31 de diciembre de 1969

Hugo Chávez

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¿Prensa libre e imparcial?

por Carlos Ball

Carlos Ball es Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE (www.aipenet.com) y académico asociado del Cato Institute.

Recuerdo como una pesadilla que, en mis últimos días como director general de El Diario de Caracas, mi superior directo en la organización dueña del periódico me llamaba todas las tardes para que le leyera el editorial del día siguiente y asegurarse así que no hubiese crítica alguna al gobierno.

Recientemente, varios de los más distinguidos columnistas del diario El Universal de Caracas fueron suspendidos porque sus artículos eran muy críticos del gobierno de Chávez. ¿Autocensura? ¿Presiones ejercidas desde el palacio presidencial? ¿Temor a perder la publicidad del gobierno en medio de una terrible recesión económica? No lo sé y seguramente nunca lo sabremos porque los periódicos, aunque informan todo el tiempo sobre lo que sucede a nuestro alrededor, suelen ser muy cerrados sobre lo que pasa internamente. Un buen ejemplo es la revista Forbes, la cual publica anualmente la lista de la gente más rica, pero siempre deja fuera la fortuna personal de su editor, Steve Forbes.

En CNN acaba de suceder algo tan lamentable como los recientes acontecimientos en El Universal. Renunció Lou Dobbs, quien comenzó en CNN desde su fundación, hace 19 años, y era presentador de "Moneyline", el segundo programa de mayor audiencia de la estación, cuya popularidad había aumentado 17% desde que fue expandido a una hora cada noche.

La programación de CNN se distingue por presentar como noticias las opiniones de sus ejecutivos en cuanto a la necesidad de nuevas leyes y regulaciones para protegernos a todos, a nuestros hijos y al medio ambiente de cuanto peligro hay en el universo. Y la manera de lograrlo -según CNN- es a través de nuevas leyes, de nuevas regulaciones y controles gubernamentales. Cada día, CNN le presenta a los burócratas media docena de nuevos campos donde inmiscuirse.

A mi juicio, el mejor programa de CNN era "Moneyline con Lou Dobbs". El comienzo del fin ocurrió el jueves 3 de junio, cuando el presidente de CNN, Rick Kaplan, ordenó al productor de "Moneyline" suspender la transmisión normal para pasar en vivo un discurso muy poco interesante de Bill Clinton, desde la escuela Columbine en Littleton, Colorado. Dobbs, visiblemente molesto, le dijo a los televidentes que estaban regresando a Colorado "porque el presidente de CNN Rick Kaplan lo quiere así". La razón aparente es que el clintonista Kaplan es compañero de golf del presidente de Estados Unidos y si usted quiere jugar golf regularmente con Bill Clinton y compartir esa aureola de celebridad, mejor es que no le niegue a la Casa Blanca los favores que le pidan.

Mientras las otras cadenas de televisión de Estados Unidos han informado lo menos posible sobre el espionaje chino y la incompetencia de la administración Clinton en guardar los secretos militares de la nación, Lou Dobbs presentó un programa en vivo desde Los Alamos y ha hecho constantes seguimientos a esa importante noticia que ya brilla por su ausencia en los demás canales de televisión.

En conclusión, si usted -colega periodista- juega golf con Clinton o es amigo de Chávez, su posición está asegurada. De lo contrario, ponga su barba en remojo y esté siempre dispuesto a meterse la lengua discretamente en el bolsillito de su chaleco. ©

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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Venezuela: ¿Fin del compadrazgo?

por Carlos Ball

Carlos Ball es Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE (www.aipenet.com) y académico asociado del Cato Institute.

La elección de Hugo Chávez a la presidencia con 56% de los votos fue un rudo golpe para el "establishment" político venezolano y puede significar el fin de una era de corrupción y empobrecimiento. Los últimos dos presidentes de Venezuela, Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, parecían personajes de la novela "Il gattopardo" del príncipe de Lampedusa, la cual mostraba una decadente aristocracia siciliana instrumentando cambios para asegurarse de que todo siguiera igual.

A lo largo de los 41 años de democracia en Venezuela, los partidos Acción Democrática (AD) y Copei se han alternado en el poder y fueron los firmantes del famoso Pacto de Punto Fijo (nombre de la casa de Rafael Caldera) para cerrarle las puertas a toda nueva competencia. Si había diferencias originalmente entre esos dos partidos, estas se notaban cada vez menos a medida que la nomenclatura extendía sus tentáculos sobre toda la sociedad y sus instituciones: el Congreso, el sistema judicial, la burocracia, los sindicatos, las asociaciones profesionales, las universidades y hasta las Fuerzas Armadas. Se trataba de una dinastía aparentemente intocable.

Pero Hugo Chávez desafió todo eso, haciendo campaña contra el "establishment", con el apoyo de una coalición de nuevos y viejos partidos llamada Polo Patriótico. Cuando se juramentó el 2 de febrero lo hizo de manera poco tradicional: "Juro delante de Dios, juro delante de la Patria, juro delante de mi pueblo y ante esta moribunda constitución cumplir las transformaciones democráticas que sean necesarias para que la República tenga una nueva constitución adecuada a los nuevos tiempos".

Los congresistas adecos y copeyanos ahora se rasgan las vestiduras en defensa de la constitución de 1961, pero se trata de los mismos partidos y de muchos de los mismos personajes que mantuvieron suspendidas a lo largo de 30 años las cláusulas constitucionales que garantizan la libertad económica y la propiedad privada. La razón es que ello les permitía controlar la economía y hacer lucrativos negocios con sus cómplices, los empresarios mercantilistas. Ahora Hugo Chávez  amenaza años de "inversiones" de estos políticos con sus compadres en el sector privado.

El sistema judicial fue virtualmente destruido. Bajo las viejas dictaduras, los jueces eran seleccionados por su honorabilidad y por sus credenciales profesionales. Pero AD en 1969 promulgó una ley que determinó la selección de los jueces según su afiliación política y en proporción a los resultados electorales. Ese fue el principio del fin de la seguridad jurídica en Venezuela. Hoy, en los tribunales ganan los que tienen los bolsillos más profundos o los mejores contactos políticos. Los pobres que no pueden pagar a un abogado con contactos políticos se pudren en la cárcel esperando que lleven su caso a juicio.

La madre de Hugo Chávez quería que fuera sacerdote, pero él prefirió el ejército y en 1992 fracasó en un golpe contra el presidente Pérez. Sus opositores lo denuncian como radical, pero confrontó a un bipartidismo corrupto y enquistado, cuya caja chica era la tesorería nacional. En los últimos 25 años, el número de empleados públicos se disparó de 486.000 a 1,3 millones y los sueldos de esa inmensa burocracia fueron financiados inflando la moneda. Hoy se requieren 578 bolívares para comprar un dólar, contra apenas 4,30 bolívares en 1983. Se trata de una devaluación de 13.340% que ha afectado a todos los venezolanos, pero especialmente a los más pobres. Hoy 80% de la población vive en la pobreza y el ingreso real per capita retrocedió a niveles de 1952. La reciente caída de los precios del petróleo no sólo dejó al desnudo la economía venezolana sino que también dejó al "establishment" político sin dinero para comprar votos. Unas elecciones limpias llevaron a Chávez al poder.

Las políticas de Chávez apenas comienzan a configurarse, pero la popularidad del joven presidente es inmensa entre los pobres y la reducida clase media. La gente está cansada de oír las mismas promesas. No le hable de macroeconomía ni le diga a quienes viven en los ranchitos de los cerros de Caracas que el gobierno venezolano es dueño de Citgo, el mayor vendedor de gasolina en Estados Unidos. Esa gente no tiene agua corriente y tiene que pagar protección a las pandillas porque la policía está ocupada sirviendo de guardaespaldas a los políticos y burócratas.

Aún cuando el ex presidente Jaime Lusinchi vivía en Miami, 36 agentes seguían asignados en Caracas, a tiempo completo, como sus guardaespaldas. Uno de los primeros actos del presidente Chávez fue despedirlos a todos,como también a los corruptos jefes de las aduanas del país. Su primera promesa electoral fue ofrecer seguridad a la gente común y corriente. Algunos analistas indican que Chávez es una combinación de marxista con populismo a lo latinoamericano. Es cierto que se ha rodeado de viejos socialistas. Pero a pesar del recibimiento de héroe que Fidel Castro le dio en Cuba en 1994, veo difícil que se quiera identificar con una ideología fracasada.

Indudablemente él es nacionalista y patriota. Su mensaje económico es complicado y caprichoso, pero ¿qué más hay de nuevo entre los políticos desde la Bahía de Hudson hasta Cabo de Hornos? Además, Chávez parece estar aprendiendo rápidamente. Los sindicatos controlados por AD exigieron controles de precios y aumentos generales de salarios. Chávez dijo "no". Entonces, ¿quién es el populista, el nuevopresidente o la vieja guardia?

La nueva constitución preocupa a muchos. Las recientes constituciones de Colombia y Brasil son mucho peores que las anteriores. Y gente cercana al presidente quiere incluir en la constitución todo deseo político imaginable. Pero la experiencia venezolana poco tiene que ver con una verdadera democracia republicana.Chávez confronta a un Congreso repleto de dinosaurios y ve la solución en una nueva constitución. Ya procedió a reducir el número de ministerios de 24 a 14.

Varias décadas de infames gobiernos no se reparan de la noche a la mañana.Una retórica de guerra de clases ha surgido y algunos de los viejos mercantilistas financiaron la campaña electoral de Chávez, presumiblemente con alguna intención. Pero el nuevo presidente venezolano es inteligente y quiere lo mejor para su país. Se trata apenas del comienzo del cuento y aquellos que le digan que saben el final están mintiendo.©

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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