por Patrick J. Michaels
Patrick Michaels es Académico Titular de Estudios Ambientales para Cato Institute.
Este domingo, Al Gore ganó un Oscar por su documental
sobre el calentamiento global llamado Una verdad inconveniente (An
Inconvenient Truth), una obra fascinante de ciencia-ficción.
El mensaje principal de la película es que, al menos que se
haga algo serio muy pronto sobre las emisiones de dióxido de
carbono, la mayoría de las 630.000 millas cúbicas de
hielo en Groenlandia se caerán al océano, subiendo los
niveles del mar por más de veinte pies para el año 2100.
¿Donde está el apoyo científico para esta afirmación?
Con certeza no está en el recientemente publicado Resumen Político
del anticipado compendio acerca del cambio climático de las
Naciones Unidas. De acuerdo al panorama de emisiones de gases invernaderos
de medio alcance del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el
Cambio Climático (IPCC) de la ONU, una subida en el nivel del
mar de entre 8 y 17 pulgadas está prevista para el año
2100. El documental de Gore exagera el incremento por aproximadamente
un 2.000 por ciento.
17 pulgadas puede incluso ser muy alto porque presume que la concentración
de metano, un gas invernadero importante, está creciendo rápidamente.
La concentración atmosférica de metano no ha cambiado
perceptiblemente por siete años y el Premio Nóbel
Sherwood Rowland, pronunció recientemente que los panoramas
de emisiones de metano del IPCC son “muy improbables”.
No obstante, el extremo superior de la nueva proyección de
la ONU es un 30 por ciento menor de lo que era en el 2001, el año
de su último reporte. “Las proyecciones incluyen una contribución
a las tasas observadas desde 1993 debido al flujo creciente de hielo
desde Groenlandia hacia Antártica”, según el IPCC, “pero
estos flujos pudieran aumentar o disminuir en el futuro”.
De acuerdo a los datos publicados en Science en noviembre
del 2005, Groenlandia estaba perdiendo cerca de 25 millas cúbicas
de hielo al año. Dividiendo eso por 630.000 resulta en el porcentaje
anual de hielo perdido, el cual, multiplicado por 100, demuestra que
Groenlandia estaba desechando hielo a 0,4 por ciento por siglo.
“Estaba” es la palabra operativa. A principios de febrero, Science publicó otro
ensayo demostrando que la aceleración reciente de la pérdida
de hielo en los glaciares inmensos de Groenlandia se ha invertido repentinamente.
En ninguna parte de la literatura científica tradicionalmente
criticada y analizada se encuentra algún apoyo para la hipótesis
de Gore. En su lugar, hay un editorial que carece de revisión
y crítica tradicional realizado por el activista del clima de
la NASA, James E. Hansen, en el diario Climate Change —editado
por Steven Schneider de la Universidad de Stanford, quien dijo en 1989
que los científicos tenían que escoger “el balance
correcto entre ser eficaz y ser honesto” cuando se trata del
calentamiento global— y un ensayo en los Procedimientos de la
Academia Nacional de Científicos que sólo fue revisado
por una persona escogida por el autor, una vez más, el Dr. Hansen.
Estas son las fuentes para la noción de que solamente tenemos
diez años para “hacer” algo inmediatamente para
prevenir un tsunami institucionalizado. Y dado a que Gore concibió su
documental hace aproximadamente dos años, ¡el tiempo verdadero
debe ser ocho años!
Sería agradable si mis colegas realmente discutieran con políticos
varias “soluciones” para el cambio climático.
El Protocolo de Kyoto, si fuese cumplido por cada firmante, reduciría
el calentamiento global por 0,07 grados centígrados cada medio
siglo. Este es un número demasiado pequeño para siquiera
ser medido puesto que la temperatura de la tierra varía por
más de eso de año a año.
El proyecto de ley Bingaman-Domenici en el senado hace menos que
el Protocolo de Kyoto —es decir, menos que nada— por décadas,
antes de asignar reducciones de emisiones por mandato más grandes,
las cuales sólo tendrán un efecto pequeño después
de alrededor del año 2075. (Imagínese, tan solo como
un experimento de pensamiento, si el senado de 1925 se hubiese propuesto
dictar la política energética para hoy).
Deshonestidad sobre el calentamiento global viene de los dos partidos
políticos. El presidente Bush propone que se reponga, durante
la próxima década, 20 por ciento del consumo de gasolina
actual con etanol. Pero se sabe que aunque se convirtiera en etanol
cada núcleo de maíz americano, se desplazaría
sólo 12 por ciento del consumo anual de gasolina. El efecto
sobre el calentamiento global, como Kyoto, sería demasiado pequeño
para medirse, aunque EE.UU. se convertiría en la primera nación
en la historia que quemó su oferta de alimentos para complacer
una masa política.
Y aunque se encontrará una manera de convertir eficientemente
la celulosa en etanol, sólo un tercio de las emisiones de gas
de invernadero provienen de transportación. Incluso el desplazamiento
optimista de un 20 por ciento de gasolina reduciría las emisiones
totales sólo por 7 por ciento debajo de los niveles actuales —dando
lugar a emisiones de alrededor de 20 por ciento por encima de lo que
Kyoto permite.
Y existe otra legislación dictando reducciones de emisiones
por un 50, 66 y 80 por ciento para el año 2050. ¿Cómo
se llega a ese punto si ni siquiera podemos efectuar las demandas de
Kyoto?
Cuando se habla de calentamiento global, aparentemente la verdad
es inconveniente. Y la película de Gore no es la única
ficción. La retórica del congreso y del jefe ejecutivo
de EE.UU. también lo es.
Este artículo apareció en National Review (En
línea) el 23 de febrero de 2007.