6 de noviembre de 2002

¿Se encuentra la Tercera Vía en un callejón?

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por Patrick Basham

Patrick Basham es académico asociado del Cato Institute y director del Democracy Institute.

"Es agradable estar en un lugar en donde nuestra gente todavía ocupa cargos públicos."
Bill Clinton en su discurso en la conferencia del Partido Laborista Británico

La elección del socialista Luiz Inacio "Lula" da Silva como futuro presidente de Brasil representa otro clavo en el ataúd de la Tercera Vía, un intento de más de una década de duración llevado a cabo por algunos políticos izquierdistas para ocupar el supuesto espacio entre el socialismo y el capitalismo. Dicho movimiento dominó recientemente en Estados Unidos y el extranjero, sin embargo, hoy en día muchos de sus proponentes están a la defensiva. También pareciera que aquellos políticos de la Tercera Vía que han logrado prosperar deben su supervivencia electoral a un astuto marketing político, y no a un exitoso desempeño en el gobierno.

Durante la década de los noventa, los candidatos de la Tercera Vía resultaron atractivos electoralmente en Latinoamérica. Luego de una década de victorias de libre mercado, las respectivas elecciones nacionales atestiguaron las victorias de candidatos centroizquierdistas moderados sobre oponentes más conservadores.

Pero el 27 de octubre, la cuarta democracia más grande del mundo experimentó las consecuencias del fracaso de un gobierno de la Tercera Vía. El presidente brasileño saliente, Fernando Henrique Cardoso, fue una de los principales portavoces de la Tercera Vía. No obstante, ni la conquista de la inflación o la privatización de algunas empresas estatales compensaron políticamente por el estado anémico de la economía, el creciente desempleo, la caída de los ingresos y las altas tasas de interés producto de desregulaciones, recorte de impuestos y liberalización del comercio insuficientes.

Así, Cardoso no pudo darle impulso al candidato de su partido, José Serra. Esto se combinó con la aceptación a regañadientes de la globalización por parte de la Tercera Vía, la cual se refleja en su apoyo a una mayor gobernabilidad de la economía global, incluyendo el control de capitales. Dicha perspectiva auxilió al robusto populismo económico de Lula.

En Europa, el Primer Ministro Tony Blair fue reelecto en Julio del 2001. Pero el éxito electoral de esta prominente figura de la Tercera Vía refleja los fracasos de sus oponentes conservadores, en lugar de mostrar un historial estelar de logros políticos.

Aunque Blair ha logrado soportar las presiones de la base socialista de su partido para aumentar los impuestos sobre la renta, dicha parsimonia fiscal no dice toda la historia. Después de todo, varias fuentes de tributación indirecta han aumentado significativamente. Frecuentes manoseos microeconómicos, incluyendo la introducción del salario mínimo, han compensado la relativa inactividad macroeconómica de Blair. Desdichadamente, Blair le ha dado una vena anti-liberal a la justicia criminal y a otros asuntos de regulación social, enfatizando la conformidad sobre la búsqueda de las preferencias individuales.

El Canciller alemán Gerhard Schroeder, el líder europeo continental de la Tercera Vía, ha tenido mayores dificultades políticas. Dado el pobre estado de la economía, simbolizado por el significativo desempleo, la reelección de Schroeder en septiembre fue sorpresiva. En sus inicios, la administración introdujo reducciones menores en los impuestos y el gasto, y propuso una reforma de mercado para el programa de seguridad social, el cual es actualmente manejado por el Estado.

Pero Schroeder pronto perdió su impulso reformista. Hizo poco para cambiar el fuertemente regulado mercado laboral, la principal fuente del alto desempleo. La política fiscal fue revertida y el gobierno brindó rescates financieros a las corporaciones. La fortuna política de Schoeder fue reavivada por dos eventos fatídicos durante su campaña: Su hábil manejo de las inundaciones que azotaron a Alemania (prometió destinar una gran cantidad de dinero al problema) y su oposición vociferada a una posible invasión a Irak por parte de Estados Unidos.

El Primer Ministro holandés Wim Kok fue otro pilar del movimiento de la Tercera Vía. Sin embargo, en mayo los electores holandeses sacaron del gobierno a la coalición centroizquierdista de ocho años liderada por Kok y la reemplazaron con la oposición derechista. Tal fue la magnitud del descontento popular que los partidos que conformaban la coalición centroizquierdista fueron relegados al tercero y cuarto lugar respectivamente.

Durante los noventa, los Primeros Ministros Romano Prodi y Massimo D'Alema prometieron una Tercera Vía italiana. No obstante, la renuencia de la coalición centroizquierdista gobernante de enfrentar los problemas estructurales que tienen atada a la economía italiana (altos impuestos y gasto gubernamental combinados con una cuantiosa propiedad estatal) produjeron inadvertidamente el clima propicio para el cambio. En las elecciones del año pasado, los gobernantes de la Tercera Vía fueron depuestos por la derechista Alianza Libertad de Silvio Berlusconi.

En Estados Unidos, la versión del presidente Clinton sobre la Tercera Vía mostraba una tímida inclinación hacia posiciones que afirman que "el gobierno sabe mejor que nadie." Clinton aumentó los impuestos y trató de controlar la toma de decisiones financieras individuales a través de créditos tributarios. Algunas políticas de Clinton se asemejaron a versiones confusas del conservadurismo social. Su prolongación de la fallida Guerra contra las Drogas es un ejemplo de eso. Sorprendentemente, ni Clinton ni el vicepresidente Al Gore pudieron decidir definitivamente si ellos eran pragmáticos, "Nuevos Demócratas" centristas o populistas económicos. Como resultado de esto, Gore no resultó electo presidente en el 2000.

¿Cómo le irá a la Tercera Vía en las elecciones legislativas de Estados Unidos?

Es de ayuda, y también desilusionante, observar lo que sucede en California. Los Nuevos Demócratas de la Tercera Vía tienen en el Gobernador Gray Davis a un importante partidario. Sin embargo, desde su elección en 1998, Davis ha puesto un énfasis particular en sus llamados a los sindicatos y las minorías raciales, de ahí su oposición a las notas de crédito escolares y su apoyo desenfrenado a la acción afirmativa. El Cato Institute recientemente reprobó a Davis por su desempeño fiscal.

Por lo tanto, la reelección de Davis refleja dos realidades: primero, los limitantes políticos de su oponente conservador, en lugar de un apoyo a su desempeño irregular; y segundo, astucia política por parte de Davis, quien abraza entusiastamente las técnicas más avanzadas de marketing político.

Davis puede ser el cartel insignia para el político exitoso de la Tercera Vía. Aunque retóricamente es más complaciente que los socialistas de la vieja escuela, en la práctica está igualmente dispuesto a limitar nuestra libertad.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.