13 de mayo de 2003
Evitando falsas conclusiones de la guerra en Irak
por Ted Galen Carpenter
Ted Galen Carpenter es vicepresidente de Estudios de Defensa y Política Exterior del Cato Institute y autor o editor de varios libros sobre asuntos internacionales, incluyendo Bad Neighbor Policy: Washington's Futile War on Drugs in Latin America (Cato Institute, 2002).
Los líderes de la administración Bush parecen estar sacando varias conclusiones del conflicto en Irak. Desdichadamente, muchas de éstas son erróneas. Si Estados Unidos basa su política exterior en falsas conclusiones, las consecuencias pueden ser extremadamente desagradables.
Conclusión falsa 1: La relativamente cómoda victoria militar significa que la ocupación de Irak será igualmente fácil.
La administración Bush y sus seguidores dan demasiado énfasis a las escenas de iraquíes dándole la bienvenida a las tropas estadounidenses en Bagdad. Sin embargo, esa reacción inicial no resuelve las numerosas tensiones religiosas, étnicas e ideológicas subyacentes en dicha sociedad y que podrían hacer de la ocupación un proyecto frustrante y peligroso.
Irak es una entidad inherentemente frágil y artificial que los británicos rejuntaron luego de la Primera Guerra Mundial a partir de tres provincias bastante diferentes del difunto Imperio Otomano. Washington se ha comprometido a mantener la unidad del país, pero eso podría resultar sumamente difícil. Los kurdos en el norte claramente desean tanta autonomía política que serían prácticamente un Estado independiente de factoun acontecimiento que podría fragmentar el país y alarmar profundamente a la vecina Turquía. Los musulmanes chiítas en el sur también podrían querer un Estado propio que gravite hacia el islamismo radical con el fin de implementar su agenda política.
Dado el potencial de turbulencia, la ocupación estadounidense-británica probablemente se va a parecer a la experiencia norteamericana en Líbano a inicios de los ochenta, a lo vivido por Gran Bretaña en Irlanda del Norte a principios de los setenta y finales de los ochenta, o a la actual experiencia israelí en la Ribera Occidental. La aparición de ataques suicidas durante la guerra no es un acontecimiento tranquilizador. En el mejor de los casos, la ocupación probablemente resulte más difícil que la conquista militar.
Conclusión falsa 2: Dada la facilidad de la victoria militar en Irak, Estados Unidos debería considerar aplicar el mismo trato a Siria, Irán, Corea del Norte, y otros Estados parias.
Los halcones necesitan calmar su "triunfalismo." Únicamente porque los iraquíes fueron tácticamente incompetentes al mandar a gran parte de sus fuerzas al desierto donde fueron devastados por el poder aéreo estadounidense en lugar de forzar a las fuerzas de la coalición a verse envueltas en un combate urbano de grandes proporciones, no significa que un futuro adversario cometerá el mismo error. Además, Irán y Corea del Norte son por mucho adversarios más temibles de lo que Irak alguna vez soñó ser. De hecho, las fuentes de inteligencia estadounidenses creen que Corea del Norte ya posee un pequeño arsenal nuclear, e Irán muy probablemente cuente con uno en el futuro cercano.
No hay duda alguna que Estados Unidos terminaría venciendo en cada una de esas luchas. Pero la pregunta es, ¿a qué costo? Verse envuelto en una serie de guerras contra países enemigos podría resultar tentador para los halcones, pero es una política exterior equivalente a la ruleta rusa. Es posible ganar en el juego varias veces, pero tarde o temprano el gatillo dará en un cámara llena.
Conclusión falsa 3: El temible "callejón árabe" es un mito.
Eso es malinterpretar la naturaleza del problema. El peligro no radica en que temibles mafias islámicas arrasen instantáneamente con gobiernos amigos. El principal peligro yace en que Estados Unidos ha enemistado tanto a la población musulmana que miles de nuevos reclutas se enlistarán en Al Qaeda y otras organizaciones terroristas, expandiendo así la amenaza a Estados Unidos. Otro peligro es que el odio público hacia los estadounidenses alcance tal punto que aún dichos gobiernos que quisieran tener relaciones cercanas con Washington lo encontrarían políticamente imposible.
Uno también debe tener en cuenta la demora en el tiempo. La victoria estadounidense en la primera guerra del Golfo Pérsico no se tradujo inmediatamente en represalias. Pasaron más de dos años para el atentado contra el Centro Mundial del Comercio, más de siete años para los atentados contra las embajadas estadounidenses en el Este africano, y más de una década para los ataques terroristas del 11 de Septiembre. La represalia tomó su tiempo, pero se materializó al final de cuentas.
Conclusión falsa 4: Estados Unidos es ahora tan poderoso que no tiene por qué preocuparse por lo que otras potencias digan o hagan.
Algunos halcones incluso quieren represalias diplomáticas y económicas contra Francia, Alemania y Rusia por haberse atrevido a oponerse a la política estadounidense hacia Irak. Ese sería un gran error. Estados Unidos necesita de la cooperación de esos y otros países en una gran cantidad de instancias. Por ejemplo, queremos que ellos hagan un gran esfuerzo en erradicar las células de Al-Qaeda y congelar sus fondos. Queremos que Rusia acabe con sus exportaciones de tecnología nuclear a Irán y que ayude a resolver la crisis nuclear de Corea del Norte.
Dichos países estarán mucho menos dispuestos a cooperar si Estados Unidos intenta intimidarlos. Los estadounidenses necesitan saber qué tan impopular fue la guerra contra Irak en el resto del mundo. Si Washington no cambia su comportamiento, Estados Unidos podría terminar siendo un país aislado y odiado con otros grandes Estados conspirando por minar su poder. Eso no podría importar mucho en el corto plazo, pero a lo largo de las próximas décadas podría resultar desastroso.
Es imperativo que la administración Bush y el público estadounidense saquen conclusiones de la guerra en Irak. Pero es igualmente imperativo que no saquen conclusiones equivocadas.
Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.



























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