1 de mayo de 2003
Opciones monetarias para la recuperación de Irak
por Steve H. Hanke
Steve H. Hanke es profesor de economía aplicada en la Universidad Johns Hopkins y Senior Fellow del Cato Institute.
A pesar de la velocidad de la acción militar contra Irak, este país ha pagado un alto precio: numerosas bajas civiles y militares; una infraestructura física destruida; un comercio interrumpido; drásticos trastornos políticos, administrativos y sociales; y las dificultades físicas y resentimientos de un pueblo vencido ante las peculiaridades de vivir bajo el dominio de un mandato extranjero. Estas realidades desalentadoras no prometen un final a los problemas del Irak post-guerra.
Los vencedoresya sean vistos como liberadores o conquistadorescuentan con magníficas ideas para rehacer la economía y sociedad iraquíes dentro de un año de acabada la guerra. Uno de los puntos en la agenda de la administración Bush es el establecimiento de una moneda estable. Sin embargo, qué es lo que el plan cognoscenti va a hacer con la moneda permanece un misterio.
Para ser exitoso, un plan de reforma monetaria debe ser bien diseñado, rápidamente disponible, y congruente con la historia iraquí. La implementación expedita es esencial ya que los vencedores usualmente encuentran que la buena voluntad por parte de los vencidos tiende a durar muy poco.
Irak estableció un banco central en 1947. Como otros bancos centrales en la mayoría de los países en desarrollo, el Banco Central de Irak cuenta con un historial repleto de malos manejos, medidas coercitivas y, sí, la producción de una moneda inestable y poco confiable. El dinar iraquí no ha sido intercambiable en los mercados internacionales durante años. Consecuentemente, las transacciones internacionales han sido posibles únicamente con monedas extranjeras. Sin embargo, su acceso ha sido controlado por el comité asesor sobre intercambio extranjero del Banco Central. Los intentos por competir con el monopolio de Saddam Hussein sobre el intercambio extranjero han sido, para ponerlo moderadamente, disuadidos.
Desde 1979, cuando Hussein llegó al poder, el dinar iraquí ha colapsado. En 1979, 1 dinar equivalía a $3.39. Recientemente, el tipo de cambio oficialel cual no ha sido cambiado desde 1982 y es disponible solo para Hussein y sus secuacesha sido de 1 dinar por $3.22. Para los iraquíes fuera del círculo cercano a Saddam, la única manera de conseguir monedas extranjeras ha sido a través del mercado negro. Pero en éste, el tipo de cambio se reporta en aproximadamente 3.000 dinares por cada dólar.
Un modelo de banco central y una moneda inestable no han sido siempre la norma en Irak. Hace un siglo, lo que hoy es Irak formaba parte del Imperio Otomano. La moneda oficial del imperio era la libra otomana pero la moneda más usada en Irak era la rupia india, la cual estaba ligada a la libra esterlina. Luego de que el territorio fuera capturado por las fuerzas británicas en 1916, y removido el Imperio Otomano, los británicos hicieron de la rupia india la moneda oficial, y retiraron a la libra otomana. Irak fue entonces oficialmente "rupizado."
Luego de una prolongada presión por parte de los iraquíes, Gran Bretaña le concedió la independencia al país en Octubre de 1932. Como parte de los preparativos para la independencia, la caja de conversión monetaria de Irak fue fundada en Abril de 1932. Ésta emitió el dinar iraquí, el cual estaba ligado a la libra esterlina. La caja respaldó totalmente al dinar con reservas de libras esterlinas y mantuvo un tipo de cambio fijo con la libra. Hasta que fue reemplazada por un banco central en 1947, la caja de conversión operó sin problemas.
Una reforma monetaria para Irak no debe incluir un banco central. La historia iraquí sugiere dos alternativas superiores. La primera opción requeriría una caja de conversión ortodoxa. Diseñar tal sistema requeriría descartar el modelo utilizado por el Fondo Monetario Internacional en Argentina, Estonia, Lituania y Bulgaria. Todos estos sistemas permiten que características de banco central sean mezcladas con el modelo de caja de conversión ortodoxa, y, como lo demostró Argentina, dicha combinación puede ser explosiva.
Idealmente, la legislación para la caja de conversión iraquí seguiría el modelo clásico británico. La caja de conversión de Bosnia Herzegovina, autorizada por el tratado de París/Dayton de 1995, es una aproximación cercana.
La otra posibilidad sería "euroizar" el país. El Irak post-guerra podría usar el euro de la misma forma como una vez utilizó la rupia india. El euro cuenta con aceptación internacional y ni Estados Unidos ni Gran Bretaña lo utilizan, lo cual podría servir de ventaja política. En los últimos años, varios países han reemplazado sus monedas locales por una moneda extranjera, incluyendo a Ecuador, El Salvador y Timor del Este (los cuales usan el dólar) y Montenegro y Kósovo (los cuales usan el euro). Incluso en países con circunstancias económicas difíciles, ningún obstáculo técnico de importancia frenaría el abandono de la moneda doméstica y su reemplazo por una extranjera.
Con el fin de darle a los iraquíes un sentido de confianza en sus perspectivas para el futuro, una moneda confiable y convertible internacionalmente debe ser una prioridad.
Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.



























Promueva ElCato.org
ElCato en Twitter
ElCato en Facebook
Colección Milton Friedman
Premio Friedman