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31 de octubre de 2003

El misterio de las armas desaparecidas

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por Alan Reynolds

Alan Reynolds es Académico Titular de Cato Institute.

El Grupo de Búsqueda en Irak, un equipo de 1.200 inspectores encabezados por David Kay, no encontró ninguna de las armas químicas o biológicas que habían sido específicamente nombradas por altas autoridades estadounidenses antes de la guerra, ni ninguno de los equipos igualmente específicos, como laboratorios móviles y aeronaves no tripuladas. Lo que sí encontraron fue un solo frasco de botulismo de una década de antigüedad en el refrigerador de un científico, planes para construir misiles que podrían exceder el alcance permitido, y algunos programas de investigación que permanecieron ocultos en violación de los acuerdos de las Naciones Unidas.

Lo que no encontraron fue seña alguna de las "armas de destrucción masiva" (ADM) biológicas, químicas o nucleares que Estados Unidos y Gran Bretaña afirmaban que Irak poseía en cantidades ampliamente letales. El grupo está seguro de que "Irak no tenía un programa amplio y centralizado de armas químicas después de 1991". Existe aún menos evidencia de armas nucleares o de agentes biológicos, al menos que uno cuente ese pequeño frasco.

El marcado contraste entre lo que fue dicho sobre las ADM antes de la guerra y lo que desde entonces ha sido encontrado ciertamente pareciera ser un fracaso gigantesco de inteligencia, a pesar de lo que dice el director de la CIA, George Tenet. Sin embargo, para numerosos conocedores quienes en principio estuvieron de acuerdo con la noción de que Irak contaba con un formidable arsenal de exóticas armas vagamente identificadas, el fracaso en descubrir dicho arsenal es considerado como poco más que una pequeña molestia. El verdadero propósito de la guerra, nos dicen, fue una cruzada humanitaria que pretendía deshacerse de uno de los peores dictadores del planeta y convertir a Irak en un lugar mucho mejor, gracias a miles de millones de dólares de los contribuyentes estadounidenses.

Numerosas explicaciones y evasivas han sido creadas desde junio para minimizar el amplio abismo entra la "inteligencia" sobre las ADM y la realidad. La primera fue la de denigrar a los escépticos de las ADM como tontamente impacientes. A mediados de junio, el escritor sobre temas de seguridad nacional, Jack Kelley, consideró que era "en el mejor de los casos ferozmente prematuro" quejarse de que las supuestas enormes reservas de ADM no habían sido encontradas aún. Max Boot del Council on Foreign Relations también encontró altamente probable que Saddam "tenía algo que ocultar—y nosotros lo encontraremos".

Más recientemente, Notra Trulock de Accuracy in Media escribió que "el equipo de Kay todavía tiene mucho trabajo por delante antes de que se pueda emitir un juicio sobre los programas de ADM de Irak". Desdichadamente, pedir más y más tiempo está empezando a sonar como desesperado y poco convincente.

Una segunda estrategia defensiva ha sido la de señalar que la administración Clinton también expresó zozobra sobre las ADM de Irak a finales de los noventa. La naturaleza bipartidista del fiasco en la inteligencia ayuda a absolver a las autoridades actuales de la administración Bush de las acusaciones de un engaño deliberado. Sin embargo, falla en absolverlos de los cargos de haber sido fácilmente embaucados por informaciones erróneas de vieja data. Dos presidentes equivocados no hacen uno correcto.

Una tercera técnica ha sido la de simplemente sostener, como lo hizo hace poco Daniel Pipes, que "había de hecho evidencia masiva e indisputable que indicaba que el régimen iraquí estaba construyendo ADM". Si la evidencia era "indisputable", entonces ¿por qué gente obstinada como yo continúa disputándola?

En realidad, la evidencia siempre fue débil, consistía ampliamente en rumores, fantasías tecnológicas y papeles viejos. Cualquiera que todavía crea que la evidencia era masiva e irrefutable debería leer el reporte medio cocinado de la CIA de octubre pasado y el igualmente engañoso expediente británico (ambos disponibles en Internet).

Estos reportes están llenos de ambigüedades sobre precursores, medios de crecimiento, instalaciones de doble uso (fábricas de aceite de castor que podrían elaborar ricina), y deseos e intenciones sospechosas.

Una cuarta distracción ha sido la de insinuar que las misteriosas armas iraquíes y los mecanismos para lanzarlas fueron simplemente empacados y enviados a algún otro país como Siria o Líbano. Ese cuento de ninguna manera hará que la inteligencia norteamericana aparezca más inteligente. Si enormes reservas de armas letales y sus requeridos sistemas de lanzamiento (artillería de proyectiles o atomizadores aéreos) pudieron haber sido movilizados de un país a otro sin que los satélites y aviones espías estadounidenses pudieran siquiera notarlos, entonces la CIA sería mucho más incompetente de lo han sugerido que sus más acérrimos críticos.

La última y menos defendible defensa de la CIA ha sido la de negar rotundamente que los voceros de la administración Bush alguna vez afirmaron que Irak poseía existencias de armas químicas y biológicas o que dicho arsenal representaba alguna amenaza inminente. Un editorial del Wall Street Journal dijo entonces que el "Examen de Inminencia y el Estándar de Existencias... son invenciones de la posguerra, e invenciones políticas". Ese es un comentario extraordinario que se basa totalmente en la mala memoria.

El 23 de enero, el subsecretario de Defensa, Paul Wolfowitz, pronunció un discurso ante el Council on Foreign Relations. Él afirmó que "en 1997 los inspectores de la ONU descubrieron que Irak había producido al menos 10 litros de ricina. En cantidades concentradas, dicha cantidad de ricina es suficiente para matar a más de un millón de personas. Bagdad le declaró a los inspectores de la ONU que tenía cerca de 19.000 litros de botulismo, suficiente para matar a decenas de millones; y 8.500 litros de ántrax, con el potencial de matar a cientos de millones. Y tomen en consideración que los inspectores de la ONU creen que cantidades mucho mayores de agentes biológicos permanecen sin ser declaradas. De hecho, los inspectores piensan que Irak ha fabricado 2 ó 4 veces la cantidad de agentes biológicos que ha admitido, y no ha podido explicar el paradero de más de dos toneladas métricas de materia prima para la elaboración de agentes biológicos. A pesar de 11 años de inspecciones y sanciones, contención y respuestas militares, Bagdad retiene armas químicas y biológicas y está produciendo más".

Wolfowitz claramente afirmaba que Irak todavía "retiene" suficiente arsenal biológico como para matar a "cientos de millones"—un número lo suficientemente amplio como para desaparecer a toda la población de América del Norte. Para hacerlo aún más temible, Wolfowitz añadió que Irak "está produciendo más", de tal forma que los peligros del presente "son mucho mayores hoy de lo que fueron hace 5 ó 10 años".

Incluso esta declaración bastante pública de que Irak cuenta con un arsenal más que suficiente para matar a "cientos de millones" no pudo calzar con el "Examen de Inminencia y el Estándar de Existencias" del Wall Street Journal, ya que este periódico nos asegura ahora que hablar de existencias y amenazas inminentes es solo una invención política de posguerra.

El reporte británico de septiembre del año pasado indicaba que "Irak puede lanzar agentes químicos y biológicos utilizando una amplio rango de proyectiles de artillería, bombas de caída libre, atomizadores y misiles balísticos... 45 minutos después de haber tomado la decisión de llevar a cabo el ataque". ¿No califica esta supuesta amenaza de un ataque químico y biológico en 45 minutos con el "Examen de Inminencia y el Estándar de Existencias?" En su discurso a las Naciones Unidas a inicios de este año, el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, sostuvo que "El régimen iraquí también ha desarrollado mecanismos para dispersar ampliamente agentes biológicos letales de forma indiscriminada en los suministros de agua, en el aire".

La amenaza de todas estas existencias imaginarias de armas y sistemas de lanzamiento era supuestamente tan inminente que no podíamos esperar a que los inspectores de la ONU hallaran alguna evidencia antes de lanzar un ataque preventivo. Powell resumió su presentación al decir "Permitirle a Saddam Hussein la posesión de armas de destrucción masiva por unos pocos meses o años más no es una opción". Eso resultó ser literalmente verdadero: No se le podía permitir a Saddam poseer armas que no tenía. Aún si permitimos que los investigadores de Kay desperdicien todo el tiempo y dinero que quieran-en marcado contraste con la previa impaciencia estadounidense con los inspectores de la ONU—la vergonzosa exageración del armamento de Irak no va a desaparecer antes de la próxima elección presidencial. La paciencia no dura eternamente.

El presidente Bush ha sido claramente mal asesorado. En algún momento aquellos que produjeron la falsa inteligencia sobre las ADM iraquíes, y aquellos que exageraron enormemente su importancia, serán hechos responsables. Eso significa hacer lo correcto a través de unas cuantas disculpas elegantes y renuncias oportunas.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.