7 de octubre de 2005
Bush malinterpreta la historia
por Ted Galen Carpenter
Ted Galen Carpenter es vicepresidente de Estudios de Defensa y Política Exterior del Cato Institute y autor o editor de varios libros sobre asuntos internacionales, incluyendo Bad Neighbor Policy: Washington's Futile War on Drugs in Latin America (Cato Institute, 2002).
El 21 de septiembre, el Presidente Bush insistió que EE.UU. debe “continuar con la misión” en Irak y advirtió que una retirada militar prematura de ese país alentaría a al-Qaeda y a otras organizaciones terroristas. Bush argumentó que respuestas débiles a desafíos por parte de EE.UU. durante el último cuarto de siglo han incitado a aquellos grupos. Entre otros ejemplos, el presidente citó las decisiones de retirar las tropas de Líbano y Somalía luego de que se produjeran bajas en las fuerzas estadounidenses.
Los defensores de políticas exteriores agresivas han presentado argumentos similares por años. Pero es una línea de argumentación extraña con nefastas implicaciones. El Presidente Bush y sus seguidores claramente creen que EE.UU. debería haber permanecido en Líbano y en Somalía. Según ellos, el error no fue la decisión original de intervenir sino limitar las bajas de las fuerzas estadounidenses y finalizar las operaciones. Éste es un caso clásico de lo que pasa cuándo alguien malinterpreta la historia.
Aún el diputado Dana Rohrabacher (Republicano—California), partidario de políticas exteriores agresivas, quien fue asesor especial del Presidente Reagan en la década de los 80s, admite que la decisión de enviar tropas a Líbano fue tal vez el peor error de la política exterior de la presidencia de Reagan. EE.UU. se encontró rápidamente en el medio de una guerra civil como aliados de facto del gobierno libanés dominado por los cristianos. Las tropas estadounidenses se vieron enredadas en las luchas con las milicias musulmanas y los barcos de combate estadounidenses posicionados en la costa procedieron a bombardear a pueblos musulmanes. La desastrosa intervención culminó con un ataque suicida de un auto-bomba contra los cuarteles de la Marina en Beirut, donde murieron 241 marinos. Unos meses después, Reagan cambio su política, detuvo las pérdidas y se reitró de Líbano.
La intervención en Somalía fue destinada al fracaso de igual manera. Aunque el Presidente George H.W. Bush envió tropas a ese país como parte de una misión de ayuda humanitaria, el Presidente Clinton pronto se sumó al proyecto mucho más ambicioso de construcción de naciones de la ONU. EE.UU. se vio nuevamente enredado en otra guerra civil multifacética. Una facción, encabezada por el líder militar Mohammed Farah Aideed, consideraba cada vez más a las fuerzas de EE.UU. como un obstáculo para sus objetivos. Cuando Washington decidió llevar a cabo la orden de las Naciones Unidas de arrestar a Aideed y sus seguidores, las milicias de Aideed decidieron vengarse. Las luchas culminaron con una emboscada en Mogadishu, la ciudad capital, donde murieron 18 soldados especializados de alto rango del ejército. Poco después, Clinton retiró las tropas.
Tanto Regan como Clinton tomaron la decisión correcta. No fue un error retirarse y limitar nuestras bajas. El verdadero error fue la decisión original de intervenir en un nido de serpientes tan irrelevante estratégica y económicamente.
Aquellos que argumentan que EE.UU. tendría que haber continuado presente en Líbano y en Somalía aparentemente son masoquistas. Ambos países se encontraban en una difícil situación de descontrol masivo. Hoy, Irak es relativamente estable comparado con la situación de Líbano o Somalía durante la intervención de EE.UU. De no retirarnos, nos hubiéramos encontrado en un compromiso de múltiples años que probablemente hubiera costado miles de vidas estadounidenses. De hecho, es hasta posible que todavía estuviésemos atrapados en dicho pantano.
Aparentemente, al-Qaeda y otros grupos terroristas concluyeron que los episodios en Líbano y Somalía demostraron que los líderes y la gente de EE.UU. no tiene el estómago para tolerar misiones tenebrosas que ocasionan muchas muertes. Sacarían la misma conlcusión si EE.UU. se retirara de Irak sin un triunfo indiscutible. Es por eso que es esencial ser cuidadoso desde un principio cuando uno decide intervenir.
No deben realizarse intervenciones militares a menos que estén en juego, irrefutablemente, intereses vitales de la seguridad de EE.UU. Dichos intereses no estaban en juego en las intervenciones de Líbano y Somalía. Una vez que la situación se puso difícil, el gobierno de EE.UU. tuvo que decidir entre una opción mala y otra peor. La opción mala fue la de retirarse, aún cuando la movida pueda haber incitado a los adversarios. Pero hubiese sido peor seguir insistiendo con compromisos necios e innecesarios a expensas de más vidas de soldados estadounidenses—y aún sin perspectivas realistas de victoria.
La administración de Bush enfrenta una opción similar hoy en Irak. La decisión de retirarse y dejar Irak a la merced de su propio destino tiene sus costos. Los terroristas enemigos de EE.UU. seguramente verán la retirada como un fracaso de las políticas de EE.UU. El costo de permanecer indefinidamente en terribles condiciones de seguridad es aún peor. El Presidente Bush y sus asesores deben considerar la posibilidad de que EE.UU. permanezca en Irak durante muchos años más y aún así no consiga lograr sus metas. Además, los costos de dicha estrategia, tanto monetarios como en vidas, serían mucho mayores a los casi $200 mil millones ya gastados y a las 1,900 víctimas ya sufridas.
Como en Líbano y en Somalía, hubiese sido mejor si EE.UU. nunca hubiese comenzado una cruzada de construcción de naciones mal asesorada en Irak. Lamentablemente, ese no es el caso, por lo que ahora debemos elegir entre dos alternativas malas. Debido a que Bush malinterpretó la historia, parece estar determinado a elegir la menos aconsejable.
Este artículo apareció originalmente en el Orange County Register el 29 de Septiembre del 2005.
Traducido por Marina Kienast para Cato Institute.



























Promueva ElCato.org
ElCato en Twitter
ElCato en Facebook
Colección Milton Friedman
Premio Friedman