16 de mayo de 2003

OTAN: Más que inservible

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por Marian L. Tupy

Marian L. Tupy es analista de políticas públicas del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

Desde una perspectiva militar, el caso a favor del retiro estadounidense de la OTAN parece haber sido presentado. Varios comentaristas, incluyendo al historiador británico Paul Johnson, han argumentado que la OTAN es un anacronismo reducido a la incompetencia por la desconfianza y las luchas internas. Pero también hay razones económicas de peso para el retiro de Estados Unidos. Simplemente, la garantía de la seguridad norteamericana perpetúa los Estados de Bienestar de Europa y por lo tanto fomenta la esclerosis económica a lo largo del Viejo Continente.

El colapso de la Unión Soviética atestiguó la reducción de los presupuestos militares de Occidente. De acuerdo al Center for Strategic and International Studies, entre 1990 y 1999 los gastos de defensa de todos los miembros europeos de la OTAN descendieron de un 3% a un 2.3% del PIB. El gasto militar estadounidense cayó de un 5.3% a un 3.1% del PIB durante el mismo período.

Pero el gasto como proporción del PIB no brinda un retrato correcto de las disparidades de gasto subyacentes. Durante los noventa, la economía de Estados Unidos creció a un ritmo mucho más rápido que el de las principales economías de la Unión Europea. Entre 1992 y el 2001, por ejemplo, la economía alemana creció en promedio un 1.45% al año, y la francesa un 1.88%. En ese mismo período, Estados Unidos experimentó un crecimiento promedio anual de un 3.46%. Como resultado, a pesar de la "reducción" en el gasto militar, el presupuesto de defensa estadounidense aumentó de $277.000 millones en 1995 a $283.000 millones en 1999. En contraste, los gastos militares de todos los miembros europeos de la OTAN combinados declinaron de $183.000 millones a $174.000 millones durante el mismo tiempo.

La amenaza terrorista generó el ímpetu para un aumento en el presupuesto de defensa estadounidense a $380.000 millones en el 2003. El presidente Bush aprovechó la cumbre de la OTAN del 2002 para instar a los europeos a aumentar su gasto militar de los actuales 150.000 millones de euros al año. Los alemanes de hecho redujeron su presupuesto al ordenar menos aviones militares de transporte y misiles aire-aire de lo planeado. La brecha tecnológica entre Estados Unidos y Europa en reconocimiento, comunicaciones, armas de alta tecnología y movilidad está destinada a ensancharse. De acuerdo con Richard Perle, ex presidente de la Junta de Política de Defensa del Pentágono, los ejércitos europeos "se han atrofiado al punto de virtual irrelevancia."

Y, sin embargo, no hay queja alguna de la autocomplacencia de Europa. Los europeos se comportan de una manera racional. Hasta el tanto Estados Unidos garantice su seguridad a través de la OTAN, éstos carecerán del incentivo para invertir más en su defensa. A cambio, los europeos utilizarán el dinero que se ahorraron con el fin de preservar sus ineficientes Estados de Bienestar. Y aún así, los presupuestos de algunas naciones europeas están al borde de la bancarrota.

De acuerdo con la Comisión de la Unión Europea, se espera que la economía del Viejo Continente crezca únicamente un 1% en el 2003. Debido a una posible contracción de la economía europea en el primer cuarto del 2003, el estimado quizás tenga que ser ajustado hacia abajo. Como resultado de la desaceleración económica, varios países de Europa, incluyendo a Alemania y Francia, han alcanzado ahora el "pacto de crecimiento y estabilidad" que limita sus déficit presupuestarios anuales a un 3% del PIB.

La insinuación hecha por el presidente francés, Jacques Chirac, de que los problemas económicos de Francia pudieron haber sido causados por la guerra de Estados Unidos contra Saddam Hussein constituye un ridículo intento de echarle la culpa a otros. De hecho, Francia y Alemania se encuentran acosadas por profundos problemas estructurales, incluyendo mercados laborales rígidos, regulaciones restrictivas, estándares ambientales y de seguridad dañinos, altos impuestos e inmensos pasivos de pensiones sin fondos.

Pero ni Schroeder en Alemania ni Chirac en Francia exhiben el liderazgo necesario para sacar a sus países del malestar económico. Los dos construyeron sus carreras mediante el populismo. Ambos no poseen el entusiasmo reformista mostrado por Margaret Thatcher en Gran Bretaña en los ochenta. Se encuentran entonces relegados a realizar cambios cosméticos dentro de los márgenes de sus Estados de Bienestar. Entre más continúen tales cambios triviales, más retroceso experimentarán los estados europeos con respecto a Estados Unidos.

El retiro norteamericano de la garantía de seguridad a Europa galvanizaría una reforma económica seria. En lugar de permanecer indefensos, los estados europeos encontrarían necesario generar más ingresos mediante recortes al tamaño del Estado de Bienestar y aumentos al crecimiento económico. Una Europa vibrante con una economía fuerte y una fuerza militar creíble podría entonces contribuir a la creación de un mundo más próspero y seguro. Si esto ocurre o no depende en muchas formas de Washington.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.