24 de diciembre de 2003

Una distribución desigual de capitalismo

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por Johan Norberg

Johan Norberg es académico asociado del Cato Institute y autor del libro In Defense of Global Capitalism (Cato Institute, 2003).

El 20% de la población del mundo (escuchamos a menudo) consume más del 80% de los recursos del planeta, mientras que el otro 80% consume menos de un 20%. Los críticos de la globalización nunca se cansan de recordarnos esta injusticia. Pero muy pocas veces escuchamos un análisis adecuado de la razón de esta situación.

Los críticos lo presentan como que si los pobres son pobres debido a que los ricos son ricos, como si el 20% más rico se hubiera robado de alguna forma esos recursos del otro 80%. Eso está equivocado. Los países ricos han crecido más rápido desde que perdieron sus colonias. Y las regiones que las naciones imperialistas subyugaron crecieron más rápido luego de que se convirtieron en colonias de lo que habían hecho antes. Muchos de las naciones más ricas del mundo—como Suiza y los países escandinavos—nunca han tenido colonias de importancia. Otros, como Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Hong Kong, y Singapur, fueron colonias. Por otro lado, muchos de los países menos desarrollados—Afganistán, Liberia, y Nepal, por ejemplo—nunca han sido colonias.

La principal razón de que ese 20% consume el 80% de los recursos es que ellos producen el 80% de los recursos. El 80% consume únicamente el 20% porque ellos producen sólo el 20% de los recursos. Es este último problema el que debemos enfrentar. El problema es que hay muchos pobres, no que haya algunos ricos.

Los críticos del capitalismo señalan a que el PIB per cápita es 30 veces más grande en los 20 países más ricos del mundo que en los 20 más pobres. Los críticos tienen razón en que esta desigualdad se debe al capitalismo—pero no por las razones que ellos creen. La diferencia se debe a que ciertos países han tomado la senda del capitalismo, lo cual les ha resultado en una fantástica prosperidad para sus habitantes, mientras que aquellos que escogieron impedir la propiedad privada, el comercio, y la producción han quedado rezagados. Los factores como el clima y los desastres naturales no carecen de importancia, pero la mayor parte de la brecha puede ser atribuida a que ciertos países han optado por la liberalización y otros por el control.

Los 20 países económicamente más libres en el mundo tienen un PIB per cápita aproximadamente 29 veces más grande que las 20 naciones menos libres económicamente. Entonces, si hablamos en serio sobre cerrar la brecha Norte-Sur, deberíamos esperar con todos nuestros corazones que el Sur también gane acceso a una economía libre y a mercados abiertos. Los países en desarrollo que han tenido apertura en décadas recientes no sólo han crecido más rápido que los otros países en desarrollo—han crecido más rápido que los países ricos también.

La desigualdad del mundo se debe al capitalismo. No al capitalismo empobreciendo a ciertos grupos, sino que enriqueciendo a sus practicantes. La distribución desigual de la riqueza del mundo se debe a la distribución desigual del capitalismo.

Un cuarto de la inversión internacional directa entre 1988 y 1998 fue a los países en desarrollo. Desde comienzos de los ochenta, los flujos de inversión a los países en desarrollo han aumentado de $10.000 millones a $200.000 millones al año. Si miramos únicamente a los flujos de capital al mundo en desarrollo, encontramos que el 85% de la inversión directa va a tan sólo 10 países, a menudo los más liberalizados. Pero debido a que dichas inversiones han estado creciendo a un 12% anual en las últimas tres décadas, los países que no se encuentran en esos 10 primeros lugares también han experimentado incrementos estupendos.

Los países ricos representaron el 80% del PIB mundial en 1975, una cuota que ha caído al 70% hoy en día. Tal y como ya ha sido mencionado, los países pobres que han optado por la liberalización económica y el libre comercio han tenido un crecimiento más rápido que los países ricos en décadas recientes. El libre comercio y el liberalismo económico son una forma para que los países en desarrollo no sólo se vuelvan ricos, sino que también, posiblemente, alcancen a los países más prósperos.

Como lo dijera el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, en una conferencia llevada a cabo en febrero del 2000, poco después de las demostraciones contra la Organización Mundial del Comercio: "Los perdedores más grandes en este mundo tan desigual de hoy en día no son aquellos que están demasiado expuestos a la globalización. Son aquellos que se han quedado fuera de ésta".

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.