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10 de julio de 2003

El caso de las armas de destrucción masiva

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por Gene Healy

Gene Healy es editor titular de Cato Institute y editor del próximo libro Go Directly to Jail: The Criminalization of Almost Everything (Vaya Directo a la Cárcel: La Criminalización de Practicamente Todo).

Algunos oponentes de la guerra apenas pueden contener su júbilo con el hecho de que las armas de destrucción masiva de Irak continúan sin aparecer. Pero se podrían estar exponiendo a una caída. Tal y como la administración Bush nos recuerda constantemente, Irak es un país grande, y las armas podrían aparecer en cualquier momento. Si así sucediera, ¿se habrá reivindicado Estados Unidos?

Difícilmente. El enfoque en las armas perdidas amenaza con oscurecer un punto más amplio: con o sin armas químicas y biológicas, Irak nunca fue una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos.

La proposición de que Saddam Hussein estaba dispuesto a entregarle dichas armas a los terroristas parece haber estado basada en la pura especulación. A pesar de más de 20 años de apoyar el terrorismo contra Israel, Saddam nunca le entregó armas químicas o biológicas a los grupos terroristas palestinos, al razonar, acertadamente, que dicha acción provocaría represalias masivas. Y menos probable aún es que le entregara tales armas a al Qaeda, un grupo que se ha opuesto por mucho tiempo a su mandado "infiel socialista" y en el cual no se podía confiar para que mantuviera en secreto el trato.

Además, el comportamiento de al Qaeda sugiere que nunca esperaba que Saddam les diera armamento químico o biológico. Los discos duros de las computadoras y los documentos confiscados en la captura el 1 de marzo de Khalid Seik Mahoma, un agente de alto nivel de al Qaeda, revelan que el grupo terrorista tenía amplios planes para producir agentes químicos y biológicos propios.

Como el Washington Post reportara el 23 de marzo, los documentos muestran que al Qaeda había reclutado a científicos competentes y había proyectado ampliamente sus planes para la producción de ántrax. Si el acceso a las armas de destrucción masiva iraquíes era una posibilidad real, ¿por qué al Qaeda se molestaría tanto en producir su propio armamento?

Y aún si uno creyera las afirmaciones de la administración Bush de que Saddam podría arriesgar destruir su propio régimen al darle armas de destrucción masiva a al Qaeda, era obvio que una guerra que pretendiera derrocar a Saddam aumentaría significativamente el riesgo de que dicho armamento terminara en manos de al Qaeda.

¿Qué posible desincentivo podría tener el dictador iraquí para transferir su arsenal a los terroristas una vez que el cambio de régimen hubiese empezado y no tuviera nada que perder? ¿Cómo podría asegurar Estados Unidos que las armas de destrucción masivas de Irak no fueron "privatizadas" y vendidas al mejor postor durante el caos que acompañó la caída del régimen baatista?

De hecho, los componentes para una "bomba sucia" ya podrían estar en manos equivocadas. Una amplia instalación para el almacenamiento de materiales nucleares en Al Tuwaitham, al sur de Bagdad, fue saqueada en los días que siguieron a la guerra, y las autoridades de la Agencia Internacional de Energía Atómica temen que los terroristas puedan fabricar bombas radiológicas con los isótopos que han desaparecido. ¿Qué otros materiales peligrosos o armas prohibidas se han perdido en un "país del tamaño de California?"

En algún momento en los meses siguientes, las fuerzas estadounidenses bien podrían toparse con contenedores de gas VX o reservas de ántrax, y la administración Bush respirará tranquilamente. Tal descubrimiento podría cambiar el enfoque de la prensa, pero no puede cambiar los hechos: La guerra no evitó una amenaza seria a Estados Unidos. En su lugar, pudo haber creado nuevas.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.