12 de octubre de 2002

La respuesta libertaria al ataque a EE.UU.

Printer-friendly versionSend to friend

por David Boaz

David Boaz es Vicepresidente Ejecutivo del Cato Institute.

Quienes aconsejábamos un ejército restringido y no intervencionista cuando nuestros intereses vitales no estaban en juego, ahora nos enfrentamos a la situación que siempre dijimos ameritaría respuesta militar: un ataque a las personas y a la propiedad estadounidense.

Como dijo el Presidente Bush, este es un tipo nuevo de guerra y requerirá nuevas tácticas. A continuación, un esquema de lo que debemos hacer.

  1. Ir tras Al Qaeda y el Talibán. Asumiendo que el gobierno de Bush está convencido de que Osama bin Laden estuvo detrás de estas atrocidades, debe insistir en que Afganistán lo entregue a él y a sus tenientes; de lo contrario, debemos entrar al país con infantería y encontrarlos. No será fácil, la Unión Soviética lo aprendió en una década de pesadilla, pero es el tipo de misiones para el que se entrenan nuestras Fuerzas Especiales. Van a encontrar a bin Laden.
    Además de esto, el Talibán es un estado que patrocina a bin Laden y su ola de terrorismo, por lo que una de nuestras metas debe ser removerlos del poder. Nuestra guerra no es contra la gente de Afganistán, sino contra el gobierno de ese pobre país. Una vez derrocados, esperamos que un gobierno democrático se establezca; pero nuestro objetivo militar debe dejar en claro que los estados que patrocinen ataques terroristas en contra del pueblo americano no van a durar.

  2. Mejorar la defensa civil. Oficiales de la administración nos han dicho a lo largo de la última década que "existe un peligro presente claro" de ataques peores a los que hemos experimentado. Sin embargo, el gobierno federal no ha hecho nada para instruir a los americanos sobre la respuesta adecuada a ataques nucleares, biológicos o químicos, ni para abastecerse de antídotos y antivirus. Es hora de hacerlo.
  3. Rodear los operativos de Al Qaeda en los Estados Unidos. Nuestros líderes tienen razón al prevenirnos en contra de crímenes de odio dirigidos a musulmanes y a gente que "parece árabe". No debemos olvidar el tipo de país que somos, pero cuando encontramos a gente viviendo en este país que está conectada a una red terrorista, debemos movernos con fuerza.
    De momento estamos prohibiendo cucharones en los restaurantes de los aeropuertos mientras dejamos células de Al Qaeda "bajo vigilancia". Eso es absurdo. Si sabemos de personas que  no son ciudadanas involucrados con terroristas, debemos capturarlos, y si no se cuenta con suficientes pruebas para arrestarlos por un crimen, podemos deportarlos -no porque sean árabes, sino porque el FBI los ha identificado como agentes de una red terrorista. Los que no son ciudadanos no tienen los mismos derechos que quienes lo son.
    Están en los Estados Unidos por tolerancia. La inmigración es buena para el país, siempre lo ha sido, pero no estamos obligados a dar una calurosa bienvenida a agentes "dormidos" hasta que su llamado a acción. Si el FBI no pudo anticipar los ataques del 11 de septiembre por 19 agentes distintos, podemos asumir que la lista de gente que está bajo observación no es demasiado amplia.
  4. Fortalecer la economía. Uno de nuestros principales activos es la solidez económica de América; podemos ganarle en producción a cualquier adversario, pero nuestra economía, que venía debilitándose desde el año pasado, recibió un golpe duro el 11 de septiembre. Debemos darle un empuje. Para motivar la actividad económica no se debe bombear dinero a la economía -dinero que, o se obtiene de quitarlo a quienes lo producen vía impuestos, o se crea del aire en la forma de inflación- sino remover los impedimentos a la actividad productiva. Más progreso en la libertad de comercio se traduciría en más intercambio internacional, haciendo más eficientes los negocios y bajando los precios.
    Recortes fiscales harían más atractivos el trabajo y la inversión. El plan de Bush de permitir que los trabajadores inviertan parte de sus fondos de pensión en activos reales no va a ayudar a la economía en el próximo trimestre, pero sí va a incrementar la inversión y la actividad económica real en el largo plazo -y ese es el período relevante para esta guerra.
  5. Construir un nuevo bombardero. En conflictos como el que estamos iniciando, EE.UU. puede verse sin bases militares cerca del teatro de guerra o con bases vulnerables a ataques enemigos -especialmente por medio de misiles balísticos. Sin embargo, la Fuerza Aérea está invirtiendo billones de dólares en dos tipos nuevos de aviones que requerirían acceso a esas bases. En contraste, la Fuerza Aérea no iniciará el desarrollo de un bombardero de rango largo sino hasta 2013, y lo empezará a producir en 2034. Bombarderos más pesados pueden cargar más explosivos a través de rangos mucho más largos y pueden operar desde bases más seguras. Sin importar qué tipo de política extranjera adopte EE.UU. en el futuro, deberá proyectar poder en el extranjero. Es hora de empezar a desarrollar un nuevo bombardero.
  6. Gasten sabiamente nuestros dólares de defensa. Quienes abogan por más dinero para los militares, han aprovechado las atrocidades del 11 de septiembre como excusa para gastar "cientos de miles de millones más". Pero  no necesitamos otro millón de hombres o más tanques y más misiles para pelear esta guerra. Lo que necesitamos es reevaluar el presupuesto del pentágono, eliminar lo que no necesitamos y reubicar los recursos en las verdaderas necesidades como defensa civil, defensa de misiles e inteligencia humana. Un buen lugar para empezar es dándole al Pentágono la autoridad para cerrar bases militares obsoletas. También podemos transferir dinero de inteligencia técnica (como satélites espía más adecuados para las actividades de la Guerra Fría) a la tarea más difícil de inteligencia humana -es decir, nuestra habilidad de penetrar y recabar información de organizaciones terroristas.
  7. Reorientar los recursos de la guerra contra las drogas a la guerra contra el terrorismo. Algunos oficiales han comparado ambas guerras, lo cual es deprimente. Llevamos 87 años peleando la guerra contra las drogas y el consumo de las mismas está más alto que nunca. Tomar parte de los US $40 billones que gastamos en la guerra inútil contra las drogas y usarlo contra el terrorismo sería una dirección más adecuada. Que los agentes de la Drug Enforcement Administration (DEA) busquen bombas pipa, no pipas de marihuana.

Los libertarios usualmente entran a debates públicos buscando restricciones a la actividad gubernamental. Después del 11 de septiembre, se nos ha recordado a todos el verdadero propósito del gobierno: proteger de la violencia nuestra vida, libertad y propiedad. Este sería un buen momento para que el gobierno federal haga su trabajo con vigor y determinación.

Traducido por Constantino Díaz-Durán para Cato Institute.