Seguro Social: Haga los Cálculos
El presidente Bush ha dejado en claro que la reforma del Seguro Social es una de sus máximas prioridades en su segundo periodo. Los frentes de batalla se están formando alrededor de los que apoyan y de los que se oponen a su propuesta de permitir a trabajadores jóvenes invertir privadamente una porción de sus contribuciones al Seguro Social por medio de cuentas individuales. A ratos, el debate se torna muy complejo, lleno de términos actuariales arcanos y afirmaciones que rivalizan sobre la insolvencia y las tasas de retorno.
Pero debajo de todo ese ruido, hay solo algunas cosas que los estadounidenses necesitan saber para poder entender la crisis del Seguro Social.
Primero, el sistema actual del Seguro Social es lo que se conoce como sistema “de reparto”. No es un sistema de ahorro o inversión, sino una simple transferencia de los trabajadores a los jubilados. Los impuestos a la nómina de cada generación de trabajadores no son ahorrados o invertidos para la jubilación de esa generación, sino que son utilizados para pagar los beneficios para aquellos ya jubilados. La actual generación de trabajadores debe esperar que cuando ellos se jubilen, la siguiente generación de trabajadores vaya a pagar sus impuestos para sostener sus beneficios, y así sucesivamente.
Obviamente, el sistema de reparto es muy sensible al número de personas que pagan versus el número de personas que reciben los beneficios. En otras palabras, la relación entre trabajadores y jubilados es crucial para la financiación del sistema actual.
La actual tendencia en Estados Unidos en la relación trabajador-jubilado está generando problemas al Seguro Social y su habilidad de mantener los beneficios prometidos. La gente está teniendo familias menos numerosas, dando como resultado menor cantidad de nuevos trabajadores pagando sus contribuciones al Seguro Social. Y los ancianos están viviendo más tiempo y recibiendo beneficios por muchos más años. Añada a esto el hecho que la generación Baby Boom está por retirarse y terminará con muchos menos trabajadores que retirados comparado a la situación cuando el Seguro Social inició.
En 1950, habían 16 trabajadores pagando sus contribuciones al sistema por cada jubilado que estaba tomando los beneficios. Hoy en día, hay un poco más de tres. Para el momento en que los baby boomers se jubilen, solo habrá dos trabajadores que tendrán que pagar todas las contribuciones para sostener a cada jubilado.
Menos trabajadores para más jubilados significa que cada trabajador tiene que soportar una creciente carga financiera para pagar los beneficios que el Seguro Social ha prometido. El impuesto original para el Seguro Social era de solo un 2 por ciento de los primeros $3000 que un trabajador ganaba, con un impuesto máximo de $60 por año. Para 1960, los impuestos a la nómina se incrementaron a un 6 por ciento. Hoy en día los trabajadores pagan un impuesto a la nómina de 12.4 por ciento.
Se va a volver peor. Para poder continuar financiando los beneficios de los jubilados, el impuesto a la nómina tendrá que ser incrementado a más de 18 por ciento. Eso es casi un incremento del 50 por ciento.
Veamos la carga financiera de otra manera. Las contribuciones al Seguro Social son en este momento de 12.4 por ciento del salario, o un octavo del salario anual del trabajador. Es el mayor impuesto que el grupo familiar promedio debe pagar. Aproximadamente un 80 por ciento de las familias estadounidenses pagan más en contribuciones al Seguro Social de lo que pagan en impuestos federales sobre la renta.
A pesar de esa gran carga fiscal, el impuesto a la nómina tendrá que ser incrementado en casi la mitad para poder continuar pagando los beneficios del Seguro Social. Eso es una terrible carga de imponer a nuestros hijos y nietos.
El único camino de salida a este problema es cambiar el Seguro Social de un modelo de reparto a un sistema basado en ahorros e inversión. Por eso el presidente Bush quiere permitir a los trabajadores jóvenes que empiecen a ahorrar parte de sus contribuciones al Seguro Social. Aquellos que están en desacuerdo tienen la obligación de decir al resto de nosotros como pretenden afrontar la sombría realidad demográfica.
Traducido por Nicolás López para Cato Institute.