Hernán Bonilla indica que "Cuando no es el mercado quien decide, deciden los políticos y los burócratas, a través de decisiones que desvían recursos asignados voluntariamente a los fines que ellos consideran apropiados. . . En este caso los empresarios ya no se destacarán por su capacidad innovadora, su creatividad, su inteligencia o su perseverancia, sino por sus vínculos con el poder de turno".