31 de diciembre de 1969

Fidel Castro

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Cuba: ¿Quién fabricó la trama?

por Ricardo Medina

Ricardo Medina es analista político mexicano.

Huber Matos, tal vez el más lúcido e independiente de los comandantes de la revolución cubana, debe saber de lo que habla: Ve con extrema cautela y desconfianza las “novedades” en la isla. Recuerda que los hermanos Castro Ruz son los amos del engaño y la perfidia y advierte que los festejos de algunos exiliados son prematuros.

Matos denunció valientemente, a unos diez meses de la entrada triunfal en La Habana de los revolucionarios (entrada en la que él acompañó a Fidel Castro), la traición a la revolución cubana que empezaba a ser dominada, en los hechos, por los comunistas, cuya cabeza visible era nada menos que el “hermanísimo” Raúl. Esa denuncia le costó 20 años de cárcel y torturas y sigue con vida, en el exilio desde luego, gracias a la perseverante presión que ejerció en su momento José Figueres, el ex-presidente de Costa Rica. Huber Matos conoce como pocos la prodigiosa capacidad de engaño y astucia de Fidel y el papel de “torturador malo” que ha jugado Raúl, en esa horrenda y criminal charada que ha sido el régimen de Castro en Cuba, para dejar a Fidel el papel del “torturador bueno”.

Presté especial atención a la entrevista que el martes por la noche le concedió a Guillermo Ortega Ruiz, porque Matos es una fuente confiable para tratar de entender los enigmas de los Castro.

Algunas anotaciones provisionales, mías no de Matos:

1. El gobierno de Estados Unidos debe hacer tres cosas ante lo que sucede en Cuba: Abstenerse, ver y refrenar. Abstenerse de cualquier intento de influir en el futuro inmediato de Cuba. Ver con objetividad los acontecimientos, distinguir entre las simulaciones de artificio (en las que Fidel Castro ha sido un maestro) y las realidades. Y refrenar, enérgicamente, cualquier intento del exilio en Miami de hacer descabelladas “operaciones de rescate”.

2. El petróleo venezolano es clave para la supervivencia de la economía (y del régimen) en Cuba, pero hay claros indicios de que Raúl Castro, el sucesor, no ve precisamente con buenos ojos al fanfarrón Hugo Chávez. En Venezuela, Chávez debe estar mordiéndose las uñas…

3. No es del todo descabellada la hipótesis de que Raúl eventualmente intentaría una reforma “a lo chino”: Liberalizar la economía pero mantener el férreo control político e ideológico. Raúl es mucho menos carismático y vivaz que Fidel, pero es también más ordenado y metódico. Hay quien supone que Fidel ya ha muerto y que este montaje es una calculada estratagema de Raúl para imponerse “suavemente” y realizar, paso a paso, esa reforma “a lo chino”. En tal caso, la Venezuela de Chávez sería más un estorbo que una ayuda.

La única certeza en todo este misterio es que no estamos ante un hecho fortuito, sino ante una trama que alguien —¿Fidel?, ¿Raúl?, ¿Fidel y Raúl?— ha preparado con sumo cuidado.

Artículo de AsuntosCapitales © Todos los derechos reservados.

El mito del sistema de salud cubano

¿El comercio con Cuba promoverá la libertad o subsidiará la tiranía?

por Jeff Flake

Jeff Flake es Congresista Republicano de Arizona.

Muchas gracias. Realmente agradezco la invitación. Cuando trabajaba en el Goldwater Institute, a veces la gente se refería a nosotros como el Cato del Oeste. Así que siempre me siento cómodo por aquí.

La gente siempre me pregunta cómo me involucre en este asunto. Arizona no está precisamente repleta de Cubano-Americanos. De hecho, yo usualmente explico que hice una encuesta en mi distrito sobre qué hacer con Cuba si mi política fuera la de ellos, y los dos únicos Cubano-Americanos que hay me dijeron que podía hacer lo que yo quisiera.

Pero para mí se trata de la libertad. He estado comprometido principalmente en levantar la prohibición de viajar a Cuba. El gobierno no debería de decirnos adónde y adónde no podemos viajar. Eso no representa el espíritu norteamericano.

Nosotros como Republicanos debemos ser consistentes en nuestra política exterior, y hemos tomado la posición de que el acercamiento es lo que debemos hacer. Si nos aproximamos a China, esa reforma económica conducirá a una reforma política. Lo mismo en Corea del Norte, lo mismo en Vietnam. Hemos adoptado esa posición y hemos visto los resultados de la misma, pero con Cuba volvemos nuestras miradas y decimos que no, que no vayamos tan rápido ahí, y eso simplemente no tiene sentido. Debemos ser consistentes en nuestra política exterior.

En cuanto a la prohibición de viajar, es particularmente pernicioso porque realmente no lo tomamos en serio. La prohibición no se hace respetar equitativamente. No se le aplica a los Cubano-Americanos del sur de Florida. Sabemos que no se hace cumplir en lo absoluto, como debería ser. No debería hacerse respetar de todas formas, pero si no se les va a pedir a los Cubano-Americanos que respeten la prohibición, no se le debería pedir a mis electores tampoco.

También tenemos una situación con las remesas que tampoco se hace cumplir para nada. Los Cubano-Americanos pueden enviar actualmente $100 al mes a sus familiares en Cuba. Cualquier monto por arriba de esto es una violación a la ley. Puede llevarlo a la cárcel; pero eso nunca sucede. Simplemente no se hace respetar, ni tampoco se debería hacer. Y es precisamente por eso que cambiamos la ley hace dos días para eliminar el tope a las remesas. No deberíamos limitar la caridad familiar, más bien debemos alentarla.

Yo le pregunté a algunos amigos en el gobierno cuál es la diferencia entre turistas yendo a Cuba y gastando su dinero, dándole propina a un taxista o comprándole curiosidades a algún artesano o a alguien vendiendo en la calle, cuál es la diferencia entre darle dinero a ellos y una familia dando remesas a sus parientes. Ellos responden que las remesas son subversivas. Y yo estoy de acuerdo, pero mi punto de vista es que si son subversivas, hagamos más subversiones.

Debemos ser mucho más subversivos. Así fue como levantamos esa prohibición y tuvimos éxito en hacerlo. Creo que vamos en la dirección correcta.

La realidad es que a través del país existe un apoyo abrumador para levantar la prohibición a viajar. En la misma Florida, hay un apoyo aplastante. Inclusive encuestas recientes sugieren que dentro de la comunidad Cubano-Americana existe un respaldo mayoritario para levantar la prohibición. Ahora bien, yo no creo que debemos dejarnos influenciar por las encuestas, eso es algo aparte. Pero para aquellos que sí las consideran importantes, deben saberlo.

Les puedo decir que hace dos días hubo 262 votos para levantar la prohibición a viajar. Si tuviéramos un voto secreto en el Congreso norteamericano, probablemente podríamos sumar entre 75 y 100 votos más. Muchos se me acercaron o hablaron a otros compañeros y nos dijeron que querían el cambio, pero tenían que apegarse a la fracción, o que habían votado así por muchos años, o cualquier otra cosa. Así que la corriente ha cambiado substancialmente. La gente ya empieza a darse cuenta de que 42 años es demasiado tiempo para continuar con una política fallida.

El otro bando dirá, y probablemente lo oiremos más tarde, que no le deberíamos tirar un hueso a Castro ahora. No lo deberíamos premiar con dólares de turistas. Él está al borde del precipicio. Está a punto de caer.

Bueno, eso fue lo que pensamos en 1992 también. Cuando los soviéticos se retiraron, ellos dijeron que eso lo liquidaría, que no podría vivir sin el apoyo de ellos. Sin embargo, él aflojó ciertos controles y sobrevivió en el 92, a pesar de que le impusimos mayores sanciones con la Ley para la Democracia en Cuba.

Luego, en 1996 con la Ley Helms-Burton, volvimos a endurecer las sanciones. Y nuevamente miembros del Congreso nos afirmaron que esto iba finalmente a acabar con Castro, pero no fue así. Todavía continúa allí. Aún está al mando. Sigue siendo el mismo matón que siempre ha sido.

La diferencia en el debate en el último par de años es que ya nadie argumenta que debemos levantar las sanciones y eliminar la prohibición porque Castro está cambiando; que necesitamos premiarlo por su comportamiento.

Sin embargo, nosotros reconocemos que Castro no ha cambiado ni lo va a hacer. Yo no creo que yo lo pueda cambiar. Yo fui a Cuba el año pasado y rehusé a reunirme con él. Pienso que él es un matón; que tiene sangre en sus manos. Él retiene prisioneros políticos. No me creo capaz de convencerlo de nada; y francamente no quería pasar seis horas oyendo a una vieja gloria hablando sobre las maravillas del socialismo. Cada día él es más irrelevante si simplemente lo ignoramos. Nosotros podemos esquivarlo si facultamos a la gente allá a través del comercio y la interacción.

El problema con nuestra política es que agrandamos a Castro. Le permitimos que nos culpe por todos los fracasos del socialismo. Realmente me llama la atención que lo califiquemos de mentiroso y ladrón, pero cuando él dice querer que se levante el embargo, nosotros creemos que eso es realmente lo que quiere. Eso es lo último que desea, ya que él sabe muy bien que nosotros somos un chivo expiatorio muy conveniente. Esto es lo que realmente ha cambiado el debate.

Cuando el bando que quiere mantener el status quo afirma que Castro es malo y que mantiene prisioneros políticos, nosotros inmediatamente contestamos que eso ya lo sabemos, que probablemente él es peor de lo que creemos. No obstante, el dilema radica en qué hacer al respecto. ¿Continuar golpeando nuestras cabezas contra la pared y usar las mismas políticas fallidas de los últimos 40 años que niegan la libertad de los estadounidenses, o asestar un golpe por la libertad y permitir que nuestros compatriotas viajen? El pueblo estadounidense es nuestro mejor embajador. Ellos exportan nuestra cultura y valores.

El otro bando dirá que cuando un turista vaya a Cuba, se le dirá adónde tiene que estar y permanecerá en un complejo turístico en donde no tendrá ningún contacto con el pueblo cubano. Típicamente esto lo dice la gente que nunca ha ido a Cuba, porque la realidad es muy diferente. A Castro de seguro le encantaría tener la habilidad de controlar todo lo que uno hace, pero simplemente no puede. Los turistas que van allá y pasan 10 minutos en La Habana se dan cuenta de que hay mucho turismo en las calles; algunos norteamericanos que van ilegalmente o consiguiendo un permiso, británicos y otros que van e interactúan constantemente. En Cuba existe un mercado negro en ciernes que debemos ayudar y asistir.

Yo soy el primero en admitir que algunos dólares de turistas terminarán en las manos de Castro si permitimos viajar a Cuba. No hay manera de evitar esto. Pero tampoco se puede evitar que el dinero vaya al pueblo, y eso es algo que no tenemos actualmente. La mano invisible no discrimina. No podemos decir que funciona en China o en Vietnam o en otros lugares, pero que no lo hará en Cuba. Sí lo ha hecho y sí lo hace.

El problema es que simplemente necesitamos más porque, como a Phil Peters le gusta decir, la disidencia en Cuba se manifiesta a través de balseros yendo a Florida en lugar de gente que esté dispuesta a quedarse y protestar con la esperanza de algún rayo de luz. Tenemos manifestantes en el sur de Florida en lugar de Cuba, y eso es lo que más necesitamos, y ellos necesitan ser apoyados por gente que vaya allá y les dé una mano. Esto puede ser logrado únicamente a través de más viajes, comercio e interacción.

Si queremos libertad para el pueblo cubano, debemos empezar por ejercerla nosotros mismos, y ese es el meollo del asunto.

Discurso dado el 25 de Julio del 2002 en el Hayek Auditorium del Cato Institute.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.

La Cuba de Fidel

por José Piñera

José Piñera fue el ministro del Trabajo y Previsión Social de Chile responsable de la reforma radical del sistema de pensiones en 1980 (www.josepinera.com), es co-presidente del Proyecto para la Privatización de la Seguridad Social del Cato Institute, y presidente del International Center for Pension Reform (www.pensionreform.org).

"Veinte vuelos a la semana parten desde España con destino a La Habana. Transportan al año a doscientos mil turistas solteros con destino a la isla del Caribe. Casi todos buscan lo mismo: compañía femenina por unos días. La empobrecida Cuba de Castro es ahora el Bangkok de lengua hispana. Cuba era conocida como el burdel de los yanquis. Ahora, rápidamente, se está transformando en el burdel de los españoles". Así describe a Cuba tras 40 años de comunismo, el periodista del Times, Tunku Varadarajan:

La Cuba de fines de los años 50, oprimida por el general Fulgencio Batista (admirador del dictador italiano Benito Mussolini), clamaba por la Revolución Americana, aquella fundada en la premisa de que todos los hombres nacen iguales en sus sagrados derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.De allí que cuando el 1 de enero de 1959, entró a La Habana Fidel Castro y su banda de guerrilleros, hubo una ola mundial de expectación. Pero el comandante no siguió a Adam Smith y Thomas Jefferson, sino a Carlos Marx  y Vladimir Lenin. La Revolución Comunista Cubana es hoy sinónimo de pobreza y muerte.

Al año de estar en el poder, Fidel Castro sostuvo que el ejemplo de Cuba  convertiría a la Cordillera de los Andes en la Sierra Maestra hemisférica. La guerra a las democracias latinoamericanas estaba declarada. Antes de morir en Bolivia en 1967, el Che Guevara proclamó que estaba ahí para crear "varios Vietnam" en el centro de America Latina. Aunque Castro apoyó y financió partidos marxistas y movimientos guerrilleros en casi todo el continente, sólo logró un efímero éxito en el Chile de Allende y en la Nicaragua de los sandinistas. Su legado en América Latina es la destrucción de varias economías, la violencia y el terror.

En Cuba, Castro estableció una dictadura totalitaria, controlando hasta los más mínimos aspectos de la vida diaria de los cubanos. La lógica comunista fue aplicada de manera implacable no sólo a la producción, llevando el ingreso per cápita desde alrededor de 2.000 dólares antes de la Revolución a 1.000 dólares actualmente, sino también a todas las áreas de la sociedad.

Decenas de miles de cubanos han arriesgado su vida intentando escapar, a través de un mar infestado de tiburones, a la sociedad libre de los Estados Unidos. Para muchos de ellos, se ha cumplido el aberrante slogan fidelista: "Socialismo oMuerte".

Toda persona decente debe reflexionar sobre  estas palabras del ensayista Federico Jiménez Losantos: "Un ex presidente latinoamericano ha declarado que Fidel Castro no es un problema para nadie. Se olvida la cuestión fundamental, que es el problema que Castro representa para los cubanos. Y no para los de Miami sino para los de la isla, que son los que se mueren de hambre, los que se tiran al mar en balsas que son aperitivos para los tiburones, los que guardan en su cuarto de baño a un cerdo al que previamente le han cortado las cuerdas vocales para que los vecinos no se enteren de la representación casera de Rebelión en la Granja, la obra del nunca suficientemente alabado George Orwell".

Informe sobre Cuba

por L. Jacobo Rodríguez e Ian Vásquez


El Congreso de los Estados Unidos debería:

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