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26 de junio de 2003

Deflación y devaluación

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por Alan Reynolds

Alan Reynolds es Académico Titular de Cato Institute.

Todo el mundo está hablando de la devaluación del dólar y la deflación, las cuales son ciertamente una vieja pareja. Si hubiera algún motivo para preocuparse de que el dólar baje (devaluación), podría ser que un dólar más débil facilitaría un aumento en los precios. Si hubiera algún motivo para preocuparse de que los precios caigan (deflación), tal ansiedad debió haber desaparecido mucho antes de que el dólar cayera durante 15 meses. Aún así al columnista del New York Times, Paul Krugman, todavía le preocupa un "atolladero" deflacionario al estilo japonés.

La única razón de que el temor deflacionario de 1997-2002 todavía vende periódicos es que la Reserva Federal habló al respecto a comienzos de mayo y el Fondo Monetario Internacional más recientemente. Dado el historial de pronósticos del FMI, de la Reserva Federal y del señor Krugman, cuando se empiezan a preocupar sobre la deflación, los inversionistas deberían apostarle a la inflación. Un ejecutivo de TIAA-CREF me dice que su fondo más popular son los bonos protegidos de la inflación, y el oro ha aumentado cerca del 16% en el último año. Los miedos sobre la deflación en Estados Unidos son atolladeros de curanderismo, como lo expliqué en un artículo en noviembre pasado.

Están también aquellos que se preocupan por el dólar. Una señora en PBS con acento británico estuvo recientemente pontificando sobre los peligros de un dólar a la baja. Si permitimos que el dólar caiga muy rápidamente, advirtió, los extranjeros dejarán de invertir en Estados Unidos, lo cual imposibilitará el financiamiento de nuestro actual déficit comercial. Añadió que entonces la Reserva Federal se verá obligada a aumentar las tasas de interés para defender al dólar (llevar a la quiebra acciones estadounidenses y bonos de mercado supuestamente hará más valioso al dólar), y eso podría generar recesión.

Este es el viejo cuento del "duro aterrizaje" que los keynesianos reciclan cada vez que el dólar deja de subir temporalmente. Eso no sucede con frecuencia. El índice del dólar de la Fed basado en el comercio ha estado aproximadamente en 118 últimamente, que es donde estuvo desde julio de 1998 hasta julio del 2000. Los expertos dicen que el secretario del Tesoro, John Snow, ha abandonado la política del "dólar fuerte", pero aún así el dólar está tan fuerte como cuando supuestamente teníamos una política fuerte. El dólar aumentó antes y durante la última recesión, pero eso no constituye un caso persuasivo para un dólar en aumento. Fuerte significa estable, no en aumento. Para la perspectiva, el índice del dólar de la Fed estuvo en 35 a principios de 1981, cuando el presidente Ronald Reagan empezó su mandato.

¿Por qué una caída del dólar ante el euro haría que los europeos dejen de invertir en Estados Unidos? Supongamos que el dólar cae en un 20% ante el euro. Eso no hace simplemente que los bienes estadounidenses parezcan un 20% más baratos que los europeos, sino que también hace que las acciones, bonos y bienes raíces norteamericanos parezcan 20% más baratos.

¿Por qué una ganga como esa haría que los europeos dejen de invertir en Estados Unidos? La señora de PBS sugirió que el hecho de que el dólar ha caído en el pasado hace que los extranjeros teman que caiga más en el futuro. Eso tiene tanto sentido como decir que las acciones de compañías tecnológicas fueron una tremenda ganga en marzo del 2000 porque éstas habían aumentado tanto y tan rápido. En la realidad, los inversionistas europeos inteligentes probablemente han estado ayudando a aumentar el precio de las acciones estadounidenses al pujar por éstas.

Los extranjeros podrían dejar de invertir en Estados Unidos únicamente si estuvieran dispuestos ya sea a comprar más bienes y servicios estadounidenses o a vendernos menos de los suyos. Hasta el tanto cualquier país cuente con un superávit comercial con Estados Unidos, los exportadores de ese país van a terminar acumulando más dólares. Esos dólares sólo pueden ser usados para comprar bienes o activos estadounidenses. Un periodista recientemente dijo que había una tercera opción—intercambiar dólares de sobra por monedas extranjeras. Pero cualquiera que compra dólares por euros todavía tiene únicamente dos opciones, gastar o invertir esos dólares en Estados Unidos. Los vendedores de euros podrían ofrecer más de éstos por menos dólares, pero el comprador y el vendedor en un negocio de intercambio extranjero no pueden tener ambos una ganancia de dicho trato.

Así que olvidémonos de la deflación y los duros aterrizajes. Hay cosas más reales por las cuales preocuparse, como los constantes aguaceros.

Supongamos que vinos californianos y franceses comparables se vendían a $10 en Estados Unidos y €10 en Francia. ¿Qué pasa si el euro sube de 1 a 1.20 por dólar? Si el vendedor del vino francés aumenta su precio a $12, las ventas en Estados Unidos sufrirán. Si California deja sus precios en $10, podría exportar más vino a Francia.

En el mundo real, el vino francés podría aumentar simplemente a $11 si aquellos envueltos en la producción y distribución del vino disminuyen sus costos o sus ganancias. Eso no es más deflacionario para Francia de lo que es inflacionario para Estados Unidos—al menos que el dólar continúe a la baja—ya que es solamente un ajuste de precio. Si el vino francés aumentara a $11, sin embargo, los productores y vendedores de vino de California también podrían aumentar sus precios con toda seguridad sin perder su cuota del mercado.

Esto es lo que la gente quiere decir cuando describen al dólar más barato como un supuesto remedio para la "deflación". Quieren decir que los precios en dólares de los bienes comerciados tienen más probabilidades de aumentar cuando el dólar cae.

¿Será ese poder extra de precio bueno para Estados Unidos? Eso depende si uno está vendiendo o comprando. Los productores disfrutan de más ventaja para aumentar los precios; los consumidores prefieren las gangas. Incluso los productores tienen que comprar materiales y maquinaria, así que no quieren que esos precios suban. Ellos quieren que los precios de venta aumenten más rápido que los costos. Pero un dólar débil no hace eso necesariamente.

La mayor parte de la materia prima importada, principalmente el petróleo, es valorada y comerciada en dólares en el mercado mundial de bienes. Si el dólar cae un 20% ante el euro, un precio del petróleo sin variantes parecería un 20% más barato para una compañía europea. Europa bien podría responder al aumentar las reservas de petróleo, lo cual incrementaría el precio del crudo en dólares. Lo mismo aplica para otras materias primas, algunas de las cuales son principalmente producidas en Estados Unidos, y otras no.

Durante el año que terminó el 20 de mayo, el índice de precios de materias primas de The Economist cayó un 11% cuando se calculó en euros pero aumentó un 13% en dólares. No está del todo claro si eso son buenas o malas noticias, o si son mejores noticias para Estados Unidos que para Europa. Precios de materia prima más altos son ingresos para los productores de dichos bienes y costos para los consumidores. Lo que está claro es que preocuparse tanto por un dólar a la baja como por la deflación es en el mejor de los casos inconsistente, es como quejarse de la sequía y los incesantes aguaceros. Así que a preocuparse menos y a estudiar más.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.