31 de marzo de 2005

La colombianización de México

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por Ted Galen Carpenter

Ted Galen Carpenter es vicepresidente de Estudios de Defensa y Política Exterior del Cato Institute y autor o editor de varios libros sobre asuntos internacionales, incluyendo Bad Neighbor Policy: Washington's Futile War on Drugs in Latin America (Cato Institute, 2002).

Mucha de la heroína y de la cocaína que se consume en Estados Unidos pasa por México. Desde hace años, gente dentro y fuera de México temen que ese país caiga en la corrupción y violencia que ha azotado a la principal fuente de drogas del hemisferio occidental: Colombia. Hay crecientes indicaciones que México está en proceso de colombianizarse.

Han sucedidos varios hechos alarmantes en los últimos meses. Pandillas rivales de narcotraficantes, especialmente en ciudades cercanas a la frontera con Estados Unidos, pelean sangrientamente por el dominio de esas zonas. En algunos de esos conflictos armados, como el ocurrido en Cancún, han estado envueltos oficiales tanto activos como retirados de la policía.

Eso es indicativo de una creciente corrupción en la política y en la policía. Hay nueva evidencia que los capos de la droga que están presos siguen dirigiendo sus organizaciones desde cárceles que supuestamente son de alta seguridad. El poder de los narcotraficantes está haciendo que cunda el miedo por toda la nación y hasta se teme que intenten asesinar al presidente Vicente Fox.

Nada de esto sorprende a quienes hemos estudiado el impacto del narcotráfico en Colombia durante las últimas dos décadas. El patrón colombiano comienza a emerger en México, con la diversificación de actividades ilícitas hacia el secuestro y otras fuentes lucrativas de ingresos. Colombia se había convertido en el país con el mayor número de secuestros, pero el fenómeno parece estarse trasladando a México, donde ha cundido la alarma hasta el punto que el Departamento de Estado alertó del peligro en enero a los viajeros estadounidenses, lo cual molestó mucho al gobierno mexicano.

La colombianización de México sería una verdadera tragedia. Por ser nuestro vecino y muy importante socio comercial esto preocupa a Estados Unidos e inevitablemente impacta especialmente a gente que vive en los estados fronterizos del suroeste.

El problema es que la exportación ilegal de drogas es un negocio multimillonario, siendo Estados Unidos el principal mercado mundial de consumo de drogas, razón por la cual México juega un papel clave en el narcotráfico. La ilegalidad genera inmensas ganancias, lo cual atrae a la gente y a las organizaciones más violentas y crueles. Es evidente que mientras las drogas sean ilegales sólo los forajidos comerciarán con ellas.

Cuando Estados Unidos y otros países reconsideran la estrategia de la prohibición de las drogas deben tomar en cuenta el costo social de esa política. No hay duda que la adicción a las drogas es un grave problema de salud pública y su costo social es muy alto. Pero como hemos visto en Colombia y ahora estamos viendo en México, la prohibición crea distorsiones económicas e inmensas oportunidades para los peores miembros de la sociedad, quienes pronto se convierten en poderosos multimillonarios empeñados en corromper todo el sistema legal de la nación. La prohibición conduce inevitablemente a una orgía de corrupción y violencia, realidad que cada día se hace más evidente en México.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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