10 de febrero de 2000

Una nota sobre el regreso a una economía mundial

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por Ian Vásquez

Ian Vásquez es el director del Proyecto sobre Libertad Económica Global del Cato Institute.(este ensayo fue preparado originalmente para "La Ilustracion Liberal", Madrid, España,1999).


Si deseamos entender el avance actual del capitalismo global, merece la pena recordar que es la segunda vez que ha emergido un orden económico liberal internacional, primero a finales del siglo XIX y ahora, a finales del siglo XX. [1] En muchos aspectos, la economía mundial simplemente ha regresado adonde estaba hace cien años, incitando a economistas prominentes a preguntarse si el nivel de integración internacional es tan alto hoy en día como lo era antes de las interrupciones de dos guerras mundiales y de una Gran Depresión.

En un estudio reciente, los economistas Michael Bordo, Barry Eichengreen y Douglas Irwin se preguntan si la globalización de hoy es realmente diferente a la de hace un siglo.[2] Responder a esa pregunta nos puede ayudar a determinar si estamos viviendo en tiempos sin precedente, si el estado-nación  está quedando obsoleto, y si el orden económico liberal internacional promete perdurar.  De hecho, como han señalado varios observadores, el mero hecho de que el primer episodio del capitalismo global tuviera un fin tan cataclísmico debería forzarnos a reflexionar sobre las características actuales de la integración comercial, financiera y laboral. 

Flujos de Personas, Bienes y Servicios

Un área en el que el mundo es decididamente menos liberal que bajo la Paz Británica es la de la inmigración.  Aunque los avances tecnológicos han hecho que viajar sea mucho más asequible y conveniente que en el siglo XIX, cuando las restricciones sobre la inmigración eran mínimas o inexistentes, apenas existe un país en el mundo hoy -ciertamente no un país rico- que no tenga una serie de regulaciones laborales y de inmigración.  Como Deepak Lal explica convincentemente, dichas restricciones en el movimiento de las personas existen hoy porque la ciudadanía concede derechos a los servicios que proporciona el estado del bienestar.[3]  No obstante aunque haya crecido el estado del bienestar, también han aumentado los flujos de migración.  De 1965 a 1990, la población del mundo nacida en el extranjero a crecido de 75 millones a 120 millones--con los flujos de países pobres a países ricos siendo los que más se han acelerado.  El número de gente que ha migrado a los Estados Unidos ha crecido diez veces desde 1945, por ejemplo, pero como porcentaje de la población estadounidense ese número sólo representa todavía un tercio del máximo que alcanzó a principios de siglo.[4]

Como contraste, el comercio mundial de mercancías alcanzó su nivel de 1913 durante los años 70.[5]  Las exportaciones mundiales como porcentaje del producto mundial permanecieron alrededor del 12 por ciento a principios de los 70 y han crecido a cerca del 17 por ciento desde entonces.  Las exportaciones de los EE. UU. como porcentaje de la economía de ese país son solamente ligeramente superiores hoy, cuando representan un 8 por ciento de la economía americana, que a finales del siglo XIX.  Incluyendo el comercio de servicios, no obstante, la cifra de las exportaciones de los Estados Unidos aumenta a cerca del 11,9 por ciento del PIB.  En realidad, el crecimiento del comercio en servicios como el turismo, las finanzas, las aseguradoras, y la asistencia técnica es mucho más pronunciado hoy que en el pasado.  Así que, tomando en cuenta las exportaciones mundiales de mercancías y servicios, las exportaciones mundiales han crecido a un 24 por ciento de la producción mundial de hoy día.[6]

Otras dos características distinguen el comercio en el nuevo orden económico liberal internacional: la aparición de las corporaciones multinacionales y el cambio en la composición del comercio.  Gran parte del comercio de hoy en día trae consigo el que las multinacionales hayan convertido el mismo proceso de producción en un fenómeno mundial y que tomen parte en comercio dentro de la misma empresa.  Por consiguiente, los bienes manufacturados son exportados cada vez más  desde los países en vías de desarrollo a los países industrializados.  Eso contrasta bruscamente con la experiencia del siglo XIX cuando los países periféricos exportaban materias primas a los países desarrollados, quienes manufacturaban  bienes que luego exportaban a la periferia.  Bordo y otros, por ejemplo, señalan que el 80 por ciento de las importaciones de los Estados Unidos desde México son productos manufacturados mientras que esa cifra era sólo el 10 por ciento hace cien años.  Así que, aunque las exportaciones estadounidenses de mercancías no hayan aumentado dramáticamente como porcentaje de la economía, un alto porcentaje de la producción en los sectores que participan en el comercio exterior en los Estados Unidos se realiza en el extranjero.[7]

Integración Financiera

¿Está el mundo más integrado financieramente que en el pasado?  Un vistazo a los flujos netos de capital indica que la respuesta es no.  La salida de capitales de Gran Bretaña alcanzó el 9 por ciento de su PIB durante la era Victoriana, con cifras similares para Alemania, Francia, y los Países Bajos.  Ningún país hoy en día se acerca a esos niveles de flujos netos de capital.  En los años 90, el promedio de la salida de capitales para las economías principales ha sido ligeramente superior al 2 por ciento del PIB.[8]

Otra diferencia en la integración de los mercados de capital sugiere que el mundo de hecho está más integrado de lo que jamás lo ha estado en la historia.  Los flujos brutos de capital, que son alrededor de 1,25 billones de dólares al día, son mucho más grandes que durante cualquier otro período de la historia y gran parte de ese dinero representa inversiones a corto plazo.  Los inversores hoy día pueden reaccionar de inmediato a desarrollos políticos y económicos alrededor del mundo en un mercado que ofrece un amplio rango, cada vez más creciente, de instrumentos financieros.  Los inversores, además, están colocando sus fondos casi en igual proporción entre acciones y títulos de deuda, que predominaban hace 100 años.  En aquel entonces, las finanzas internacionales se concentraban en la financiación de sectores determinados, principalmente los ferrocarriles y bonos del estado.[9]  Hoy, con una información más rápida y tal vez más de fiar sobre las oportunidades de inversión, los fondos internacionales fluyen a virtualmente todos y cada uno de los diferentes sectores de las economías de un país.  En breve, aunque los flujos netos de capital no sean tan grandes como en el siglo XIX, los flujos brutos no tienen precedente en su tamaño, ni tampoco tienen precedente la extensión y la sofisticación de los mercados de capital, lo que sugiere que la integración financiera es mayor hoy que durante el primer episodio del capitalismo global.

El Rol de la Tecnología y de la Política

¿Es la globalización efecto del cambio político o del cambio tecnológico?  Una vez más, Bordo y otros sugieren diferencias importantes entre los dos episodios del capitalismo mundial.  Durante el último siglo, los cambios tecnológicos claramente llevaron a la globalización.  Ya para la década de 1860, las bases políticas para establecer un orden económico liberal internacional se habían sentado.  Gran Bretaña había derogado las leyes del trigo y se había establecido en China en los 40, había conquistado India en 1857, y, con Francia, había derrotado a Rusia en la Guerra de Crimea en 1856.

Avances contemporáneos y subsecuentes en tecnología llevaron a una caída de entre  40 y 50 por ciento en los costos de transporte durante la última parte del XIX y comienzos del XX.  El cable trasatlántico que se colocó en la década de 1860, fomentó el uso de trenes y de telégrafos, el Canal de Suez se completó en 1869, y el teléfono radio estableció un vínculo entre Europa y América del Norte hacia 1900.  Estas y otras innovaciones contribuyeron a la primera aparición del capitalismo mundial.

La globalización de hoy se ha beneficiado de mejoras tecnológicas pero se debe casi en su totalidad a cambios políticos dramáticos.  Los países han reducido sus barreras comerciales y han abierto sus economías desde los años 80 y en particular desde la caída del Muro de Berlín.  (Esto contrasta con la experiencia del siglo XIX cuando las naciones en realidad estaban subiendo gradualmente las tarifas comerciales a medida que avanzó el siglo.)  Nuevas tecnologías como el transporte aéreo pueden haber contribuido a impulsar la globalización de hoy, pero no se debe sobreestimar su impacto.  Por otra parte, la tecnología en la era de la información puede que le dificulte la labor a los políticos que traten de revertir el curso del capitalismo mundial.

Aunque a menudo se dice que la globalización crea desigualdad y volatilidad económica, la evidencia histórica apunta, de hecho, hacia la convergencia económica de los niveles de vida entre los países que abren sus economías.  Hay estudios que muestran tendencias a la convergencia entre países que pertenecen a la OCDE, entre los estados de los Estados Unidos, y entre las prefecturas japonesas.[10]  Significativamente, el economista Jeffrey Williamson encontró una diferencia decreciente en los estándares de vida entre la gente que vive en países que han participado en la economía internacional durante ambos períodos del capitalismo global.  "La historia ofrece una correlación positiva sin ambigѼedades entre la globalización y la convergencia.  Cuando se examinan con detalle los años anteriores a la primera guerra mundial," agrega Williamson, "la correlación  resulta ser causal: la globalización desarrolló el papel crítico en la contribución hacia la convergencia."[11]

El Sistema Financiero 

La incidencia de las crisis financieras en Asia, Rusia y otras partes en años recientes también se ha tratado a menudo como algo novedoso y como consecuencia de la globalización.  No obstante los economistas han examinado el desorden económico reciente y han formado un consenso general acerca de los factores causales incluyendo: tipos de cambio ligados a otras monedas, asignación estatal del crédito, sistemas financieros protegidos, riesgo moral a nivel nacional e internacional y una falta de transparencia en las cuentas oficiales.   A pesar del consenso, los críticos de la globalización han utilizado esas crisis para promover alejarse de un sistema basado en el mercado hacia mayor intervencionismo.  Así, se cita a India por haber seguido políticas más prudentes que sus vecinos de Asia del Este dado que su sistema más cerrado le ha permitido evitar sucumbir a la crisis financiera regional.  El precio que ha pagado por la estabilidad, por supuesto, ha sido una pobreza duradera.  Por contraste, Hong Kong ha tenido una historia económica volátil pero se ha convertido en uno de los lugares más ricos del planeta.  En realidad, incluso después del desorden económico, los países de Asia del Este son de 8 a 15 veces más ricos que India.

La primera era del capitalismo global también vio crisis financieras.  Una característica común entre ambos períodos es que las crisis cambiarias y las crisis bancarias que ocurren al mismo tiempo suelen ser más comunes en la periferia o en los países menos desarrollados que en los países ricos donde las crisis cambiarias pero no las crisis bancarias son más comunes.  No obstante, bajo el patrón de oro de la era victoriana, las crisis se resolvían de manera diferente que bajo el sistema actual de tipos de cambio manipulados basados en monedas fiduciarias.

Una diferencia significativa era que el sector privado se encargaba de los rescates financieros hace cien años mientras que hoy esos rescates son oficiales, generalmente bajo la dirección del Fondo Monetario Internacional.  El Secretario de Asuntos Exteriores británico Lord Palmerston resumió la actitud que prevaleció durante el resto del siglo cuando algunos estados de los Estados Unidos se atrasaron en el pago de sus deudas en la década de 1840:  "los ciudadanos británicos que compran títulos extranjeros lo hacen asumiendo el riesgo ellos mismos y deben atenerse a las consecuencias."[12] En gran parte como resultado de ese enfoque, la recuperación económica era más rápida en los países en crisis de lo que lo es hoy en día y los países en crisis no sufrían entonces pérdidas de riqueza tan grandes como las que sufren los países en crisis hoy.[13] 

¿El Liberalismo Desde Arriba o Desde Abajo?

El inequívoco marco institucional bajo el cual está ocurriendo la liberalización a nivel mundial -incluyendo la prominencia de organismos gubernamentales supranacionales como el FMI, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio, y las Naciones Unidas, y la prominencia de los estados del bienestar y regulador- ha causado que tanto los enemigos como los defensores de la globalización atribuyan la revolución del mercado a esos organismos, y que recomienden que los desarrollos futuros sean administrados por estos cuerpos internacionales.

No obstante la evidencia indica que dichos organismos internacionales han tenido en el mejor de los casos un efecto marginal en el proceso de globalización y en el peor de los casos han creado interrupciones o retrasos en el camino.  Décadas de créditos del Banco Mundial y del FMI a regímenes cerrados, por ejemplo, con certeza han retrasado la marcha hacia el capitalismo global.[14]  Hay países que a pesar de todo han emprendido unilateralmente reestructuraciónes económicas, liberalizaciones de sus cuentas comercial y de capital, y otras reformas a medida que las políticas anteriores han fracasado.  Eso incluso es cierto con los países que han firmado tratados de libre comercio como México, por ejemplo, que redujo sus barreras comerciales años antes de proponer el TLC.  China, en su candidatura a unirse a la OMC, está siguiendo el mismo curso.  Por lo tanto, mientras que las agencias multilaterales probablemente causen más daño que bien en el proceso de globalización (concederle créditos a Rusia, por ejemplo) los tratados de libre comercio como la OMC probablemente contribuyan.[15]  No obstante, sirven más para preservar medidas de liberalización económica que para promover la liberalización en sí. 

En breve, la economía mundial ha evolucionado como resultado de cambios ocurridos a nivel nacional más que a través de cambios dirigidos a nivel internacional--lo que el liberal alemán Wilhelm RѶpke llamó un orden internacional "desde adentro y desde abajo" en vez del "internacionalismo falso" que caracteriza a los organismos supranacionales.  El peligro del enfoque constructivista para lograr un orden económico liberal internacional es que puede que lleve al uso discrecional y arbitrario del poder.  Razeen Sally de la London School of Economics describe esos riesgos: 

Los institucionalistas neoliberales no interpretan la coordinación política internacional en el contexto de limitar las normas generales a nivel internacional que proscriben la acción gubernamental discrecionaria; por el contrario, creen que esa coordinación es un aparato de negociaciones complicadas sobre políticas particulares diseñadas con la intención de lograr resultados específicos.  Este es el sello no del gobierno limitado bajo el Estado de Derecho, sino del gobierno ilimitado y discrecional en un cartel internacional de políticas públicas, evitando tanto la responsabilidad política doméstica como la disciplina del mercado.  En este contexto, los regimenes internacionales son manifestaciones del fracaso gubernamental transplantado al nivel internacional.  La cooperación intergubernamental y los acuerdos internacionales, muy alejados del escrutinio público y del control de los poderes legislativos y judiciales nacionales, proporcionan un espacio extra para la actividad arbitraria de los políticos y de los burócratas.  Exacerban el malestar del Gobierno Grande y de los mercados políticos dentro de las naciones-estado.[16] 

Ya hemos visto esa dinámica en funcionamiento.  Por ejemplo, a través de los foros internacionales, los países ricos han presionado a los países pobres para que adopten regulaciones laborales y medioambientales que no existían en los países ricos cuando éstos estaban en un período de desarrollo similar al de los países pobres.  Esas imposiciones han aparecido en contra de los deseos de los países en desarrollo y de la vasta mayoría de los consumidores de los países ricos.

El FMI proporciona amplios ejemplos de arbitrariedad y de falta de transparencia.  Por ejemplo, el Fondo no tolera que el déficit de cuenta corriente de sus países miembros supere el 4 ó el 5 por ciento del PIB incluso cuando déficits mayores pueden ser beneficiosos en muchos casos.  De hecho, Australia, Canada y Argentina tuvieron déficits de cuenta corriente superiores al 10 por ciento durante décadas antes de 1913.  El proceso según el cual el FMI decide la cantidad de los rescates que reciben las naciones tampoco es claro.  ¿Por qué orquestó el FMI un rescate de 57.000 millones de dólares para Corea, en vez de, digamos, 30.000 millones?  Puede que nunca sepamos qué criterios o que lógica se utilizaron en ese o en otros muchos casos. 

Conclusión

Al final, la globalización puede que convierta a esas burocracias internacionales en organismos irrelevantes.  Y los esfuerzos de promover el liberalismo internacional desde arriba puede que sean fútiles.  Mientras tanto, podemos llegar a ciertas conclusiones provisionales.  El mundo ha visto el capitalismo global en el pasado; lo que no tiene precedencia no es la globalización de por sí, sino el alcance al cual el mundo está más globalizado hoy que hace cien años.  Esto es particularmente cierto en las áreas del comercio y de las finanzas.  Además, sin que importe lo mucho que los organismos internacionales quieran llevarse el crédito por la revolución mundial de mercado, esos cambios han aparecido a nivel nacional y no han sido impuestos desde arriba.  En ese sentido, el estado-nación todavía es bastante relevante.  Pero es más probable que haya una reacción contra el liberalismo global si las agencias internacionales administran cada vez más la economía mundial en detrimento de lo que los países pobres consideran más importante, a saber, el crecimiento económico.

Afortunadamente, una de las grandes diferencias entre los dos períodos del capitalismo global -el entorno ideológico- tiene buenos presagios para el siglo XXI.  A finales del XIX, la ola del futuro era el socialismo y sus variedades, que los intelectuales consideraban que ofrecía una gran promesa para la humanidad.  Ese sistema ideológico contribuyó a destruir la primera era de la globalización.  Hoy, con el socialismo ampliamente desacreditado, los principios liberales básicos se aceptan generalmente.  El clima actual de la opinión no hace que la globalización continua sea inevitable, pero elimina un obstáculo principal en el camino hacia la prosperidad que el mundo ha reemprendido recientemente. 

Notas


[1] Jeffrey Sachs y Andrew Warner, "Economic Reform and the Process of Global Integration," Harvard Institute for International Development discussion paper no. 552, septiembre de 1996, p. 5.
[2] Michael D. Bordo, Barry Eichengreen y Douglas Irwin, "Is Globalization Today Really Different Than Globalization a Hundred Years Ago?" presentado en la conferencia de la Brookings Institution sobre "Governing in a Global Economy," abril de 1999.
[3] Deepak Lal, "The Challenge of Globalization: There Is No Third Way," en Ian Vásquez, ed., Global Fortune: The Stumble and Rise of World Capitalism (Washington: Cato Institute, 2000), por publicar.
[4] Julian L. Simon, The Economic Consequences of Immigration (Ann Arbor, Mich.: University of Michigan Press, 1999), p. 28.
[5] Paul Krugman, "Growing World Trade: Causes and Consequences," Brookings Papers on Economic Activity, vol. 1, 1995, p. 331 y Fondo Monetario Internacional World Economic Outlook (Washington: FMI, mayo de 1997), p. 112.
[6] Alan Greenspan, "Technology and Trade," presentación ante el Dallas Ambassadors Forum, 16 de abril de 1999.
[7] Bordo y compañía.
[8] Fondo Monetario Internacional, p. 114.
[9] Bordo y compañía.
[10] Sachs y Warner, p. 39 y Kevin H. O'Rourke y Jeffrey G. Williamson, Globalization And History: The Evolution of a Nineteenth-Century Atlantic Economy (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1999).
[11] Jeffrey G. Williamson, "Globalization, Convergence, and History," Journal of Economic History, junio de 1996, p. 277.
[12] Citado en Harold L. Cole, James Dow, and William B. English, "Default, Settlement, and Signalling: Lending Resumption In A Reputational Model of Sovereign Debt," International Economic Review, mayo de 1995, p. 369.
[13] Bordo y compañía, y Michael Bordo y Anna J. Schwartz, "Measuring Real Economic Effects of Bailouts: Historical Perspectives on How Countries in Financial Distress Have Fared With And Without Bailouts," papel presentado ante el Carnegie Rochester Conference on Public Policy, 19-20 de noviembre de 1999.
[14] Vease Doug Bandow y Ian Vásquez, Perpetuating Poverty: The World Bank, the IMF, and the Developing World (Washington: Cato Institute, 1994), y Ian Vásquez, "Repairing the Lender-Borrower Relationship In International Finance," Cato Institute Foreign Policy Briefing no. 54, 27 de septiembre de 1999.
[15] Brink Lindsey, "A New Track For U.S. Trade Policy," Cato Institute Trade Policy Analysis no. 4, 11 de septiembre de 1998.
[16] Razeen Sally, Classical Liberalism and International Economic Order: Studies In Theory and Intellectual History (Londres: Routledge, 1998), pp. 196-97.