31 de diciembre de 1969

tipo de cambio

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Perú: ¿Qué pasa si se libera el tipo de cambio?

Iván Alonso considera "quijotesca" la política del Banco Central de la Reserva del Perú de intentar detener la apreciación de la moneda.

La Big Mac en Colombia

Gabriela Calderón utiliza el índice Big Mac para mostrar que Ecuador estaría realizando un ajuste innecesario en su política comercial al discriminar en contra de las importaciones colombianas.

México: Un dilema incómodo

por Roberto Salinas León

Roberto Salinas León es presidente del Mexico Business Forum.

No hay duda que el principal enemigo económico, en estos momentos, es la nueva ola de inflación mundial. La estrategia acomodaticia de la Reserva Federal, ante la caída de los mercados de crédito y el problema de las hipotecas de calidad inferior (“suprime”), ha generado un exceso de liquidez, que ha encontrado su mejor vehiculo en el dramático aumento de los precios de los energéticos, así como de los alimentos.

Sin duda, hay un componente de cambios en la oferta. El choque de oferta en estos dos rubros, sin embargo, se ha dado en el contexto de laxitud monetaria—lo que, en estas circunstancias, ha filtrado el impacto inflacionario en precios fundamentales, como son el precio del petróleo y el precio de los alimentos. Las inercias inflacionarias, o más bien las transmisiones inflacionarias, se empiezan a sentir en otros precios, a pesar de mecanismos de contención (más no prevención) existentes con la competencia internacional.

Mas allá de las preocupantes estrategias de control que ha emprendido el gobierno mexicano actual, algunas que “rebasan por la izquierda” pero en la peor forma del populismo puro, esta lectura del entorno monetario internacional implica un dilema sumamente incómodo para la administración felipista.

Por un lado, para enfrentar el problema de la inflación, y para hacerlo en la forma correcta (en forma estructural, no con paliativos o estimulantes artificiales), habrá que dar presión al banco central, no para que afloje las riendas, sino para que las apriete. Además, como explica Ricardo Medina Macías anteriormente, estamos en el umbral de un episodio de política anti-inflacionaria, dura y directa. Es seguro que, si no antes, la “Fed” va a endurecer su postura monetaria a partir del inicio del 2009. O sea, tal como dice Medina Macías, adiós al dinero fácil.

De no seguir el camino correcto, la economía mexicana bien podría enfrentar tasas de inflación cercanas a los dos dígitos—con la consiguiente angustia de tener que sufrir de nueva cuenta el largo complicado camino para bajarlas a la tasa que especifica el contrato monetario del banco central con los tenedores de pesos mexicanos—no más de 3% anual, con una variación de un punto porcentual.

Empero, de atacar el problema inflacionario con los mecanismos monetarios de la banca central, habrá que aceptar dos consecuencias. Primero, habrá un apretón monetario, y con ello, el tramposo espejismo que los malvados galácticos de la institución central son responsables de una (posible) desaceleración. Habrá que recordar, como siempre, que un aumento de los medios de pago (más dinero) no es equivalente a mayor poder de compra (dinero que compre más).

Segundo, una restricción monetaria adicional implica una presión de apreciación en el tipo de cambio. No es, por lo tanto, descabellado pensar en una paridad que rompa la barrera psicológica de los 10 pesos—ni, por supuesto, los reclamos correspondientes de los grupos que, al amparo del dinero fácil, también pujan por una paridad fácil.

Un tercer efecto de este dilema incómodo es que, posiblemente, el gobierno se vea obligado a reconocer que no hay otra, que se debe hacer todo para dar facilidades al lado de la oferta, haciendo el trabajo duro de crear las condiciones para acelerar el crecimiento sano y sostenido. ¿Será?

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El peso mexicano: Flotando sin mentiras

por Roberto Salinas León

Roberto Salinas León es presidente del Mexico Business Forum.

La moneda de una sociedad, dice una versión moderna de la filosofía monetaria, es un reflejo, similar a un espejo, del clima de inversión. Si hay confianza, si hay contrapesos institucionales, si hay oportunidades de inversión y bajos costos de transacción, la moneda local tenderá a ser fuerte. Si hay desconfianza, incertidumbre sobre el rumbo del país, o si, como en los nuevos reinos neo-populistas latinoamericanos, se dan casos de expropiación, la moneda tenderá a debilitarseâ€"y, por lo tanto, a sufrir el síndrome monetario de nuestra era, la temida devaluación cambiaria.  

Esto se observa, particularmente, en un sistema de flotación. El principal beneficio de este régimen cambiario no es tanto la tan citada premisa que, bajo la flotación, existen los mecanismos para absorber choques externos negativos, sino, más bien, que un sistema de flotación limpia funciona como un barómetro de expectativas. Un giro equivocado, una idea incongruente (por ejemplo, la expansión irrestricta del gasto público), tenderá a verse reflejado en un episodio de depreciación cambiaria.  

Los esfuerzos macroeconómicos recientes por “blindar” a la economía mexicana de dichos posibles giros en la política económica, de cara a la transición presidencial, son pasos importantes en el objetivo de consolidar un régimen de inversión confiable. Así se pueden interpretar el pre-fondeo de las obligaciones externas para los próximos dos años, o la reciente idea de usar las reservas internacionales para amortizar deuda pública, y, sin duda, la nueva ley de responsabilidad fiscal, que pretende atar proyectos de gasto a fuentes comprobables de ingreso.  

La gran paradoja es que, a pesar de la incertidumbre política, a pesar de temores de un posible régimen populista, los mercados de capital parecerían estar premiando el clima  de inversión del país. Los proyectos de inversión siguen su marcha, mientras que el tipo de cambio ha visto un episodio importante, y sorprendente, de apreciación cambiaria.  

Todo esto puede cambiar en un instante. De hecho, un dilema crucial para aquellos que defienden la flotación de la moneda es que, si persisten acciones que busquen mayor confianza en los mercados internos, habrá una tendencia hacia mayor apreciación del tipo de cambio. Una medida tradicional para evitar esto es por medio de una reducción de tasas de interésâ€"pero ello violenta el objetivo monetario del banco central, el cual es procurar la estabilidad del poder adquisitivo. Las tasas de interés son, también, otro barómetro de la percepción que existe sobre el clima de inversión. La medida popular ha sido evitar mayor apreciación por medio de la acumulación de reservas. Empero, además de que la medida es muy costosa, violenta también la idea de que vivimos en un sistema de flotación libre.  

Si vamos a flotar, y flotar sin mentiras, debemos aceptar que habrá estos episodios de apreciación cambiaria, mismos que se verían todavía más pronunciados si se llegaran a dar, algún utópico día, una o dos de las reformas estructurales. Flotar sin mentiras también implica dejar que el tipo de cambio caiga a donde tenga que caer, en caso de que se genere un deterioro de expectativas. El mecanismo de control, en este caso, es el mandato capital de la institución central de procurar la estabilidad monetaria. Si el tipo de cambio cae a un nivel que pone en riego la meta citada de inflación, el banco central deberá recurrir a los apretones correspondientes, lo que tenderá a estabilizar el tipo de cambio.  

El gran temor a la flotación era que no se podría evitar un episodio de depreciación prolongada, y brusca. Sin embargo, el sistema ya sobrevivió una transición sexenal sin una crisis cambiaria, y todo parece indicar que sobrevivirá aun otra más. La virtud de flotar sin mentiras es que obliga a las autoridades a defender la paridad por medios reales, derivados del clima de inversión, sin las recetas artificiales del pasado o varitas mágicas al instante.

Mercados al rescate

Milton Friedman indica que el FMI fue creado en 1944 con la finalidad de supervisar el mantenimiento de un sistema de tipos de cambio fijos y que una vez que ese sistema colapsó en 1971, el FMI debió ser clausurado.

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