31 de diciembre de 1969

reformas estructurales

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Perú: La construcción del Estado

Jaime de Althaus comenta que en el Perú "Las reformas modernizadoras e instucionalizadoras (carrera magisterial meritocrática, flexibilización laboral para integrar a la formalidad a las mayorías, reforma del sistema de salud, derechos de propiedad en áreas deforestadas, etc.) suelen contar con la oposición de la izquierda".

Consensos y consensos

por Roberto Salinas León

Roberto Salinas León es presidente del Mexico Business Forum.

Se ha vuelto popular proponer ideas económicas que guarden una sana distancia con el llamado “consenso de Washington,” considerado el recetario por excelencia del “modelo neo-liberal.” Esta tendencia es más producto de mantener una tesis políticamente correcta que de una reflexión de cómo atacar la problemática del empleo, y del crecimiento.

Así, entonces, nos encontramos—entre un consenso y otro, pero sin la oportunidad mínima de consolidar los consensos mínimos sobre las reformas económicas estructurales, o sobre los principios fundamentales necesarios para alcanzar mayor prosperidad. El cuello de botella en las discusiones siempre recae sobre si una política económica es considerada parte de la receta del “consenso de Washington”—independientemente de sus meritos, sus desventajas, o sus consecuencias no intencionadas.

Esta frase, y sus connotaciones inevitables, se derivan de los diversos programas de ajuste, y reforma estructural, que se trataron de implementar en la región latinoamericana en la década de los 90s. En algunos casos, no hay duda que se han dado avances: después varios, y violentos, episodios con crisis inflacionarias, la mayoría de los países en la región, incluyendo el nuestro, han alcanzado la estabilidad de precios. Asimismo, se ha logrado un avance considerable en la disciplina fiscal, y si bien persisten ideas sobre el financiamiento del aparato estatal por vía del déficit fiscal, ciertamente se ha abandonado la postura de incurrir en fuerte expansionismo fiscal como mecanismo de desarrollo.

En otros rubros, como las privatizaciones, los resultados han sido mixtos—aunque el diagnóstico popular suele quedarse corto. Vaya, la practica general fue vender activos al mejor precio posible, buscando maximizar ganancias fiscales, en vez de lograr una mayor eficiencia productiva o una economía más competitiva. Transformar un monopolio público en uno privado, bajo cualquier “modelo,” implica trasladar el costo de la ganancia fiscal al que, en estos arreglos, siempre es el gran perdedor: el consumidor.

Ciertamente, habría que replantear el vocabulario económico del debate actual. Las discusiones semánticas acerca del “model neo-liberal” o del “consenso de Washington” son políticamente rentables, tal como ha sido la oposición a la “globalización,” pero inútiles del punto de vista conceptual. México, Argentina, Venezuela, Brasil, y hasta la misma Cuba, han fallado—sea en política monetaria, esquemas cambiarios, empleo, nivel de vida, o en el ritmo de crecimiento. Pero, en el fondo, estudiar las causas de los errores económicos debe abandonar las rutas fáciles, los nuevos modelos al instante, o las recetas de cajón. Al final del día, en las palabras del economista chileno Vittorio Corbo, existen tres prioridades para las economías latinoamericanas: competencia, competencia, competencia. Si bien la forma de articular este imperativo económico es simpática, el aterrizaje de alcanzar una sociedad más abierta, en la mayoría) de sus sectores, es una tarea capital, y extraordinariamente complicada—ciertamente, mucho más allá de un decálogo, una receta, algún modelito a la medida, o una brevísima contribución editorial.

En las palabras de Guillermo Calvo, los ajustes ya pasaron, han sido dolorosos pero muy poderosos. El reto es desarrollar instituciones y mecanismos de contrapeso que logren afianzar un clima de inversión atractivo, confiable. El obstáculo fundamental es político—es la falta de determinación de consensos, de liderazgo. La nueva moda de los modelos, y su efecto simplón, es quizá otro obstáculo.

México: Espejos económicos

por Roberto Salinas León

Roberto Salinas León es presidente del Mexico Business Forum.

Vamos mal en competitividad, en el índice de transparencia, en crecimiento, en libertad económica, en productividad, en expectativas de inversión.

Ciertamente, el lugar de la economía mexicana dentro del mapamundi económico se encuentra en mejor ubicación que, digamos, países como Venezuela o Argentina. Pero las comparaciones son odiosas, y, a la vez, tramposas. El hecho es que, a pesar de todo, el desempeño económico de nuestro país se ha caracterizado por niveles muy por debajo de su potencial de alto crecimiento.

Esta circunstancia, junto con la expectativa que no se podrá desatorar la agenda de reformas estructurales del proceso político, ha generado una depreciación inevitable de la paridad del peso frente al dólar. En este sentido, el tipo de cambio ha funcionado como un espejo económico del clima de inversión. El deterioro de este, sea en productividad, o en el índice de crecimiento, se ve reflejado en una baja en la cotización de la denominación del régimen de inversión, o sea, del peso mexicano. La desconfianza es gradual, pero secular. Sin un cambio en el rumbo, sin una terapia de choque, esta tendencia hacia la depreciación cambiaria seguirá dándose, con los altibajos típicos de un sistema de flotación, pero con una tendencia bien definida en el mediano plazo.

Otro espejo económico de los vacíos en materia de crecimiento que existen en la economía mexicana es el crecimiento de la actividad informal. El Reporte Anual del Banco de México da una sentencia dramática sobre este fenómeno generalizado: si no tuviésemos economía informal, el país estaría al borde de una catástrofe social. Es la válvula de escape por excelencia que permite seguir como estamos, a pesar de todo, a pesar de los problemas capitales que enfrentan los retos económicos del crecimiento.

La informalidad, como fenómeno socioeconómico, va mucho más allá del llamado “mercado negro.” El crecimiento ahora proyectado de la población económicamente activa está convirtiendo al famoso bono demográfico en una bomba en potencia. Dado el entorno de mediocridad (baja en competitividad, baja en productividad laboral, estancamiento en el nivel de crecimiento), el excedente laboral crece mucho más allá de la capacidad de nuestra economía formal para ofrecer las plazas correspondientes. Este se exporta, ya sea al norte de la frontera, o hacia las rutas paralelas de la informalidad.

Una consecuencia es que el crecimiento generado dentro del sector informal se da en una forma paralela, no registrada, con intercambios comerciales y mercados financieros espontáneos, pero sumamente primitivos, y con un esquema de tributación paralelo, lleno de incentivos perversos. El resultado en la economía real es que aun con los beneficios de la estabilidad, persiste la situación de nuestro país como una economía rica en potencia, pero con un gravísimo problema de pobreza. Vivir en la informalidad no es la solución, es un mecanismo de escape que condena al ciudadano informal al subdesarrollo permanente, a vivir en el inmediato plazo.

Estos, pues, son dos espejos negativos de nuestro actual régimen de inversión. El crecimiento la informalidad, y la depreciación del tipo de cambio, son dos lados de una misma moneda económica, devaluada, desgastada, y estancada.

Aznar y Thatcher

por Pedro Schwartz

Pedro Schwartz es Presidente del Tribunal de Defensa de la Competencia de Madrid y Profesor de Economía de la Universidad San Pablo CEU.

José María Aznar esperaba retirarse con aplauso. Había traído la prosperidad económica a España, había apoyado a las dos democracias más antiguas en una renovada lucha por la libertad, había hecho frente a la matonería de Francia y Alemania en el seno de la Unión Europea, había intentado mantener los nacionalismos de campanario dentro de nuestra Constitución, y había renunciado después de dos legislaturas, como prometió. Pero estos logros han contado poco para una mayoría de votantes españoles, que no han podido aguantar la tensión de encontrarse en guerra contra dos terrorismos, el nacional de ETA y el mundial de Al Qaeda. En vez de eso, Aznar es ahora el “mentiroso” que utilizó la masacre de Atocha para ganar votos, el “asesino” responsable de muertes en Irak y en España, el “dictadorzuelo” que aplastó la libertad de expresión.

Me atrevo a trazar un paralelo entre los últimos días del mandato de Aznar en España y la salida de lady Thatcher de la escena política británica. En ambos casos, la izquierda ilustrada se sintió libre de cubrir de insultos a líderes que, cuando se escriba la historia, serán recordados por haber ayudado a encaminar a sus dos países hacia la prosperidad perdida. Recetaron amargas medicinas que hicieron su efecto. Tony Blair no ha tocado las reformas de Thatcher. Zapatero repite a quien quiera oírle que “no tocará la economía” y mantendrá el déficit cero y las rebajas de impuestos. Pero mientras la herencia de los dos gobernantes conservadores se mantiene de hecho, sus personas se denigran de palabra.

Aznar fue más suave que Thatcher, en consonancia con la mayor timidez española. Ella rompió el poder del sindicato minero, combatió contra los generales argentinos en las Malvinas, no se inmutó ante las huelgas de hambre hasta la muerte de los presos del IRA. Fue el primer gobernante europeo en suprimir los controles de cambios, privatizó empresas nacionales y viviendas municipales, combatió la inflación, redujo impuestos. Hoy la economía británica es mayor que la de Francia y crece a un ritmo que deben envidiar las grandes naciones del Continente – excepto España.

Los logros de Aznar también han sido notables. Basó su política anti-inflacionista sobre la búsqueda de un presupuesto equilibrado. España consiguió participar en el proyecto del euro desde el principio y sorprendió así a quienes dudaron de la capacidad de España para cumplir las condiciones de Maastricht. Había congelado los sueldos de los funcionarios durante tres años y fue recortando el déficit público hasta conseguir un pequeño superávit. Privatizó 51 empresas públicas y trajo 31 mil millones de euros a las arcas del Estado. Una modesta reforma laboral condujo a un aumento del número de inscritos en la Seguridad Social de 13,5 millones a casi 17. Ayudó a crear 5 millones de nuevos puestos de trabajo. Redujo el tipo marginal del impuesto sobre la renta de las personas físicas del 56% al 44%. España sigue creciendo al doble que sus vecinos europeos.

Las ministras de Educación de sus Gobiernos iniciaron una reforma de la enseñanza para mejorar la calidad y la seriedad de los estudios en las escuelas públicas, reformas que ahora pueden estar en entredicho. Una timidísima reforma de las pensiones en el marco del Pacto de Toledo y la creación de un mínimo fondo de reserva al menos sirvió para crear la conciencia de un grave problema sin resolver. La ambiciosa política de obras públicas buscó mejorar las vías de comunicación y distribuir el agua de Autonomías hasta entonces mal atendidas.

Los Gobiernos de Aznar lucharon con algún éxito contra el terrorismo de ETA: tolerancia cero de la “Kale borroka”, ilegalización de Batasuna, cumplimiento íntegro de las penas por los terroristas, apoyo de Francia para privarles del santuario francés. Cuando Marruecos dio un pequeño golpe para relanzar sus reivindicaciones territoriales por la fuerza, una operación de policía cerró el incidente, por cierto, con el apoyo de EEUU y no de Francia. Como Thatcher, Aznar fue un firme atlantista, colocándose al lado de los americanos para defender la libertad en el mundo. A Aznar le quedaron cosas por hacer, la liberación del suelo, el bono escolar, una verdadera reforma de las pensiones públicas, mayor inversión en defensa, pero el saldo es positivo.

Tanto lady Thatcher como José María Aznar cometieron errores. La Dama de Hierro sintió poco entusiasmo por la reunificación alemana, no supo mantener con suficiente firmeza su visión de una Europa de Estados, creó un impuesto de capitación municipal que los británicos consideraron injusto. El desastre de este impuesto fue una muestra de su incapacidad para comunicarse con el electorado, sobre todo durante sus últimos años de gobierno. Aznar también falló en este punto. Hizo mucho por Cataluña pero dio la impresión de que se tiraba al cuello de los nacionalistas. Fue a las Azores a ponerse al lado del presidente Bush y del primer ministro Blair pero no explicó bien la necesidad de apoyarles a fondo en la lucha contra el terrorismo internacional.

Tanto Thatcher como Aznar reñían demasiado a sus conciudadanos como unos preceptores, amenazándoles con el dedo para que hicieran sus deberes. Arrastraron a sus países hacia la modernidad poco amablemente – y ahora la mitad del país les detesta. Pero pueden estar seguros de un lugar honroso en la historia de sus países y del mundo occidental.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet

Rusia hacia el liberalismo

por Edward H. Crane

A principios de abril, Cato Institute organizó una conferencia en Rusia. La primera parte la hicimos en Moscú, con la asistencia de unas 300 personas representando a un par de docenas de países, mientras que la segunda parte fue en San Petersburgo. Ian Vásquez de Cato y Andrei Illarinov, asesor libertario del presidente Putin, prepararon el extraordinario programa. El tema fue sobre lo que las naciones en desarrollo deben hacer para crear una sociedad civil próspera. Milton Friedman, por vía de grabaciones en video, abrió ambos eventos con recomendaciones a los rusos, europeos occidentales, chinos y latinoamericanos en la audiencia para que estudiaran las instituciones de Estados Unidos y Gran Bretaña hace un siglo, cuando el inmenso crecimiento de esas dos sociedades estaba en medio del proceso de crear la riqueza que hoy nos permite malgastarla en regulaciones y burocracias innecesarias.

Edward H. Crane es el Presidente Ejecutivo del Cato Institute.

El grupo de distinguidos expositores incluyó al destacado economista Arnold Harberger de la Universidad de California en Los Angeles; Daniel Yergin, coautor de “The Commanding Heights: The Battle for the World Economy”; José Piñera, líder mundial en la lucha por privatizar los sistemas de pensiones; Mart Laar, ex primer ministro de Estonia; Ruth Richardson, ex ministra de Hacienda de Nueva Zelanda y Andrei Illarianov.

Pero algo que me impresionó aún más que las conferencias fue la vitalidad y energía que se nota en las calles tanto de Moscú como de San Petersburgo. La gente en la calle se ve llena de vida y con caras sonreídas. Se nota actividad económica por todas partes. Las tiendas de todo tipo se ven prósperas y los restaurantes ofrecen exquisitas comidas, a lo contrario de mi experiencia cuando en 1990 tuvimos la primera conferencia de Cato Institute en Moscú. August Meyer, quien tiene inversiones en una exitosa cadena de súper tiendas en San Petersburgo, me decía que “es como ver florecer a la sociedad civil”.

Para mí lo más interesante del viaje fue la reunión de cuatro horas y media con el presidente Vladimir Putin, en su residencia en un suburbio de Moscú. Nueve de los conferencistas acudimos a la cita, la cual fue cubierta por unos 30 periodistas. Entre los asistentes estaban Piñera, Yergin y Richardson. José, desde luego, presionó a Putin para que reformara y simplificara el programa de Seguro Social. Yergin hizo énfasis en la importancia del poder de las ideas en cambiar al mundo. Richardson instó al presidente ruso a acelerar las reformas. Y yo le hablé de la importancia de crear confianza en los buenos resultados políticos y económicos de una sociedad libre. Recordé al filósofo Lao Tse en el sentido que los líderes fuertes dejan tranquila a la gente. También hice énfasis en que para atraer capital extranjero, lo cual Putin tiene que hacer para cumplir con su promesa de doblar el tamaño de la economía rusa en 10 años, Rusia debe funcionar bajo el imperio de la ley, sin corrupción en los tribunales de justicia y la protección de los contratos.

Al final mencioné que algo también muy importante en atraer capitales, que ha menudo no se toma en cuenta, es una prensa libre. Claro que la libertad de prensa es principalmente una cuestión de libertad civil, pero los inversionistas extranjeros ven la libertad de prensa como una protección institucional para sus inversiones. Indiqué que al mundo exterior le preocupa que el gobierno de Putin intimide a los medios y eso tiende a frenar el crecimiento económico.

El presidente Putin me impresionó por su inteligencia y seriedad. Nos dijo: “Deben regresar el año próximo. Quiero hacer de Moscú el centro del debate liberal en Europa”. El hecho que quiso reunirse por cuatro horas y media con nueve liberales extranjeros nos hace optimistas sobre el futuro de Rusia.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet

Rusia y el legado de un profeta

por Roberto Salinas León

Roberto Salinas León es presidente del Mexico Business Forum.

La semana pasada, a raíz de un seminario organizado en esta ciudad por el Cato Institute, un grupo de destacados protagonistas en política económica se reunieron con Vladimir Putin, Presidente de la Federación Rusa, en un intercambio privado que se extendió más allá de las cuatro horas. Entre los participantes, se encontraban gente como Arnold Harberger, el célebre profesor de UCLA y padre intelectual de los llamados “Chicago Boys” en América Latina; José Piñera, el arquitecto intelectual de los sistemas de pensiones individualizadas; Ruth Richardson, la arquitecta de la gran reforma estructural de Nueva Zelanda; Daniel Yergin, el profesor de Harvard, autor de la magnífica obra The Commanding Heights; y Ed Crane, Presidente del Cato Institute en Washington D.C.

Esta comitiva acompañó a Andrei Illarianov, principal asesor económico de Putin, para hablar con el mandatario ruso sobre como acelerar reformas en materia de seguridad social, estabilización, desregulación, y apertura a la inversión de capital productivo en los sectores estratégicos de la economía rusa. Estos altos personajes de la reforma estructural moderna ofrecieron una serie de ponencias magistrales en el magno foro organizado por el Cato Institute, sobre los ingredientes de una agenda económica para el mundo global.

A nosotros nos tocó participar con una breve exposición sobre las transformaciones en México, aunque nuestro enfoque principal fue la necesidad de un régimen de derechos de propiedad bien definidos, transferibles y transparentes, como la base del imperio de la ley—y, en consecuencia, el orden jurídico de una sociedad abierta.

Este tipo de reuniones, hace tan sólo dos décadas, hubieran sido impensables—más un ejemplo de ciencia ficción, o de fantasías, que de historia realizable. Los protagonistas mencionados insistieron que cualquier cambio estructural, ya sea un mandato de estabilidad bajo autonomía central, o la reforma integral al sistema de pensiones, incluso la celebrada reforma fiscal rusa (con la tasa impositiva fija de 13%), no rendirán el fruto deseado sin un clima de estado de derecho, sin un régimen de derechos de propiedad bien definidos.

El Presidente de la Federación Rusa se tomó el tiempo necesario para dialogar con grandes protagonistas económicos sobre la naturaleza de un régimen de derechos de propiedad. Esto es, sin duda, digno de observar desde una perspectiva histórica. En Rusia, el socialismo murió; y lo siguen sepultando, al parecer, todos los días.

Este foro, este encuentro entre pensadores y políticos, estos episodios de liberación histórica, son, entre muchos otros, los legados reales de un profeta—de un pensador que hace seis décadas, publicó un tracto revolucionario llamado Camino a la Servidumbre. Las ideas tienen consecuencias, reales y radicales. El autor de esta célebre obra, FA Hayek, escribió una dedicatoria contundente: “a los socialistas de todos los partidos.” Hoy en día, la tesis del tracto se ha vuelto sabiduría común—por lo menos en esta región del mundo: la planificación centralizada es incompatible con libertad individual, y con la prosperidad a largo plazo. Sin propiedad, y derechos de propiedad, no existen las bases para desarrollar un intercambio, un mercado; y por lo tanto, la compleja red de información basado en los precios que permite unir a demandantes y oferentes. En 1989, como decía Edgard Mason, esta noción se pudo comprobar como formidable dramatismo histórico: solo el socialismo pudo erigir algo tan cruel como el Muro de Berlín; pero, sólo el mercado pudo distribuir eficientemente todos sus pedazos alrededor del planeta

Una sociedad abierta, bajo esta visión, es producto de lo desconocido, lo no anticipado, lo espontáneo, lo individual. En 1944, sin embargo, el mundo parecía destinado a convertirse en un gigantesco sistema de planificación central. No fue así—gracias a reformadores como Richardson, Piñera, Yergin y otros. Pero en el fondo, el responsable final del cambio, fue Hayek, padrino intelectual de estos protagonistas, profeta de una idea que cambio al mundo, que derrumbó a la U.R.S.S., la idea de la libertad.

Putin y las reformas en Rusia

por Richard W. Rahn

Richard W. Rahn es Director del Center for Economic Growth y académico asociado al Cato Institute.

Varios destacados defensores del libre mercado estuvieron reunidos aquí en Moscú con el presidente Putin. Entre los participantes estaban Ed Crane, presidente del Cato Institute, José Piñera, el ex ministro que privatizó la seguridad social en Chile hace 25 años, y Ruth Richardson, quien como ministra de finanzas instrumentó las muy exitosas reformas de Nueva Zelanda.

Estaban en Moscú participando en una conferencia del Cato Institute sobre reformas económicas copatrocinada por el Instituto Ruso de Análisis Económico y la Unión Rusa de Industriales y Empresarios.

El presidente Putin ha estado profundizando las reformas económicas, pero retrocediendo en cuanto a libertad de prensa y reformas democráticas. El cuenta con un equipo económico competente y defensor del libre mercado. Su principal asesor económico, Andrei Illarionov, es muy respetado por los economistas occidentales que lo conocen o que han trabajado con él. Uno de los temas preferidos del Sr. Illarionov, presentado en la conferencia de Cato, es sobre el tamaño óptimo del gobierno. El ha reunido una impresionante cantidad de información comprobando que la mayoría de los gobiernos, incluyendo el ruso, son demasiado grandes para maximizar el crecimiento económico y el bienestar de la gente.

El gobierno de Putin tiene el claro objetivo de aumentar el crecimiento económico, del respetable 5% o 6% de los años recientes a 7% o más. A pesar de sus éxitos económicos, Rusia está rezagada con respecto a China y la India. Los recientes éxitos rusos se deben en parte a los altos precios del petróleo, del gas y los metales, todos los cuales produce y exporta en grandes cantidades. Pero eso mismo la hace vulnerable a los vaivenes cíclicos. Para lograr crecer más, Rusia debe crear sectores industriales y de servicios modernos.

Tanto Illarionov como Putin saben que parte del problema es la excesiva y asfixiante burocracia rusa. Por ejemplo, el Banco Central ruso tiene 82 mil empleados, tres veces más que la Reserva Federal de Estados Unidos, país con el doble de la población y 20 veces el producto interno bruto de Rusia.

Ruth Richardson le dijo al presidente Putin que tiene que actuar más rápidamente en el recorte del tamaño y del poder de la burocracia. Y Elena Leontjeva, del Instituto de Libre Mercado de Lituania, añadió que lo debería hacer recortando drásticamente el presupuesto.

Rusia ha progresado en las reformas impositivas instrumentando un exitoso impuesto de tasa única de 13%. Sin embargo, el peso impositivo total sigue siendo excesivo, impidiendo que Rusia logre ser competitiva. Un empresario ruso nos explicó que antes de pagar a sus empleados cada semana, les deduce el impuesto de 13%, luego 35,6% para el programa estatal de pensiones (el cual se va a reducir a 26%). Además tiene que pagar un impuesto de 35% sobre las ganancias de su empresa y 17% de impuesto de valor agregado en sus compras. En sus comentarios al presidente Putin, José Piñera, cuyo programa de privatización del seguro social ha sido adoptado por 17 países, hizo énfasis en la necesidad de acelerar y simplificar la propuesta privatización parcial del seguro social en Rusia.

En su diálogo con el presidente Putin, Ed Crane hizo énfasis en la importancia de privatizar toda la prensa y no restringir la libertad de prensa, añadiendo que un líder fuerte da más libertad a su gente. El presidente ruso participó con interés durante la reunión y entendió las recomendaciones que se le hicieron.

El centro de Moscú parece una ciudad europea, pero fuera del centro predomina la pobreza, lo mismo que en el resto del país. Luego de viajar a Rusia en muchas ocasiones, me alegra el progreso que se ve, pero me desanima la corrupción y las oportunidades perdidas. Tanto el presidente como sus asesores saben lo que hay que hacer, pero me pregunto si Putin utilizará su fuerte posición política actual para proceder enérgicamente para convertir a su país en un tigre económico o si seguirá dando pequeños pasos. El pasará a la historia como otro gobernante que desperdició las oportunidades o como el gran estadista ruso que elevó a su país a la prosperidad y la libertad. La decisión es enteramente suya.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet

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