federales con alto riesgo de incendios.
El proyecto reduciría las revisiones burocráticas y
limitaría
las apelacioneslas herramientas que los ambientalistas utilizan
para bloquear la administración de los bosquesde tal
forma que los esfuerzos de poda puedan ser completados en meses.
El
presidente Bush ha exhortado al Senado a que apruebe la legislación
desde mayo pasado. Durante muchos años, las marañas
burocráticas y una mala política forestal han evitado
que los ingenieros forestales mantengan nuestras áreas boscosas
sanas y seguras, dijo Bush.
Las perspectivas de incendios
este año se ven menos severas,
y eso son buenas noticias, añadió Bush. Aún
así el peligro persiste, y muchos de nuestros bosques están
enfrentando un riego más alto de lo normal de incendios costosos
y catastróficos.
California es aparentemente una de
las áreas de riesgo elevado
a las que se refirió el presidente norteamericano.
Poniendo a
un lado la agenda política anti-industriay
especialmente anti-madererade los ambientalistas y aceptando
sus supuestas preocupaciones sobre la necesidad de preservar bosques
de viejo crecimiento para las generaciones futuras,
el proyecto de ley ante el Congreso no permite la corta indiscriminada
de los bosques viejos.
En su lugar, es una medida limitada cuya intención
es la de prevenir la propagación de incendios forestalesy
tiene el beneficio colateral de ayudar a la industria maderera,
la cual ha perdido 47.000 empleos desde 1989. Tampoco olvidemos
que los árbolesincluso
los de viejo crecimientono son irremplazables. Nuevos árboles
crecerán en su lugar. El gigante en productos forestales Weyerhaeuser
planta 130 millones de semillas cada año.
Bajo la propuesta
del presidente Bush de podar los árboles sobrecrecidos,
aún tendríamos árboles viejos, pero también
reduciríamos la vulnerabilidad a los destructivos incendios
forestales que ocurren cada año.
La retórica ambientalista
que se opone a la poda del crecimiento excesivo me recuerda a los
vientos de Santa Anaaire caliente que
solo sirve para avivar las llamas forestales.
Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.