31 de diciembre de 1969

Perú

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El Consenso de Lima

por Roberto Salinas León

Roberto Salinas León es presidente del Mexico Business Forum.

Hace casi dos semanas tuvimos oportunidad de participar en un magno seminario de empresarios, funcionarios y analistas en Lima, Perú. El encuentro fue toda una revelación. La economía peruana crece a una tasa de más del 7% anual, aun con las turbulencias de la economía internacional, con una tasa de inflación del 3%. La inversión directa ha crecido en forma significativa y el salario real se ha recuperado en una proporción similar.

Su gran “problema” es la apreciación del tipo de cambio, dado el flujo de divisas que están captando. Ello ha generado las presiones inevitables del sector exportador para debilitar la moneda local, pero ha generado también una consciencia sobre la necesidad de profundizar reformas estructurales que impulsen la competitividad, sobre todo en materia educativa, en infraestructura y en los mercados laborales.

La gran ironía del caso peruano es que todo esto está sucediendo bajo el mandato del que fue populista por excelencia en los 80s, responsable por la década pérdida de ese país hace dos décadas, pero ahora campeón de la apertura, la competencia y la inserción en la modernidad global.

La pobreza sigue siendo el desafío principal, pero existe una clara percepción que ésta se supera mediante la distribución de oportunidades de crecimiento, o sea facilidades para la inversión, no mediante la redistribución del ingreso. Esta cultura económica es señal de un cambio de mentalidad, de un realismo centrado en diseñar soluciones reales a los principales problemas del país.

De hecho el gran tema, en estos círculos de debate sobre el futuro económico de Perú, es si el gobierno debe aprovechar el buen momento que atraviesa el entorno actual para elaborar una profunda reforma estructural en las leyes que rigen el mercado laboral, o si deben seguir una estrategia más cautelosa, gradualista, en la matera.

No se discute si debe darse o no una reforma laboral, se discute, más bien, sobre el cómo. No es asunto de etiquetas, o de posiciones políticas, o de definiciones ideológicas, no es, pues, sobre si Perú es “neo-liberal”, o criatura del consenso de Washington, o parte de un “compló” yunquista regional. Es sobre lo que se tiene que hacer para vivir mejor, y prosperar, en un ambiente de alto crecimiento sostenido con estabilidad. Ese es el actual consenso, un consenso de sentido común.

Mientras, en México, se discute si los soldados del frente amplio deben o no abandonar la tribuna legislativa. En un futuro, hablaremos de cómo los mercados del sur regional nos han rebasado, mientras seguimos celebrando nuestra pobreza soberana.

Antes, en la década perdida, circulaba una famosa cita de Ayn Rand, de su novela La rebelión de Atlas, que capturaba en forma magistral el caos que reinaba en estos, nuestros, países: “…cuando para producir necesita uno obtener autorización de quienes no producen nada; cuando veamos que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando atestigüemos que hay los que se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra los ciudadanos; cuando lamentemos que la corrupción es recompensada pero que la honradez es un auto-sacrificio, entonces sabremos, sin temor a equivocarnos, que nuestra sociedad está condenada al fracaso”.

Esto ya no se puede afirmar del Perú. Tristemente, no estamos seguros que esta cita haya perdido vigencia también para nuestro caso interno, sobre todo en relación a los políticos, los partidos y los muy mal llamados “progresistas”.

Artículo de AsuntosCapitales © Todos los derechos reservados.

Perú: Escuchemos a José Piñera

por Aldo Mariátegui

Aldo Mariátegui es director del diario El Correo (Perú).

Qué grato fue asistir al simposio "Quo Vadis Perú" la semana pasada, organizado por la Cámara de Comercio de Lima y el Cato Institute. Refresca escuchar ideas sensatas, distintas y atrevidas, que abren la ventana mental y dejan entrar aire fresco en este ambiente donde lamentablemente aún perduran restos pútridos en políticos, catedráticos, círculos intelectuales, algunas ONG y medios de la miasma populista, estatista y socialistoide.

Por el Estado expusieron el Ministro de Economía Luis Carranza, el Presidente del Banco Central Julio Velarde y Felipe Ortiz de Zevallos (Embajador en Washington), aparte de valores locales como el abogado Enrique Ghersi y los tecnócratas César Peñaranda y Alvaro Quijandría. Por los visitantes extranjeros, expusieron José Piñera (Chile), Mark Klugmann (El Salvador), Roberto Salinas (México) y nuestros expatriados Ian Vásquez (Cato Institute) y Norman Loayza (Banco Mundial). El espacio me impide reseñar todas las interesantes exposiciones, así que tendré que limitarme a la que me pareció que puso el dedo en la llaga: la de Piñera.

José Piñera proviene de una destacada y variopinta camada chilena, pues es hermano de Sebastián, el empresario y candidato presidencial que nos visitó hace poco, del banquero Pablo y del cantante Miguel. Tipo brillante, fue el inventor de todo el esquema de las AFP, amén de diseñar un innovador Código de Minería que provocó que la producción cuprífera chilena se quintuplique.

También le abrió la puerta al sistema de empresas privadas de salud y fue padre de una reforma laboral que flexibilizó el empleo. Toda estas personales, revolucionarias y originales reformas las alumbró de los 30 a los 33 años, mientras ocupó varias carteras ministeriales. Se le critica su participación en el gobierno pinochetista, pero se olvida que tras su renuncia promovió valientemente la vuelta a la democracia desde su revista Economía y Sociedad y que antes se la jugó con Pinochet en una sesión de Consejo de Ministros —eso no era broma— para que éste no deporte a un líder sindical.

Amigo y estudioso del Perú ("no es un país pobre, sino empobrecido"), de sus reflexiones ha llegado a la conclusión, como resaltó ayer, de que lo que más urge en nuestro país es una reforma laboral que promueva la creación de empleo ante todo, pues aquí se eleva tremenda y artificialmente el costo de cada puesto de trabajo, se castiga y enreda la creación de empleo antes que fomentarlo.

Coincido con él, pues no hay peor empleo que aquel que no existe y nuestra absurda legislación laboral desanima la creación de éste o lo empuja hacia la informalidad. Es más, existen congresistas que acaban de plantear la burrada de eliminar el régimen laboral exportador y de insertar una nueva ley del trabajo que, como bien remarcó Peñaranda ayer, nos pondría sólo por delante de la isla africana de Sao Tomé y Príncipe en cuanto a rigidez laboral. Son los aliados del desempleo y la informalidad.

Es que la clave cartera de Trabajo ha sido la más floja de este gobierno. Primero pusieron allí a una antropóloga que no sabía nada del asunto (¡lo peor de todo es que creía que sabía!) y ahora a un decepcionante abogado laboralista que no sale de una mentalidad de picapleitos. Urge un cambio allí.

Este artículo fue publicado originalmente en el diario El Correo (Perú) el 18 de abril de 2004.

Perú: ¿El próximo éxito latinoamericano?

por Ian Vásquez

Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

El Presidente Bush firmó el viernes la ley que promulga el tratado de libre comercio con Perú, algo que no pudo haber ocurrido en un mejor momento ya que esa nación andina se destaca cada vez más en la región como una democracia de mercado exitosa. Más de cinco años de crecimiento sostenido (el país creció 8% el año pasado) están transformando la economía y esparciendo el desarrollo a regiones que tradicionalmente se beneficiaban poco del progreso anterior. A diferencia de otros países en la región, tales como Argentina o Venezuela que también están experimentando crecimiento alto, el crecimiento de Perú se caracteriza por la inversión y la creación de riqueza en vez de la redistribución o los meros efectos de los altos precios mundiales de las materias primas.

¿Por qué está triunfando el Perú? Nuevamente, a diferencia de otros países sudamericanos, ha mantenido las reformas de mercado de principios de los noventa, ha profundizado algunas de ellas, y ha sostenido políticas macroeconómicas sólidas. Las políticas de apertura y estabilidad están rindiendo frutos. Cualquiera que haya estado visitando el Perú durante los últimos 15 años se da cuenta de las impresionantes mejoras en un sinnúmero de áreas de la vida nacional, incluyendo el notable progreso en los últimos años.

Un cambio en valores orientados más hacia la sociedad moderna también podría estarse dando a un paso lento. La mayoría de los peruanos apoyaron el TLC con EEUU. La calidad del servicio y la atención al detalle parece haber mejorado entre los trabajadores y administradores peruanos en una amplia gama de negocios. El escritor peruano Mario Vargas Llosa recientemente señaló que ahora él está más esperanzado por el Perú, no debido a sus indicadores económicos positivos, sino más bien porque "algo profundo parece haber cambiado en la cultura del país. Habría que ser ciego para no verlo".

En su excelente libro nuevo, La revolución capitalista en el Perú, el conocido periodista peruano Jaime de Althaus documenta detalladamente algunos cambios en la sociedad peruana. Las exportaciones tradicionales y no tradicionales están experimentando una bonanza, con las últimas aumentando a un ritmo mayor. Perú ahora se ha convertido en exportador de software, vendiendo alrededor de $20 millones el año pasado y creciendo a una tasa del 25 por ciento.

La clase media está creciendo. La brecha entre los ricos y los pobres y entre Lima y el resto del país también se ha reducido. Los aumentos en el ingreso han sido proporcionalmente mayores para los pobres que para los ricos.

Las empresas peruanas —muchas de ellas nuevas— han logrado éxito a nivel nacional e internacional, no sólo exportando al extranjero, sino también estableciendo fábricas y oficinas en otros países en áreas tan diversas como textiles, bebidas, minería, productos lácteos, ropa, banca y detergentes. Algunas empresas peruanas han sido víctimas de nacionalización en la Bolivia de Evo Morales.

Amplias regiones de la costa peruana que han sido puro desierto por mucho tiempo se han vuelto verdes como resultado de la "revolución agroindustrial silenciosa" que también se ha dado en algunas partes del interior. El agro peruano ahora es diverso, abarca desde azúcar hasta páprika y espárragos. El crédito personal como proporción del crédito total se ha triplicado en los últimos diez años y ahora constituye 24 por ciento del mismo. Las tiendas de departamento y otros negocios ahora regularmente atienden al sector popular. Centros comerciales inmensos han sido construidos y ahora prosperan en algunas de las secciones más pobres de Lima.

El presidente Alan García, quien durante su primer gobierno en la segunda mitad de los ochenta fue un desastre, está capitalizando este progreso y -nunca pensé que diría esto-hasta ahora ha resultado ser buen Presidente.

García se ha propuesto que el Perú crezca a niveles asiáticos durante muchos años. Él ha acusado a los burócratas, a las ONG, a los ambientalistas y a los intereses especiales de obstaculizar importantes cambios en las políticas públicas que aumentarían el crecimiento y reducirían la pobreza. También ha hecho propuestas específicas para permitir la inversión privada en amplias zonas de la selva para exportar madera y para proteger más efectivamente a la región de aquellos que la talan ilegalmente; ha propuesto la titulación de grandes áreas de tierra para que aquellos con recursos puedan explotar las mismas; ha planteado que se aumente dramáticamente la inversión privada en la minería y en otros recursos naturales del Perú; ha propuesto que el Estado renuncie a su propiedad sobre activos que no usa y que renuncie a funciones que son mejor desempeñadas por otros. Y así sigue la lista.

Perú también se ha convertido en una vergüenza para Hugo Chávez, quien tiene a los vecinos Bolivia y Ecuador como Estados clientes y está metiendo muchos recursos en el campo peruano en una campaña para promover su ideología anticapitalista. Perú se ha vuelto un país clave en la batalla ideológica que se está librando en Latinoamérica entre los reformistas y los populistas.

A Perú le queda todavía mucho por hacer antes de que pueda ser declarado una historia de éxito. Pero el tratado de libre comercio ayudará porque le dará permanencia a la política comercial; y la estabilidad de políticas y la competencia han sido la clave para el éxito peruano hasta ahora. Si Alan García avanza la agenda incompleta del Perú, por fin habrá empujado al país hacia la modernidad y será recordado no sólo como uno de los grandes presidentes del Perú, sino de Latinoamérica en un momento crítico de la historia de la región.

Este artículo fue publicado originalmente en El Mercurio (Chile) el 8 de diciembre de 2007.

TLC de Perú y Estados Unidos

por Pedro Cateriano

Pedro Cateriano es ex-diputado del Movimiento Libertad de Perú.

La aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre el Perú y los Estados Unidos, luego de una larga y dura negociación conducida por los gobiernos de Alejandro Toledo y Alan García durante casi cuatro años, es uno de los hechos económicos y políticos más importantes ocurridos en la región en los últimos meses.

El Perú se convierte así en el segundo país sudamericano, después de Chile, en tener un acuerdo de libre comercio con la principal potencia económica del mundo. Se nos abre un mercado cercano a los 300 millones de personas, que permitirá la creación de más puestos de trabajo y aumentará las exportaciones que hoy día superan los veinte mil millones de dólares. Adicionalmente, el TLC incrementará el flujo de inversiones norteamericanas, que este año pasan de 2.600 millones de dólares.

En el campo diplomático tendremos un mayor acercamiento con Washington, lo cual molestará a Hugo Chávez, quien siempre busca intervenir en los asuntos de la Comunidad Andina a través de Evo Morales. El Perú contará ahora con una mejor carta de presentación para negociar acuerdos de libre comercio con Canadá, Chile y ojalá que también con la Unión Europea, con o sin la Comunidad Andina.

En lo político, el TLC suscrito con los Estados Unidos ayudará a consolidar el modelo económico que sigue siendo duramente criticado desde oposición liderada por Ollanta Humala. Será una vía para avanzar en el desarrollo económico como lo han hecho México y Chile, en beneficio de todos los peruanos.

En el campo ideológico se revelará el mayor logro. El TLC con los Estados Unidos empujará al Perú a alejarnos de las políticas económicas populistas, proteccionistas y estatistas que impulsó, en la década de los setenta, la dictadura del general Juan Velasco —ídolo de Hugo Chávez—, y que arruinaron nuestra economía, dañando especialmente a los más pobres. Una prueba palpable de esto es que el propio Alan García, quien durante la reciente campaña electoral se mostró en contra del TLC, hoy es un notorio defensor del mismo. Esperamos que este hecho significativo influya en su viejo partido, el APRA, que aún añora un socialismo del pasado.

Ojalá que los beneficios del TLC ayuden a entender a la gente que la libertad económica es fundamental para el desarrollo de los pueblos. Y también confiamos que se aprenda otra lección: que la libertad económica debe ser inseparable de la libertad política, para lograr el éxito dentro de un sistema democrático.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
© Todos los derechos reservados. Para mayor información dirigirse a: AIPEnet

Perú: Buenas noticias desde el sur

por Gabriela Calderón

Gabriela Calderón es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador).

Lima, Perú— Llegué a Lima sin grandes expectativas y me encontré con algo impresionante. Una ciudad de 8 millones de habitantes en la que se respiraba el cambio: un aeropuerto inmenso y moderno, repleto de pasajeros de todas partes del mundo, edificios en construcción, hipermercados y centros comerciales en gran cantidad y todos y cada uno de ellos llenos de compradores.

En el diario Correo leí como los chilenos ahora miran a los peruanos “con el recelo de quien puede ser superado a la vuelta de la esquina”.1 Mario Vargas Llosa se preguntaba en 1969 “¿En qué momento se jodió el Perú?” A lo que la revista chilena Capital contesta hoy: “¿Puede estar jodido un país que lleva 70 meses de crecimiento y que este año espera expandirse un 7,5 por ciento, muy por arriba de Chile?”2 En la V Convención Internacional de Economía organizada por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas escuché al economista chileno Cristián Larroulet decir “A veces me da envidia ver lo que está pasando en el Perú”3 ¡Un chileno con envidia de Perú!

La envidia también la están sintiendo los argentinos. El analista argentino Gerardo Bongiovanni lamentaba que mientras que entre 2001 y 2006 las exportaciones argentinas crecieron por 75% las peruanas crecieron por 218%.4

En su libro, La revolución capitalista en el Perú, el periodista peruano Jaime de Althaus documenta cómo “la revolución capitalista” ha transformado al país:5

  • Se redujo la brecha entre la capital y el interior del país y entre los ricos y los pobres. Entre 2001 y 2004 la pobreza nacional pasó de 54,30% a 51,6%, es decir, solo por 2,7 puntos mientras que en Ica, por ejemplo, se redujo de 46,7% a 29,2% ¡17,5 puntos! Entre 1991 y 2006 el ingreso del cuarto más pudiente de la población peruana aumentó su ingreso por 13,5%, mientras que el cuarto más pobre aumentó su ingreso por 145,5%.
  • Se liberalizó el comercio al punto que hoy el arancel medio efectivo es de 5%.6 La suma de las exportaciones y las importaciones ha pasado de representar alrededor de 20% del PIB antes de 1990 al 40% en 2006.
  • Se han sostenido políticas fiscales y monetarias prudentes—no se gasta lo que no se tiene y la inflación se mantiene baja.
  • Se democratizó el capital a través del sistema de seguridad social privada. 2’100.000 peruanos ahora son socios de las empresas nacionales y transnacionales más grandes del país. Este sistema ha logrado acumular $16.784 millones de dólares (18% del PIB) en las cuentas de ahorro individuales. Esos fondos tuvieron una rentabilidad promedio de 26,8% en el 2006 y servirán para que los peruanos financien su jubilación y el desarrollo del país.
  • A partir de 1996 se han titularizado 3,200,000 predios en el campo y la ciudad, beneficiando a 13 millones de peruanos mayormente ubicados bajo la línea de la pobreza.
  • Se han privatizado servicios públicos esenciales como la telefonía y la electricidad. Por ejemplo, el porcentaje de hogares con teléfono fijo o móvil (o ambos a la vez) casi se duplicó entre 2001 y 2006 pasando la cobertura de 24,4 a 42% de la población.
  • Se permitió considerar la tierra como un bien de capital y ahora el agro peruano exporta más, especialmente productos de mayor valor agregado.

No obstante, Perú tiene mucho camino por recorrer. El país sigue teniendo uno de los mercados laborales más rígidos del mundo (160 de 175 países observados por el índice Haciendo Negocios del Banco Mundial). Esta rigidez laboral que aumentó marcadamente durante los noventas es culpable de la exclusión de millones de trabajadores peruanos de los beneficios del sector formal. Tampoco se ha avanzado en la educación que continua secuestrada por el sindicato que en julio desató violencia a lo largo del país por negarse a que los profesores públicos sean evaluados.

Falta mucho por hacer para asegurar que Perú se vuelva el próximo “jaguar sudamericano” como se lo ha propuesto el Presidente Alan García, en su determinado intento de reivindicarse.

Este artículo apareció en El Universo (Ecuador) el 18 de septiembre de 2007.

Referencias:

1. Mendoza, Raúl. “Así nos ven los chilenos”. Diario Correo. 11 de septiembre de 2007. Disponible en: http://www.correoperu.com.pe/correosur/puno/columnista.php?col_id=77.

2. Medel, Lorena y Soto, Marcelo. “Perú: en blanco, en rojo”. Capital. Edición 210.

3. Presentación de Cristián Larroulet ante la V Convención Internacional de Economía organizada por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Perú (13-14 de septiembre de 2007).

4. Ibid., V Convención Internacional de Economía.

5. Todas las cifras a continuación tomadas de este libro a menos que esté indicado de otra manera. De Althaus, Jaime. La revolución capitalista en el Perú. Fondo de Cultura Económica del Perú, 2007.

6. Presentación de Renzo Rossini, Gerente General del Banco Central de Reserva del Perú ante la V Convención Internacional de Economía de la UPC, 14 de septiembre de 2007.

La cultura de la libertad

por Pedro Cateriano

Pedro Cateriano es ex-diputado del Movimiento Libertad de Perú.

El 21 de agosto de 1987 se cambió la agenda ideológica del país. Mario Vargas Llosa subió al estrado de la plaza San Martín —con "exultación y temor" según sus palabras— para hablar a miles de personas que rechazábamos la estatización de la banca. Nadie había sido capaz de explicarnos, de manera sencilla y atractiva, la importancia de la economía de mercado, del capitalismo popular, de la propiedad privada y la necesidad de una reforma del Estado. Pocas veces se recalcó tan claramente que la libertad política es inseparable de la libertad económica.

Durante la campaña presidencial en la que se vio involucrado, Vargas Llosa expuso su programa que incluía la privatización de las empresas públicas, la creación del sistema de fondos privados de pensiones (AFP), la reforma de la educación, entre otros temas, comprometiéndose, además, a conducir, personalmente, con firmeza pero respetando la Constitución y la ley, la lucha contra el terrorismo.

El Apra de entonces tergiversó sus propuestas mediante una campaña millonaria y terrorífica, afirmando que esas medidas ocasionarían la muerte de muchos compatriotas y machacaron, hasta el cansancio, que se iba a suprimir la educación gratuita.

El voto de apristas y comunistas permitió que en la segunda vuelta Fujimori ganara los comicios. El ahora extraditable, además, contó con todo el aparato estatal y la prensa adicta al régimen (el Senado tiempo después probó que el Sistema de Inteligencia Nacional espió telefónicamente a Vargas Llosa).

Derrotado Vargas Llosa, antes de retornar a su quehacer de escritor sin rencor ni mezquindad, pidió a los congresistas del Movimiento Libertad que apoyáramos de manera constructiva al nuevo Gobierno. Así lo hicimos. Él guardó silencio. Creyó que de esa manera contribuía a la consolidación de la nueva administración.

Hasta el 5 de abril de 1992 Vargas Llosa mantuvo una prudente actitud, pero a partir de ese día se convirtió en el más pugnaz opositor a la dictadura y alertó sobre sus funestas consecuencias.

La corrupta dictadura de Fujimori tuvo logros en el campo económico, pero cometió graves violaciones a los derechos humanos, sobre todo en la lucha antiterrorista que un sector importante de la población aprobó, sin interesarse por sus métodos.

Fugado Fujimori, Vargas Llosa apoya la Comisión de la Verdad creada por el presidente Valentín Paniagua. Elegido Alejandro Toledo, actúa con la independencia intelectual que lo caracteriza, aunque sus críticas las modera cuando este tambaleaba.

Llegado el proceso electoral de 2006, ante la encrucijada de elegir entre Alan García y Ollanta Humala, Vargas Llosa pide el voto —con reservas— por García, considerando a Humala una amenaza para el sistema democrático.

En estos últimos veinte años, en el aspecto económico, Fujimori inició una nueva ruta aplicando algunas de las ideas de Vargas Llosa. Paniagua, en el breve tiempo que ejerció el poder, a pesar de todo, no pudo modificar la orientación y Toledo, contra viento y marea, también la siguió obteniendo logros significativos. Ahora, sorprendentemente, García parece continuar la misma vía.

Ciertamente, no estamos ante una revolución liberal, pero lentamente nos vamos alejando de una economía atrofiada y estatista. Esta es una de las grandes contribuciones de Vargas Llosa: haber ayudado a variar el horizonte económico del Perú.

Vargas Llosa ha demostrado su compromiso con el Perú y la democracia. El país está en deuda con él, no solo por sus aportes como escritor, sino, también, por su apoyo cívico a la cultura de la libertad.

Este artículo fue publicado en El Comercio (Perú) el 21 de agosto de 2007.

Agua y educación: El fracaso del estado peruano

por Ian Vásquez

Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

Las torres de agua en las afueras de Lima, Perú dicen “Agua es salud, cuídala”. Para muchos residentes de Villa El Salvador, una de las barriadas más famosas de la capital, esa frase es una cruel broma. Muchos le han pedido agua al estado por décadas, sin lograr resultado alguno. Un millón de los ocho millones de habitantes de Lima no tienen acceso a agua limpia.

El monopolio de agua—el cual pierde alrededor de 40% de su agua mediante tuberías con fugas o de otras maneras no facturadas—es solo una de las tantas evidencias monumentales de la incompetencia estatal en el Perú. A los peruanos se les recordó otro ejemplo el mes pasado cuando el sindicato de maestros dirigido por comunistas hizo huelga, paralizando a las escuelas y desatando violencia a lo largo del país. El sindicato estaba protestando por una ley que requería que los profesores sean evaluados y que se les obligue a rendir cuentas de su competencia. Una evaluación realizada a principios de este año descubrió que un tercio de los profesores son deficientes con respecto a comprensión de lectura y que alrededor de la mitad de los profesores no pueden realizar matemáticas básicas.

El control del sindicato en las escuelas es la principal explicación del fracaso de la educación pública, de acuerdo al Instituto Peruano de Economía, el cual reporta que alrededor de la mitad de los jóvenes de 15 años carecen de una capacidad de lectura mínima. Finalmente, el sindicato accedió a suspender temporalmente su huelga mientras que negocia con el gobierno.

Sin embargo, aquellos que son más afectados por la crisis en la educación y del agua—los peruanos pobres—no se han quedado con los brazos cruzados. Están demandando soluciones privadas. De hecho, durante mis visitas a una de las partes más pobres de Villa El Salvador en los últimos dos años, he aprendido por qué los residentes comenzaron a protestar ante las oficinas estatales para demandar que se privatice Sedapal, la empresa estatal de agua de Lima. Los líderes de la comunidad y los residentes explicaban que se cansaron de ser ignorados por Sedapal. A ellos se les habían unido residentes de otras barriadas que rodean a Lima.

En una de estas protestas de cientos de personas de la barriada de Carabayllo ante el Ministerio de Finanzas el año pasado, Adolfo Peña Olivos dijo al Diario Correo que “Somos 116.000 familias de 120 asentamientos humanos que no tenemos agua ni desagüe desde hace más de diez años y muchos niños y ancianos se han muerto porque Sedapal no tiene los recursos para aliviar nuestras necesidades”.

Los pobres de Lima tienen la razón acerca del potencial del sector privado para satisfacer sus necesidades de agua—ellos pueden ver por si mismos cómo las empresas privadas han hecho que la electricidad, los teléfonos y la televisión de cable esté disponible en sus barrios. Tal como José Manuel Saavedra, director de CITPeru, una ONG local, observa irónicamente, las comunidades pobres tienen acceso al Internet pero no al agua.

Los pobres saben, también, que el precio que pagan caería dramáticamente con la privatización. El agua que ahora compran de tanqueros poco higiénicos cuesta entre 10 a 15 veces más que el agua de la red. En Guayaquil, Ecuador, una privatización realizada en 2001 ha reducido el precio de agua por un 90% para 275.000 personas pobres porque sus casas ahora están conectadas a la red formal de agua. El agua administrada por empresas privadas también puede salvar vidas, como ha sido el caso alrededor del mundo en desarrollo incluyendo Argentina, donde la mortalidad infantil se redujo en un 26% en las áreas más pobres donde se privatizó el agua.

Por casualidad, durante mis visitas aprendí que el rechazo de los servicios públicos se había extendido a la educación también. Un día, una mujer en Villa El Salvador me confirmó que el edificio grande que se veía a la distancia era una escuela pública y agregó que ella no manda a su hijo a esa escuela. En cambio, su hijo va a una escuela privada que cobra una pensión. “Duele, pero vale mucho la pena”, explicó ella.

Estando algo sorprendido, le pregunté si muchos padres hacían eso. Ella estimó que por lo menos la mitad de ellos lo hacen. Estando parados en una loma empolvada desde la cual se veía el pueblo, con el olor fétido del desperdicio humano contaminando el aire, la señora me señaló varios edificios en los cuales escuelas privadas del sector informal estaban educando a los pobres.

Resulta que las barriadas del Perú están llenas de estas escuelas privadas con fines de lucro. Aún así hasta donde yo se, el fenómeno no ha sido estudiado cuidadosamente. La evidencia anecdótica es, no obstante, consistente con el trabajo sin precedente del Profesor James Tooley de la Universidad de Newcastle, quien documentó cómo las escuelas privadas en las barriadas de África e India educan a la mayoría de los niños de esos barrios. El Sr. Tooley descubrió que los estudiantes de las escuelas privadas se desempeñaban notablemente mejor académicamente que aquellos de las escuelas públicas, y las escuelas privadas salían mejor posicionadas en gran parte de los indicadores, incluyendo la asistencia de los profesores.

Lo mismo parece suceder en el Perú. La única escuela primaria que visité, San Vicente de Paúl, ofrecía clases a 30 niños a un costo de alrededor de $12 al mes. Sus varias clases eran limpias y ordenadas, y se veían muy bien provistas. La escuela hasta tenía 10 computadoras conectadas al Internet y una pequeña área de juego. La principal queja de la promotora Ariela Roque, sin embargo, era que su escuela carecía de un título de propiedad, por lo tanto esto obstaculizaba su expansión.

De esta manera las personas en las invasiones de Lima dependen de su astucia para superar los numerosos obstáculos impuestos por el gobierno. Su pensamiento todavía es, como el antropólogo William Mangin, uno de los primeros en documentar las abundantes economías informales de las barriadas de Lima, lo describió hace aproximadamente 40 años: “Similar a las creencias del operador de un pequeño negocio en la Inglaterra o en EE.UU. del siglo diecinueve…Trabaja duro, ahorra, confía solo en tus familiares…se más listo que el Estado, vota de manera conservadora si es posible…educa a tus hijos para su futuro y a manera de seguridad para tu vejez”.

Aún en un país en el que el gobierno es disfuncional y ampliamente más grande que aquel de la Inglaterra del siglo diecinueve, esos valores podrían servir como una buena guía de desarrollo. Más gasto público del tipo que el Presidente Alan García ha iniciado en proyectos de agua en Villa El Salvador no darán resultado. Como CITPeru indica, Perú no tiene los recursos ni remotamente para gastar los $2.000 millones necesarios para satisfacer las necesidades de agua de Lima a menos que haya inversión privada.

Las nuevas tuberías de agua del gobierno estarán secas la mayoría del tiempo. Es hora de que el gobierno reconozca la dignidad de los pobres de Lima confiando en las soluciones de ellos.

Este artículo fue publicado originalmente en el Wall Street Journal el 20 de agosto de 2007.

Este artículo ha sido reproducido con el permiso del Wall Street Journal © 2011
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