24 de mayo de 2005
Crecimiento: India vs. China
por Deepak Lal
Deepak Lal es profesor de desarrollo internacional en la Universidad de California en Los Angeles y es un académico asociado del Cato Institute.
¿Cuales son las lecciones del milagro económico chino? ¿Quién ganará la carrera de crecimiento económico, India o China? Hay más similitudes que diferencias en las políticas de esos países tanto en los resultados obtenidos durante los años de represión económica como en los tiempos de las nuevas reformas.
China fue más represiva, pero sus reformas también han ido más lejos. En ambos países, la liberación del comercio exterior y el desmantelamiento de la planificación central promovieron el crecimiento. La mayor diferencia ha estado en las tasas de inversión, con China invirtiendo más del 40% de su PIB, o sea el doble que la India. Pero el peso de las empresas estatales chinas ha frenado el crecimiento, lo cual sitúa a los dos países con avances muy parecidos. Según las estadísticas oficiales, China creció al 9,7% anual entre 1978 y 1998 (los estimados privados, más confiables, indican poco más del 7%), mientras que la India creció 6,1% anual entre 1991 y 2000.
El crecimiento chino ha sido más intensivo en mano de obra, tras la eliminación de la agricultura colectivizada, creando una explosión de pequeñas industrias para la exportación, intensivas en el uso de mano de obra. Esa industrialización impulsada por las exportaciones fue facilitada por la extensa infraestructura china y por la libertad de contratar y de despedir, además de la total ausencia de cargas “sociales” sobre las firmas del sector privado.
La India, por el contrario, se aferra a leyes laborales arcaicas, pero en ambos países el dinámico crecimiento no ha tenido que ver con ideologías sino que se ha concentrado en sectores considerados por el gobierno como de menor importancia: las pequeñas empresas rurales chinas y los servicios de información y computación en la India. Esos son los sectores donde se permitió funcionar libremente al capitalismo y una vez desmanteladas las barreras gubernamentales, la inventiva empresarial, sin el peso de la intervención, generó un dinamismo imposible de alcanzar por los planificadores
Ambos países tratan desesperadamente de eliminar los vestigios del pasado dirigista, con inmensas empresas estatales produciendo pérdidas, pero a lo contrario de lo que sucede en la India, la dirigencia china se ha volteado para abrazar al capitalismo.
En la India, la izquierda no abandona el dirigismo, sino que sigue bloqueando la necesaria privatización de las empresas estatales y por ello vemos mayor liberación del intercambio comercial y mayor apertura a las inversiones extranjeras en China. Como resultado, las exportaciones eran el 19% del PIB chino en 1998 y sólo 8% en India, mientras que las inversiones extranjeras directas alcanzaban 261.000 millones de dólares en China y apenas 13.000 millones de dólares en la India.
Además, los chinos que viven en el extranjero financian las exportaciones, haciendo que estas no dependan del débil mercado de capitales interno. Por el contrario, casi todas las empresas extranjeras que se han aliado con empresas del gobierno chino han perdido hasta la camisa.
La pobreza ha disminuido considerablemente en ambos países, pero mientras que en China ha aumentado la desigualdad, no hay clamor popular en su contra, como sí existe en la India, donde el virus socialista fue importado por sus elites, las cuales siguen infectadas.
Pero no se trata de una carrera entre el conejo y la tortuga. El sistema financiero es más saludable en la India, aunque comparte con China déficit y subsidios insostenibles. Las ventajas de la India están en el Estado de Derecho y el idioma inglés. Aunque una reciente reforma constitucional china puso a la empresa privada en igualdad con las empresas estatales, los empresarios siguen desconfiando del gobierno. Por ejemplo, cuando la revista Forbes publicó una lista de los 50 chinos más ricos, varios protestaron, diciendo que los habían puesto en la mira del gobierno y del impuesto sobre la renta.
Eso explica por qué los chinos prefieren utilizar financiamiento extranjero, en lugar de inscribir sus empresas en la bolsa. Por otra parte, la educación china basada totalmente en la capacidad de los estudiantes está en proceso de producir la población mejor entrenada del mundo.
La carrera entre estos dos gigantes asiáticos es el suceso más dramático del nuevo siglo.
Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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