27 de septiembre de 2004

Diferencias salariales entre hombres y mujeres

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por Wendy McElroy

Wendy McElroy es autora del libro Freedom, Feminism and the State (Washington: Cato Institute, 1982).

La oficina del censo de Estados Unidos informó a fines de agosto que el salario medio de mujeres que trabajan a tiempo completo es 75,5 centavos por cada dólar que ganan los hombres, una caída de 0,6% desde el año 2002.

Las feministas de inmediato protestaron: “aumenta la discriminación”, exigieron aumento del salario mínimo y mayor empeño en hacer cumplir las leyes sobre igualdad de oportunidades.

Pero puede que no exista, en realidad, problema alguno. Empezando que 0,6% es una variación insignificante en las estadísticas, especialmente cuando los salarios de las mujeres han subido a lo largo de dos décadas.

Por otra parte, el estudio del censo no es científico: apunta a algo que merece la atención, pero no explica por qué existe la diferencia salarial.

El año pasado, la Oficina Contable del gobierno de EEUU informó que el patrón de conducta es uno de los factores que explican la diferencia en los salarios de hombres y mujeres. “Las mujeres tienen menos años de experiencia, trabajan menos horas al año, es menos probable que trabajen a tiempo completo y se apartan de la fuerza laboral por períodos de tiempo más largos que los hombres”.

Algunos expertos mantienen que las mujeres a menudo prefieren mayor flexibilidad en el trabajo –lo cual les permite ocuparse de la familia–, en lugar de dedicación absoluta al trabajo, lo cual conlleva mejores sueldos y promociones.

En otras palabras, más mujeres que hombres buscan trabajos que pagan menos, pero que permiten horarios flexibles, de manera que las madres pueden ocuparse de sus hijos y demás familiares.

Entonces, cuando se examinan las estadísticas salariales de hombres y mujeres, el punto medio de las mujeres está, desde luego, por debajo de los hombres.

Y ¿cuál es el resultado cuando se comparan dos puestos similares? ¿Por qué la diferencia? Lo primero tiene que ver con la definición de trabajo a tiempo completo. Eso suele definirse como 40 horas a la semana, pero hay una gran diferencia en lo que gana una persona que le dedica 40 horas a su trabajo y otra que le dedica 60 horas.

Por las mismas razones que las mujeres prefieren horarios flexibles, también prefieren trabajar menos horas, pero los bonos, los aumentos y las promociones naturalmente los reciben quienes trabajan más.

Y cuando se toma en cuenta variables tales como tener hijos, la diferencia salarial prácticamente desaparece.

Otro factor que no se suele tomar en cuenta es el mayor salario pagado en horarios menos atractivos. Por ejemplo, es más peligroso manejar un taxi de noche que de día y más hombres están dispuestos a aceptar horarios nocturnos, mejor pagados que los diurnos.

Las diferencias salariales entre hombres y mujeres existen porque las prioridades suelen ser diferentes. A quienes argumentamos que esa diferencia refleja diferentes prioridades se nos acusa de no importarnos la igualdad o la justicia. Sería más preciso decir que tenemos una visión diferente de la igualdad y la justicia.

Existen dos visiones totalmente diferentes de lo que es la libertad y la justicia. La primera, presentada en esta columna, argumenta a favor de la igualdad de oportunidades: que la ley proteja de igual manera a cada individuo y a su propiedad, sin darle ventajas a nadie.

Esa igualdad de oportunidades conduce, inevitablemente, a desigualdad de resultados porque éstos dependen de muchos factores, tales como habilidad personal, trabajo duro, seriedad y suerte.

La desigualdad de resultados no presupone una injusticia porque justicia significa que cada uno recibe lo que se merece.

La visión contraria define igualdad en el resultado, cuando la gente es políticamente, socialmente y económicamente igual.

Winston Churchill explicó la diferencia así: “’Todos los hombres son creados iguales’ mantiene la Declaración de Independencia americana. ‘Todos los hombres serán mantenidos en igualdad’ dicen los socialistas”. Eso último sólo se logra bajo gobiernos totalitarios.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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