25 de febrero de 1998
Por qué el FMI no debe intervenir
por Ian Vásquez
Resumen del discurso preparado para la Conferencia sobre
"La crisis asiática y la reforma del sistema monetario"
Fundación Diálogos
Madrid, España
Me es grato salir de Washington para contribuir a la discusión
sobre el Fondo Monetario Internacional y su función en Asia. Lo tomo
como un indicio de que la gente está realmente interesada en debatir
los méritos de diversas perspectivas, en contraposición de defender
sólo un punto de vista basado en los beneficios directos e inmediatos
que pueda traer. (Nadie viene a Washington a pedir que no lo rescaten
financieramente). En general, el FMI mantiene un bajo perfil, a excepción
de cuando (1) hay disturbios en las capitales de los países miembros,
(2) se producen crisis monetarias, o (3) el Fondo Monetario mismo solicita
más dinero. Desafortunadamente, estos tres factores explican el elevado
perfil del Fondo hoy en día.
El actual clima de emergencia de la crisis financiera asiática ha resultado
en rescates financieros que alcanzan los 117 mil millones de dólares,
y en peticiones urgentes para incrementar de forma masiva los recursos
del FMI. Para los Estados Unidos, las contribuciones adicionales sumarían
aproximadamente 18 mil millones de dólares que, según insisten las autoridades
del Tesoro de los Estados Unidos, no le costaría ni un solo centavo
a los contribuyentes estadounidenses.[1] Sólo en Washington se puede
solicitar más dinero, e insistir al mismo tiempo que no les costará
nada a los contribuyentes. William Niskanen, presidente de la junta
de directores del Cato Institute y antiguo presidente del consejo de
asesores económicos de Reagan, dió en el clavo al describir la relación
de los Estados Unidos con el FMI de la siguiente manera: "La participación
del gobierno de los E.U. en el FMI es como ser un socio limitado en
una firma financiera que realiza préstamos de alto riesgo, paga dividendos
a una tasa menor que los bonos del tesoro, y solicita, de manera periódica,
grandes aumentos de fondos."[2]
Pero los costos monetarios de apoyar al FMI no son la razón más importante
por la que me opongo a los fondos adicionales. Las personas más directamente
afectadas por las intervenciones de FMI son aquellas que menos se lo
pueden permitir: los pobres del mundo. Si el objetivo es promover el
progreso económico de los países en desarrollo y la libertad económica
mundial, entonces lo mínimo que los países ricos podrían hacer es rechazar
la financiación adicional del FMI.
Hace ya bastante tiempo que los economistas liberales llevan criticado
al Fondo Monetario. Las crisis al estilo mexicano pueden haber atraído
mucho la atención hacia el Fondo en años recientes, pero el historial
de esta institución crediticia a lo largo de los últimos 50 años ha
sido muy desalentador, como lo documentan numerosos libros y estudios.
Parece ser que el FMI no ha ayudado a los países ni a que logren un
crecimiento sostenible ni a que promuevan reformas de mercado. A pesar
de su pobre actuación, el Fondo Monetario ha resultado ser una institución
de notable
fortaleza. Cuando el sistema de tipos de cambio fijos terminó a principios
de los años 70, se acabó también la misión original de esta institución,
que era facilitar la estabilidad de los tipos de cambio, otorgando préstamos
a los países que experimentaban problemas temporales en su balanza de
pagos. En vez de cerrar sus puertas, el Fondo se inventó nuevas misiones
para sí mismo con cada crisis nueva, cada vez expandiendo su influencia
económica, sus recursos, o ambos. Estos episodios fueron entre otros,
la crisis del
petróleo de los 70, la crisis de la deuda de países del Tercer Mundo,
la caída del comunismo, y recientemente, las crisis al estilo mexicano.
Es importante recordar que el FMI, en teoría, otorga créditos de corto
plazo a los países a condición de que éstos realicen cambios en sus
políticas públicas. Esto, sin embargo, no ha contribuído a que los países
establezcan economías de libre mercado. Al contrario, el Fondo ha creado
"adictos a los créditos," como lo demuestra un repaso a los
créditos concedidos. Once naciones llevan dependiendo de la ayuda del
FMI durante un mínimo de 30 años; 32 países han solicitado créditos
entre 20 y 29 años; y 41 países han usado los créditos del FMI entre
10 y 19 años. Eso no es evidencia del éxito de la llamada condicionalidad
del Fondo, ni mucho menos de la naturaleza temporal de los créditos
de corto plazo que el Fondo otorga.
Pero la razón por la cual estamos analizando al Fondo Monetario Internacional
hoy, es la turbulencia en Asia y la solicitud de fondos adicionales.
Específicamente, el dinero adicional financiaría una nueva cuenta dentro
del FMI, conocida como los "New Arrangements to Borrow" que
se utilizaría como un fondo especial para los rescates financieros de
países en crisis; y por un incremento de los recursos generales, conocido
como un incremento en la cuota que, por supuesto, también se utilizaría
para rescates financieros. Usar al FMI para hacer rescates financieros
a países que experimentan crisis monetarias o de deuda es una mala idea
por tres razones.
Riesgo Incentivado
La primera razón es que crea riesgo moral. Este no es un punto secundario,
como el Secretario del Tesoro Robert Rubin ha reconocido.[3] Cuantos
más rescates financieros realice el Fondo Monetario, mayor será la posibilidad
de que países entren en crisis en el futuro, ya que los rescates estimulan
un comportamiento imprudente por parte del gobierno y de los inversionistas,
que esperan que si algo va mal, el FMI les rescatará.
Hemos visto el problema del riesgo incentivado en el pasado y lo estamos
viendo en el presente. Por ejemplo, México ha sufrido crisis monetarias
con cada ciclo electoral de los últimos 20 años, debido a políticas
monetaria y fiscal irresponsables. Estos episodios han sido acompañados
por rescates financieros del FMI y del Tesoro de Estados Unidos, cada
vez en cantidades mayores. En México al finalizar cada período presidencial
la gente espera un rescate financiero.[4] A pesar de que el FMI y las
autoridades estadounidenses hayan considerado el último rescate financiero
como todo un éxito, el legado de ese rescate ha sido la crisis asiática
de hoy en día; por lo menos, en su grado e intensidad. En realidad,
el rescate financiero de México fue una señal para el mundo de que si
existen problemas en los países en desarrollo, el FMI rescatará a los
inversionistas. ¿De qué otra manera podemos explicar que sólo en 1995
los flujos de capital privado a Asia del Este se doblasen?
Los gobiernos en Asia no tenían razón para cambiar sus políticas defectuosas
mientras que los inversores mantuviesen el capital fluyendo. Los inversores,
por su parte, se comportaron de manera imprudente al saber que se utilizarían
fondos públicos en caso de problemas financieros. Esto no quiere
decir que los inversionistas no estuviesen preocupados de que se produjese
una crisis; pero causó una valoración errónea del riesgo y un cambio
en el cálculo de las inversiones de los inversores. Tailandia, Indonesia
y Corea del Sur, después de todo, compartieron algunos factores en común
que deberían haber causado que los inversores hubiesen tenido más precaución,
pero no lo hicieron. Estos factores incluyen el pedir créditos denominados
en divisas extranjeras y
concederlos en divisas nacionales bajo un tipo de cambio fijo; solicitar
extensamente créditos a corto plazo y concederlos a largo plazo; falta
de supervisión de las hojas de balance de los prestatarios por parte
de los inversores extranjeros; la asignación directa del crédito por
parte del gobierno; y sistemas financieros inestables.[5] La crisis
financiera asiática fue creada en Asia, pero el efecto agravatorio del
riesgo incentivado fue extenso. Como Michael Prowse del Financial Times
comentó después del
rescate financiero mexicano, "Rubin y compañía querían hacer el
capitalismo global seguro para los inversionistas de fondos mútuos.
En realidad, lo hicieron mucho más peligroso."[6]
Una solución costosa e injusta
Los rescates financieros del FMI en los países asiáticos son soluciones
a las crisis monetarias costosas, burocráticas, y fundamentalmente injustas.
En primer lugar, la ayuda financiera reduce las pérdidas de los inversionistas,
en vez de dejarles que asuman la responsabilidad total de sus decisiones.
Así como las ganancias no deben ser socializadas cuando los tiempos
son buenos, tampoco se deben socializar las pérdidas durante los tiempos
difíciles. "Los 57,000 millones de dólares prometidos a Corea,"
observó Jeffrey Sachs, economista de Harvard, "no ayudaron a nadie,
más que a los bancos."[7] Desafortunadamente para los ciudadanos
asiáticos que no tienen nada que ver con la creación de la crisis, van
a tener que pagar la deuda adicional impuesta por los créditos del FMI.
Los rescates del FMI imponen otra carga en los ciudadanos ordinarios
porque no funcionan bien. El dinero del Fondo va dirigido a los gobiernos
que han creado la crisis y que han mostrado poca disposición para introducir
las reformas necesarias. Otorgar dinero a esos gobiernos no tiende a
promover las reformas de mercado, más bien las retrasa porque disminuye
la presión de los gobiernos para cambiar sus políticas. De hecho, la
suspensión de los créditos tenderá a enfocar las mentes de los gobernantes
en los diversos países en dificultades. La razón, después de todo, por
la que hoy en día se habla de establecer reformas de mercado no es que
el FMI se haya presentado para sugerir que son medidas necesarias. Esto
es bastante obvio. La realidad económica está forzando los cambios necesarios.
En la medida en que el Fondo Monetario intervenga y conceda créditos,
estas reformas se retrasarán. Por ello, los ciudadanos asiáticos sufren
la adicional carga de la intervención del FMI. No solamente tienen que
pagar una mayor deuda; sino también han de sufrir las dificultades económicas
duraderas que el rescate financiero del Fondo produce.
¿Pero qué sucede con la fuerte condicionalidad del Fondo?, ¿No será
que las estrictas condiciones de los créditos del FMI aseguran que las
políticas importantes deben de ser cambiadas? El historial de la dependencia
de largo plazo de los países muestra que la condicionalidad no ha tenido
éxito en el pasado. Pero, además del pobre historial del Fondo, existe
una buena razón por la que el FMI tiene poca credibilidad en imponer
sus condiciones. Como hemos visto con Rusia en los últimos años, un
país que no se adhiere a las condiciones del FMI se arriesga a que le
suspendan sus créditos. Cuando los créditos son retirados, los gobiernos
destinatarios tienden a tomarse más en serio las reformas. Notese
que el Fondo anima a los malos gobiernos a que introduzcan reformas
al suspender los créditos; es la suspensión de los créditos lo que induce
el cambio de política.
Desafortunadamente, cuando los cambios en las políticas son venideros,
el FMI reanuda la concesión de créditos. En realidad, el FMI tiene un
incentivo burocrático para otorgar créditos. Simplemente no puede aceptar
que los países hagan reformas por iniciativa propia, ya que se arriesgaría
a aparecer como una institución irrelevante. La reanudación de la ayuda
financiera provoca el comienzo del proceso nuevamente y prolonga el
período de la refoma. La presión del Fondo para conceder créditos a
los prestatarios para que mantengan al día los créditos ya otorgados,
y para poder así pedir más dinero está bien documentada.[8] El incentivo
burocrático del FMI para prestar es bien conocido, tanto por los gobiernos
destinatarios de los créditos, como por el mismo Fondo Monetario, lo
que hace la condicionalidad del Fondo aún menos creíble.
Socavando mejores soluciones de mercado
La tercera razón por la que me opongo a los rescates financieros del
FMI es que socavan el desarrollo de soluciones de mercado superiores
y menos costosas. En la ausencia de un FMI, acreedores y deudores harían
lo que los acreedores y deudores siempre hacen en casos de iliquidez
o insolvencia: renegocian la deuda o entran al proceso de bancarrota.
En un mundo sin el Fondo Monetario, las dos partes tendrían el incentivo
para hacerlo de esa manera porque la alternativa, no hacer cosa alguna,
significaría una pérdida completa. Las negociaciones directas entre
particulares y los procedimientos de bancarrota son escenciales para
el funcionamiento del capitalismo. Como ha indicado James Glassman ,
el capitalismo sin la posibilidad de bancarrota, es como el Cristianismo
sin el infierno. Los rescates financieros del Fondo Monetario Internacional,
desafortunadamente, socavan uno de los fundamentos más importantes de
una economía libre, al hacer a un lado los mecanismos autocorrectivos
del mercado. Simplemente, no existe razón alguna para que los acreedores
y prestatarios internacionales deban de ser tratados de una manera distinta
a cómo son tratados prestamistas y deudores en los mercados domésticos.
Los gobiernos también reaccionarían de manera distinta si no hubieran
intervenciones venideras por parte del Fondo Monetario Internacional.
Habrían pocas alternativas a introducir reformas de manera rápida si
los que hacen las políticas no estuviesen protegidos de la realidad
económica. Lawrence Lindsey, ex-gobernador de la Reserva Federal de
los Estados Unidos que se opone a los rescates financieros, ha indicado,
por ejemplo, que "Todas las condiciones supuestamente
negociadas por el Fondo Monetario Internacional serán impuestas por
el mercado en Corea del
Sur."[9] Claro que siempre existe la posibilidad de que un gobierno
se oponga a cambiar sus políticas bajo cualquier circunstancia; pero
esa posibilidad es mayor (y, de hecho, se ha convertido en realidad)
bajo los programas del Fondo Monetario Internacional.
Conclusión
El Congreso de los Estados Unidos juega un papel importante
en determinar la escala de la influencia del Fondo Monetario Internacional
en la economía mundial. Un creciente número de economistas prominentes
están haciendo un llamado para terminar con los rescates financieros
del Fondo Monetario Internacional, e incluso su abolición- algo a lo
que los congresistas estadounidenses estan dándole su atencion.[10]
Como el Fondo crea un riesgo incentivado, causa mas daño que beneficio
una vez desatada la crisis, y socava la soluciones de mercado. Los Estados
Unidos y otros grandes contribuyentes deben rechazar la asignación de
fondos adicionales para el Fondo Monetario Internacional y de esa manera
votar por una economía global más libre y estable. Eso enviaría una
señal al mundo que los recursos del FMI no son, de hecho, ilimitados.
Por encima de eso, las naciones industrializadas deberían ayudar a los
pobres del mundo desmantelando totalmente al FMI.
Notas
1.Ver, por ejemplo, Robert Rubin, "Address on
the Asian Financial
Situation," Georgetown University, Department of the Treasury
News, 21 de enero de 1998; y Lawrence Summers, "Emerging From
Crisis: The Beginnings of a New Asia," Economic Strategy Institute,
Department of the Treasury News, 12 de febrero de 1998.
2.William Niskanen, "Comments at a discussion of The Role of the
World Bank and the IMF in Economic Development and Crisis,"
Dartmouth College, 9 de febrero de 1998.
3.Véase David Wessel, "Rubin Says Global Investors Dont Suffer
Enough," Wall Street Journal, 19 de septiembre de 1997.
4.Véase W. Lee Hoskins y James W. Coons, "Mexico: Policy Failure,
Moral Hazard, and Market Solutions," Cato Policy Analysis no. 243,
10 de octubre de 1995. Los autores mantienen que el resultado del rescate
"es una serie de incentivos perversos para los gobernantes mexicanos
y los inversores extranjeros que aseguran que la crisis
reaparecerá en una escala aún mayor."
5.Allan H. Meltzer presentó algunas de estas ideas en la Conferencia
del Cato sobre "Why We Should Say No to the IMF," Washington,
D.C., 12 de febrero de 1998. Véase también, Allan H. Meltzer, "Danger
of Moral Hazard," Financial Times, 27 de octubre de 1997.
6.Michael Prowse, "The Rescuers," New Republic, 27 de febrero
de 1995.
7.Citado en Peter Passell, "Economic Scene," New York Times,
12 de febrero de 1998.
8.Ver, por ejemplo, John Williamson, The Lending Policies of the
International Monetary Fund (Washington: Institute for International
Economics, 1982); Roland Vaubel, "Bureaucracy at the IMF and the
World Bank: A Comparison of the Evidence," The World Economy, Marzo
de 1996; y Peter B. Kenen, Ways to Reform Exchange Rate Arrangements
(Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1994).
9.Lawrence B. Lindsey, "The Bad News About Bailouts", New
York Times, 6 de enero de 1998.
10.Ver, por ejemplo, Lawrence B. Lindsey, obra citada; George Shultz,
William Simon y Walter Wriston, "Who Needs the IMF?" Wall
Street Journal, 3 de febrero de 1998; Lauch Faircloth, "Unwise
Bailouts," Washington Post, 12 de diciembre de 1997; Rudi Dornbusch,
"A Bailout Won't Do The Trick In Korea," Business Week, 8
de diciembre de 1997: Gary Becker, "Asia May Be Shaken But It's
No House of Cards," Business Week, 2 de febrero de 1998; James
Glassman, "Who Needs the IMF?" Washington Post, 9 de Diciembre
de 1997; William Simon, "Abolish the IMF," Wall Street Journal,
23 de octubre de 1997; Lorraine Woellert, "Armey Declares His Doubts
About New Funding For IMF," Washington Times, 22 de enero de 1998.
Ian Vásquez es el Director del Proyecto sobre Libertad Económica Global del Cato Institute.



























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