Mayo 04 de 2004
Vendiendo el Sentido Común
por Roberto Salinas León
Para prosperar, para invertir y salir adelante, se necesita la
seguridad personal de que la propiedad, y los frutos de la misma,
están bien definidos ante la ley, son transferibles y transparentes.
O sea, se requiere la certidumbre sobre el principio lo mió
es mió. Este principio, en el fondo, hacer toda la
diferencia entre la prosperidad y la miseria.
Esta idea, tan básica para el bienestar económico,
ha sido objeto de vituperación de parte de una cultura intelectual
políticamente correcta, siempre identificada con el romance
semántico de la izquierda, los justos enemigos
del mal, llámese este neo-liberalismo, la
derecha o el innombrable. Claramente, esta situación
es más producto de los errores en la transmisión del
mensaje sobre la importancia capital de derechos de propiedad, que
la falta de seriedad por parte de la academia progresista.
Sin embargo, una persona que ha logrado transmitir este mensaje
en forma efectiva, y contundente, sin a la vez convertirse en objeto
de ataque por las vísceras progresistas, es Hernando de Soto,
el economista peruano que ha estudiado el fenómeno de la
economía informal, como consecuencia de un orden institucional
discriminador, carente de derechos de propiedad bien definidos.
De Soto es admirado, por un lado, en los círculos libertarios
(acaba de ser nombrado ganador del Premio Milton Friedman para el
Avance de Libertad, otorgado cada dos años por el Cato Institute);
y, por el otro, en círculos progresistas (la revista Time
lo acaba de nombrar uno de los cien intelectuales más influyentes
del mundo). Su mensaje ha logrado penetrar en la derecha, en la
izquierda, en el centro, arriba, abajo, en todos lados.
De Soto, sin embargo, habla sencillamente de un principio de sentido
común. Hay un gran espíritu empresarial entre los
pobres viviendo en países subdesarrollados, pero que se encuentra
desviado al margen del marco legal, sin la protección que
arroja la garantía a que lo mió es mióno
de otro, no del burócrata, no del Estado, no de la Nación,
sino mío. En ausencia de un orden jurídico
de derechos de propiedad, surge el fenómeno del capital muertoun
formidable residuo de activos, de riqueza potencial, que no se pueden
transformar en capital, y que mantienen a las clases marginadas
en pobreza perpetua.
Esta forma de analizar el fenómeno de la pobreza trasciende
los esquemas típicos de asistencialismo financiero, donde
grandes cantidades de recursos se han desperdiciado en el financiamiento
de ogros filantrópicos burocráticos. Los pobres, marginados
del marco legal por las oligarquías mercantilistas, podrían
ser beneficiarios de una gran riqueza, si, y sólo si, antes
del financiamiento, tuvieran la estructura adecuada de incentivos
que da todo un marco normativo de derechos de propiedad bien definidos.
El acceso de los millones de ciudadanos informales a títulos
claros de propiedad, a las viviendas, los negocios, los predios,
sería el paso capital para ingresar al mercado de los créditos,
y con ello a una estructura de financiamiento basado en incentivos.
En nuestro entorno de incertidumbre jurídica, una vivienda,
empresa, o predio, no se puede apalancar para obtener liquidez,
para invertir, comerciar, calcular, para prosperar. Los pobres son
dueños de una gran riqueza de capital muerto, inservible
dada la ausencia de un sistema que permita a los agentes transportar
sus títulos de propiedad en el sistema económico y
aprovechar la óptima combinación de los factores de
producción.
El valor del capital muerto en México, según De Soto,
asciende a más de la mitad del ingreso nacionalni más
ni menos que 350 mil millones de dólares. Este es el costo
de oportunidad de la tramitología, de la discriminación
jurídica que vive nuestra economía. Y después
nos preguntamos porqué un país tan rico es tan pobre.
La repuesta, al final del día, es por no respetar el sentido
común, la lógica económica de la prosperidad.
Roberto Salinas-León es Director General de Política
Económica de TV Azteca en México y Académico
Asociado del Cato Institute.
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