Prosperidad, tecnología y libertad económica

Por Donald J. Boudreaux

Cada semestre comienzo mi clase de Introducción a la Economía en George Mason University preguntando a mis alumnos, “¿Cuántos de ustedes son ricos?” Aunque suelo tener 200 alumnos nunca nadie ha levantado la mano.

“¡Pero ustedes son ricos!”, insisto. “¡Cada uno de nosotros en esta aula es una de las personas más ricas del mundo!”

Mis alumnos piensan que estoy loco. “No soy rico, soy clase media” es lo que la mayoría piensa como respuesta a mi pregunta. Sin embargo, afortunadamente, ser clase media en EE.UU. hoy significa ser super rico de acuerdo a estándares históricos.

Esta es una pequeña muestra de las varias maneras en las que los estadounidenses son hoy tan ricos como Bill Gates, en comparación con casi toda la humanidad a lo largo de la historia:

  • Ninguno de nosotros se ha muerto de hambre
  • Todos nosotros tenemos cañerías internas
  • Sobre nuestras cabezas, todos tenemos un techo sólido, en vez de un techo de barro infectado de bichos
  • Todos nosotros podemos conversar en vivo con personas a una milla o a mil millas de distancia
  • Ninguno de nosotros ha muerto de viruela
  • Todos los que hayamos nacido después de 1950 fuimos inoculados contra el polio
  • Nuestra expectativa de vida es décadas más larga

Y aunque sería posible enumerar algunas de las maneras en las que la persona promedio de hoy está peor que alguien de la era pre-industrial—por ejemplo, nadie que vivió antes del siglo XX murió en un accidente de aviones—solo un doctrinario asceta negaría que casi todas las personas que viven hoy en el occidente está mucho mejor que la abrumadora población humana anterior a la Revolución Industrial.

¿Pero qué fue lo que causó esta explosión de riqueza?

La respuesta más común es la tecnología. Pero no es correcto.

Claramente, la tecnología ha avanzado durante los años; y afortunadamente sigue haciéndolo. Y estos avances son en efecto indispensables para nuestro estilo de vida moderno. Sin embargo, la causa más profunda de nuestra amplia riqueza no es la tecnología; en realidad, es la fuerza que desata y dirige la energía humana necesaria para producir avances tecnológicos y sus frutos: los mercados libres.

La principal evidencia de que los mercados son más esenciales que la tecnología para la prosperidad es el hecho que miles de millones de personas todavía viven hoy en condiciones de pobreza desesperantes.

Los habitantes de Nigeria y Corea del Norte se mueren de hambre en este momento, aún cuando el conocimiento técnico de cómo producir y distribuir alimentos básicos es de fácil disponibilidad en el mundo.

Muchos latinoamericanos y europeos todavía transportan sus bienes hacia y desde el mercado en carros de madera, a pesar de la fácil disponibilidad de la tecnología automotriz.

Infinidad de personas siguen viviendo en chozas de barro, no tienen cañerías internas, mueren de malaria, y sufren otros tipos de improperios y peligros que podrían impedirse fácilmente con tecnologías ordinarias.

Es un gran error sugerir que la tecnología es la razón de nuestra prosperidad. Es obvio que hay algo más—otro factor que promueva los avances tecnológicos y, aún más importante, que incentive el uso del conocimiento tecnológico para producir y poner a disposición del mundo los bienes y servicios que los estadounidenses hoy dan por hecho.

Nuevamente, ese otro factor es la libertad económica.

Como lo describe el Cato Institute, “Los principios fundamentales de la libertad económica son la elección personal, los intercambios voluntarios, la libertad de competencia, y la protección de la propiedad privada”. Y como lo demuestran una y otra vez los investigadores que estudian la relación entre la prosperidad y la libertad económica, a mayor nivel de libertad económica, mayor y con más alcance será la prosperidad.

Entre los mejores estudios se encuentra el publicado anualmente por los economistas James Gwartney y Robert Lawson, en conjunto con el Cato Institute y el Fraser Instititute de Canadá. Recientemente se publicó la novena edición—“Informe Anual 2005: La Libertad Económica en el Mundo”. Entre los descubrimientos más importantes se encuentran:

  • Los países en el quintil con mayor libertad económica tienen un PIB per cápita promedio de $25,062, comparado con $2,409 de aquellos países en el quintil con menor libertad
  • Asimismo, los países en el quintil con mayor libertad económica experimentan una tasa de crecimiento promedio del 2.5%, comparado con el 0.6% de los países en el quintil con menor libertad.
  • El desempleo en los los países en el quintil con mayor libertad económica es de 5.2%, comparado con el 13.0% de los países en el quintil con menor libertad.
  • La expectativa de vida es de 77.7 años en los países del quintil con mayor libertad económica, mientras que en países en el quintil con menor libertad es de 52.5.
  • En los países en el quintil con mayor libertad económica, el ingreso promedio del 10% más pobre de la población es de US$ 6,451, comparado con US$ 1,185 en los países en el quintil con menor libertad.

Es indiscutible que mayor libertad económica significa más prosperidad para más personas y que la falta de libertad resulta en pobreza para las masas, cualquiera sea el grado de la sofisticación tecnológica.

Traducido por Marina Kienast para Cato Institute.