29 de mayo de 1998

¿Por qué el FMI no debe intervenir?

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por Ian Vásquez


Me es grato salir de Washington para contribuir a la discusión sobre el Fondo Monetario Internacional y su función en Asia. Lo tomo como un indicio de que la gente está realmente interesada en debatir los méritos de diversas perspectivas, en contraposición de defender sólo un punto de vista basado en los beneficios directos e inmediatos que pueda traer. (Nadie viene a Washington a pedir que no lo rescaten financieramente). En general, el FMI mantiene un bajo perfil, a excepción de cuando (1) hay disturbios en las capitales de los países miembros, (2) se producen crisis monetarias, o (3) el Fondo Monetario mismo solicita más dinero. Desafortunadamente, estos tres factores explican el elevado perfil del Fondo hoy en día.

El actual clima de emergencia de la crisis financiera asiática ha resultado en rescates financieros que alcanzan los 117 mil millones de dólares, y en peticiones urgentes para incrementar de forma masiva los recursos del FMI. Para los Estados Unidos, las contribuciones adicionales sumarían aproximadamente 18 mil millones de dólares que, según insisten las autoridades del Tesoro de los Estados Unidos, no le costaría ni un solo centavo a los contribuyentes estadounidenses. Sólo en Washington se puede solicitar más dinero, e insistir al mismo tiempo que no les costará nada a los contribuyentes. William Niskanen, presidente de la junta de directores del Cato Institute y antiguo presidente del consejo de asesores económicos de Reagan, dió en el clavo al describir la relación de los Estados Unidos con el FMI de la siguiente manera: "La participación del gobierno de los E.U. en el FMI es como ser un socio limitado en una firma financiera que realiza préstamos de alto riesgo, paga dividendos a una tasa menor que los bonos del tesoro, y solicita, de manera periódica, grandes aumentos de fondos."

Pero los costos monetarios de apoyar al FMI no son la razón más importante por la que me opongo a los fondos adicionales. Las personas más directamente afectadas por las intervenciones de FMI son aquellas que menos se lo pueden permitir: los pobres del mundo. Si el objetivo es promover el progreso económico de los países en desarrollo y la libertad económica mundial, entonces lo mínimo que los países ricos podrían hacer es rechazar la financiación adicional del FMI.

Hace ya bastante tiempo que los economistas liberales llevan criticado al Fondo Monetario. Las crisis al estilo mexicano pueden haber atraído mucho la atención hacia el Fondo en años recientes, pero el historial de esta institución crediticia a lo largo de los últimos 50 años ha sido muy desalentador, como lo documentan numerosos libros y estudios. Parece ser que el FMI no ha ayudado a los países ni a que logren un crecimiento sostenible ni a que promuevan reformas de mercado. A pesar de su pobre actuación, el Fondo Monetario ha resultado ser una institución de notable fortaleza. Cuando el sistema de tipos de cambio fijos terminó a principios de los años 70, se acabó también la misión original de esta institución, que era facilitar la estabilidad de los tipos de cambio, otorgando préstamos a los países que experimentaban problemas temporales en su balanza de pagos. En vez de cerrar sus puertas, el Fondo se inventó nuevas misiones para sí mismo con cada crisis nueva, cada vez expandiendo su influencia económica, sus recursos, o ambos. Estos episodios fueron entre otros, la crisis del petróleo de los 70, la crisis de la deuda de países del Tercer Mundo, la caída del comunismo, y recientemente, las crisis al estilo mexicano.

Es importante recordar que el FMI, en teoría, otorga créditos de corto plazo a los países a condición de que éstos realicen cambios en sus políticas públicas. Esto, sin embargo, no ha contribuído a que los países establezcan economías de libre mercado. Al contrario, el Fondo ha creado "adictos a los créditos," como lo demuestra un repaso a los créditos concedidos. Once naciones llevan dependiendo de la ayuda del FMI durante un mínimo de 30 años; 32 países han solicitado créditos entre 20 y 29 años; y 41 países han usado los créditos del FMI entre 10 y 19 años. Eso no es evidencia del éxito de la llamada condicionalidad del Fondo, ni mucho menos de la naturaleza temporal de los créditos de corto plazo que el Fondo otorga.

Pero la razón por la cual estamos analizando al Fondo Monetario Internacional hoy, es la turbulencia en Asia y la solicitud de fondos adicionales. Específicamente, el dinero adicional financiaría una nueva cuenta dentro del FMI, conocida como los "New Arrangements to Borrow" que se utilizaría como un fondo especial para los rescates financieros de países en crisis; y por un incremento de los recursos generales, conocido como un incremento en la cuota que, por supuesto, también se utilizaría para rescates financieros. Usar al FMI para hacer rescates financieros a países que experimentan crisis monetarias o de deuda es una mala idea por tres razones.

Riesgo Incentivado

La primera razón es que crea riesgo moral. Este no es un punto secundario, como el Secretario del Tesoro Robert Rubin ha reconocido. Cuantos más rescates financieros realice el Fondo Monetario, mayor será la posibilidad de que países entren en crisis en el futuro, ya que los rescates estimulan un comportamiento imprudente por parte del gobierno y de los inversionistas, que esperan que si algo va mal, el FMI les rescatará.

Hemos visto el problema del riesgo incentivado en el pasado y lo estamos viendo en el presente. Por ejemplo, México ha sufrido crisis monetarias con cada ciclo electoral de los últimos 20 años, debido a políticas monetaria y fiscal irresponsables. Estos episodios han sido acompañados por rescates financieros del FMI y del Tesoro de Estados Unidos, cada vez en cantidades mayores. En México al finalizar cada período presidencial la gente espera un rescate financiero. A pesar de que el FMI y las autoridades estadounidenses hayan considerado el último rescate financiero como todo un éxito, el legado de ese rescate ha sido la crisis asiática de hoy en día; por lo menos, en su grado e intensidad. En realidad, el rescate financiero de México fue una señal para el mundo de que si existen problemas en los países en desarrollo, el FMI rescatará a los inversionistas. ¿De qué otra manera podemos explicar que sólo en 1995 los flujos de capital privado a Asia del Este se doblasen?

Los gobiernos en Asia no tenían razón para cambiar sus políticas defectuosas mientras que los inversores mantuviesen el capital fluyendo. Los inversores, por su parte, se comportaron de manera imprudente con el conocimiento de que fondos públicos se utilizarían en caso de problemas financieros. Esto no quiere decir que los inversionistas no estuviesen preocupados de que se produjese una crisis; pero causó una valoración errónea del riesgo y un cambio en el cálculo de las inversiones de los inversores. Tailandia, Indonesia y Corea del Sur, después de todo, compartieron algunos factores en común que deberían haber causado que los inversores hubiesen tenido más precaución, pero no lo hicieron. Estos factores incluyen el pedir créditos denominados en divisas extranjeras y concederlos en divisas nacionales bajo un tipo de cambio fijo; solicitar extensamente créditos a corto plazo y concederlos a largo plazo; falta de supervisión de las hojas de balance de los prestatarios por parte de los inversores extranjeros; la asignación directa del crédito por parte del gobierno; y sistemas financieros inestables. La crisis financiera asiática fue creada en Asia, pero el efecto agravatorio del riesgo incentivado fue extenso. Como Michael Prowse del Financial Times comentó después del rescate financiero mexicano, "Rubin y compañía querían hacer el capitalismo global seguro para los inversionistas de fondos mútuos. En realidad, lo hicieron mucho más peligroso."

Una solución costosa e injusta

Los rescates financieros del FMI en los países asiáticos son soluciones a las crisis monetarias costosas, burocráticas, y fundamentalmente injustas. En primer lugar, la ayuda financiera reduce las pérdidas de los inversionistas, en vez de dejarles que asuman la responsabilidad total de sus decisiones. Así como las ganancias no deben ser socializadas cuando los tiempos son buenos, tampoco se deben socializar las pérdidas durante los tiempos difíciles. "Los 57,000 millones de dólares prometidos a Corea," observó Jeffrey Sachs, economista de Harvard, "no ayudaron a nadie, más que a los bancos." Desafortunadamente para los ciudadanos asiáticos que no tienen nada que ver con la creación de la crisis, van a tener que pagar la deuda adicional impuesta por los créditos del FMI.

Los rescates del FMI imponen otra carga en los ciudadanos ordinarios porque no funcionan bien. El dinero del Fondo va dirigido a los gobiernos que han creado la crisis y que han mostrado poca disposición para introducir las reformas necesarias. Otorgar dinero a esos gobiernos no tiende a promover las reformas de mercado, más bien las retrasa porque disminuye la presión de los gobiernos para cambiar sus políticas. De hecho, la suspensión de los créditos tenderá a enfocar las mentes de los gobernantes en los diversos países en dificultades. La razón, después de todo, por la que hoy en día se habla de establecer reformas de mercado no es que el FMI se haya presentado para sugerir que son medidas necesarias. Esto es bastante obvio. La realidad económica está forzando los cambios necesarios. En la medida en que el Fondo Monetario intervenga y conceda créditos, estas reformas se retrasarán. Por ello, los ciudadanos asiáticos sufren la adicional carga de la intervención del FMI. No solamente tienen que pagar una mayor deuda; sino también han de sufrir las dificultades económicas duraderas que el rescate financiero del Fondo produce.

¿Pero qué sucede con la fuerte condicionalidad del Fondo?, ¿No será que las estrictas condiciones de los créditos del FMI aseguran que las políticas importantes deben de ser cambiadas? El historial de la dependencia de largo plazo de los países muestra que la condicionalidad no ha tenido éxito en el pasado. Pero, además del pobre historial del Fondo, existe una buena razón por la que el FMI tiene poca credibilidad en imponer sus condiciones. Como hemos visto con Rusia en los últimos años, un país que no se adhiere a las condiciones del FMI se arriesga a que le suspendan sus créditos. Cuando los créditos son retirados, los gobiernos destinatarios tienden a tomarse más en serio las reformas. Notese que el Fondo anima a los malos gobiernos a que introduzcan reformas al suspender los créditos; es la suspensión de los créditos lo que induce el cambio de política.

Desafortunadamente, cuando los cambios en las políticas son venideros, el FMI reanuda la concesión de créditos. En realidad, el FMI tiene un incentivo burocrático para otorgar créditos. Simplemente no puede aceptar que los países hagan reformas por iniciativa propia, ya que se arriesgaría a aparecer como una institución irrelevante. La reanudación de la ayuda financiera provoca el comienzo del proceso nuevamente y prolonga el período de la refoma. La presión del Fondo para conceder créditos a los prestatarios para que mantengan al día los créditos ya otorgados, y para poder así pedir más dinero está bien documentada. El incentivo burocrático del FMI para prestar es bien conocido, tanto por los gobiernos destinatarios de los créditos, como por el mismo Fondo Monetario, lo que hace la condicionalidad del Fondo aún menos creíble.

Socavando mejores soluciones de mercado

La tercera razón por la que me opongo a los rescates financieros del FMI es que socavan el desarrollo de soluciones de mercado superiores y menos costosas. En la ausencia de un FMI, acreedores y deudores harían lo que los acreedores y deudores siempre hacen en casos de iliquidez o insolvencia: renegocian la deuda o entran al proceso de bancarrota. En un mundo sin el Fondo Monetario, las dos partes tendrían el incentivo para hacerlo de esa manera porque la alternativa, no hacer cosa alguna, significaría una pérdida completa. Las negociaciones directas entre particulares y los procedimientos de bancarrota son escenciales para el funcionamiento del capitalismo. Como James Glassman ha indicado, el capitalismo sin la posibilidad de bancarrota, es como el Cristianismo sin el infierno. Los rescates financieros del Fondo Monetario Internacional, desafortunadamente, socavan uno de los fundamentos más importantes de una economía libre, al hacer a un lado los mecanismos autocorrectivos del mercado. Simplemente, no existe razón alguna para que los acreedores y prestatarios internacionales deban de ser tratados de una manera distinta a cómo son tratados prestamistas y deudores en los mercados domésticos.

Los gobiernos también reaccionarían de manera distinta si no hubieran intervenciones venideras por parte del Fondo Monetario Internacional. Habrían pocas alternativas a introducir reformas de manera rápida si los que hacen las políticas no estuviesen protegidos de la realidad económica. Lawrence Lindsey, ex-gobernador de la Reserva Federal de los Estados Unidos que se opone a los rescates financieros, ha indicado, por ejemplo, que "Todas las ‘condiciones’ supuestamente negociadas por el Fondo Monetario Internacional serán impuestas por el mercado en Corea del Sur." Claro que siempre existe la posibilidad de que un gobierno se oponga a cambiar sus políticas bajo cualquier circunstancia; pero esa posibilidad es mayor (y, de hecho, se ha convertido en realidad) bajo los programas del Fondo Monetario Internacional.

Conclusión

El Congreso de los Estados Unidos juega un papel importante en determinar la escala de la influencia del Fondo Monetario Internacional en la economía mundial. Un creciente número de economistas prominentes están haciendo un llamado para terminar con los rescates financieros del Fondo Monetario Internacional, e incluso su abolición- algo a lo que los congresistas estadounidenses estan dándole su atencion. Como el Fondo crea un riesgo incentivado, causa mas daño que beneficio una vez desatada la crisis, y socava la soluciones de mercado, los Estados Unidos y otros grandes contribuyentes deben rechazar la asignación de fondos adicionales para el Fondo Monetario Internacional y de esa manera votar por una economía global más libre y estable. Eso enviaría una señal al mundo que los recursos del FMI no son, de hecho, ilimitados. Por encima de eso, las naciones industrializadas deberían ayudar a los pobres del mundo desmantelando totalmente al FMI.

* Resumen del discurso preparado para la Conferencia sobre"La crisis asiática y la reforma del sistema monetario", Fundación Diálogos, Madrid, España, por Ian Vásquez, director del Proyecto Sobre la Libertad Económica Global del Cato Institute.