24 de marzo de 2003

España: El problema con los subsidios a la industria cinematográfica

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por Pedro Schwartz

Pedro Schwartz es Presidente del Tribunal de Defensa de la Competencia de Madrid y Profesor de Economía de la Universidad San Pablo CEU.

Triste es la situación de los cineastas españoles. Pese a la ayuda del Estado y la garantía de la "cuota de pantalla" son los filmes estadounidenses los que consiguen el favor de los espectadores. Pero, cuidado, el espectáculo montado por actores y directores contra "la guerra del Imperio" en la entrega de los premios Goya y en la galería del Congreso de los Diputados no debe llevarnos a conclusiones precipitadas. Les movía su amor por la paz mundial y por la cultura española. Toda relación entre sus virulentas protestas y el éxito de las películas estadounidenses es pura coincidencia.

A favor de la protección política para el cine español, se argumenta que nuestros productores no pueden competir con las películas de las llamadas "majors" estadounidenses. También se alega que los ingresos de taquilla no son un indicador de calidad artística. El dinero público es necesario para evitar que el cine se vuelva estadounidense y se mercantilice del todo.

Pero las subvenciones sembradas a voleo han atomizado la industria del cine español y protegen los malos cineastas. Un enjambre de empresarios indigentes acude al panal de rica miel del Ministerio de Cultura, que les adelanta por término medio un tercio de su presupuesto a resultas del ingreso en taquilla, si el funcionario les aprueba el guión. Otro tercio lo obtienen vendiendo los derechos de DVD, TV de pago, y TV abierta, si alguien se los compra. Con suerte, el otro tercio se lo financian bancos y cajas. En el 2001 estaban censadas en España 315 compañías cinematográficas, de las que 280 habían producido una única cinta en los últimos cinco años. De ésas, 46 han venido produciendo una película al año; 10, de dos a cuatro; y sólo 6 empresas realizan cinco o más cintas anualmente. Todo ese andamiaje proteccionista no consigue contener a las cinco grandes estadounidenses, que, en el 2001 ingresaron el 56,5% de lo obtenido en taquilla en España.

El cine es un negocio incierto, que exige un tejido de grandes empresas productoras, con recursos para inundar el mercado hasta conseguir la "bomba" que les hace de oro. Para sobrevivir necesitan integrar verticalmente desde el guión hasta las palomitas de maíz; mantener una filmoteca de clásicos; extenderse horizontalmente a cadenas de televisión, medios de comunicación, parques temáticos; contratar una rutilante plantilla de estrellas; llevar a cabo un costoso marketing. En España hay talento pero no empresas suficientemente grandes y bien relacionadas. Unas migajas de subvención a casi todo el que se presente no abren las puertas del mercado mundial. Para bien y para mal, una película no triunfa de verdad, ni siquiera en el mercado latino o incluso en España, sin el aval estadounidense. Es necesaria la potencia de distribución de las "majors" y el renombre de actores mundialmente famosos para conseguirlo.

El secreto está en usar la fuerza de los demás en beneficio propio, como en el judo. Un director imaginativo e innovador irrumpe en el mundo del cine con una cinta muy barata. El éxito de público y crítica le permitirá encontrar algún ángel que quiere arriesgar más capital en su próxima producción. Luego podrá él mismo financiar sus ideas minoritarias con las ganancias de sus filmes más populares.

El cine español no consigue aprovechar el inmenso mercado de lengua española en el continente americano. En Estados Unidos, los latinos acuden en masa a las salas de cine los días de fiesta. Almodóvar, con todo su prestigio, apenas consigue un estreno simultáneo en 50 cines, cuando una película hispana hecha en Hollywood como "Empire" se proyecta el primer día en 800 salas.

En general, el éxito se consigue utilizando algún elemento que llame la atención en Estados Unidos, como actores que son famosos allí, o productores estadounidenses que garanticen una buena distribución. Soderbergh nos señala incluso el camino del mercado latino: "Tráfico" está protagonizada por un actor puertorriqueño, Benicio del Toro, y uno estadounidense, Michael Douglas; y la mitad del diálogo está en español. Ese es el camino seguido por Amenábar, que ha dirigido "Los Otros" con el apoyo de una actriz famosa en todo el mundo, Nicole Kidman, y de un productor poderoso, Tom Cruise

Muy otra es la peripecia de "Los Lunes al Sol", que tanto ha gustado al sensible público español. Los derechos de exhibición en Estados Unidos se han vendido por la miserable suma de $50.000. Pero ¿cómo van a entender esas jeremiadas laboralistas unos latinos que viven en un país donde quien busca trabajo lo encuentra?

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
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